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lunes, 30 de junio de 2014

Amar es un riesgo

Esto no es amor,
es una locura.
Desde la atalaya más alta
al canto rodado que afina en el lecho del rio.
Te amo.

Te amo, mi pequeño tesoro.

Pero esto no es amar,
es una locura vestida de riesgos
que se asoma agitada,
y sonríe,
divertida
tocada con flores,
cargada de aromas
de labios,
de besos
de risas.

Ilustración: El cielo por el tejado


Te amo así mi tesoro,
subida...
y bajada...
montada en la noria de adivinar tus pasos,
y de cuidar tu morada,
en la que cada piedra debe llevar su nombre
en la que cada hombre debe pisar su huella
en la que cada mujer debe cerrar su puerta.

Te amo.

Te amo y arriesgo,
pequeño tesoro...

¡si yo hubiera sabido que amar era esto!


viernes, 30 de mayo de 2014

En la orilla

La niebla se enroscó en el cielo,
aprensiva.
¿Dónde está esa madre niña?
Cuando nació se soltó de la mano,
rompió el cordón
y desprendió la mirada.

Pendió,
como penden los hilos.

Esa mujer madre niña,
dormida en la orilla.
Que despierta pálida ante su cuerpo olvidado.
¿De quién es ese hijo que llora por dentro?

Cinco horas después fueron a buscarla,
¿dónde está la madre que duerme en la orilla?
que duerme en la orilla
y que canta al revés.
Como si cualquier cosa pudiera ser.

Ilustración: El cielo por el tejado

Despertó del sueño,
no lloró completa,
no formó su nube de polvo de estrellas.
Caminó dormida entre tanta arena, desierto que auyenta,
que vela, que oprime,
entre tanto vacío.

Recuerda.

¿Dónde está la madre niña debajo del cielo?
Dormidos los ojos,
con el útero errante,
la orilla vacía ¿quien llora a lo lejos?

No busques, no gimas.
Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.
No gimas ya madre niña
y busca a la madre que duerme,
que ofrece su pecho,
que canta y delira,
que arropa la orilla.

Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.

La vida.

lunes, 21 de abril de 2014

Poesía para el día a día

Poesía para el día a día,
para lo pequeño, para lo cotidiano.
Poesía para el dolor sincero,
en miles de balcones abiertos
dejando escapar sus aromas,
sus perfumes de no ser perfectos.
Con olor a crema para curar heridas,
con olor a ternura revuelta en la cena.

Olor, olor...
olor a pan,
a mercado,
a noche dulzona,
a ladrillo rezumando amor.


Es lo pequeño, lo que se escapa, lo acongojante,
por cotidiano, por necesario, por relevante.


Como un diario de páginas sin brillo,
sin sus hojas de color salmón.
Queriendo atrapar un deseo
con un trébol de dos suertes,
como caracoles que asoman sus cabezas 
casi todos los lunes al sol.

Ilustración: El cielo por el tejado


























Revientas de vida con tu día a día,
poesía cotidiana,
y te empapas de sabor a sudor.
Sabores nómadas, ausentes,
que luchan por llegar a tiempo,
que se afanan por no perderse nunca
el beso puérpero de la madrugada.


La vida cotidiana que nos devuelve,
que nos lleva a labrar el surco,
una y otra vez trazado.
Trepando, por tu balcón de mañana silbando,
esperando,
toda la mañana con harina en las manos,
los vapores de los juegos y tu risa, 
inundando.

Lo cotidiano,
ese balcón que se abre y deja escapar su canto.




lunes, 31 de marzo de 2014

Caracoleando


A veces es imprescindible parar. Detenerse, cerrar los ojos y sentir que no hay nada más.
A veces es imprescindible callar, bucear y sumergirse y corroborar que no hay nada más importante que la palabra amar.
A veces, sólo a veces nada más, es posible que podamos perder el tiempo en caracolear.
Como los caracoles, perder el tiempo en deleitarse en caminar.
Y caminar y caminar. Y el paisaje no varía, no hay muchas novedades, simplemente arrastras tu cuerpo bajo el cálido sol y te dejas domesticar. Domesticar por la palabra amar.

Amar a la vida que nos lleva por caminos que no esperamos, por veredas por las que no habíamos arrastrado nunca nuestra concha, por acequias llenas de agua que nos asustan con sus corrientes peligrosas.
Amar caracol, amar.

Amar, cuando no sabes si tendrás valor para salir al paso. Si tendrás suficiente palabra para envolverte en ella. Para salirte a buscar en alfombra de plata.
De plata, caracol, de plata.
Amar para poder seguir amando.
Enroscada en la idea de perder el tiempo.
Entusiasmada,
caracoleando.



Y arrastrar la concha, como única carga. Y mirar al sol, como único deber. Y beber de la vida que me ofrece un camino largo, demasiado largo para un caracol. Que sabe que nunca lo va a terminar. Que no le interesa acabar, sino disfrutar del camino. Que camina en un sentido, arriesgado sentido, que sólo le lleva a amar.

…Ama, caracolea, déjate llevar.


Perdonad si alguna vez no respondo, quizás tomé el camino largo para volver de nuevo.
Caracoleando.
Buscando en el camino cómo amar, como los caracoles.
Arrastrando un hogar, un cuerpo.

La baba de plata que deja mi estela la miraré con nostalgia,
nostalgia de aquello que acabo de recorrer.
La baba de plata que deja mi cuerpo la dejaré donde está.
Para que pueda ser.
Amor y camino, tiempo y parada.
Caracoleando jugaré otra vez. A no tener pies, sino un vientre enorme con el que sentir la piel.

Amar caracol, amar.
A veces es imprescindible cerrar los ojos
y lograr amar.


A veces, sólo a veces, oigo una voz que susurra…
“Piérdete en el tiempo que te empeñaste en encontrar.
Y ama, caracoleando, dejándote amar.”



Para andar entre caracoles nos puede venir bien...


Música: Cesaria Evora y Pedro Guerra, Tiempo y silencio





Arte: Mona Hatoum, Mobile home 2005. Cuando llevar la casa a cuestas significa amar emigrando, amar despidiendose, amar entre dificultades, amar como única forma de vida estable.

http://lavidanoimitaalarte.blogspot.com.es


Lectura: El tiempo Vuela, Joäo Pedro Mésseder editado por Kalandraka


http://biblioabrazo.wordpress.com


Ilustración: El cielo por el tejado

jueves, 20 de febrero de 2014

Había una vez un acuario y un pez…



(Historias mínimas)

Había una vez una mujer con un bebé de cinco meses en brazos. Había una vez una mamá con un tesoro escondido tan al fondo del maletero que rara vez lo podía encontrar. Había una vez una necesidad tan grande que creció y creció y ocupó todos los cajones del dormitorio. Había una vez una sombra tan poco transitada que solía vagar sola por los pasillos escuchando el llanto del bebé. Había una vez tantos botones que abrochar que no se daba a basto más que para salir desnudo. Y poblar la calle de piel. Y forrar los parques de vello para que estén mullidos.

Había una vez una mujer que nunca supo porqué se llamaba así. Por qué tejía en silencio mientras susurraba "lo siento", por qué escarbaba en la memoria de los peces del acuario una respuesta que le dejase dormir.
Porqué, porqué.
Por qué tendrá que ser así.

Ilustración: El cielo por el tejado


Había una vez un bebé sin piel. Había una vez un bebé con cinco meses que bebía la esperanza de flotar en un líquido de besos. Había una vez un bebé que tomaba la conciencia de su madre y la mezclaba con especias de Turquía. Y removía y removía. Y volvía a remover, como un líquido exótico que nunca más volvería a ver.

Había una vez un bebé que ya no era un pez. Era un verbo pronunciado con acento, una sílaba silbante que susurraba a la madre: "Vuélvete aquí otra vez, vuélvete aquí otra vez... Mamá, vuélvete aquí a navegar del revés".


Y había una vez...
  



Para nadar en lo mínimo:

Una película: "Historias mínimas" de Carlos Sorín. A veces son pequeñas historias...

El puerperio es una historia de amor, para navegarla de cerca...


 Edith Piaf  "L´Hymne a L´amour"...
 ...¿tu crees en los que se aman?

domingo, 2 de febrero de 2014

Manifiesto I (con notas al margen y páginas en blanco)


Ilustración: El cielo por el tejado

Con un beso ligero sobre sus rizos dormidos, me he despedido de él hasta mañana. Son las 22,40h. Los pinceles me esperan, la tinta en su bote encierra todo lo que me queda por decir. Pero sólo tendré tiempo de hacer algunos trazos, antes de dedicar toda la noche a volar. Y a imaginar...

"...Quien fuera tu trovador", escucho cantar a Silvio Rodriguez...

Imagina que tienes algo que decir y no tienes dónde. Imagina que todo lo que no has dicho te persigue y se instala alrededor de tu cuerpo. Como un anillo de Saturno, como un halo de la luna. Todo lo que quiero decir y no acabo me lo guardo en un bolsillo, y espero  a que llegue el día en que libere su contenido. Será como la caja de pandora, mágica y desbordada…

Definitivamente necesito un manifiesto. Me gustaría que fuese algo sencillo, pero no sé si podrá ser. Necesito un manifiesto que organice todo lo que se acumula en mi. Las ideas que me bullen saturan de color mi percepción de la realidad. Y hay que dar rienda suelta. Que no es cuestión de estar todo el tiempo a oscuras. Hay que dejar brotar. Los campos y las macetas de las terrazas en las grandes ciudades nos lo agradecerán. Pero sobretodo la salud del ideario colectivo. Eso que no sé si existe, pero que si no es así tendré que inaugurarlo, bautizarlo y botarlo. Dejar que flote un nuevo barco en los mares de locura.
 
Fotografía: El cielo por el tejado


Manifiesto tuvo Tristan Tzara, y los Dadá a través de él. Y no recuerdo que dijera nada más importante que lo poco que importaba su propio nombre: Dadá (que no se sabe de dónde sale). Lo que importaba era lo que hacían como Dadás... las tertulias en los cafés, las provocaciones. Hacer en sí. Aunque no hicieran arte, arte del que se esperaba sino del inesperado: desmontaban arte y sociedad colocando una tuerca sobre un lienzo. Y… ¡Fuego!


Obra gráfica Dadá
http://es.wikipedia.org






Manifiestos hubo muchos. Futuristas, expresionistas, y unos cuantos ismos más todos ellos empeñados en decir todo lo que pensaban, lo que eran…
Así que será una ardua tarea. Pero necesito un manifiesto para seguir haciendo. O para seguir diciendo. Para seguir dibujando el rostro que me acompaña cuando me acuesto.

“Preparo los motores, caliento una infusión.
Todo está en calma. Esta noche imaginaré hasta caer rendida…”

Decir algo que me represente en este mundo saturado de imágenes y de palabras. Dibujar un contenido que se salga del papel, que no esté establecido. Algo que organice la impresión de que todo a mi alrededor va en sentido contrario. Como un reloj desorientado.

Necesito un rincón de la taberna dónde anotar todo lo que no entiendo de este mundo de prisas y horarios. De tecnología punta. De teles y radios. De pantallas en el metro. De soledades empaquetadas en bolsas de papel cuché. De desdichas aireadas con aroma a pachulí. De noticias con olor a producto barato, precintadas con plástico. Importadas de china o de Japón, que sé yo. No entiendo a este mundo de adoración a los astros del subsuelo, de respeto y "no tocar" a dirigentes sin cerebro, de rincones sin barrer y alfombras que todo lo esconden menos la desdicha cotidiana del que no tiene para acabar el mes o por no tener no tiene ni sueldo ni componiendo.


“Mientras escribo termino la infusión templada, abrazada con mis manos.
Rodeada de papeles por la mesa que se amontonan para ser leídos.
¿Dónde estaban mis cuadernos? Anoté algo en ellos que ahora necesito…”


Yo declaro que no escribo, yo dibujo lo que veo con palabras entintadas. Soy constructora con cemento tipográfico de imágenes que circulan por mis dedos. Soy fotógrafa del vodevil de mi propio imaginario. Artesana de las letras que forman mi propio alfabeto (que no empieza por la a, sino por la palabra nacimiento).

Ilustración: El cielo por el tejado


Necesito declarar que me pueden las ganas de beberme la vida, aunque me emborrache perdida. Aunque me pierdan las ganas… que ya encontraré yo mi propia salida.

“Cindy Sherman, la fotógrafa, pensó tantas veces en su identidad que se disfrazó/transformó en sus imágenes mil y una vez. En éstas fue prostituta, pin-up, modelo de revista, dama decrépita de la alta sociedad… Y con todas estas búsquedas salió fortalecida.”
Cindy Sherman
Fotografía http://www.bbc.co.uk


Defenderé la postura de llenar la calle de arte, pero no del que cotiza en bolsa, ni el que se vende en el MOMA (museo de arte moderno de Nueva York que dice lo que es arte y cuanto cuesta, que lo mismo da…), si no del que se hace con la mano extendida y el cabello despeinado. O con media libreta y ganas de jugar un rato.

Reivindicaré mi derecho a vivir en un lugar embellecido. Dónde no haya despedidos del trabajo, si no bienvenidos a valerse por si mismos. Dónde el jardinero no firme 12 contratos al año, sino que con una palabra sepa que tiene toda la vida para cuidar de la rosa, del lirio y el madroño. Así los niños del barrio se aprenderán su nombre y le pedirán jugar con los montones de hojas todos los otoños…

Publicaré un manifiesto que deje claro que no me gusta el colegio, cualquier cosa que encierre o aísle no lo entiendo. Si lo que hay que aprender está en la calle y el campo, entre la gente y el mundo ¿porque verlo todo metidos dentro de un cuarto? entre cuatro paredes, sin poder salir más que un rato. Así los sentidos se atrofian y los libros cogen olor a amianto. Los libros y los niños necesitan el aire libre, para crecer, para regarse, para florecer en primavera. Ambos quieren encontrar quien los lea, quien los abra con cariño y los re-descubra con mano cierta.


Fotografía: El cielo por el tejado



Haré de la diferencia las pastas de mi libro, para a-cogerla, acariciarla, y tomarla de la mano si hace falta. Que no tenga colores para no ofender a nadie. Que no hable en idiomas oficiales, si no en lengua de trapo de niña de tres años…

En mi manifiesto ofreceré páginas en blanco para que otros escriban. Las dejaré tendidas junto a la ropa colgada, en el tendedero del patio de luces. Para que llegue claridad a los cuartos oscuros, donde no llega palabra.

Manifestaré a quien me escuche que soy la misma en mis mil caras, que no me quedo parada, que lucho y busco mi propio hacer. Que pienso y me re-pienso las veces que haga falta.


Felices sueños a todas…
…planeando en libertad…




Si te quieres reafirmar te puede apetecer dar una vuelta por aquí:
Para mirar: Cindy Sherman (de las mil caras) habla de la necesidad de nombrarse a si mismas. Yo soy quien digo quien soy yo.
Para devorar, un cómic/libro y película: “Persépolis” de Marjane Satrapi, Ed. Norma, años después llevaron al cine este genial cómic en una película animada del mismo nombre: Persépolis se puede ver íntegra online aquí. La vida de Marjane es su propio manifiesto, y es la vida además de su país, Irán.
Para escuchar: Quien fuera de Silvio Rodriguez.

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotografías e ilustración: El cielo por el tejado



viernes, 24 de enero de 2014

Tiempo pirata y gatuno

Son las 22,30h y por fin te has dormido. Todo el día naufragando, nos tenía ya agotados. Nada más rendirme a ti, pirata feroz que persigue sus deseos, te has rendido al sueño oceánico que aguardaba entre las sábanas. Nada queda por decir hoy. Todo el mar lo hemos surcado. Ahora me toca a mi recuperar para mi vuelo las palabras de cielo adentro. Las que conforman mis sueños.

Ilustración: El cielo por el tejado

Y es que a veces logro ser la mamá pirata que lucha contra el viento y guarda tus tesoros.
A veces soy la luz que ilumina el vientre oscuro de la ballena, para que mi pequeño Jonás salga hacia fuera, triunfante. Y lance un canto a la vida.

A veces creo que puedo recorrer tu cintura sin decir te quiero, sin decir te adoro, sin comerte a besos... pero no puedo. Y eso me hace reír, porque soy la madre que te quiere como la quisieron.

A veces la mamá pirata se equivoca de barco, y naufraga en una isla que no tiene final. A veces las islas y los mares no se sabe dónde acaban. Y empiezan a acabarse cuando ya no queda más. De paciencia, de respiro, de palabras, de tiempo de nunca acabar.

Yo soy eso y mucho más, como mamá, como pez fuera del agua y gato sobre el tejado.
A veces soy todo eso y mucho más. Y puedo decir con las heridas de guerra que sé saltar desde lo alto y dejar caer mi desencanto.

Que no importa que me pueda la impaciencia, el error y el egoísmo. Porque puedo ser eso y mucho más. Más de lo que aquí atisbo. Más de lo que yo soy capaz de imaginar.

Mamá a veces es funámbula, sin red y sin circo, acróbata empedernida que no sabe si saldrá ilesa. Pero cariño, tu sabes que tenemos mucho tiempo para bebernos la sorpresa. De saber que tengo más de una vida aguardando, escondidas debajo de la mesa, junto a las migas de pan del mediodía.

Mamá gata soy a veces, confundida con las sombras del tejado. Recupero mis dos vidas que he perdido cuando aprendo a besarte malherido. Si te duele un sueño y me haces daño, yo te beso el disgusto que has mostrado. Y me guardo las ganas de llorar, para que puedas acurrucarte en mi regazo. Que tengo para ti, mi pequeño gato, un hueco cálido y mullido en esa vida que hace poco he estrenado.
 
Ilustración: El cielo por el tejado

A veces logro ser la mamá pirata de los cuentos que te leo. Y pienso que somos invencibles codo a codo. Que nada nos puede parar. Que la vida puede ser un gran tesoro. A veces, cuanto más me equivoco siento que menos importa. Que es delicioso ser libre, imperfecta, bravucona. Y adorar tu pelo revuelto, por el viento de estribor. Oliendo a mar y salitre, mareados de oleaje. Guardando grandes tesoros. Sencillos, pequeños, baratos, llenos de deseos que los hacen grandes.

Cuando todo es terrible, oscuro y siniestro, y aún así puedo soltar una carcajada de pirata descarada. Entonces es cuando más me acerco a tu rostro de niño. Cuando venzo el peligro. Cuando adoro el riesgo. Cuando suelto el timón de piedra que se encalla en lo mismo.

Vamos a cruzar los siete mares. A navegar con dos cañones por banda. A zozobrar cuando haga falta, porque a veces hace falta.

Porque equivocarse es un lujo y será mi bandera pirata. Porque así sé de seguro que sabré cuando elegir acertar. Porque yo soy eso, mi bien, todo eso y mucho más.

Soy mamá de gato pardo. Que no esconde su temor. Sé que puedo perder las vidas, sé que no siempre salto de pie. Pero ya no quiero red. Me escapé a pie del circo para danzar sobre un alambre, un hilo fino y largo que subiría hasta el cielo. Y allí caminar sin vuelta atrás, y sin mirar hacia delante. Sólo el vértigo en la barriga y un poco de tu risa en mi semblante.

Cielo abierto me regalas.

Nada más quería decirte, nada más te sé decir sobre mi vida vacilante. Desordenada y gatuna, pirata y equivocada.
Dichosa, si tiene una luna a la que seguir como una fiera errante.

…Felices sueños a todas…
piratas, marineras, soñadoras, gatas pardas…
…desde mi avioneta entusiasmada de vivir lo que haga falta…


A veces un poco de emoción hace la vida más corta pero más rica en matices,
aquí podéis encontrar algo de picoteo:

Para picar de música: “Se me olvidó que te olvidé” aunque nada se me olvida… Bebo y Cigala en su álbum “Lágrimas negras”. A veces olvidamos todos los propósitos, y todo lo que aprendimos en el último año. Pero no pasa nada, tenemos otro año más para volver a aprender lo desaprendido.




Para picar de cine: “La estrategia del caracol” de Sergio Cabrera una forma imaginativa de organizar una estrategia para seguir en la brecha, amarrado a tu corazón…

Para picar de arte: Robin Rhode el grafiti interactivo, el arte en la calle que se transforma, desde Sudáfrica…



Ilustración destacada*: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones:
Voladora de Sueños para El cielo por el tejado

*Nota: en esta ilustración la bandera pirata que ondea es la de Edward Teach, más conocido como Barbanegra. La imagen la he recortado de la web.

 

viernes, 17 de enero de 2014

Poesía para vivir (yo te ofrezco un poema)

Ilustración: El cielo por el tejado


Hoy, que te ha costado dormir, hemos contado ovejas. Y al final tanto hemos contado, que a las 11,15h nos salió una madeja. La metí en mi avioneta y fui hilando por el cielo...
Y  allá arriba, enredada en las nubes, entre la lana mullida, me encontré estas palabras...

...Te doy un poema, para que tus breves dedos de caramelo, lo acaricien lentamente.
Yo te doy un poema, para que si alguna vez te sientes solo lo recites, para que te acompañe en las noches oscuras.

No te doy joyas, ni coches, ni cuentas corrientes. Yo te quiero dar poesía, para sentir que te regalo algo de auténtico valor. Que merezca la pena, que viva más allá de mi propia vida.

Yo te pongo un poema entre las manos para que llenes de sentido y belleza todos tus actos. Para que aprecies lo hermoso de lo que hacen otros.

Yo te pongo un poema en la arena para que juegues con él y lo hagas tuyo. Para que construyas todas tus fortalezas.

Yo te pongo un poema, y a veces, tu escuchas una melodía. Que te lleva lejos, que te mueve los pies y las manos. Encandilado.

Ilustración: El cielo por el tejado


Yo te ofrezco poesía y tu me devuelves la mirada, porque a veces nos decimos así las cosas, con delicadeza. Nos comunicamos.

Busco un poema para vivirlo. Para hacerme en él mi castillo, mi morada. Para encontrar la palabra acertada. Así, como lo hacen los poetas, que parece casi por azar. Sin que te des cuenta.

Ponerte un poema. Buscar la palabra. Lograr tu mirada. Qué difícil es decir a veces. Que complejo desgranar lo que se esconde. Averiguar tu silencio. Romper una lanza. Agazapada.
A favor de tus “pero”, animando tu “no”. Haré campaña de tu oposición. No temeré tu respuesta porque dentro de ella encontraré poesía. Lo sé.

Yo te buscaré un poema, mi bien, para que al sentir dolor, si algo te hirió, no busques tu arma, sino una razón.

Un poema que no sirva para nada. Para nada más que para SER uno mismo. Para sentirse vivo. Para vivir SIENDO.

Y liberarse.
De pensar. De atar. De unir. De adelantar. De prever. De contener.
Abrir las puertas y sacar la lengua… Poesía para soltar. Y cerrar los ojos. Abandonada.
Dejarnos llevar. Bailar… Jugar.

Un poema de lo absurdo. El vestido hecho girones.
Porque vivir en el control es un disparate. Me disloco. Me contraigo. Me agoto.

Ilustración: El cielo por el tejado


Te regalo un poema. Un poco arrugado, un tanto sencillo. Con olor a comida en la calle, de balcones abiertos.

Un poema que te sepa leer. Sin saltarse un renglón. Sin mover una coma. Que lea tu letra pequeña. Que page tus facturas atrasadas. Sin moneda de cambio. Con billete de vuelta.

Quiero leer en tu mirada que te trajo hasta aquí la poesía. Que entró en tu vida. Que sopló las velas. Que meció tus rizos y trajo las risas. Que te hizo feliz.

De felicidad que vuela.

Te doy un poema.


Feliz día lleno de poesía a todas…
…desde mi vuelo nocturno…





Poesía para vivir, para leer y mirar…

Formato álbum:
Un ratoncito poeta, que no recoge grano, sólo mira los colores del cielo mientras los demás trabajan...
http://clonlaracuento.blogspot.com.es
Frederick
de Leo Lionni, ed. Kalandraka



Poema de lana para soñar y volar...

http://biblioabrazo.wordpress.com
Sueños de lana
de Mercè Sendino. Ed. Brosquil



Para los muy pequeños... (y los no tan pequeños)

http://www.kalandraka.com
Pajarita de papel
Antonio Rubio y Oscar Villán Ed. Kalandraka



Poesía de la naturaleza para mirar, observar, no tiene texto

http://cariciasencuentos.blogspot.com.es
Las estaciones
Iela Mari, Ed. Kalandraka




La amistad, la diferencia, la identidad...

http://www.oqo.es

Si yo fuera un gato
Paloma Sánchez Ibarzábal y Anna Llenas, OQO Editora



Para salir a luchar, para los más valientes, para los piratas...

http://www.kalandraka.com

El pirata pata de lata
Oli & Ramón Trigo, Ed. Kalandraka




Formato libro:

http://www.librosalfaguarainfantil.com
Poesía española para niños
Selección a cargo de Ana Pelegrín
e ilustraciones de Tino Gatagán. Ed. Alfaguara Infantil



http://rimasdecolores.blogspot.com.es
Mi primer libro de poemas
Juan Ramón Jimenez, García Lorca, Rafael Alberti.
Ilustraciones de Luis de Horna. Ed. Anaya




http://biblio-peque.blogspot.com

Poemamundi
Juan Carlos Martín Ramos,
ilustraciones de Philip Stanton. Ed. Anaya

 

Ilustraciones: El cielo por el tejado