viernes, 31 de enero de 2014

La danza de los espíritus




Ilustración: El cielo por el tejado
Son las 23,30h. Mi avioneta se ve claramente bajo la luna redonda, luminosa. Estoy cansada, no es muy tarde pero estoy agotada. Me pongo música, para descansar la vista y ejercitar el oído. María Montessori dijo que la vista es un sentido abusado, demasiado desgastado. Así que daré trabajo al resto de sentidos para que no sientan que los tengo abandonados. Me concentraré tenazmente en todos los demás sentidos olvidados…




Parece que es momento de volar… aunque hoy sólo me apetecen sueños suaves, tranquilos. Dejo pasar el tiempo y compruebo qué sucede en mi cuerpo y en mi espíritu.

Mis dedos siguen tímidos el compás de un ritmo extraño…

Escucho de forma débil un murmullo de baile ancestral. Un ritmo que no sé de dónde viene. Mientras, dentro de mi vientre presiento un volcán, y más allá, esas ganas irracionales de abrazarme a una nube… El ciclo empieza ahora. Todo comienza ahora, y a la vez muere de nuevo. Comienzo a subir despacio, la brisa me da en la cara. Ese dolor que siento… mi cuerpo no consiente que me olvide que está ahí. Reclama mi mirada, mis sentidos entumecidos.
“Vamos a vivir de nuevo, sacúdete en la danza de los espíritus.”
“Ghost dance”, Patti Smith
Es necesario bajar, volar a ras de suelo para oler de aquello de lo que estoy hecha… tierra.
Me encuentro con mis errores, mis miedos, mis temblores… Cuando aparté la mirada, cuando no abrí el camino, cuando arruino las cosechas con mi huracán…


Ilustración: El cielo por el tejado


Como un baile que cada ciclo me va marcando el ritmo. Es el ritmo de mi cuerpo, que me ofrece un tiempo para cada dolor, para cada placer. Un tiempo para hundirme en mis entrañas, tan viscerales, tan llenas de sangre. Como un parto del que no sale otra vida, sino la mía propia… y está ahí cuestionándome, hablándome en su lengua atávica.

¿Eres feliz? ¿dónde has puesto el corazón? ¿tienes miedo de volar? 


Los días de dolor y de pérdida vuelven a mi, los duelos que he pasado, las despedidas, los adioses... el no-parto de mi hijo. Y encaramada a las nubes los dejo ir: pariéndolos sobre los valles, los ríos, las colinas reverdecidas… para que germinen, para que dancen sobre la hierba fresca.
Me dejo mecer por los vaivenes del viento. La música sigue y yo me dejo llevar por el ritmo, es imparable. Es un ritmo natural, que sale de la tierra y llega más allá de las montañas.
No me importa claudicar porque sé que después todo continua. Durante 5 noches, me daré a luz a mi misma. Y agarraré todo eso que también soy yo, mi sangre, lo desesperanzado, los miedos, las flaquezas, lo que necesito y no poseo, la tristeza, la rabia… y lo enterraré. Lo mezclaré con la tierra y en apenas 12 días dará sus frutos y podré volar más alto. Empoderada, llena de vida y llena de lo que soy capaz: mirarme a mi misma y surgir de mis cenizas. Ave Fénix.

“Desempolva las palabras que dieron forma a la historia.
Vamos a vivir de nuevo, vamos a vivir de nuevo…”
“Ghost dance”, Patti Smith


Ilustración: El cielo por el tejado

Esta danza que sube y baja, que altera lo estable que no funcionaba. Un derviche emocionado, bajo la luna de Estambul. Una danza en espiral que a los 12 días me convierta en ser creador. Que puede albergar la vida. Y todo esto ocurrirá cuando la música siga su ritmo y se me vayan los pies bailando… y no lo podré evitar…

Me gusta tanto este ritmo primitivo,
que siempre lo quiero bailar…

…Siempre lo quiero bailar. Sé que es una temeridad, que entran ganas de mirar para otro lado, de tomar una píldora que aparte de mi este cáliz. Es la tentación de negarme a mi misma, es la luna en cuarentena... Me gusta sentirme unida al universo, a las estrellas y a la luna.

“Vamos a vivir de nuevo, sacúdete en la danza de los espíritus.”
“Ghost dance”,
Patti Smith

Me gusta bailar entregada al ritmo que nace en mi interior todos los días del mes. Me gusta ser madre/luna/mujer. Vivir con plenitud lo que nos han enseñado a sufrir como un castigo (casi divino). Soy mujer y puedo sentir en 28 días dolor, placer, ira, felicidad y tristeza. Y siempre sigo siendo la misma. Cada día. Creadora, madre y mujer. Sin alterar el orden, sumando factores.

Es el ritmo de la vida. El milagro de la vida que me da la oportunidad de conocerme y revisarme. Revisar si estoy en la danza que dicta mi propia tierra fértil. Esta noche me guiaré por la luna y aprenderé a volar bajito, pegada a  la tierra para aspirar su aroma

Me gusta tanto este ritmo primitivo
que siempre lo quiero bailar…


Felices sueños al ritmo…
…de mi avioneta a ras de tierra…


Para danzar bajo la luna...
Una canción: "Ghost dance" de Patty Smith. La letra traducida aquí.
Una artista visual: Eulalia Valdosera en dos documentales: Creadores y Metrópolis
Un libro: “Filosofía y poesía” María Zambrano

Todas las Ilustraciones: El cielo por el tejado



viernes, 24 de enero de 2014

Noches de piensamedentro


Ilustración: El cielo por el tejado

En esta noche mi vuelo recuerda las noches de piénsamedentro. Noches de brazos y el regazo caliente. Son las 24,00h y creo escuchar una voz a la luz suave de mi mesilla de noche…
Dios de la lluvia abrázame
y bajo tus nubes volveré a considerar
las múltiples formas de besar
el aire bañado en tu perfume singular
de antiguos aromas flotando en el aire
“El último de la fila”

Cuando acabamos de dar a luz tenemos una lamparita encendida dentro. No nos damos cuenta, porque estamos absortas en ofrecernos, en darnos a beber…

Cuando empezamos a dormir como madres no nos damos cuenta, pero hay una luz que se encendió. Hace algunos meses. Cuando aún éramos medio hijas medio madres. Una luz que se mueve ofreciendo las sombras. Una luz silenciosa. Hecha de susurros, de hambre y de sed.

Cuando las noches de piénsamedentro empiezan, las luces de lamparita de noche nos ilumina las incertidumbres, los desvelos, las ganas de ser uno sólo muy adentro…

Qué nos desvelan las noches de leche y senos, qué nos desvelan,
qué nos quieren contar… que no lo sabemos.

Cuando la lámpara nos ampara de la oscuridad, de la noche estremecida, del retorno a los comienzos de nuestra propia vida. Nos ampara de algo más que del silencio de la madrugada, nos ofrece una puerta para abandonar la historia que nos bordamos, sobre la blusa de los domingos. Que lucimos con esmero pero no tiene remedio. Es imposible vestirla después de saber qué es dormir a medio desvelo. Con tu bebé en brazos, sabiendo que no hay marcha atrás, que todo está dispuesto.

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Ilustración: El cielo por el tejado

Acurrucando a la cría, amamantando el verbo más bello. Amar.
Amando amaremos el cielo que nos envuelve sin miedos.
Amar amaremos. A ciencia cierta, amaremos.
Bajo la luz tenue de la lamparita encendida que no supimos ver.
Que nos trae la luz. Que nos da la vida. Que nos empuja a ser otra cosa, enigmática. Soñadora.

Amaremos la luz tenue que nos evita el delirio de seguir siendo un niña. Que no se quiere ver, que se niega la evidencia. Pero a la luz de medianoche, con una criatura al pecho, medio dentro medio fuera de ti todavía, que te estira de la piel… eso es negarte a ti misma. No puedes seguir mintiendo. No cabe la huida, no cabe la fuga… se escapa la llama y no puedes salir corriendo.
Puede que sintamos soledad encarcelada. Puede que creamos que no tenemos derecho a perdernos en nuestro tiempo de nanas. O puede que sintamos que nadie más ve lo que nosotras vemos. Que estamos enamoradas. Que tenemos todo hecho. Que estamos listas para el amor en nuestra cama de amantes, que intercambian miradas. Que no quieren compartir con nadie. Que están entregadas al delirio de nada más darse.

Son noches de piénsamedentro encendidas con un candil que no tiene quien lo sostenga. Porque flota dando luz incierta. Porque nadie sabe el misterio que lo mantiene en alto, alumbrando. Sin apoyo. En el aire. Flotando en el tránsito de un día hasta que llega el otro.

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Ilustración: El cielo por el tejado


Amaremos la luz tenue que nos invita al desconcierto. De buscarnos malheridas. De hallarnos amazonas. De emborrachar al pensamiento que invita a ser coherentes. Para que calle. Para que no hable. Que esta noche es de dos y todo lo que no fluya entre la piel y la sangre no tiene cabida aquí.
Nos hallaremos como sirenas cantoras que llaman al sueño de nuestro pequeño. Que goza de verle durmiendo, al final de la noche que flota. Entre la luz de una pequeña derrota. La de querer volver a la noche de piénsamedentro.

Son noches de piénsamedentro.
Son noches de luna de miel.
De gastar los segundos, las horas, los tiempos.
De estirar de las sábanas de azúcar para arroparnos, entretenernos.
Saboreando. Reconociéndonos.

En mi pequeña avioneta añoro esos cantos de luces tenues y olor a calostro. Hace ya casi cuatro años y todavía me entrego al recuerdo. Que me dio la voz cansada, que me trajo la vida que tengo, la mano en tu cuerpo, la vela que quema todo lo que no encuentro.

Dios de las lluvia apiádate,
de las bestias y de mi pobre mortal.
“El último de la fila”

Gracias por ser eso que no encuentro. Gracias por ser el secreto de las noches de piénsamedentro. De los ríos que manan el agua sagrada. De las lámparas que alumbran el amparo que nos aguarda. Que está escondido, que no tiene dueño, que sale de paseo blandiendo un deseo. Que no tengas prisa, que no tengas sueño, que dejes la risa prendida del cabecero y susurres los cantos que no te dijeron.
No tengas miedo de ser lo que eres. Una dama de la luz que mana para su cría, que adora dormir desnuda y perseguir un nuevo día. Que le hable de ti, que no tienes días, que tienes horas de vida para llenar mi medida. En esta noche de luna de miel. Que tiene el candil de la luz que tu alumbras.

Feliz noche de piénsamedentro…
… desde mi avioneta que vuela recuerdos…
…para todas las recién mamás, y puérperas de nacimiento…


Entre los campos verdes de abril,
lejos del mundo, muy cerca de ti.
“El último de la fila”


 
Pati, me has traido muchos recuerdos desde tu luna de miel con tu pequeño cachorro. La vida recién llegada inunda de luz a la vida que ya estaba posada. Gracias por traerme esta bruma.


Noche de música: “Dios de la lluvia” de El último de la fila en su álbum "Como la cabeza al sombrero"



Noche de lectura: El cantar de los cantares Dos amantes se buscan desesperadamente. Se encuentran y se vuelven a unir, tras una separación, ya definitivamente…
“Se han mostrado las flores en la tierra, 
El tiempo de la canción ha venido, 
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. 
La higuera ha echado sus higos, 
Y las vides en cierne dieron olor; 
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.”

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
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Tiempo pirata y gatuno

Son las 22,30h y por fin te has dormido. Todo el día naufragando, nos tenía ya agotados. Nada más rendirme a ti, pirata feroz que persigue sus deseos, te has rendido al sueño oceánico que aguardaba entre las sábanas. Nada queda por decir hoy. Todo el mar lo hemos surcado. Ahora me toca a mi recuperar para mi vuelo las palabras de cielo adentro. Las que conforman mis sueños.

Ilustración: El cielo por el tejado

Y es que a veces logro ser la mamá pirata que lucha contra el viento y guarda tus tesoros.
A veces soy la luz que ilumina el vientre oscuro de la ballena, para que mi pequeño Jonás salga hacia fuera, triunfante. Y lance un canto a la vida.

A veces creo que puedo recorrer tu cintura sin decir te quiero, sin decir te adoro, sin comerte a besos... pero no puedo. Y eso me hace reír, porque soy la madre que te quiere como la quisieron.

A veces la mamá pirata se equivoca de barco, y naufraga en una isla que no tiene final. A veces las islas y los mares no se sabe dónde acaban. Y empiezan a acabarse cuando ya no queda más. De paciencia, de respiro, de palabras, de tiempo de nunca acabar.

Yo soy eso y mucho más, como mamá, como pez fuera del agua y gato sobre el tejado.
A veces soy todo eso y mucho más. Y puedo decir con las heridas de guerra que sé saltar desde lo alto y dejar caer mi desencanto.

Que no importa que me pueda la impaciencia, el error y el egoísmo. Porque puedo ser eso y mucho más. Más de lo que aquí atisbo. Más de lo que yo soy capaz de imaginar.

Mamá a veces es funámbula, sin red y sin circo, acróbata empedernida que no sabe si saldrá ilesa. Pero cariño, tu sabes que tenemos mucho tiempo para bebernos la sorpresa. De saber que tengo más de una vida aguardando, escondidas debajo de la mesa, junto a las migas de pan del mediodía.

Mamá gata soy a veces, confundida con las sombras del tejado. Recupero mis dos vidas que he perdido cuando aprendo a besarte malherido. Si te duele un sueño y me haces daño, yo te beso el disgusto que has mostrado. Y me guardo las ganas de llorar, para que puedas acurrucarte en mi regazo. Que tengo para ti, mi pequeño gato, un hueco cálido y mullido en esa vida que hace poco he estrenado.
 
Ilustración: El cielo por el tejado

A veces logro ser la mamá pirata de los cuentos que te leo. Y pienso que somos invencibles codo a codo. Que nada nos puede parar. Que la vida puede ser un gran tesoro. A veces, cuanto más me equivoco siento que menos importa. Que es delicioso ser libre, imperfecta, bravucona. Y adorar tu pelo revuelto, por el viento de estribor. Oliendo a mar y salitre, mareados de oleaje. Guardando grandes tesoros. Sencillos, pequeños, baratos, llenos de deseos que los hacen grandes.

Cuando todo es terrible, oscuro y siniestro, y aún así puedo soltar una carcajada de pirata descarada. Entonces es cuando más me acerco a tu rostro de niño. Cuando venzo el peligro. Cuando adoro el riesgo. Cuando suelto el timón de piedra que se encalla en lo mismo.

Vamos a cruzar los siete mares. A navegar con dos cañones por banda. A zozobrar cuando haga falta, porque a veces hace falta.

Porque equivocarse es un lujo y será mi bandera pirata. Porque así sé de seguro que sabré cuando elegir acertar. Porque yo soy eso, mi bien, todo eso y mucho más.

Soy mamá de gato pardo. Que no esconde su temor. Sé que puedo perder las vidas, sé que no siempre salto de pie. Pero ya no quiero red. Me escapé a pie del circo para danzar sobre un alambre, un hilo fino y largo que subiría hasta el cielo. Y allí caminar sin vuelta atrás, y sin mirar hacia delante. Sólo el vértigo en la barriga y un poco de tu risa en mi semblante.

Cielo abierto me regalas.

Nada más quería decirte, nada más te sé decir sobre mi vida vacilante. Desordenada y gatuna, pirata y equivocada.
Dichosa, si tiene una luna a la que seguir como una fiera errante.

…Felices sueños a todas…
piratas, marineras, soñadoras, gatas pardas…
…desde mi avioneta entusiasmada de vivir lo que haga falta…


A veces un poco de emoción hace la vida más corta pero más rica en matices,
aquí podéis encontrar algo de picoteo:

Para picar de música: “Se me olvidó que te olvidé” aunque nada se me olvida… Bebo y Cigala en su álbum “Lágrimas negras”. A veces olvidamos todos los propósitos, y todo lo que aprendimos en el último año. Pero no pasa nada, tenemos otro año más para volver a aprender lo desaprendido.




Para picar de cine: “La estrategia del caracol” de Sergio Cabrera una forma imaginativa de organizar una estrategia para seguir en la brecha, amarrado a tu corazón…

Para picar de arte: Robin Rhode el grafiti interactivo, el arte en la calle que se transforma, desde Sudáfrica…



Ilustración destacada*: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones:
Voladora de Sueños para El cielo por el tejado

*Nota: en esta ilustración la bandera pirata que ondea es la de Edward Teach, más conocido como Barbanegra. La imagen la he recortado de la web.

 

miércoles, 22 de enero de 2014

Un huerto llamado Tierra (Sueños I)

Ilustración: El cielo por el tejado


Ayer mi pajarillo me contó un sueño que le inunda las noches. Un sueño que habla de ecología y de equilibrio, y como él tiene un sentido del orden tan elevado me preocupa que mañana por la mañana no encuentre el mundo tal y cómo él lo dejó. En ese mundo estaba feliz, tenía un huerto grande y redondo, como una pelota, en él cogía tomates y hundía los pies en el barro de los surcos regados. “Mamá, y como es pequeño lo llamaré Tierra…”.

Tierra, pensé, ¡que nombre más adecuado para un huerto sin dueño, regado por 5 océanos…!
Los niños se creen sus sueños. No diferencian realidad de ficción. Como un indígena del amazonas cree en su chamán, como un chamán cree lo que sus sueños le dictan. Y aquel planeta con el que jugaba estaba en el terreno de lo sagrado, en el territorio de los sueños.

“En mi mundo en flor transporto
todos los mundos que fracasaron”

 R. Tagore, Los pájaros perdidos


…Hay que vivir cultivando nuestro huerto, dijo Voltaire. Y mi huerto, que es un poco el de todos, a menudo está un poco seco, un poco descuidado, un poco lleno de plagas…

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Foto: El cielo por el tejado

La tierra hace tiempo que lanzó un grito, y nosotros no estamos sordos. Sabemos, pero no hacemos.
Los que poseen el mundo, y los que luchamos por habitarlo hace tiempo que estamos oyendo a los que no lo poseen, a los que luchan por no ser expulsados. De su tierra, de sus lugares, de su dignidad de no habitantes. Y nosotros oímos pero no escuchamos. Porque escuchar requiere ponerte en el lugar del otro.

Dice Marc Augé (antropólogo francés) que existen lugares que son no-lugares. Donde uno no es. Porque no puede ser. En los espacios donde no se convive, donde te miras los zapatos en lugar de a los ojos, donde aprietas una tecla en vez de la mano cálida, donde pagas con dinero en lugar de con un beso…

Quiero acercarme a ti, al otro, y no siempre se cómo.

Me inventaré un modo de abonar nuestro camino, surco a surco. De maceta a maceta. Veneraré al Dios de las lluvias para que empape la tierra de formas de entendernos. Y que en ese entendimiento fructifique otra forma de mirar la naturaleza. Juntos. Para que nos muestre el respeto por la tierra. Por el lugar, el si-lugar definitivo que nos da cobijo, alimento, terreno para sueños…
Me acercaré a ti, al otro, al que comparte conmigo el planeta con la ilusión de que broten las utopías, las ideas, las ganas de hacer...
Como el Principito que regaba su rosa, cuando la abandonó supo que era única, que era SU rosa…

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Ilustración; El cielo por el tejado


Para que no abandonemos el proyecto de ser personas: hortelanos de una misma huerta. Una huerta sostenida. Sostenible. Que no sea devorada por los baobabs…

Para que no dejemos pasar la primavera sin sembrar una semilla.

Tendré que regar el huerto del desencuentro, la diferencia, dónde crecen tomateras que no se entrecruzan, que desprenden incomprensión. Es un huerto de soledades que comparten metro cuadrado, que no se riega hace tiempo. Pequeños plantones que se rozan en el autobús sin saber si ese brazo sufre, si esa manga no tiene con quien hablar, si esa mano cuida de uno o de tres. Si ya se casó. Si perdió el amor. Si perdió a su mejor amigo, la forma de mirar, las ganas de contar, de acudir, de trabajar, de protestar…

Perdimos.

Perdimos a los chamanes y buscamos, como una pantera su presa, una noche mágica que nos devuelva los sueños. Pero las noches mágicas de los adultos hay que trabajárselas. Ingeniárselas. Arriesgarse y meterse en faena. Mancharse las manos, sudar la cabeza.
Y si un día tenemos un sueño, cultivarlo, porque los sueños son sagrados, debemos perseguirlos o nos perseguirán a nosotros: Devastando los mares, arrasando los bosques. Dejando sin infancia a los principitos que riegan su rosa entre montañas de estiércol, en las afueras del mundo.

Cultivaremos el sueño y lo tendremos, ¡seguro!: un huerto cultivado, redondo como una pelota. Con el que jugar y hundir los pies en el barro. Así, como lo dejó un niño… hace apenas dos horas.

Felices sueños avistando la Tierra…
…desde los sueños de un niño…


“La noche besa al día que declina y le susurra:
soy tu madre la muerte. He de darte nueva vida.”
Rabindranath Tagore, Los pájaros perdidos


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Foto: El cielo por el tejado



P.D: Mireia, son tantas las semillas, y tan grande la tierra… ¡no abarcaremos con la mirada toda la naturaleza!
Habrá tanta vida…

 

Para soñar despiertos, para trenzar lianas dentro de nuestros sueños:
Un cuento para pajarillos: Duerme bien, pequeño oso de Quint Buchholz, Lóguez Ediciones (La ilusión de un mañana da alas a los buenos sueños…)
Un libro de poesía: El jardinero de Rabindranath Tagore, (la naturaleza como parte de lo que somos…)
Una canción: Colores de Topo
Un himno: Aceituneros de Jaén por Paco Ibañez

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotos e ilustración: El cielo por el tejado




lunes, 20 de enero de 2014

Sobre el alambre


Ilustración: El cielo por el tejado

Hoy me he encontrado en mi avioneta unas cuantas malas hierbas pegadas a las ruedas y enganchadas a las alas. He comprobado el motor, pero estaba intacto, menos mal. Cuando todo estaba en orden me he subido y he comenzado mi vuelo. Son las 24h y los recuerdos vienen a mi despacio…

Un ovillo de lana crecía dentro de mi. Y mis ganas de seguir los pasos de esa línea blanda, extendida por todo el cielo y que llegaba hasta dentro de mi, se apoderaba de toda mi energía.
A través del cordón me alimentabas, con tu savia milenaria me recorrías entera. Llenándome de vida. Yo era entonces tu obra de arte.

Tu eras para mi esa música que oía susurrar...
"La fuente del amor secreto" (música andalusí)




...
Necesito crear, no puedo evitarlo. Y mientras tú te desarrollabas ensanchando mi cuerpo, yo dirigía mis pasos hacia fuera y hacia dentro de la misma manera en que mi vientre se balanceaba sobre mis pies.

Hacia un lado. Hacia el otro.
La vida en equilibrio. Sosteniéndose.



Compuestas,
Subfamilia: Lactucoideas Cardueas.
Onopordon Nervosum



Con mi vientre henchido no podía crear sobre la nada. Todo proceso de creación se contagiaba de esa línea de origen estelar.

Buscando respuestas a tanta vida me encontré con lo desconocido. El Hades que debía explorar.
La morada de los espíritus me contaba historias de mujeres. Que no debieron de ser. Historias que necesitaban ser contadas de otra manera. Mujeres que perdieron algo más que su vida, perdieron su dignidad. Porque no figuraban sus nombres en las noticias, sólo su etnia, su país de procedencia, su profesión maldita, o su manera de sobrevivir. En este mundo de diosas desechadas.

Y permití que la muerte equilibrara mi paso hacia la vida. Sólo un poco. Nada más. Lo que apenas podía hacer con mi capacidad de entrega, de renuncia. Dejar un hueco. Hacerme a un lado. Decidí dejarme llenar por el sufrimiento de otras mujeres. Que perdieron la oportunidad de ser tratadas con respeto, incluso en el último momento.

Madrid es un lugar para nacer, y también para morir.
Hay lugares para la vida, y también para la muerte.

Hay belleza que se esconde tras las flores que entierra sangre derramada. Que siempre es cruel con la memoria.


Quenopodiáceas Salsola Kali



Subirme al alambre, vida de funámbula. Nueve meses de equilibrio investigando la muerte violenta de mujeres sin nombre. Mientras la vida en mi vientre se abría paso con fuerza. Sin dificultades.

El arte a veces me lleva por caminos que preferiría no ver. No conocer. Caminos que están en descampados. Mis pasos oscilantes, con el  vientre repleto. Enamorada de un proyecto que diese sentido a dar a luz a una vida. Alumbrar la vida. Llenar el vacío oscuro de sentido. Desterrar la violencia. Atajarla.

Los descampados son lugares. Lugares donde se pierden los pasos, pisando sobre malas hierbas que inundan de belleza humilde la vida. Y la muerte.

Una a una recogí esas malas hierbas, de los lugares señalados en mapas de periódicos, apenas descifrados. Y les di nombre. Busqué su definición, su ciencia, y encontré palabras que podían llenar de dignidad la vida derramada. De mujeres sin nombre.


Gramíneas. Subfamilia: Cloridoideas.
Eragrostis Curvula.



De cuerpos sin reclamar pasaron a ser flores que se les da de beber. Alimentadas, expuestas para no ser olvidadas.

Y nació en mi el deseo de vivir dando sentido. Un poquito. Nada más. Lo que apenas puedo hacer con mi necesidad de crear. De buscar el arte más allá de mis entrañas. Que crecían. Me transformaban.

Un arte que transforma la forma de mirar. Para no mirar hacia otro lado. Si no para prendernos de la vida. Para prendernos de los luceros (que linda cosa me dijiste Noemí) y no descender jamás. Por que nos va la vida en ello.

Mientras piloto mi avioneta dando vueltas sobre la ciudad descubro que han quedado unas briznas de malas hierbas dentro de mi habitáculo. Será que siempre me van a acompañar. Ahora que conozco su nombre, que recuerdo su olor…


Felices sueños a todas…
…desde mi avioneta funámbula planeando sobre el alambre…





Para caminar sobre el alambre os puede servir…
Para ver, oir y sentir: Mona Hatoum es una artista visual palestina. Arte funámbulo, que arriesga.
Para leer: “El despertar de Irán” de Shirin Ebadi, fue la primera jueza de su país y años después fue obligada a dimitir por ser mujer. Creyó en la paz desde tanta desolación y muerte como había en su tierra. Recibió el premio Nobel de la paz en 2003.


Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las fotografías pertenecen a la obra artística concebida como instalación "Las malas hierbas" (Madrid, 2010) Miryam Pérez Fajardo 


domingo, 19 de enero de 2014

Una mirada que transforma... Miradas I

Son las 22,45h. Mi niño descansa en el nido. Las nubes son claras y dispersas. Yo vuelo en mi bimotor, soñadora. Me asomo a ver el paisaje y veo el mundo en perspectiva…

Este mundo patas arriba (que diría Eduardo Galeano) necesita otra mirada. No creo que pida demasiado, ni creo que resulte muy descabellado. Eso sí, soy radical pensando que es del todo imprescindible cambiar el modo de mirar. La mirada revoluciona, sonroja, enamora, diluye el dolor, observa, amenaza, interroga, acompaña, humilla, ama, te llena de terror... Es tal poder el que tiene, que por fuerza quien la posee es un ser empoderado. Y visto así no está mal, cualquiera podemos serlo...

Este mundo patas abajo (esto ya lo digo yo) está repleto de mujeres con un bebé en brazos, mujeres puérperas, en tránsito: que caminan de un estado a otro, del líquido al gaseoso. Y este vaivén tan especial tiene una clara ventaja, necesita de unos ojos que sean capaces de ver lo que nadie más  aprecia. Así pueden transitar entre el cuerpo y el espíritu. Fluyen sin tropezar, sin molestar, entre susurros de sábanas y olor a calostro...
Ilustración: El cielo por el tejado


Este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen (dejemos en paz a los locos que son mucho más coherentes) tiene un escuadrón de miradas poderosas apartadas, recluidas. A las mujeres puérperas no se las tiene en cuenta, se las tacha de depresivas, de inestables hormonales, se las guarda en cuarentena (por si nos contagian algo), se las da por imposibles...  pero están ahí. Posibles. Con mirada dulce, soñadora, hambrienta y devoradora. Una mirada de cuidados, de atención a las estrellas, de mamífera depredadora. Todo lo pueden con su mirada.

Este mundo regido por hombres y algunas mujeres que los asemejan está demandando miradas. Cómo un niño que se estrena tirándose por el tobogán. Como un adolescente que no llega a la hora de la cena.

Este mundo reversible necesita una mirada cargada de paciencia, envasada y en conserva si es posible: ¡que no se eche a perder, con todo lo que cuesta hacerla!

Necesita una mirada rebelde, que responda, que conteste. Como lo hacen los jóvenes, así, sin pensarlo, sin medir, sin ocultarlo. Trasgrediendo, alentando.

Una mirada que crea que la cultura es patrimonio de todos y para todos: de las vecinas que cantan al barrer, de las blogueras que escriben a placer, de los que paran el mundo en la manifestación, del que cuenta un cuento a un niño y no espera nada a cambio…

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Foto: El cielo por el tejado


Una mirada que no anule, que no infantilice, sino que invite a participar ¡y a salir a pregonar! ¡Que vienen tiempos de cambio forzoso, que nuestra mirada es poderosa! Que anime a disfrutar de los vínculos ciudadanos, de las asociaciones vecinales, de las redes de mamás en marcha, de los colectivos que dan vida a los ideales, de los gritos y los cantos en las calles…

El puerperio nos da poesía tras los párpados, nos humedece el globo ocular, nos reconstituye la vista... para tener una mirada que derrita la dureza que se forma en las entrañas. 

La maternidad recién estrenada nos da coherencia en cada batir de pestañas, y ahí es donde nos damos cuenta de que el mundo tal y cómo es choca con lo que debería ser. Nos plantea crisis, nos cuestiona, nos hace crecer del revés: cada vez más pequeñitas, más como debiéramos ser.

El mundo como es necesita una mirada crítica, que denuncie, que le de voz a los silenciados, a los olvidados, a los que se perdieron más allá de si mismos.

Una mirada que no esté anestesiada (del latín: sin-sentir), dormida, insensible. Sino todo lo contrario: despierta, activa, sensible. Para vibrar con el latir del mundo, con el crear de los niños, con el rodar de lo maravilloso que puede aparecer por cualquier lado.

Unos ojos que lloren lo que no está escrito. Ni publicado. Ni promovido en televisión. Que parece que no existe nada que no vea su ojo todopoderoso, embriagado de luces y de poder.


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Ilustración: El cielo por el tejado


Ojos empoderados de mujer que griten lo que la humanidad entera necesita: justicia. Para los excluidos, para los empobrecidos, para los parados, para los que viven en ese otro mundo (el tercero) que parece que no son del nuestro.

Que ampare, que proteja y cuide a los niños abandonados a su suerte. A su mala suerte. De sus padres, sean los que sean. Del estado, sea cual sea.

Una mirada que haga visible lo invisible. Que la magia de los ojos de una mujer puérpera reconozca el valor de lo sensible, lo escondido en las válvulas del corazón. Que nos descubra lo palpitante y misterioso que hay en el mundo, así como lo hace una placenta que ve la luz. 

Una mirada que condene la violencia hacia los niños, la bofetada, el insulto, el chantaje emocional, el abuso, el maltrato. El abandono de no ser mirados. Y la violencia hacia las mujeres: la obstétrica, la publicitada, la consentida culturalmente en todos los lugares, la que no se ve pero se vive…
Una mirada que desnude y que interrogue…


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Foto: El cielo por el tejado


Una mirada en movimiento, que reúne, moviliza, se revuelve… En este mundo, yo sueño que tres mil millones de miradas apuntan al mismo sitio, en la misma dirección. Que no permitan, que no cedan. Miradas que disparen si hace falta, porque todo está permitido para que el amor circule, se instaure, restablezca el sentido. Porque no podemos quedarnos sentadas en medio de un campo de batalla, porque una bala nos alcanzará seguro.

Alcemos un castillo con las piezas de los Lego. Forcemos un asedio a la mezquindad. Un asalto al abuso, al empujón, a la violencia. Demos muerte al fracaso de los derechos humanos e icemos la bandera de la solidaridad. Y hagamos todo eso mirando a nuestro alrededor con otros ojos.

En este sueño que no es mío. Que no es tuyo. Sino nuestro. Comparto una mirada hacia el futuro: Que tengamos paz para criar a los hijos, y que tengamos valor para luchar por ella,  declarar la guerra con ejércitos de madres puérperas si hace falta. Con cañones que disparen leche. Con miradas que construyen desde lo más sensible, lo más pequeño, lo cotidiano. Con ojos que creen en otra forma de mirar al mañana. Poco a poco, una a una, en una red que crezca cada día y cada noche… Una red de miradas que dan la vida en este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen.

Felices sueños desde mi bimotor …
…surcando suavemente el horizonte…



Por si os recorren por el cuerpo las ganas de mirar y no sabéis cómo quitároslas a mi me sirvió:
Dos libros: “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” de Eduardo Galeano y “No-Logo” de Naomi Klein
Dos películas: “La vida es un milagro” (2004) de Emir Kusturika (una mirada deliciosa a la vida) y "Las tortugas también vuelan" (2004) de Bahman Ghobadi (una mirada sensible a una realidad desgarradora)



Imagen destacada: El cielo por el tejado
Ilustración y fotografía: El cielo por el tejado



viernes, 17 de enero de 2014

Poesía para vivir (yo te ofrezco un poema)

Ilustración: El cielo por el tejado


Hoy, que te ha costado dormir, hemos contado ovejas. Y al final tanto hemos contado, que a las 11,15h nos salió una madeja. La metí en mi avioneta y fui hilando por el cielo...
Y  allá arriba, enredada en las nubes, entre la lana mullida, me encontré estas palabras...

...Te doy un poema, para que tus breves dedos de caramelo, lo acaricien lentamente.
Yo te doy un poema, para que si alguna vez te sientes solo lo recites, para que te acompañe en las noches oscuras.

No te doy joyas, ni coches, ni cuentas corrientes. Yo te quiero dar poesía, para sentir que te regalo algo de auténtico valor. Que merezca la pena, que viva más allá de mi propia vida.

Yo te pongo un poema entre las manos para que llenes de sentido y belleza todos tus actos. Para que aprecies lo hermoso de lo que hacen otros.

Yo te pongo un poema en la arena para que juegues con él y lo hagas tuyo. Para que construyas todas tus fortalezas.

Yo te pongo un poema, y a veces, tu escuchas una melodía. Que te lleva lejos, que te mueve los pies y las manos. Encandilado.

Ilustración: El cielo por el tejado


Yo te ofrezco poesía y tu me devuelves la mirada, porque a veces nos decimos así las cosas, con delicadeza. Nos comunicamos.

Busco un poema para vivirlo. Para hacerme en él mi castillo, mi morada. Para encontrar la palabra acertada. Así, como lo hacen los poetas, que parece casi por azar. Sin que te des cuenta.

Ponerte un poema. Buscar la palabra. Lograr tu mirada. Qué difícil es decir a veces. Que complejo desgranar lo que se esconde. Averiguar tu silencio. Romper una lanza. Agazapada.
A favor de tus “pero”, animando tu “no”. Haré campaña de tu oposición. No temeré tu respuesta porque dentro de ella encontraré poesía. Lo sé.

Yo te buscaré un poema, mi bien, para que al sentir dolor, si algo te hirió, no busques tu arma, sino una razón.

Un poema que no sirva para nada. Para nada más que para SER uno mismo. Para sentirse vivo. Para vivir SIENDO.

Y liberarse.
De pensar. De atar. De unir. De adelantar. De prever. De contener.
Abrir las puertas y sacar la lengua… Poesía para soltar. Y cerrar los ojos. Abandonada.
Dejarnos llevar. Bailar… Jugar.

Un poema de lo absurdo. El vestido hecho girones.
Porque vivir en el control es un disparate. Me disloco. Me contraigo. Me agoto.

Ilustración: El cielo por el tejado


Te regalo un poema. Un poco arrugado, un tanto sencillo. Con olor a comida en la calle, de balcones abiertos.

Un poema que te sepa leer. Sin saltarse un renglón. Sin mover una coma. Que lea tu letra pequeña. Que page tus facturas atrasadas. Sin moneda de cambio. Con billete de vuelta.

Quiero leer en tu mirada que te trajo hasta aquí la poesía. Que entró en tu vida. Que sopló las velas. Que meció tus rizos y trajo las risas. Que te hizo feliz.

De felicidad que vuela.

Te doy un poema.


Feliz día lleno de poesía a todas…
…desde mi vuelo nocturno…





Poesía para vivir, para leer y mirar…

Formato álbum:
Un ratoncito poeta, que no recoge grano, sólo mira los colores del cielo mientras los demás trabajan...
http://clonlaracuento.blogspot.com.es
Frederick
de Leo Lionni, ed. Kalandraka



Poema de lana para soñar y volar...

http://biblioabrazo.wordpress.com
Sueños de lana
de Mercè Sendino. Ed. Brosquil



Para los muy pequeños... (y los no tan pequeños)

http://www.kalandraka.com
Pajarita de papel
Antonio Rubio y Oscar Villán Ed. Kalandraka



Poesía de la naturaleza para mirar, observar, no tiene texto

http://cariciasencuentos.blogspot.com.es
Las estaciones
Iela Mari, Ed. Kalandraka




La amistad, la diferencia, la identidad...

http://www.oqo.es

Si yo fuera un gato
Paloma Sánchez Ibarzábal y Anna Llenas, OQO Editora



Para salir a luchar, para los más valientes, para los piratas...

http://www.kalandraka.com

El pirata pata de lata
Oli & Ramón Trigo, Ed. Kalandraka




Formato libro:

http://www.librosalfaguarainfantil.com
Poesía española para niños
Selección a cargo de Ana Pelegrín
e ilustraciones de Tino Gatagán. Ed. Alfaguara Infantil



http://rimasdecolores.blogspot.com.es
Mi primer libro de poemas
Juan Ramón Jimenez, García Lorca, Rafael Alberti.
Ilustraciones de Luis de Horna. Ed. Anaya




http://biblio-peque.blogspot.com

Poemamundi
Juan Carlos Martín Ramos,
ilustraciones de Philip Stanton. Ed. Anaya

 

Ilustraciones: El cielo por el tejado

jueves, 16 de enero de 2014

Remedio para melancólicos


Ilustración: El cielo por el tejado

Sobre las 23,40 mi pequeño se durmió, y a las doce en punto ya estaba sobrevolando la ciudad. Y más allá el campo, y las montañas... Cerré el ordenador a toda prisa, en cuanto ordené un par de ideas en mi cabeza… Esta noche voy en busca de algo, algo de alquimia y magia que me de ganas de seguir. Ganas de seguir a mi pajarillo en su ritmo de pirata del cielo. Y de buscarme a mi misma orbitando en la conjunción de los astros celestes...

Buscaré algún remedio, algo sencillo, a base de ternura y de miguitas de pan del cielo. Pura alquimia para el cuerpo, un pellizco de alimento para el alma.

Y es que soy melancólica ocasional. Nada grave. En la época de Durero creían que mi estado se debía a uno de los cuatro humores del cuerpo. La melancolía estaba entre la depresión y el sueño y se regía implacable bajo el signo de Saturno. Desde que sé todo esto tengo pendiente un viaje interplanetario, no sé si será en Saturno, o en cualquier otra estrella buscaré el remedio que necesito para seguir mi rumbo.

lunaluna
Foto: El cielo por el tejado


Hay una frase líquida que circula por mi cuerpo y colapsa mis humores: quiero aprender a quererte. Se me pone en la cabeza con luces de neón... es imposible no verla. La repito para ver si funciona como una buenaventura, o unas palabras mágicas... que sé yo... Quiero aprender a quererte. Qué difícil si no sé quererme a mi... Nada de esto pasa así, porque sí, porque lo diga en alto... y tendré que seguir buscando, planeando por el cielo. A ver si encuentro el planeta que fabrique algo, algo que a mi no me han enseñado a hacer. Algo que tú, pajarillo, haces de forma natural, pura alquimia nada más...

Voy en busca de algo que me de valor para seguir, de un remedio para melancólicos, un pequeño momento de ternura, de belleza. Un momento de encuentro, donde en lugar de pensar en qué piensas me distraiga con tus rizos y admire tu risa clara. Un instante dónde en lugar de preocuparme por si me quieres me olvide de que estoy yo ahí, y te suba a ti a una pantalla llena de luz, donde tú seas el protagonista... dónde tú seas La rosa púrpura del Cairo, la película que me de la vida, el color, la carne y el hueso. Donde descubra el amor de verdad...

 “No quiero educarte correctamente, quiero amarte como tú necesitas. Porque con eso te basta, con eso te sobra. Porque todo lo demás tú lo tienes dentro de ti.  No quiero enseñarte el respeto, quiero tratarte con respeto. No quiero enseñarte autoestima con "muy bienes" innecesarios, quiero que veas que me estimo a mi misma, y transmitirte en silencio, escuchándote, que estoy llena de admiración por ti.
Eres como las grandes olas, que apenas llega la espuma a la orilla...
Que desazón no saber que hay dentro de ti... Si pudiera abrirte como la noche lo hace con la media luna... ¡Que emoción saber que hay dentro! Grande, oronda, rellena de algo que sólo tu conoces... Si pudiera llegar a ti, así, tan fácil como los astronautas alunizan en la cara oculta de la luna...”

cielo luna tejado
Ilustración: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado

Busco algún remedio para momentos melancólicos, que sea casero, sencillo de preparar. Algo que ilusiona sólo de pensarlo, que no aguantas la sonrisa mientras lo abres…

Seguramente si volara contigo en esta noche tú me sabrías llevar donde duerme el amor sincero. Un lugar dónde no recordar el saco enorme que debo llenar cada día de necesidades no satisfechas. Necesidad de ser valorada, necesidad de ser escuchada, necesidad de ser perdonada.... Ese pesado fardo me corresponde a mi, llenarlo en otra parte, buscar mi camino donde saciarme de todo lo que no he tenido será en otro vuelo. Ese será otro viaje, mi viaje. Ahora vuelo hacia un lugar común entre los dos, un lugar  de encuentro. Y tu sabes el camino, pero no te llevaré conmigo. Yo debo averiguar que lado del cielo debo cruzar para llegar a ti. Esa será mi vocación, mi responsabilidad.

Necesito conectar contigo. Comunicarnos. Abrazar tu autenticidad… Trazaré un mapa para explorar el cielo que me has pintado, buscaré el tesoro que guarda el remedio y me sumergiré en él, como la pócima mágica que los galos tomaban.


cielo
Foto: El cielo por el tejado


Requisaré todas las lupas de los numismáticos para buscar lo minúsculo que se queda entre tu y yo. Para dejarte ir, y quererte así, al otro lado del telescopio, sin invadir tu espacio.

No sólo se quiere con abrazos, no sólo se quiere con la piel y la cordura. Este remedio que guardan las estrellas puede hacer de la paciencia, de la escucha y la mirada una envoltura de piel y besos. Vamos a querernos, mi niño, levantando un puente entre ambos que salve todos los ríos.

Tomaré más de una ración diaria de momentos de ternura, junto a ti. Sin rozarte disfrutaré tus mejillas: me guiaré por mi instinto y te hablaré como la primera vez que te tomé en brazos, como si no te hubiese visto desde aquel día. Te abrazaré sin tocarte: me quedaré en silencio escuchando tus juegos, siguiendo tus cantos... Te escribiré letras en la espalda sin poner mi nombre encima del tuyo. Y te amaré así también.

Devoraré los anillos de Saturno y con la alquimia resultante obtendré un remedio para melancólicos. Que me ayude a vivir un momento de encuentro. Sincero, sin culpas, sin adornos, sin palabras, sin juicios. Llegaré hasta el último planeta para encontrar la píldora que me de el amor. Un amor seguro, para que te deje ir. Un amor de cráteres y polvo de estrellas. De conjunciones y astros que a veces se encuentran en la misma órbita.

Felices sueños…
…desde mi avioneta/cohete…




Si buscáis este o algún otro remedio, os puede servir…

Un poema: “Viaje a Ítaca” Konstantínos Kaváfis

Dos libros: “Remedio para melancólicos” Ray Bradbury y “Bajo el signo de Saturno” Susan Sontag

Una canción:Walking on de moon de The Police

Dos películas: La rosa púrpura del Cairo de Woody Allen y Viaje a la Luna Georges Méliès



Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las fotos e ilustraciones: El cielo por el tejado



domingo, 12 de enero de 2014

Cazando monstruos

Son las doce. Se ha hecho muy tarde. Hoy mi pajarillo no quería dormir, tenía miedo a algo que no sé que es…  Me siento en el avión a pilotar con los bolsillos cargados de terrores infantiles y la cabeza a rebosar de estrategias para huir. Dice que hay un monstruo que no le deja dormir… que se sube a la lámpara y se cuelga por ahí, que le acecha, y le persigue, le echa fuego… que sé yo… si es que así, cariño, no se puede dormir…

Lo más terrible de todo, y quizás, es el comienzo, es que a mi me pasa igual… Pero yo dormir si duermo. Lo que a veces no sé hacer es vivir. Justo al revés que él.

Y es que hace ya algún tiempo que me dí cuenta que tengo un monstruo que me ronda… a veces son dos, y a veces tres… ¡por algún lado se me han colado! Le he preguntado a mi niño por si le sobraban algunos y es que me los ha echado, pero no, dice que tiene los mismos de siempre y no le falta ni uno (pobre).

Y yo hace tiempo que los siento, por la nuca, por la tripa y por los huesos… creo que alguno se me coló por la herida. Cuando tuve la cesárea. Ya decía yo que no podía ser bueno que te abrieran tan adentro.

Y es que veces nos cuesta mucho acabar con los monstruos que nos persiguen. Cuántos miedos acumulamos y cuánto miedo a luchar tenemos. Como estamos educados en la vieja moral del bien y del mal parece que queda feo declarar la guerra a alguien. Aunque sea un fantasma que te roe las entrañas, aunque sea un monstruo horrible que te hiere y te amenaza.


A los niños con los miedos les cortamos las alas: les quitamos las espadas y los palos, les ponemos mala cara cuando quieren combatir… porque en el fondo nos acobarda que sean tan valientes. En el fondo nos da miedo que ellos quieran luchar… y a ti te cercenen la idea día a día. Que ellos quieran liberar su necesidad de SER, completos, dulces y combativos a la vez… y tu te sujetes las ganas de perderte (dichoso autocontrol). No podemos asumir que ellos se enfrenten a sus terribles batallas de juguete… y nosotros los adultos nos rindamos tan fácil y tan rápido.

Yo no tengo un caza, ni las horas de vuelo del Barón Rojo, pero tendré que pilotar esta arriesgada expedición… buscar la manera de cazar a esos monstruos, de impedirles la entrada, acabar con lo que hay dentro de mi que les alimenta.

Debo buscar la manera de cerrar esos huecos dolorosos por dónde se me cuelan. Es necesario hacerlo, porque cargar con heridas tanto tiempo interrumpe el flujo del amor. Se te taponan los abrazos, se te coagulan los besos, y todo lo pides y lo das cargada de dolor. Y el dolor produce ceguera. Y además es contagioso: los niños lo absorben rápido, como un zumo de melocotón casero…

Y así, cariño, lo sé, no se puede dormir… así, de verdad, no se puede ni vivir…

Entonces me miro a mi misma. Y miro mis miedos, acaricio mis temblores, escucho mis gritos silenciados… Y veo mis heridas abiertas, y compruebo que no las había cerrado. Las enumero, para no perderlas de nuevo. Me las lamo, para saborear su dolor: sin regodearme, sin autocompasión. Sólo para conocer al enemigo y empezar mi lucha. Como una loba depredadora que quiere protegerse y proteger a su camada.

El vuelo que he emprendido es peligroso, con tres heridas abiertas y poca visibilidad. La avioneta me sigue el ritmo, respetuosa, quizás comprenda todo más que yo. Está siendo una noche dura: lo que almaceno en los bolsillos pesa, las ganas de huir en mi cabeza me desbordan... Pero uno a uno les he atrapado. Los monstruos ya no pueden escapar. Y yo tampoco.

Los patitos feos de Boris Cyrulnik



Dice Boris Cyrulnik (Los patitos feos. Resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida) que a partir del instante en que nuestras heridas acceden a las palabras nos metamorfoseamos. Convertimos el dolor en representación.
Y yo para representar a mis monstruos les nombro, uno a uno, siendo esto lo más duro:
“A ti te conozco desde la infancia. No puedo ver tu rostro, pero reconozco tu olor tan familiar. Me hiciste daño y me dejaste sola y desprotegida. Ahora yo temo no saber proteger a mi hijo”
“Tu me acompañas hace años, eres la voz que siempre me dijo que no podría hacerlo. Nada. Nunca.
“Y tú llevas tres años conmigo, y me tienes calada hasta los huesos. Te colaste por el hueco que hicieron para sacarme a mi hijo. Y aprovechaste el vacío que sentí cuando se lo llevaron, para hacer de mi terror tu fortaleza”.
No es digno seguir huyendo. Hay que enfrentarse, declarar la guerra y combatir. ¡Que venga el Capitán Trueno! ¡que mis pinceles se conviertan en espadas de madera! Voy a ser la loba que se enfrenta y que muestra valor. Buscaré hasta el fondo de mi avioneta la capacidad para retomar mi historia herida y sanarla. Vendrán otros monstruos, lo sé. Pero tendré preparada mi tela de araña, y tejeré con tesón un lugar para encerrarlos, nombrarlos y desposeerlos de su poder.

Mural de las Madres de Plaza Mayo



“Pienso en ti, mi niño. No es justo que te prive, pajarillo, del derecho a defenderte. La magia del juego pintará tus espadas y acabará con los monstruos que en cada momento aparezcan. Y aparecerán de nuevo, ya lo verás, para hacerte crecer, como a mi. Para que te sientas vivo, como yo ahora”.
Vuelvo de la batalla cansada, pero orgullosa. Viva, y con tres cicatrices. A veces molestan, quizás algún día se reabran y habrá que sanar de nuevo. Pero ya conozco el camino, he nombrado mi angustia y puedo reescribir mi dolor con trazo seguro. Con un lápiz que no se borre, una tinta que no se corra.

Esta lección de vuelo ha sido dura, dura y muy larga. Así es como aprendemos a volar, a volar más alto… más felices, y más sanas. Queriéndonos.

Felices sueños a todas…
…a dos mil metros de altura, y subiendo…



Para aquellas que han sido heridas en el campo de batalla… o no:
Un libro: de Boris Cyrulnik Los patitos feos. Resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida (para adultos que así no pueden vivir)
Un cuento: Harold y el lápiz color morado (para niños que así no pueden dormir)
Una canción: Gone gone gone (done moved on) Robert Plant y Alison Krauss de su albúm Raising Sand (para celebrar que eso que te hizo mal ya se ha ido, para subir muy alto...)




Ilustración destacada: Voladora de Sueños para El cielo sobre el tejado

Fotografía: Voladora de Sueños desde Argentina para El cielo sobre el tejado