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domingo, 8 de marzo de 2015

La travesía amorosa de la maternidad: una revolución feminista

"La maternidad es un renacer permanente porque nos ubica en el lugar de acompañar la fragilidad de lo humano", señala. En este punto, la maternidad es un espacio filosófico privilegiado, sólo que hoy, dice Kristeva, "le falta una filosofía": "Somos la única civilización, como laicos, que no la piensa filosóficamente". Por eso, la "pasión maternal" es un desafío para los feminismos.
Del artículo
"La travesía amorosa de la maternidad"
entrevista a Julia Kristeva
realizada por Verónica Gago
para Página12, noviembre de 2011.


Esta autora, siempre apoyando el derecho al aborto, es una tenaz defensora de la pasión que entraña la maternidad y a la vez reivindica la necesidad de una filosofía de la maternidad como acontecimiento laico. Las religiones occidentales tienen más o menos una imagen formada de la maternidad, se ha repensado, se le ha dotado de valor simbólico, pero en el ámbito laico no se ha construido un pensamiento de la maternidad.

Reivindicar la maternidad como espacio filosófico es una revolución en si mismo, es reivindicar la necesidad de repensar la vida desde la maternidad, con sus armas y su manera de hacer llena de pasión. Si se repensase la vida a partir del hecho maternante ¿que sucedería? ¿Que lugar ocuparía la mujer en el mundo occidental? ¿Qué lugar ocuparía la infancia? ¿que sucedería en los pequeños contextos privados occidentales?

Si se construyese una filosofía de la maternidad en nuestra sociedad, las teorías de la educación, de la pedagogía y en gran medida de la psicología infantil y de la mujer serían probablemente totalmente diferentes. Hoy día hemos heredado una institución educativa pensada por hombres, unas corrientes pedagógicas en su mayoría (y las más influyentes todavía hoy día) pensadas por hombres y unas corrientes psicológicas de la infancia y la mujer pensadas mayoritariamente por hombres. La historia de la ginecología es un claro ejemplo de cómo la mujer queda al margen del propio estudio de si misma. Pasando por el parto y el sufrimiento que en ocasiones se le hace pasar a las mujeres en el tránsito de convertirse en dos, hasta la vivencia de la menopausia como mujer desahuciada, restada de valor y casi incapaz ni de mantener su propio equilibrio mental. No quiero decir con esto que los logros médicos no hayan sido un gran avance que debamos celebrar. Lo que creo es que estos avances no han sido acompañados de una visión femenina que les dotase de auténtico valor constructivo para una sociedad. Son eficaces (y no siempre) y para cumplir con determinados objetivos a veces (que la mujer sea mano de obra por ejemplo), pero carecen de la empatía con lo femenino, con la sensibilidad, de la conexión con el mundo femenino, profundo y clarividente que rodea al cuerpo de la mujer. Tampoco quiero decir que las teorías pedagógicas y la construcción de las instituciones educativas hubieran sido mejores siendo construidas por mujeres (seguramente la combinación equilibrada y sana de ambos). Pero serían claramente instituciones y corrientes en general más relacionadas con lo humano, con lo sensible, con lo frágil y con lo menos productivo. Hoy, en una institución educativa se miden estadísticas, se confeccionan informes y se elaboran tablas tales como hasta de en cuantos días logra un/a profesional de una escuela infantil hacer abandonar el pañal a un bebé (sin comentarios).
Una visión desde lo sensible, desde ese acompañar en la fragilidad humana del que habla Kristeva no permitiría esta visión de los resultados que ningunea a la persona que está detrás de esas tablas, que pasa por encima de las necesidades frágiles de ese bebé que depende de nosotros.

La ILE, en su momento fue pensada e impulsada por, un hombre: Giner de los Rios. Y tuvo unas intuiciones muy acertadas, y por supuesto una puesta en marcha mayoritariamente femenina, que la nutrió y le llenó de sentido. Por la coherencia en la apuesta y la pasión con que esas maestras de la república llevaron su vocación hasta las últimas consecuencias. Muchas fueron perseguidas por el régimen posteriormente, por ser imagen de la libertad y la liberación de la mujer y de la educación, y por tanto, de la sociedad entera.

Trazar una hoja de ruta que englobe todo esto comienza a ser una labor llena de necesidad a la vista de todo lo que comienza a suceder. Cada vez más violencia, cada vez más diferencias.
La mirada enamorada desde una "Travesía amorosa de la maternidad" se hace cada vez más urgente para toda la humanidad. Un repensar la maternidad desde la filosofía, desde el pensamiento, que dote de voz y de capacidad de formar parte de lo público a algo tan de lo privado va a ser fundamental a la hora de luchar por los derechos, no sólo de las mujeres, sino también de todos los hombres y mujeres del mañana que hoy todavía son niños y niñas.

Feliz domingo reivindicativo este 8 de Marzo, día de la mujer trabajadora.


Ilustración: El cielo por el tejado

viernes, 30 de mayo de 2014

En la orilla

La niebla se enroscó en el cielo,
aprensiva.
¿Dónde está esa madre niña?
Cuando nació se soltó de la mano,
rompió el cordón
y desprendió la mirada.

Pendió,
como penden los hilos.

Esa mujer madre niña,
dormida en la orilla.
Que despierta pálida ante su cuerpo olvidado.
¿De quién es ese hijo que llora por dentro?

Cinco horas después fueron a buscarla,
¿dónde está la madre que duerme en la orilla?
que duerme en la orilla
y que canta al revés.
Como si cualquier cosa pudiera ser.

Ilustración: El cielo por el tejado

Despertó del sueño,
no lloró completa,
no formó su nube de polvo de estrellas.
Caminó dormida entre tanta arena, desierto que auyenta,
que vela, que oprime,
entre tanto vacío.

Recuerda.

¿Dónde está la madre niña debajo del cielo?
Dormidos los ojos,
con el útero errante,
la orilla vacía ¿quien llora a lo lejos?

No busques, no gimas.
Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.
No gimas ya madre niña
y busca a la madre que duerme,
que ofrece su pecho,
que canta y delira,
que arropa la orilla.

Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.

La vida.

viernes, 9 de mayo de 2014

Ya no danzo al son de los tambores...

Quizás ser madre tenga un poco de eso, no dejar que nadie haga lo que tienes que hacer por ti. Por ti misma, para ti misma y para otros. Quizás por eso este camino converge con el otro. Quizás sea eso.

Porque dejamos que otro se encargue de nuestro cuerpo,
dejamos que otro se encargue de nuestra mente,
confiamos a otros nuestra salud, nuestra seguridad,
dejamos en manos de otros la educación de nuestros hijos,
su bienestar emocional en las palabras de expertos,
nuestra capacidad de decisión en la posición de la mayoria, o de los que piensan, o de los que mandan...

Quizás sea eso.

¿Porqué en un mundo de delegar no hablamos más de emanciparnos?

La maternidad es precisamente un punto de arranque para tantas ganas de hacer por una misma que no puede ser casualidad. La maternidad te agranda las orejas, te ensancha las pupilas, pero sobretodo de agranda el poder de ti misma. Si lo sabes intuir, si lo dejas hacer, si lo quieres asumir.

Porque no nos emancipamos, no bailamos al son de nuestro instinto, nuestro cuerpo, nuestro hij@.
Navegamos siempre en contra de lo que es tan nuestro, de lo que nos pertenece.
Navegamos todo el tiempo, sin contar con nosotros mismos.

"Yo vivo navegando sobre el tiempo, yo vivo navegando sin tus besos.
Yo vivo preguntando, no lo entiendo..."


Porque parece que curarnos de enfermedades es como internarte en una caverna oscura, donde otros te han dicho siempre que sólo ellos pueden poner luz, donde otros te han dicho que debes temer adentrarte porque son laberintos de donde no se sale. Donde viven oscuros seres a los que temer.

Ilustración: El cielo por el tejado


Donde otros me habían dicho que hay monstruos que aniquilar yo, desde la maternidad, con todo lo que me ha traido y las formas que he descubierto, sólo veo un río en el que nadar en favor de la corriente. Mi cuerpo y mi psique a favor de mi misma, respetuosa con la flora de la ribera, respetuosa con lo que soy, con lo que tengo, con mi cuerpo instrumento de tantas cosas sanas. Capaz de liberarse. Capaz de emanciparse.

"Sería bonito coger las estrellas con las manos.
Hacer un barco en el aire y navegar sin descanso.
Es que yo vivo navegando sobre una barca sin remos"

Sólo un paso atrás quedan los abandonos de mi cuerpo en otras manos. Sólo un paso atrás quedan las sensaciones de incapacidad, de no saber, de no llegar. Y es tan fácil volver ahí que ya no da ni miedo el retroceder, porque me sé el camino, y este camino es mio. Lo he trazado yo, a fuerza de pisar. Y lo seguiré trazando noche a noche y día a día. Mientras tomo poco a poco el poder de lo que me fue arrebatado.

Ya no danzo loca al son de los tambores de lo que otros quieran para mi, para mi cuerpo, para mi mente, para mi hijo, para lo que es de tod@s, para nuestro futuro...

Hay remedios caseros, pócimas y unguentos de nuestros ancestros, pomadas que traen esencias de plantas machacadas que curan por dentro y por fuera. Hay vendas que nunca se ponen en los ojos, se ponen en las muñecas para fortalecer, para luchar. Hay fórmulas que no son mágicas, son la fórmula de la vida y del poder sobre la misma.


"Confundir y confiar, para golpear despúes y confiar..."


El último de la fila "Ya no danzo al son de los tambores"




Niña Pastori "Yo vivo navegando"



Para emanciparnos desde nuestro cuerpo:

Un líbro: Anti-tóxico, de Carlos de Prada. Decidir sobre uno mismo y lo que le rodea con información.

Las medicinas alternativas, respetuosas con el cuerpo, que trabajan a favor de él, que confían en su lado sano: la homeopatía, la reflexología, la osteopatía...






sábado, 15 de febrero de 2014

Una ciudad de Patchwork

Son las 22,30h. La noche está fría, a mi pajarillo dormido le recojo sus pies debajo de las mantas. No vaya a coger frío que la noche está muy blanca…

Ilustración: El cielo por el tejado

Sospecho que el invierno viene frío. Sopesé comprarme un abrigo, de lana y pelos que cosquillean la nariz. Pero... sólo me abrigaría a mi. Ni los bancos del parque, ni la cola del INEM, ni el perro de la señora Angelita, ni la parada del bus, ni la trenza de mi vecinita de enfrente podrían cobijarse allí.

Oh... Sospecho que hace mucho frío en todas partes. Debajo del barrio y encima del cielo, allá donde se ve todo con más acierto. Así que pensé que tendría que buscar algo que siendo largo fuese asequible, siendo alto fuese sencillo, siendo cálido tuviera huecos por dónde respirar.
Y no encontré nada. Nada más que muchas telas distintas que no sabía dónde colocar. No sabía dónde mezclar. No sabía por dónde clavar la aguja para empezar a coser. A hilar.

Y entonces, cuando supe que tenía mil pedazos que volaban por toda la ciudad, que tendría que recorrer largas distancias con mis pies diminutos, de la mano de un pequeño de tres años, agachándome en cada trozo de vida que recorría... entonces decidí dejarme arropar. Ya está, pensé, el frio llegará.



Y así fue cómo ella me encontró a mi, una colcha de Patchwork tejida para todas. Y me dejé unir, mezclar, asociar.
Coserme en esta almazuela de fragmentos de tela, que abriga las tardes en vela, las noches de piénsame dentro, los días en blanco con un bebé en brazos.
Era grande, suave, cálida, hecha con hechos, con pasos pequeños, con sonrisas tímidas y abrazos tiernos. Con olor a leche, a mochilas y a deseos. De vivir como un todo entero, cada una, en su pequeño cielo. Una manta de Patchwork que arropa pasos inciertos, alegrías y penas que tienen nombre, apellido y documento. Aliviando la carga, animando al camino, haciendo de la ciudad un lugar que sea eso, un lugar para el encuentro.

Un cálido crisol de vidas que nos de abrigo.
Donde no haga falta que cada palo aguante su vela. Sino que todas las velas se sostienen al calor de una colcha hecha de partes que se juntan. Que anuda, que socorre.

Viviana escucha  atenta. Encierra en todo lo que no dice varios años de traslados. De un país a otro, de una casa a otra. Pariendo a sus hijos en el tránsito, en la búsqueda de un lugar. Un lugar para hacer, para construir. Quizás no sueña un hogar. Quizás porque ya lo tiene, lo sabe hacer con el pan, con amor y una cuerda y una caja. Viviana sabe construir, tejer una red que nace de su útero y se extiende haciendo tejido, regalando a los demás, enganchando a la alegría de hacer juntas el camino.




Una manta que está hecha de besos que no se dan, porque madrugan.
Porque están cansados. Porque no han venido a cenar.
 
Anielka es madre porque así lo quiso. Sola. Anielka dice que siempre fue muy familiar. Allá dejó a su hermana que se quiere casar, y a su padre, ya viudo que le cuida un familiar. Quiere buscar un trabajo, pero necesita mejorar su idioma. Y homologar su título. Anielka ha encontrado el amor. Espera todo el día a que sea de noche, para encontrarse, para enredarse. Con ese amor que le procura sueños. Que le regala abrazos que llenan agujeros. Que duelen pero no tiene tiempo de verlos. Con su bebé creciendo, que empieza a hablar, que la quiere enamorar.


Un Patchwork tejido con cuidado, una a una, mujer a mujer.
En esta ciudad de los fragmentos.

De las partes que te envuelven para decir que el colectivo te arropa.
Que te puede dar calor si te unes a su urdimbre.


Maribel se separó. Su melena medio gris medio salvaje le cae sobre los hombros. Tiene la sonrisa de la libertad. La que exige esfuerzo y mirarse dentro sin perder de vista a los demás. A veces me cuenta que cuando la visita su hija prepara un té caliente y unas pastas de cariño, pero no quiere oír hablar de volver otra vez. Que no va a recorrer el mismo camino gastado, transitado, agotado. Y debe decírselo con cuidado, delicadamente para no romper el frágil cristal del corazón de los hijos, que está atado a los padres en un punto fijo. De soldadura de plomo.

Una almazuela hecha de olor a mandarina,
de palos guardados en la mochila,
de piedras que inundan los bolsillos.
De ganas de llegar al abrigo de otra historia.
Para hacerla juntas, viendo crecer a nuestr@s hij@s




Sospecho que el invierno viene frio.
Levantaré una esquina de la colcha de almazuela y meteré debajo tantas caricias que se quedaron por el camino, camino de los vientres de mujeres que acogen, camino del invierno.
Haré un hueco grande, que suspire si hace falta.
Haré un hueco gratis, para que nadie quede fuera.
Y lo forraré de piel de camello y de alpaca. Con olor a incienso de otras tierras.
Enamoradas, de la vida que generan.


Acalorada, con las mejillas coloradas, busco debajo de la manta.
Y veo unos pies que no son los míos.
Unas manos que aguantan el otro extremo.
Y alivian mi esfuerzo. Pieza a pieza formando un todo de piel y de versos.



Buenas noches a todas…
…desde mi tejado tejido con decenas de fragmentos…


Al calor de la lana tupida se puede encontrar un montón de rostros y experiencias para tejer juntas:

Para tejer navegando: webs para crear redes, en FEDALMA  encontraréis asociaciones de apoyo a la lactancia en cada ciudad, ofrecen grupos que son también espacios para compartir la crianza…
Y si pinchas aquí  hay unas cuantas redes de madres más…


Para disfrutar de lugares comunes, para sentirse como en casa:

La música: “Hechos de gente” de Pedro Guerra. Otras vidas, otra gente tan diferente entre sí, que animan al futuro, que forman un crisol.



La lectura: Obstare Es una editorial dedicada a la maternidad, puedes escoger entre un amplio abanico el libro que más te convenga.
El cine: “Luna de Avellaneda”  de Juan José Campanella, como tejer en colectivo, desde las vivencias de un barrio...



Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado

lunes, 3 de febrero de 2014

Y el arte se deja mecer...


Cuando pensé en ser madre nunca imaginé que podría ser un proyecto compatible con el arte, con la creatividad. Imaginaba lo que los anuncios y las películas, lo que el mundo de no-sentires te hace llegar por un agujero minúsculo hasta tu subconsciente: que la presencia de una criatura dependiente y frágil te impide la posibilidad de seguir desarrollándote como mujer, como ser entero, como creadora... "todo debe esperar", "es un paréntesis", "si te sigues desarrollando tú será a costa de no estar presente en su infancia"...

Todo esto nos rodea como mujeres cuando decidimos dar el paso hacia la maternidad. Porque se nos dibuja la idea de que son compartimentos divididos. Caminos de sentido contrario. Alojamientos fragmentados que no pueden convivir.

Es el precio a pagar. La condena a disfrutar del error de ser mujer. Casi, casi el pecado original.

Cuando me soñé a mi misma madre nunca imaginé que, de hecho, sería todo lo contrario…

Un cierzo helado del mes de febrero me trajo la noticia
“Esto es lo que buscabas, serás feliz, completa.
Crearás, pero debes danzar con los sentidos alerta y las manos en el vientre.
Escuchando, siempre escuchando…
El latido del caballo desbocado te traerá el arte hecho vida.”

Ilustración: El cielo por el tejado


Es verdad que hay que buscar otras formas de seguir con determinados caminos dentro del arte, pero también es verdad que de todas formas había que buscarlos… no hay otra solución para el arte hoy. Para que sane de su enfermedad de la distancia de los otros. De su mal endémico del dinero de por medio.

Es verdad que son caminos empedrados que hay que recorrer, pero es verdad también que éstos son más deliciosos, más enriquecedores y más cargados de belleza, poesía, humanidad y sensación de estar redonda, entera, terminada. Más madura.

Cómo un fruto en el edén, deseado y ofrecido. Así percibo yo el arte en la maternidad. La creatividad dispuesta para la crianza y al servicio de todos a través de unas manos que  se están modelando con los cuidados que dan a diario. Dar alimento, dar calor, dar cobijo, dar seguridad, es estar buscando constantemente soluciones. Eso es la creatividad, darle forma a lo que se antoja difícil, imposible o lejano. Y así día a día. Hora a hora. Minuto a minuto. Beso a beso. Dolor a dolor.


Decía Platón que no hay danza más hermosa que ver a una madre acunando a su hijo.

Cuando decidí ser madre no podía hacerme una idea clara de por dónde aterrizarían mis inquietudes, mis apasionamientos, mi creatividad... Y lo que me he encontrado es un espacio intermedio, basto, inabarcable. Como un limbo, o un Hades dónde todo puede ser. Hasta la muerte. Desde la vida.

En esta tierra de nadie podemos sentirnos libres. De mezclar lo que es del cielo con lo que es de tierra. De juntar, untar y hacer una pomada con las necesidades básicas de un recién nacido y nuestras necesidades más trascendentales.

Lo que he hallado es un lugar común, que se encuentra entre la piel rosada y la materia etérea de lo creativo. La combinación perfecta que se nutre mutuamente.

Ilustración: El cielo por el tejado
Yo no me he encontrado un punto y aparte, ni si quiera una coma en mi camino. Me encuentro leyéndome a mi misma en un texto creativo y arriesgado. Una obra entera, sin disciplinas, sin acotar en departamentos. No hay escultura sin barro de piel. Aquí no hay óleo que huela a pintura sino a leche y tierra abonada, profunda y perfumada. Dispuesto todo para el disfrute inmediato, para la reflexión reposada con el corazón pululante. Para profesar la política activa de reconocer lo que no queremos, lo que no permitimos, lo que vamos a batallar hasta no consentir que nos acorralen.

Creí que estaría entre cadenas, buscando un pedazo de baile al son de los tambores... y me encontré con la pieza completa de la libertad, esculpiendo en piel como una creadora más.

En el proceso de estar embarazada la razón para crear se extendió más allá de mi misma. La visión de un mundo en proceso de crecimiento, como hierba que aflora entre las aceras me llenó de confianza.
En los cuidados a un recién nacido, en la empatía necesaria para criar, mi creatividad se ha llenado de la necesidad de crear una piel que abrigue lo frágil, para que no pase frío. Es más cercana, más viva.
Porque el arte es un ser vivo que crece si se le alimenta de vida y realidad.

El arte no necesitó más de excusas. Ni yo se las volví a pedir.
Cuando fui madre integré dentro de un solo cuerpo dos corazones, y tracé una línea que camina en una sola dirección, imborrable: trabajar para crear más vida.
Trabajar para seguir creando.

…Buenas noches a tod@s
…de larga y cálida creación…


Para alimentar la voluntad de crear a veces puede servir...

 Cesaria Evora canta Sodade




Quién te mostrará
ese largo camino?
Quién te mostrara
ese largo camino?
Ese camino
para Santo Tomás (Sao Tomé)
Tristeza tristeza
Tristeza
Esa tierra de San Nicolás
Si tú me escribes
(yo) te escribiré
Si tú me olvidas
(yo) te olvidaré
hasta el día
que tú regreses.




Miriam Schapiro, artista visual feminista en los años 70





Todas las ilustraciones de: El cielo por el tejado





domingo, 2 de febrero de 2014

Manifiesto I (con notas al margen y páginas en blanco)


Ilustración: El cielo por el tejado

Con un beso ligero sobre sus rizos dormidos, me he despedido de él hasta mañana. Son las 22,40h. Los pinceles me esperan, la tinta en su bote encierra todo lo que me queda por decir. Pero sólo tendré tiempo de hacer algunos trazos, antes de dedicar toda la noche a volar. Y a imaginar...

"...Quien fuera tu trovador", escucho cantar a Silvio Rodriguez...

Imagina que tienes algo que decir y no tienes dónde. Imagina que todo lo que no has dicho te persigue y se instala alrededor de tu cuerpo. Como un anillo de Saturno, como un halo de la luna. Todo lo que quiero decir y no acabo me lo guardo en un bolsillo, y espero  a que llegue el día en que libere su contenido. Será como la caja de pandora, mágica y desbordada…

Definitivamente necesito un manifiesto. Me gustaría que fuese algo sencillo, pero no sé si podrá ser. Necesito un manifiesto que organice todo lo que se acumula en mi. Las ideas que me bullen saturan de color mi percepción de la realidad. Y hay que dar rienda suelta. Que no es cuestión de estar todo el tiempo a oscuras. Hay que dejar brotar. Los campos y las macetas de las terrazas en las grandes ciudades nos lo agradecerán. Pero sobretodo la salud del ideario colectivo. Eso que no sé si existe, pero que si no es así tendré que inaugurarlo, bautizarlo y botarlo. Dejar que flote un nuevo barco en los mares de locura.
 
Fotografía: El cielo por el tejado


Manifiesto tuvo Tristan Tzara, y los Dadá a través de él. Y no recuerdo que dijera nada más importante que lo poco que importaba su propio nombre: Dadá (que no se sabe de dónde sale). Lo que importaba era lo que hacían como Dadás... las tertulias en los cafés, las provocaciones. Hacer en sí. Aunque no hicieran arte, arte del que se esperaba sino del inesperado: desmontaban arte y sociedad colocando una tuerca sobre un lienzo. Y… ¡Fuego!


Obra gráfica Dadá
http://es.wikipedia.org






Manifiestos hubo muchos. Futuristas, expresionistas, y unos cuantos ismos más todos ellos empeñados en decir todo lo que pensaban, lo que eran…
Así que será una ardua tarea. Pero necesito un manifiesto para seguir haciendo. O para seguir diciendo. Para seguir dibujando el rostro que me acompaña cuando me acuesto.

“Preparo los motores, caliento una infusión.
Todo está en calma. Esta noche imaginaré hasta caer rendida…”

Decir algo que me represente en este mundo saturado de imágenes y de palabras. Dibujar un contenido que se salga del papel, que no esté establecido. Algo que organice la impresión de que todo a mi alrededor va en sentido contrario. Como un reloj desorientado.

Necesito un rincón de la taberna dónde anotar todo lo que no entiendo de este mundo de prisas y horarios. De tecnología punta. De teles y radios. De pantallas en el metro. De soledades empaquetadas en bolsas de papel cuché. De desdichas aireadas con aroma a pachulí. De noticias con olor a producto barato, precintadas con plástico. Importadas de china o de Japón, que sé yo. No entiendo a este mundo de adoración a los astros del subsuelo, de respeto y "no tocar" a dirigentes sin cerebro, de rincones sin barrer y alfombras que todo lo esconden menos la desdicha cotidiana del que no tiene para acabar el mes o por no tener no tiene ni sueldo ni componiendo.


“Mientras escribo termino la infusión templada, abrazada con mis manos.
Rodeada de papeles por la mesa que se amontonan para ser leídos.
¿Dónde estaban mis cuadernos? Anoté algo en ellos que ahora necesito…”


Yo declaro que no escribo, yo dibujo lo que veo con palabras entintadas. Soy constructora con cemento tipográfico de imágenes que circulan por mis dedos. Soy fotógrafa del vodevil de mi propio imaginario. Artesana de las letras que forman mi propio alfabeto (que no empieza por la a, sino por la palabra nacimiento).

Ilustración: El cielo por el tejado


Necesito declarar que me pueden las ganas de beberme la vida, aunque me emborrache perdida. Aunque me pierdan las ganas… que ya encontraré yo mi propia salida.

“Cindy Sherman, la fotógrafa, pensó tantas veces en su identidad que se disfrazó/transformó en sus imágenes mil y una vez. En éstas fue prostituta, pin-up, modelo de revista, dama decrépita de la alta sociedad… Y con todas estas búsquedas salió fortalecida.”
Cindy Sherman
Fotografía http://www.bbc.co.uk


Defenderé la postura de llenar la calle de arte, pero no del que cotiza en bolsa, ni el que se vende en el MOMA (museo de arte moderno de Nueva York que dice lo que es arte y cuanto cuesta, que lo mismo da…), si no del que se hace con la mano extendida y el cabello despeinado. O con media libreta y ganas de jugar un rato.

Reivindicaré mi derecho a vivir en un lugar embellecido. Dónde no haya despedidos del trabajo, si no bienvenidos a valerse por si mismos. Dónde el jardinero no firme 12 contratos al año, sino que con una palabra sepa que tiene toda la vida para cuidar de la rosa, del lirio y el madroño. Así los niños del barrio se aprenderán su nombre y le pedirán jugar con los montones de hojas todos los otoños…

Publicaré un manifiesto que deje claro que no me gusta el colegio, cualquier cosa que encierre o aísle no lo entiendo. Si lo que hay que aprender está en la calle y el campo, entre la gente y el mundo ¿porque verlo todo metidos dentro de un cuarto? entre cuatro paredes, sin poder salir más que un rato. Así los sentidos se atrofian y los libros cogen olor a amianto. Los libros y los niños necesitan el aire libre, para crecer, para regarse, para florecer en primavera. Ambos quieren encontrar quien los lea, quien los abra con cariño y los re-descubra con mano cierta.


Fotografía: El cielo por el tejado



Haré de la diferencia las pastas de mi libro, para a-cogerla, acariciarla, y tomarla de la mano si hace falta. Que no tenga colores para no ofender a nadie. Que no hable en idiomas oficiales, si no en lengua de trapo de niña de tres años…

En mi manifiesto ofreceré páginas en blanco para que otros escriban. Las dejaré tendidas junto a la ropa colgada, en el tendedero del patio de luces. Para que llegue claridad a los cuartos oscuros, donde no llega palabra.

Manifestaré a quien me escuche que soy la misma en mis mil caras, que no me quedo parada, que lucho y busco mi propio hacer. Que pienso y me re-pienso las veces que haga falta.


Felices sueños a todas…
…planeando en libertad…




Si te quieres reafirmar te puede apetecer dar una vuelta por aquí:
Para mirar: Cindy Sherman (de las mil caras) habla de la necesidad de nombrarse a si mismas. Yo soy quien digo quien soy yo.
Para devorar, un cómic/libro y película: “Persépolis” de Marjane Satrapi, Ed. Norma, años después llevaron al cine este genial cómic en una película animada del mismo nombre: Persépolis se puede ver íntegra online aquí. La vida de Marjane es su propio manifiesto, y es la vida además de su país, Irán.
Para escuchar: Quien fuera de Silvio Rodriguez.

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotografías e ilustración: El cielo por el tejado



viernes, 31 de enero de 2014

La danza de los espíritus




Ilustración: El cielo por el tejado
Son las 23,30h. Mi avioneta se ve claramente bajo la luna redonda, luminosa. Estoy cansada, no es muy tarde pero estoy agotada. Me pongo música, para descansar la vista y ejercitar el oído. María Montessori dijo que la vista es un sentido abusado, demasiado desgastado. Así que daré trabajo al resto de sentidos para que no sientan que los tengo abandonados. Me concentraré tenazmente en todos los demás sentidos olvidados…




Parece que es momento de volar… aunque hoy sólo me apetecen sueños suaves, tranquilos. Dejo pasar el tiempo y compruebo qué sucede en mi cuerpo y en mi espíritu.

Mis dedos siguen tímidos el compás de un ritmo extraño…

Escucho de forma débil un murmullo de baile ancestral. Un ritmo que no sé de dónde viene. Mientras, dentro de mi vientre presiento un volcán, y más allá, esas ganas irracionales de abrazarme a una nube… El ciclo empieza ahora. Todo comienza ahora, y a la vez muere de nuevo. Comienzo a subir despacio, la brisa me da en la cara. Ese dolor que siento… mi cuerpo no consiente que me olvide que está ahí. Reclama mi mirada, mis sentidos entumecidos.
“Vamos a vivir de nuevo, sacúdete en la danza de los espíritus.”
“Ghost dance”, Patti Smith
Es necesario bajar, volar a ras de suelo para oler de aquello de lo que estoy hecha… tierra.
Me encuentro con mis errores, mis miedos, mis temblores… Cuando aparté la mirada, cuando no abrí el camino, cuando arruino las cosechas con mi huracán…


Ilustración: El cielo por el tejado


Como un baile que cada ciclo me va marcando el ritmo. Es el ritmo de mi cuerpo, que me ofrece un tiempo para cada dolor, para cada placer. Un tiempo para hundirme en mis entrañas, tan viscerales, tan llenas de sangre. Como un parto del que no sale otra vida, sino la mía propia… y está ahí cuestionándome, hablándome en su lengua atávica.

¿Eres feliz? ¿dónde has puesto el corazón? ¿tienes miedo de volar? 


Los días de dolor y de pérdida vuelven a mi, los duelos que he pasado, las despedidas, los adioses... el no-parto de mi hijo. Y encaramada a las nubes los dejo ir: pariéndolos sobre los valles, los ríos, las colinas reverdecidas… para que germinen, para que dancen sobre la hierba fresca.
Me dejo mecer por los vaivenes del viento. La música sigue y yo me dejo llevar por el ritmo, es imparable. Es un ritmo natural, que sale de la tierra y llega más allá de las montañas.
No me importa claudicar porque sé que después todo continua. Durante 5 noches, me daré a luz a mi misma. Y agarraré todo eso que también soy yo, mi sangre, lo desesperanzado, los miedos, las flaquezas, lo que necesito y no poseo, la tristeza, la rabia… y lo enterraré. Lo mezclaré con la tierra y en apenas 12 días dará sus frutos y podré volar más alto. Empoderada, llena de vida y llena de lo que soy capaz: mirarme a mi misma y surgir de mis cenizas. Ave Fénix.

“Desempolva las palabras que dieron forma a la historia.
Vamos a vivir de nuevo, vamos a vivir de nuevo…”
“Ghost dance”, Patti Smith


Ilustración: El cielo por el tejado

Esta danza que sube y baja, que altera lo estable que no funcionaba. Un derviche emocionado, bajo la luna de Estambul. Una danza en espiral que a los 12 días me convierta en ser creador. Que puede albergar la vida. Y todo esto ocurrirá cuando la música siga su ritmo y se me vayan los pies bailando… y no lo podré evitar…

Me gusta tanto este ritmo primitivo,
que siempre lo quiero bailar…

…Siempre lo quiero bailar. Sé que es una temeridad, que entran ganas de mirar para otro lado, de tomar una píldora que aparte de mi este cáliz. Es la tentación de negarme a mi misma, es la luna en cuarentena... Me gusta sentirme unida al universo, a las estrellas y a la luna.

“Vamos a vivir de nuevo, sacúdete en la danza de los espíritus.”
“Ghost dance”,
Patti Smith

Me gusta bailar entregada al ritmo que nace en mi interior todos los días del mes. Me gusta ser madre/luna/mujer. Vivir con plenitud lo que nos han enseñado a sufrir como un castigo (casi divino). Soy mujer y puedo sentir en 28 días dolor, placer, ira, felicidad y tristeza. Y siempre sigo siendo la misma. Cada día. Creadora, madre y mujer. Sin alterar el orden, sumando factores.

Es el ritmo de la vida. El milagro de la vida que me da la oportunidad de conocerme y revisarme. Revisar si estoy en la danza que dicta mi propia tierra fértil. Esta noche me guiaré por la luna y aprenderé a volar bajito, pegada a  la tierra para aspirar su aroma

Me gusta tanto este ritmo primitivo
que siempre lo quiero bailar…


Felices sueños al ritmo…
…de mi avioneta a ras de tierra…


Para danzar bajo la luna...
Una canción: "Ghost dance" de Patty Smith. La letra traducida aquí.
Una artista visual: Eulalia Valdosera en dos documentales: Creadores y Metrópolis
Un libro: “Filosofía y poesía” María Zambrano

Todas las Ilustraciones: El cielo por el tejado



lunes, 20 de enero de 2014

Sobre el alambre


Ilustración: El cielo por el tejado

Hoy me he encontrado en mi avioneta unas cuantas malas hierbas pegadas a las ruedas y enganchadas a las alas. He comprobado el motor, pero estaba intacto, menos mal. Cuando todo estaba en orden me he subido y he comenzado mi vuelo. Son las 24h y los recuerdos vienen a mi despacio…

Un ovillo de lana crecía dentro de mi. Y mis ganas de seguir los pasos de esa línea blanda, extendida por todo el cielo y que llegaba hasta dentro de mi, se apoderaba de toda mi energía.
A través del cordón me alimentabas, con tu savia milenaria me recorrías entera. Llenándome de vida. Yo era entonces tu obra de arte.

Tu eras para mi esa música que oía susurrar...
"La fuente del amor secreto" (música andalusí)




...
Necesito crear, no puedo evitarlo. Y mientras tú te desarrollabas ensanchando mi cuerpo, yo dirigía mis pasos hacia fuera y hacia dentro de la misma manera en que mi vientre se balanceaba sobre mis pies.

Hacia un lado. Hacia el otro.
La vida en equilibrio. Sosteniéndose.



Compuestas,
Subfamilia: Lactucoideas Cardueas.
Onopordon Nervosum



Con mi vientre henchido no podía crear sobre la nada. Todo proceso de creación se contagiaba de esa línea de origen estelar.

Buscando respuestas a tanta vida me encontré con lo desconocido. El Hades que debía explorar.
La morada de los espíritus me contaba historias de mujeres. Que no debieron de ser. Historias que necesitaban ser contadas de otra manera. Mujeres que perdieron algo más que su vida, perdieron su dignidad. Porque no figuraban sus nombres en las noticias, sólo su etnia, su país de procedencia, su profesión maldita, o su manera de sobrevivir. En este mundo de diosas desechadas.

Y permití que la muerte equilibrara mi paso hacia la vida. Sólo un poco. Nada más. Lo que apenas podía hacer con mi capacidad de entrega, de renuncia. Dejar un hueco. Hacerme a un lado. Decidí dejarme llenar por el sufrimiento de otras mujeres. Que perdieron la oportunidad de ser tratadas con respeto, incluso en el último momento.

Madrid es un lugar para nacer, y también para morir.
Hay lugares para la vida, y también para la muerte.

Hay belleza que se esconde tras las flores que entierra sangre derramada. Que siempre es cruel con la memoria.


Quenopodiáceas Salsola Kali



Subirme al alambre, vida de funámbula. Nueve meses de equilibrio investigando la muerte violenta de mujeres sin nombre. Mientras la vida en mi vientre se abría paso con fuerza. Sin dificultades.

El arte a veces me lleva por caminos que preferiría no ver. No conocer. Caminos que están en descampados. Mis pasos oscilantes, con el  vientre repleto. Enamorada de un proyecto que diese sentido a dar a luz a una vida. Alumbrar la vida. Llenar el vacío oscuro de sentido. Desterrar la violencia. Atajarla.

Los descampados son lugares. Lugares donde se pierden los pasos, pisando sobre malas hierbas que inundan de belleza humilde la vida. Y la muerte.

Una a una recogí esas malas hierbas, de los lugares señalados en mapas de periódicos, apenas descifrados. Y les di nombre. Busqué su definición, su ciencia, y encontré palabras que podían llenar de dignidad la vida derramada. De mujeres sin nombre.


Gramíneas. Subfamilia: Cloridoideas.
Eragrostis Curvula.



De cuerpos sin reclamar pasaron a ser flores que se les da de beber. Alimentadas, expuestas para no ser olvidadas.

Y nació en mi el deseo de vivir dando sentido. Un poquito. Nada más. Lo que apenas puedo hacer con mi necesidad de crear. De buscar el arte más allá de mis entrañas. Que crecían. Me transformaban.

Un arte que transforma la forma de mirar. Para no mirar hacia otro lado. Si no para prendernos de la vida. Para prendernos de los luceros (que linda cosa me dijiste Noemí) y no descender jamás. Por que nos va la vida en ello.

Mientras piloto mi avioneta dando vueltas sobre la ciudad descubro que han quedado unas briznas de malas hierbas dentro de mi habitáculo. Será que siempre me van a acompañar. Ahora que conozco su nombre, que recuerdo su olor…


Felices sueños a todas…
…desde mi avioneta funámbula planeando sobre el alambre…





Para caminar sobre el alambre os puede servir…
Para ver, oir y sentir: Mona Hatoum es una artista visual palestina. Arte funámbulo, que arriesga.
Para leer: “El despertar de Irán” de Shirin Ebadi, fue la primera jueza de su país y años después fue obligada a dimitir por ser mujer. Creyó en la paz desde tanta desolación y muerte como había en su tierra. Recibió el premio Nobel de la paz en 2003.


Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las fotografías pertenecen a la obra artística concebida como instalación "Las malas hierbas" (Madrid, 2010) Miryam Pérez Fajardo 


domingo, 19 de enero de 2014

Una mirada que transforma... Miradas I

Son las 22,45h. Mi niño descansa en el nido. Las nubes son claras y dispersas. Yo vuelo en mi bimotor, soñadora. Me asomo a ver el paisaje y veo el mundo en perspectiva…

Este mundo patas arriba (que diría Eduardo Galeano) necesita otra mirada. No creo que pida demasiado, ni creo que resulte muy descabellado. Eso sí, soy radical pensando que es del todo imprescindible cambiar el modo de mirar. La mirada revoluciona, sonroja, enamora, diluye el dolor, observa, amenaza, interroga, acompaña, humilla, ama, te llena de terror... Es tal poder el que tiene, que por fuerza quien la posee es un ser empoderado. Y visto así no está mal, cualquiera podemos serlo...

Este mundo patas abajo (esto ya lo digo yo) está repleto de mujeres con un bebé en brazos, mujeres puérperas, en tránsito: que caminan de un estado a otro, del líquido al gaseoso. Y este vaivén tan especial tiene una clara ventaja, necesita de unos ojos que sean capaces de ver lo que nadie más  aprecia. Así pueden transitar entre el cuerpo y el espíritu. Fluyen sin tropezar, sin molestar, entre susurros de sábanas y olor a calostro...
Ilustración: El cielo por el tejado


Este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen (dejemos en paz a los locos que son mucho más coherentes) tiene un escuadrón de miradas poderosas apartadas, recluidas. A las mujeres puérperas no se las tiene en cuenta, se las tacha de depresivas, de inestables hormonales, se las guarda en cuarentena (por si nos contagian algo), se las da por imposibles...  pero están ahí. Posibles. Con mirada dulce, soñadora, hambrienta y devoradora. Una mirada de cuidados, de atención a las estrellas, de mamífera depredadora. Todo lo pueden con su mirada.

Este mundo regido por hombres y algunas mujeres que los asemejan está demandando miradas. Cómo un niño que se estrena tirándose por el tobogán. Como un adolescente que no llega a la hora de la cena.

Este mundo reversible necesita una mirada cargada de paciencia, envasada y en conserva si es posible: ¡que no se eche a perder, con todo lo que cuesta hacerla!

Necesita una mirada rebelde, que responda, que conteste. Como lo hacen los jóvenes, así, sin pensarlo, sin medir, sin ocultarlo. Trasgrediendo, alentando.

Una mirada que crea que la cultura es patrimonio de todos y para todos: de las vecinas que cantan al barrer, de las blogueras que escriben a placer, de los que paran el mundo en la manifestación, del que cuenta un cuento a un niño y no espera nada a cambio…

cdmiry
Foto: El cielo por el tejado


Una mirada que no anule, que no infantilice, sino que invite a participar ¡y a salir a pregonar! ¡Que vienen tiempos de cambio forzoso, que nuestra mirada es poderosa! Que anime a disfrutar de los vínculos ciudadanos, de las asociaciones vecinales, de las redes de mamás en marcha, de los colectivos que dan vida a los ideales, de los gritos y los cantos en las calles…

El puerperio nos da poesía tras los párpados, nos humedece el globo ocular, nos reconstituye la vista... para tener una mirada que derrita la dureza que se forma en las entrañas. 

La maternidad recién estrenada nos da coherencia en cada batir de pestañas, y ahí es donde nos damos cuenta de que el mundo tal y cómo es choca con lo que debería ser. Nos plantea crisis, nos cuestiona, nos hace crecer del revés: cada vez más pequeñitas, más como debiéramos ser.

El mundo como es necesita una mirada crítica, que denuncie, que le de voz a los silenciados, a los olvidados, a los que se perdieron más allá de si mismos.

Una mirada que no esté anestesiada (del latín: sin-sentir), dormida, insensible. Sino todo lo contrario: despierta, activa, sensible. Para vibrar con el latir del mundo, con el crear de los niños, con el rodar de lo maravilloso que puede aparecer por cualquier lado.

Unos ojos que lloren lo que no está escrito. Ni publicado. Ni promovido en televisión. Que parece que no existe nada que no vea su ojo todopoderoso, embriagado de luces y de poder.


telePONER
Ilustración: El cielo por el tejado


Ojos empoderados de mujer que griten lo que la humanidad entera necesita: justicia. Para los excluidos, para los empobrecidos, para los parados, para los que viven en ese otro mundo (el tercero) que parece que no son del nuestro.

Que ampare, que proteja y cuide a los niños abandonados a su suerte. A su mala suerte. De sus padres, sean los que sean. Del estado, sea cual sea.

Una mirada que haga visible lo invisible. Que la magia de los ojos de una mujer puérpera reconozca el valor de lo sensible, lo escondido en las válvulas del corazón. Que nos descubra lo palpitante y misterioso que hay en el mundo, así como lo hace una placenta que ve la luz. 

Una mirada que condene la violencia hacia los niños, la bofetada, el insulto, el chantaje emocional, el abuso, el maltrato. El abandono de no ser mirados. Y la violencia hacia las mujeres: la obstétrica, la publicitada, la consentida culturalmente en todos los lugares, la que no se ve pero se vive…
Una mirada que desnude y que interrogue…


Tunel
Foto: El cielo por el tejado


Una mirada en movimiento, que reúne, moviliza, se revuelve… En este mundo, yo sueño que tres mil millones de miradas apuntan al mismo sitio, en la misma dirección. Que no permitan, que no cedan. Miradas que disparen si hace falta, porque todo está permitido para que el amor circule, se instaure, restablezca el sentido. Porque no podemos quedarnos sentadas en medio de un campo de batalla, porque una bala nos alcanzará seguro.

Alcemos un castillo con las piezas de los Lego. Forcemos un asedio a la mezquindad. Un asalto al abuso, al empujón, a la violencia. Demos muerte al fracaso de los derechos humanos e icemos la bandera de la solidaridad. Y hagamos todo eso mirando a nuestro alrededor con otros ojos.

En este sueño que no es mío. Que no es tuyo. Sino nuestro. Comparto una mirada hacia el futuro: Que tengamos paz para criar a los hijos, y que tengamos valor para luchar por ella,  declarar la guerra con ejércitos de madres puérperas si hace falta. Con cañones que disparen leche. Con miradas que construyen desde lo más sensible, lo más pequeño, lo cotidiano. Con ojos que creen en otra forma de mirar al mañana. Poco a poco, una a una, en una red que crezca cada día y cada noche… Una red de miradas que dan la vida en este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen.

Felices sueños desde mi bimotor …
…surcando suavemente el horizonte…



Por si os recorren por el cuerpo las ganas de mirar y no sabéis cómo quitároslas a mi me sirvió:
Dos libros: “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” de Eduardo Galeano y “No-Logo” de Naomi Klein
Dos películas: “La vida es un milagro” (2004) de Emir Kusturika (una mirada deliciosa a la vida) y "Las tortugas también vuelan" (2004) de Bahman Ghobadi (una mirada sensible a una realidad desgarradora)



Imagen destacada: El cielo por el tejado
Ilustración y fotografía: El cielo por el tejado