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lunes, 25 de mayo de 2015

Mi credo


Con la lupa de un numismático rastreo el vestido de musa del arte. Y no hallo más que muchas ganas de decir al mundo que basta ya de engaños, que todos somos creadores. Que todos tenemos el dedo inicial que pinta de pigmento la piedra de la cueva. Que todos hacemos el arte de esperar la muerte, distrayéndonos a veces, pavoneándonos otras, pero siempre terminamos por reconocer que en algo creemos, y creamos nuestros hilos para mover el teatro del día a día.

Creo en la dulzura que calienta la sonrisa del que pierde, del que para, del que tiene en el sombrero apuntando la última bala. De este mundo de disparos a los menos trabajados. De este mundo de pistolas que condenan al fusilado.

Sin terror en las entrañas creo. A ciencia cierta creo.
Sin razones, con la vida en el pulso. Con los nombres en la boca.
Con mucha confusión, con errores, con olvidos y egoismos. Creo.

Creo en la maternidad que te enfrenta a tus miedos, que te lleva al lugar de dónde no recordábamos que veníamos. Creo en que una vida infunde valor en otra. Creo en la belleza del ser humano cuando lo alumbran las entrañas. Creo en la belleza cuando la vida se apaga, cuando relata su historia, con años de distancia. Cuando no hemos aprendido a cargar con nuestras vísceras, con nuestras arterias que sustentan.



Creo en el ser humano. Será locura pero existe, y creo que está preparado. Para transformar aquello que se nos cuela entre las manos, que gotea vida que no es recogida, sino abandonada, amontonada, hacinada.

Creo en la mujer y el hombre.
Porque crio, creo.

Creo en el llanto que te devuelve a la vida, creo en la fragilidad del día a día, en el bebé que no te mira. Yo creo en la lengua de trapo, en la tiza en el suelo, en los pechos que sanan, en las marcas que curan, en la mirada cargada de dulzura.
Creo en lo viejo que encontramos al llegar a este mundo. Creo en lo nuevo que creamos.

Porque crio participo: de ser persona, de ser yo misma, y de ser mundo, firmamento. Forma, planta, estrella, naturaleza. Colectivo.

Creando creeré en ser lo que necesite ser. Para ser más. Para que seamos todos más, y no quede ninguno sin creer que se puede. Que se puede creer en la criatura que llora y que todo lo cree porque cree en nosotros. Nosotros, creyentes de un mundo muerto.

Creo porque sino muero. Muero de nada, muero de demasiado de mi misma, muero de tener y no de ser. Muero. Y cuando crea que ya no creo, escribiré en mi cuaderno diez remedios para criar creencias. Y así criando crecerán conmigo. Y yo si soy paciente, creceré con ellas.

Crearé un credo, un credo para criar creyendo.

domingo, 8 de marzo de 2015

La travesía amorosa de la maternidad: una revolución feminista

"La maternidad es un renacer permanente porque nos ubica en el lugar de acompañar la fragilidad de lo humano", señala. En este punto, la maternidad es un espacio filosófico privilegiado, sólo que hoy, dice Kristeva, "le falta una filosofía": "Somos la única civilización, como laicos, que no la piensa filosóficamente". Por eso, la "pasión maternal" es un desafío para los feminismos.
Del artículo
"La travesía amorosa de la maternidad"
entrevista a Julia Kristeva
realizada por Verónica Gago
para Página12, noviembre de 2011.


Esta autora, siempre apoyando el derecho al aborto, es una tenaz defensora de la pasión que entraña la maternidad y a la vez reivindica la necesidad de una filosofía de la maternidad como acontecimiento laico. Las religiones occidentales tienen más o menos una imagen formada de la maternidad, se ha repensado, se le ha dotado de valor simbólico, pero en el ámbito laico no se ha construido un pensamiento de la maternidad.

Reivindicar la maternidad como espacio filosófico es una revolución en si mismo, es reivindicar la necesidad de repensar la vida desde la maternidad, con sus armas y su manera de hacer llena de pasión. Si se repensase la vida a partir del hecho maternante ¿que sucedería? ¿Que lugar ocuparía la mujer en el mundo occidental? ¿Qué lugar ocuparía la infancia? ¿que sucedería en los pequeños contextos privados occidentales?

Si se construyese una filosofía de la maternidad en nuestra sociedad, las teorías de la educación, de la pedagogía y en gran medida de la psicología infantil y de la mujer serían probablemente totalmente diferentes. Hoy día hemos heredado una institución educativa pensada por hombres, unas corrientes pedagógicas en su mayoría (y las más influyentes todavía hoy día) pensadas por hombres y unas corrientes psicológicas de la infancia y la mujer pensadas mayoritariamente por hombres. La historia de la ginecología es un claro ejemplo de cómo la mujer queda al margen del propio estudio de si misma. Pasando por el parto y el sufrimiento que en ocasiones se le hace pasar a las mujeres en el tránsito de convertirse en dos, hasta la vivencia de la menopausia como mujer desahuciada, restada de valor y casi incapaz ni de mantener su propio equilibrio mental. No quiero decir con esto que los logros médicos no hayan sido un gran avance que debamos celebrar. Lo que creo es que estos avances no han sido acompañados de una visión femenina que les dotase de auténtico valor constructivo para una sociedad. Son eficaces (y no siempre) y para cumplir con determinados objetivos a veces (que la mujer sea mano de obra por ejemplo), pero carecen de la empatía con lo femenino, con la sensibilidad, de la conexión con el mundo femenino, profundo y clarividente que rodea al cuerpo de la mujer. Tampoco quiero decir que las teorías pedagógicas y la construcción de las instituciones educativas hubieran sido mejores siendo construidas por mujeres (seguramente la combinación equilibrada y sana de ambos). Pero serían claramente instituciones y corrientes en general más relacionadas con lo humano, con lo sensible, con lo frágil y con lo menos productivo. Hoy, en una institución educativa se miden estadísticas, se confeccionan informes y se elaboran tablas tales como hasta de en cuantos días logra un/a profesional de una escuela infantil hacer abandonar el pañal a un bebé (sin comentarios).
Una visión desde lo sensible, desde ese acompañar en la fragilidad humana del que habla Kristeva no permitiría esta visión de los resultados que ningunea a la persona que está detrás de esas tablas, que pasa por encima de las necesidades frágiles de ese bebé que depende de nosotros.

La ILE, en su momento fue pensada e impulsada por, un hombre: Giner de los Rios. Y tuvo unas intuiciones muy acertadas, y por supuesto una puesta en marcha mayoritariamente femenina, que la nutrió y le llenó de sentido. Por la coherencia en la apuesta y la pasión con que esas maestras de la república llevaron su vocación hasta las últimas consecuencias. Muchas fueron perseguidas por el régimen posteriormente, por ser imagen de la libertad y la liberación de la mujer y de la educación, y por tanto, de la sociedad entera.

Trazar una hoja de ruta que englobe todo esto comienza a ser una labor llena de necesidad a la vista de todo lo que comienza a suceder. Cada vez más violencia, cada vez más diferencias.
La mirada enamorada desde una "Travesía amorosa de la maternidad" se hace cada vez más urgente para toda la humanidad. Un repensar la maternidad desde la filosofía, desde el pensamiento, que dote de voz y de capacidad de formar parte de lo público a algo tan de lo privado va a ser fundamental a la hora de luchar por los derechos, no sólo de las mujeres, sino también de todos los hombres y mujeres del mañana que hoy todavía son niños y niñas.

Feliz domingo reivindicativo este 8 de Marzo, día de la mujer trabajadora.


Ilustración: El cielo por el tejado

martes, 18 de noviembre de 2014

La palabra

Cuando era niña, quizás con ocho o nueve años, solía levantarme muy temprano los fines de semana, me gustaba estar a solas en el salón, en silencio, con todos dormidos todavía y coger la enciclopedia de la librería. Leía las definiciones de las palabras, una a una, aleatoriamente. Disfrutando del placer de descubrir.

Quizás porque estamos montando una pequeña biblioteca infantil en el grupo de juegos de la Asociación de vecinos me ha venido a la memoria estos recuerdos. Ver a Nino entusiasmado colaborando conmigo y con otros adultos y niños codo con codo revisando libros, organizando edades, decidiendo estantes...

Ilustración: El cielo por el tejado


Cuando era pequeña, desde que nací hasta justo los nueve años, pasaba largas temporadas en cama, enfermaba a menudo y eso me brindaba la oportunidad de poder leer a mis anchas, de poder aprender de verdad empapándome de todo aquello que necesitaba. Mi madre me traía a la cama el montón de cuentos que yo devoraba uno tras otro en aquellas interminables mañanas convalecientes. Practicamente siempre eran los mismos, tenía una pequeña colección (que aún guardo) de cuentos clásicos y fábulas. Esopo, Andersen, y alguno más se colaban en la cama conmigo y convertían mi pequeño cuarto en un bosque lleno de historias de animales, princesas, moralejas y sucesos fantásticos. Alguna vez me traían, comprado en el kiosko de prensa de la esquina, alguno de esos cuentos troquelados con historias típicas de mujeres muy pobres que lograban conquistar a grandes príncipes. Dibujos con grandes cabezas, mejillas sonrosadas y largos vestidos entallados.

La pequeña biblioteca que estamos amasando tiene mucho de polvo y viejas historias. Libros y cuentos cedidos, donados, regalados o abandonados a su suerte asoman su patita por debajo de la puerta en espera a que alguien les abra. Algunos con más de treinta años de vida. Otros son nuevos a estrenar, con olor a papel y tinta de papelería. Donados por una editorial que tiene claro que leer no es cosa de niños, sino de personas que lo necesitan y que, a veces, miden poquito.

Recuerdo que tenía unos diez años cuando escribí una novela. Una familia entera que huía de la vieja checoslovaquia para escapar de la guerra. Recuerdo el mapa que trazaba el camino errante, la búsqueda de las ciudades, los nombres impronunciables que encontraba a mi paso. Y sobre todo las imágenes. No hice ni un sólo dibujo de aquello que imaginé pero en mi mente quedaron prendidas las escenas que trasladaba en palabras. De forma misteriosa aquellas palabras dibujaban en mi mente de forma permanente.

Ilustración: El cielo por el tejado


Entre mis editoriales favoritas, no es ningún secreto, está Kalandraka. Hace sólo unas semanas que recibí un correo de ellos respondiendo a mi solicitud de libros para nuestra pequeña biblioteca de barrio. Es un barrio humilde, de realojos, casitas de obra y población que no tiene fácil el acceso a la cultura. No sé si nos hizo más ilusión que alguien prestase atención a nuestro pequeño proyecto o que fuese precisamente esa editorial, llena de autores con sensibilidad y amor por lo diferente la que respondiese a nuestra llamada. Quizás por eso, por diferente, se colaron sus álbumes ilustrados, enormes y llenos de color, entre nuestros pequeños estantes.

Yo no pensé que tuviera tanto que decir mientras escribía todo aquello en mi pequeño cuarto en casa de mis padres. Ni sabía en aquel entonces que con todas esas lecturas estuviese rellenando los estantes vacíos de mi propia niñez. Devoraba la palabra, definida en diccionario o navegando entre historias, daba igual. Pero devoraba.
La palabra. La importancia de decir lo que necesitas. La necesidad de encontrar la palabra. Y el regalo de que alguien ponga la palabra junto a ti, en ese preciso momento en que tu lo necesitas.
A veces hay palabras que llegan a ti y duermen hasta que un día despiertan. Como los bebés que comienzan a hablar después de tanto tiempo callando. Y a veces hay palabras que llegan tarde a ti, pero las recoges igualmente con dulzura, las incorporas a tu escenario y las vives con pasión hasta que decides que ya no las necesitas más porque puedes superar todo aquello que expresaba.
La palabra viva, la palabra oculta y la palabra durmiente. Todo aquello allí estaba, y yo sólo tenía que abrir el cuento y leer para cazarla.



Mi sincero agradecimiento a la editorial Kalandraka, y a Maria Luz por la donación de esos libros que tantos momentos vividos con pasión nos van a regalar a todos (grandes y pequeños) de este barrio sencillo.

Mi pequeño homenaje a mi madre, que tanta pasión por la lectura me regaló en mi infancia, que no tengo espacio en blanco en esta hoja para escribir mi agradecimiento.

Mi gran admiración por mi pequeño gran lector que aún no sabe leer, por ese gran enamorado de las historias que ya las sabe contar, por esa pequeña sonrisa que se le escapa cuando asoma la cabeza al cuento y me dice mamá... ¡cuéntame más!



sábado, 15 de febrero de 2014

Una ciudad de Patchwork

Son las 22,30h. La noche está fría, a mi pajarillo dormido le recojo sus pies debajo de las mantas. No vaya a coger frío que la noche está muy blanca…

Ilustración: El cielo por el tejado

Sospecho que el invierno viene frío. Sopesé comprarme un abrigo, de lana y pelos que cosquillean la nariz. Pero... sólo me abrigaría a mi. Ni los bancos del parque, ni la cola del INEM, ni el perro de la señora Angelita, ni la parada del bus, ni la trenza de mi vecinita de enfrente podrían cobijarse allí.

Oh... Sospecho que hace mucho frío en todas partes. Debajo del barrio y encima del cielo, allá donde se ve todo con más acierto. Así que pensé que tendría que buscar algo que siendo largo fuese asequible, siendo alto fuese sencillo, siendo cálido tuviera huecos por dónde respirar.
Y no encontré nada. Nada más que muchas telas distintas que no sabía dónde colocar. No sabía dónde mezclar. No sabía por dónde clavar la aguja para empezar a coser. A hilar.

Y entonces, cuando supe que tenía mil pedazos que volaban por toda la ciudad, que tendría que recorrer largas distancias con mis pies diminutos, de la mano de un pequeño de tres años, agachándome en cada trozo de vida que recorría... entonces decidí dejarme arropar. Ya está, pensé, el frio llegará.



Y así fue cómo ella me encontró a mi, una colcha de Patchwork tejida para todas. Y me dejé unir, mezclar, asociar.
Coserme en esta almazuela de fragmentos de tela, que abriga las tardes en vela, las noches de piénsame dentro, los días en blanco con un bebé en brazos.
Era grande, suave, cálida, hecha con hechos, con pasos pequeños, con sonrisas tímidas y abrazos tiernos. Con olor a leche, a mochilas y a deseos. De vivir como un todo entero, cada una, en su pequeño cielo. Una manta de Patchwork que arropa pasos inciertos, alegrías y penas que tienen nombre, apellido y documento. Aliviando la carga, animando al camino, haciendo de la ciudad un lugar que sea eso, un lugar para el encuentro.

Un cálido crisol de vidas que nos de abrigo.
Donde no haga falta que cada palo aguante su vela. Sino que todas las velas se sostienen al calor de una colcha hecha de partes que se juntan. Que anuda, que socorre.

Viviana escucha  atenta. Encierra en todo lo que no dice varios años de traslados. De un país a otro, de una casa a otra. Pariendo a sus hijos en el tránsito, en la búsqueda de un lugar. Un lugar para hacer, para construir. Quizás no sueña un hogar. Quizás porque ya lo tiene, lo sabe hacer con el pan, con amor y una cuerda y una caja. Viviana sabe construir, tejer una red que nace de su útero y se extiende haciendo tejido, regalando a los demás, enganchando a la alegría de hacer juntas el camino.




Una manta que está hecha de besos que no se dan, porque madrugan.
Porque están cansados. Porque no han venido a cenar.
 
Anielka es madre porque así lo quiso. Sola. Anielka dice que siempre fue muy familiar. Allá dejó a su hermana que se quiere casar, y a su padre, ya viudo que le cuida un familiar. Quiere buscar un trabajo, pero necesita mejorar su idioma. Y homologar su título. Anielka ha encontrado el amor. Espera todo el día a que sea de noche, para encontrarse, para enredarse. Con ese amor que le procura sueños. Que le regala abrazos que llenan agujeros. Que duelen pero no tiene tiempo de verlos. Con su bebé creciendo, que empieza a hablar, que la quiere enamorar.


Un Patchwork tejido con cuidado, una a una, mujer a mujer.
En esta ciudad de los fragmentos.

De las partes que te envuelven para decir que el colectivo te arropa.
Que te puede dar calor si te unes a su urdimbre.


Maribel se separó. Su melena medio gris medio salvaje le cae sobre los hombros. Tiene la sonrisa de la libertad. La que exige esfuerzo y mirarse dentro sin perder de vista a los demás. A veces me cuenta que cuando la visita su hija prepara un té caliente y unas pastas de cariño, pero no quiere oír hablar de volver otra vez. Que no va a recorrer el mismo camino gastado, transitado, agotado. Y debe decírselo con cuidado, delicadamente para no romper el frágil cristal del corazón de los hijos, que está atado a los padres en un punto fijo. De soldadura de plomo.

Una almazuela hecha de olor a mandarina,
de palos guardados en la mochila,
de piedras que inundan los bolsillos.
De ganas de llegar al abrigo de otra historia.
Para hacerla juntas, viendo crecer a nuestr@s hij@s




Sospecho que el invierno viene frio.
Levantaré una esquina de la colcha de almazuela y meteré debajo tantas caricias que se quedaron por el camino, camino de los vientres de mujeres que acogen, camino del invierno.
Haré un hueco grande, que suspire si hace falta.
Haré un hueco gratis, para que nadie quede fuera.
Y lo forraré de piel de camello y de alpaca. Con olor a incienso de otras tierras.
Enamoradas, de la vida que generan.


Acalorada, con las mejillas coloradas, busco debajo de la manta.
Y veo unos pies que no son los míos.
Unas manos que aguantan el otro extremo.
Y alivian mi esfuerzo. Pieza a pieza formando un todo de piel y de versos.



Buenas noches a todas…
…desde mi tejado tejido con decenas de fragmentos…


Al calor de la lana tupida se puede encontrar un montón de rostros y experiencias para tejer juntas:

Para tejer navegando: webs para crear redes, en FEDALMA  encontraréis asociaciones de apoyo a la lactancia en cada ciudad, ofrecen grupos que son también espacios para compartir la crianza…
Y si pinchas aquí  hay unas cuantas redes de madres más…


Para disfrutar de lugares comunes, para sentirse como en casa:

La música: “Hechos de gente” de Pedro Guerra. Otras vidas, otra gente tan diferente entre sí, que animan al futuro, que forman un crisol.



La lectura: Obstare Es una editorial dedicada a la maternidad, puedes escoger entre un amplio abanico el libro que más te convenga.
El cine: “Luna de Avellaneda”  de Juan José Campanella, como tejer en colectivo, desde las vivencias de un barrio...



Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado

viernes, 7 de febrero de 2014

Vivir es probar infinitas veces I (en colectivo)


Ilustración: El cielo por el tejado

Dice un muro blanco, que hay junto a una playa que vivir es probar infinitas veces.
Necesito escuchar lo que ese muro de esa playa me tiene que decir.

Vivir es probar infinitas veces… Logro escuchar desde lo alto, arriba de la playa vacía y oscura.
A media voz hago un recuento… Cuántas veces he probado en mi vida… No son muchas, tal vez siete o quince… o veintidós más que olvidé.

Porque probar es apostar. Y apostando nos dejamos la piel. Y hacer eso infinitas veces tiene sus riesgos. Y debemos olvidar la cuenta de las veces que lo hicimos… ¡para no perder la cordura!
A ver… probaré otra vez… Infinitas veces llena de arena del parque, de llamadas de teléfono, de quedar a deshoras en la asociación, de pagar las facturas, de mirar el reloj, de salir a la calle,  de manifestación, de sacar la basura, de besar tu rostro impasible, de beber contigo las ganas de reír jugando, de apuntar el médico, de detener tu reloj, de colar por la cerradura algo más que la llave que abre las ganas de que estés ahí…

Parece que esto si...Voy a volver a probar…

Vivir puede llegar a ser probar infinitas veces si soy capaz de darme y no pedir nada a cambio. Porque tendré suficiente con lo que soy, no necesitaré nada más. Ni capitalismo emocional, ni borrachera sentimental. Ni atracos a los bancos de cariño. Ni listas del ASNEF de melancólicos.




Naufragaré para poder probar… Y probaré otra vez. Y pondré toda mi ropa a secar sobre la roca de un grupo de mujeres que se apoyan y se unen. Que forman red para tejer. Para no juzgarse,  para ayudarse, para no rendirse, para alimentarse. Para poder probar a ser lo que quieran ser.

Probar infinitas veces a reinventarse. Para que nadie les diga quien deben ser. Ni la tele, ni la moda, ni el estado, ni el colegio, ni el trabajo, ni las leyes, ni su jefe, ni su marido, ni la vecina, ni dios, ni los de abajo, ni si quiera ellas mismas. Porque nadie DEBE ser. Hay que SER porque se QUIERE y porque se puede. Y si se puede es porque peleas que te dejen SER.

Y eso es vivir probando infinitas veces. Hasta reventar de amor. De seguridad y contención.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares

tendrás amor, tendrás amigos.
A. Goytisolo

Para poder probar infinitas veces hace falta llegar a vivir. De verdad. Sin plásticos, sin pintauñas. Hundir las manos en el barro, ducharse en la lluvia, mojarse en el charco, perder el día en el suelo del salón haciendo carreras de coches. Y comprobar que ninguno va más rápido que otro. Que todos tenemos la misma necesidad de probar. De probar a vivir un poco más.
Zozobraremos juntos. A ver si sabemos vivir. Sin derrochar. Lo que es de todos, el bienestar social.




Y volveremos a naufragar. Con el planeta a cuestas, aturdido. Sin señales de vida en el Amazonas. Pero con gente a bordo que puede salvar la vida. La de todos, la del planeta. Si se despierta, si reacciona, si se levanta, si coge el bote salvavidas y remolca las ganas de comerse el mundo.
Comprometida. Como una adolescente alocada se compromete con la vida. Como una asamblea del 15M después de las elecciones... Así probaremos a vivir después de hundirse el barco.
Probaremos infinitas veces… para vivir. Para vivir probando.

Para tener infinitas oportunidades de vivir.

Sin arrodillarse, suplicando, sin esconderse, necesitando, sin oraciones, atestiguando, sin idolatrar, devotamente, sin pasar de nada… Viviendo, equivocándonos…
Probando y comprobando que nos queda mucha piel para dejarnos… y celebrarlo…

Hay que olvidar los números para no contar, y probar y probar,
hasta que todos sepamos que estamos listos para vivir.

Y no nos importará naufragar, porque tenemos infinitas formas de volverlo a intentar.

"Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino."
A. Goytisolo


Felices sueños a todas…
…sobrevolando este muro que dice: prueba de nuevo a vivir…


Ilustración: El cielo por el tejado



Alguna vez (de las pocas que he probado) me sirvió para vivir:

Para leer tres veces en la vida (de joven, de adulta y de anciana): “Crónicas marcianas” de Ray Bradbury. De cómo colonizar un planeta una y cien veces… habla de la guerra, de la violencia, el racismo, la intolerancia, el miedo al diferente, desde una sensibilidad muy poética en un libro de ciencia ficción que no lo parece…

Cine para ver cada vez que necesites resistir: Kamchatka”  de Marcelo Piñeyro. Una película de pérdidas, una tras otra, la libertad, la infancia, el padre... pero lo que no se pierde jamás es la oportunidad de resistir, de probar infinitas veces mientras tengas vida. Para verla online aquí.

Poesía para continuar infinitas veces en la vida: Palabras para Julia de Agustín Goytisolo.

La música de Madredeus y su letra:


Puerto refugio tranquilo
De un futuro mejor
Quizás perdido
En el temor presente
No tiene mucho sentido
no esperar lo mejor

Viene de la niebla saliendo
la promesa anterior
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé

Parado a mirar
Sí, canto un empeño
Canto a tu despertar
Y abrazando la nostalgia
Canto al tiempo por pasar
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Cuando vi el mar a lo lejos
Sin querer, me dejé allí quedar.



Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado


domingo, 2 de febrero de 2014

Manifiesto I (con notas al margen y páginas en blanco)


Ilustración: El cielo por el tejado

Con un beso ligero sobre sus rizos dormidos, me he despedido de él hasta mañana. Son las 22,40h. Los pinceles me esperan, la tinta en su bote encierra todo lo que me queda por decir. Pero sólo tendré tiempo de hacer algunos trazos, antes de dedicar toda la noche a volar. Y a imaginar...

"...Quien fuera tu trovador", escucho cantar a Silvio Rodriguez...

Imagina que tienes algo que decir y no tienes dónde. Imagina que todo lo que no has dicho te persigue y se instala alrededor de tu cuerpo. Como un anillo de Saturno, como un halo de la luna. Todo lo que quiero decir y no acabo me lo guardo en un bolsillo, y espero  a que llegue el día en que libere su contenido. Será como la caja de pandora, mágica y desbordada…

Definitivamente necesito un manifiesto. Me gustaría que fuese algo sencillo, pero no sé si podrá ser. Necesito un manifiesto que organice todo lo que se acumula en mi. Las ideas que me bullen saturan de color mi percepción de la realidad. Y hay que dar rienda suelta. Que no es cuestión de estar todo el tiempo a oscuras. Hay que dejar brotar. Los campos y las macetas de las terrazas en las grandes ciudades nos lo agradecerán. Pero sobretodo la salud del ideario colectivo. Eso que no sé si existe, pero que si no es así tendré que inaugurarlo, bautizarlo y botarlo. Dejar que flote un nuevo barco en los mares de locura.
 
Fotografía: El cielo por el tejado


Manifiesto tuvo Tristan Tzara, y los Dadá a través de él. Y no recuerdo que dijera nada más importante que lo poco que importaba su propio nombre: Dadá (que no se sabe de dónde sale). Lo que importaba era lo que hacían como Dadás... las tertulias en los cafés, las provocaciones. Hacer en sí. Aunque no hicieran arte, arte del que se esperaba sino del inesperado: desmontaban arte y sociedad colocando una tuerca sobre un lienzo. Y… ¡Fuego!


Obra gráfica Dadá
http://es.wikipedia.org






Manifiestos hubo muchos. Futuristas, expresionistas, y unos cuantos ismos más todos ellos empeñados en decir todo lo que pensaban, lo que eran…
Así que será una ardua tarea. Pero necesito un manifiesto para seguir haciendo. O para seguir diciendo. Para seguir dibujando el rostro que me acompaña cuando me acuesto.

“Preparo los motores, caliento una infusión.
Todo está en calma. Esta noche imaginaré hasta caer rendida…”

Decir algo que me represente en este mundo saturado de imágenes y de palabras. Dibujar un contenido que se salga del papel, que no esté establecido. Algo que organice la impresión de que todo a mi alrededor va en sentido contrario. Como un reloj desorientado.

Necesito un rincón de la taberna dónde anotar todo lo que no entiendo de este mundo de prisas y horarios. De tecnología punta. De teles y radios. De pantallas en el metro. De soledades empaquetadas en bolsas de papel cuché. De desdichas aireadas con aroma a pachulí. De noticias con olor a producto barato, precintadas con plástico. Importadas de china o de Japón, que sé yo. No entiendo a este mundo de adoración a los astros del subsuelo, de respeto y "no tocar" a dirigentes sin cerebro, de rincones sin barrer y alfombras que todo lo esconden menos la desdicha cotidiana del que no tiene para acabar el mes o por no tener no tiene ni sueldo ni componiendo.


“Mientras escribo termino la infusión templada, abrazada con mis manos.
Rodeada de papeles por la mesa que se amontonan para ser leídos.
¿Dónde estaban mis cuadernos? Anoté algo en ellos que ahora necesito…”


Yo declaro que no escribo, yo dibujo lo que veo con palabras entintadas. Soy constructora con cemento tipográfico de imágenes que circulan por mis dedos. Soy fotógrafa del vodevil de mi propio imaginario. Artesana de las letras que forman mi propio alfabeto (que no empieza por la a, sino por la palabra nacimiento).

Ilustración: El cielo por el tejado


Necesito declarar que me pueden las ganas de beberme la vida, aunque me emborrache perdida. Aunque me pierdan las ganas… que ya encontraré yo mi propia salida.

“Cindy Sherman, la fotógrafa, pensó tantas veces en su identidad que se disfrazó/transformó en sus imágenes mil y una vez. En éstas fue prostituta, pin-up, modelo de revista, dama decrépita de la alta sociedad… Y con todas estas búsquedas salió fortalecida.”
Cindy Sherman
Fotografía http://www.bbc.co.uk


Defenderé la postura de llenar la calle de arte, pero no del que cotiza en bolsa, ni el que se vende en el MOMA (museo de arte moderno de Nueva York que dice lo que es arte y cuanto cuesta, que lo mismo da…), si no del que se hace con la mano extendida y el cabello despeinado. O con media libreta y ganas de jugar un rato.

Reivindicaré mi derecho a vivir en un lugar embellecido. Dónde no haya despedidos del trabajo, si no bienvenidos a valerse por si mismos. Dónde el jardinero no firme 12 contratos al año, sino que con una palabra sepa que tiene toda la vida para cuidar de la rosa, del lirio y el madroño. Así los niños del barrio se aprenderán su nombre y le pedirán jugar con los montones de hojas todos los otoños…

Publicaré un manifiesto que deje claro que no me gusta el colegio, cualquier cosa que encierre o aísle no lo entiendo. Si lo que hay que aprender está en la calle y el campo, entre la gente y el mundo ¿porque verlo todo metidos dentro de un cuarto? entre cuatro paredes, sin poder salir más que un rato. Así los sentidos se atrofian y los libros cogen olor a amianto. Los libros y los niños necesitan el aire libre, para crecer, para regarse, para florecer en primavera. Ambos quieren encontrar quien los lea, quien los abra con cariño y los re-descubra con mano cierta.


Fotografía: El cielo por el tejado



Haré de la diferencia las pastas de mi libro, para a-cogerla, acariciarla, y tomarla de la mano si hace falta. Que no tenga colores para no ofender a nadie. Que no hable en idiomas oficiales, si no en lengua de trapo de niña de tres años…

En mi manifiesto ofreceré páginas en blanco para que otros escriban. Las dejaré tendidas junto a la ropa colgada, en el tendedero del patio de luces. Para que llegue claridad a los cuartos oscuros, donde no llega palabra.

Manifestaré a quien me escuche que soy la misma en mis mil caras, que no me quedo parada, que lucho y busco mi propio hacer. Que pienso y me re-pienso las veces que haga falta.


Felices sueños a todas…
…planeando en libertad…




Si te quieres reafirmar te puede apetecer dar una vuelta por aquí:
Para mirar: Cindy Sherman (de las mil caras) habla de la necesidad de nombrarse a si mismas. Yo soy quien digo quien soy yo.
Para devorar, un cómic/libro y película: “Persépolis” de Marjane Satrapi, Ed. Norma, años después llevaron al cine este genial cómic en una película animada del mismo nombre: Persépolis se puede ver íntegra online aquí. La vida de Marjane es su propio manifiesto, y es la vida además de su país, Irán.
Para escuchar: Quien fuera de Silvio Rodriguez.

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotografías e ilustración: El cielo por el tejado



miércoles, 22 de enero de 2014

Un huerto llamado Tierra (Sueños I)

Ilustración: El cielo por el tejado


Ayer mi pajarillo me contó un sueño que le inunda las noches. Un sueño que habla de ecología y de equilibrio, y como él tiene un sentido del orden tan elevado me preocupa que mañana por la mañana no encuentre el mundo tal y cómo él lo dejó. En ese mundo estaba feliz, tenía un huerto grande y redondo, como una pelota, en él cogía tomates y hundía los pies en el barro de los surcos regados. “Mamá, y como es pequeño lo llamaré Tierra…”.

Tierra, pensé, ¡que nombre más adecuado para un huerto sin dueño, regado por 5 océanos…!
Los niños se creen sus sueños. No diferencian realidad de ficción. Como un indígena del amazonas cree en su chamán, como un chamán cree lo que sus sueños le dictan. Y aquel planeta con el que jugaba estaba en el terreno de lo sagrado, en el territorio de los sueños.

“En mi mundo en flor transporto
todos los mundos que fracasaron”

 R. Tagore, Los pájaros perdidos


…Hay que vivir cultivando nuestro huerto, dijo Voltaire. Y mi huerto, que es un poco el de todos, a menudo está un poco seco, un poco descuidado, un poco lleno de plagas…

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Foto: El cielo por el tejado

La tierra hace tiempo que lanzó un grito, y nosotros no estamos sordos. Sabemos, pero no hacemos.
Los que poseen el mundo, y los que luchamos por habitarlo hace tiempo que estamos oyendo a los que no lo poseen, a los que luchan por no ser expulsados. De su tierra, de sus lugares, de su dignidad de no habitantes. Y nosotros oímos pero no escuchamos. Porque escuchar requiere ponerte en el lugar del otro.

Dice Marc Augé (antropólogo francés) que existen lugares que son no-lugares. Donde uno no es. Porque no puede ser. En los espacios donde no se convive, donde te miras los zapatos en lugar de a los ojos, donde aprietas una tecla en vez de la mano cálida, donde pagas con dinero en lugar de con un beso…

Quiero acercarme a ti, al otro, y no siempre se cómo.

Me inventaré un modo de abonar nuestro camino, surco a surco. De maceta a maceta. Veneraré al Dios de las lluvias para que empape la tierra de formas de entendernos. Y que en ese entendimiento fructifique otra forma de mirar la naturaleza. Juntos. Para que nos muestre el respeto por la tierra. Por el lugar, el si-lugar definitivo que nos da cobijo, alimento, terreno para sueños…
Me acercaré a ti, al otro, al que comparte conmigo el planeta con la ilusión de que broten las utopías, las ideas, las ganas de hacer...
Como el Principito que regaba su rosa, cuando la abandonó supo que era única, que era SU rosa…

rosa
Ilustración; El cielo por el tejado


Para que no abandonemos el proyecto de ser personas: hortelanos de una misma huerta. Una huerta sostenida. Sostenible. Que no sea devorada por los baobabs…

Para que no dejemos pasar la primavera sin sembrar una semilla.

Tendré que regar el huerto del desencuentro, la diferencia, dónde crecen tomateras que no se entrecruzan, que desprenden incomprensión. Es un huerto de soledades que comparten metro cuadrado, que no se riega hace tiempo. Pequeños plantones que se rozan en el autobús sin saber si ese brazo sufre, si esa manga no tiene con quien hablar, si esa mano cuida de uno o de tres. Si ya se casó. Si perdió el amor. Si perdió a su mejor amigo, la forma de mirar, las ganas de contar, de acudir, de trabajar, de protestar…

Perdimos.

Perdimos a los chamanes y buscamos, como una pantera su presa, una noche mágica que nos devuelva los sueños. Pero las noches mágicas de los adultos hay que trabajárselas. Ingeniárselas. Arriesgarse y meterse en faena. Mancharse las manos, sudar la cabeza.
Y si un día tenemos un sueño, cultivarlo, porque los sueños son sagrados, debemos perseguirlos o nos perseguirán a nosotros: Devastando los mares, arrasando los bosques. Dejando sin infancia a los principitos que riegan su rosa entre montañas de estiércol, en las afueras del mundo.

Cultivaremos el sueño y lo tendremos, ¡seguro!: un huerto cultivado, redondo como una pelota. Con el que jugar y hundir los pies en el barro. Así, como lo dejó un niño… hace apenas dos horas.

Felices sueños avistando la Tierra…
…desde los sueños de un niño…


“La noche besa al día que declina y le susurra:
soy tu madre la muerte. He de darte nueva vida.”
Rabindranath Tagore, Los pájaros perdidos


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Foto: El cielo por el tejado



P.D: Mireia, son tantas las semillas, y tan grande la tierra… ¡no abarcaremos con la mirada toda la naturaleza!
Habrá tanta vida…

 

Para soñar despiertos, para trenzar lianas dentro de nuestros sueños:
Un cuento para pajarillos: Duerme bien, pequeño oso de Quint Buchholz, Lóguez Ediciones (La ilusión de un mañana da alas a los buenos sueños…)
Un libro de poesía: El jardinero de Rabindranath Tagore, (la naturaleza como parte de lo que somos…)
Una canción: Colores de Topo
Un himno: Aceituneros de Jaén por Paco Ibañez

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotos e ilustración: El cielo por el tejado




lunes, 20 de enero de 2014

Sobre el alambre


Ilustración: El cielo por el tejado

Hoy me he encontrado en mi avioneta unas cuantas malas hierbas pegadas a las ruedas y enganchadas a las alas. He comprobado el motor, pero estaba intacto, menos mal. Cuando todo estaba en orden me he subido y he comenzado mi vuelo. Son las 24h y los recuerdos vienen a mi despacio…

Un ovillo de lana crecía dentro de mi. Y mis ganas de seguir los pasos de esa línea blanda, extendida por todo el cielo y que llegaba hasta dentro de mi, se apoderaba de toda mi energía.
A través del cordón me alimentabas, con tu savia milenaria me recorrías entera. Llenándome de vida. Yo era entonces tu obra de arte.

Tu eras para mi esa música que oía susurrar...
"La fuente del amor secreto" (música andalusí)




...
Necesito crear, no puedo evitarlo. Y mientras tú te desarrollabas ensanchando mi cuerpo, yo dirigía mis pasos hacia fuera y hacia dentro de la misma manera en que mi vientre se balanceaba sobre mis pies.

Hacia un lado. Hacia el otro.
La vida en equilibrio. Sosteniéndose.



Compuestas,
Subfamilia: Lactucoideas Cardueas.
Onopordon Nervosum



Con mi vientre henchido no podía crear sobre la nada. Todo proceso de creación se contagiaba de esa línea de origen estelar.

Buscando respuestas a tanta vida me encontré con lo desconocido. El Hades que debía explorar.
La morada de los espíritus me contaba historias de mujeres. Que no debieron de ser. Historias que necesitaban ser contadas de otra manera. Mujeres que perdieron algo más que su vida, perdieron su dignidad. Porque no figuraban sus nombres en las noticias, sólo su etnia, su país de procedencia, su profesión maldita, o su manera de sobrevivir. En este mundo de diosas desechadas.

Y permití que la muerte equilibrara mi paso hacia la vida. Sólo un poco. Nada más. Lo que apenas podía hacer con mi capacidad de entrega, de renuncia. Dejar un hueco. Hacerme a un lado. Decidí dejarme llenar por el sufrimiento de otras mujeres. Que perdieron la oportunidad de ser tratadas con respeto, incluso en el último momento.

Madrid es un lugar para nacer, y también para morir.
Hay lugares para la vida, y también para la muerte.

Hay belleza que se esconde tras las flores que entierra sangre derramada. Que siempre es cruel con la memoria.


Quenopodiáceas Salsola Kali



Subirme al alambre, vida de funámbula. Nueve meses de equilibrio investigando la muerte violenta de mujeres sin nombre. Mientras la vida en mi vientre se abría paso con fuerza. Sin dificultades.

El arte a veces me lleva por caminos que preferiría no ver. No conocer. Caminos que están en descampados. Mis pasos oscilantes, con el  vientre repleto. Enamorada de un proyecto que diese sentido a dar a luz a una vida. Alumbrar la vida. Llenar el vacío oscuro de sentido. Desterrar la violencia. Atajarla.

Los descampados son lugares. Lugares donde se pierden los pasos, pisando sobre malas hierbas que inundan de belleza humilde la vida. Y la muerte.

Una a una recogí esas malas hierbas, de los lugares señalados en mapas de periódicos, apenas descifrados. Y les di nombre. Busqué su definición, su ciencia, y encontré palabras que podían llenar de dignidad la vida derramada. De mujeres sin nombre.


Gramíneas. Subfamilia: Cloridoideas.
Eragrostis Curvula.



De cuerpos sin reclamar pasaron a ser flores que se les da de beber. Alimentadas, expuestas para no ser olvidadas.

Y nació en mi el deseo de vivir dando sentido. Un poquito. Nada más. Lo que apenas puedo hacer con mi necesidad de crear. De buscar el arte más allá de mis entrañas. Que crecían. Me transformaban.

Un arte que transforma la forma de mirar. Para no mirar hacia otro lado. Si no para prendernos de la vida. Para prendernos de los luceros (que linda cosa me dijiste Noemí) y no descender jamás. Por que nos va la vida en ello.

Mientras piloto mi avioneta dando vueltas sobre la ciudad descubro que han quedado unas briznas de malas hierbas dentro de mi habitáculo. Será que siempre me van a acompañar. Ahora que conozco su nombre, que recuerdo su olor…


Felices sueños a todas…
…desde mi avioneta funámbula planeando sobre el alambre…





Para caminar sobre el alambre os puede servir…
Para ver, oir y sentir: Mona Hatoum es una artista visual palestina. Arte funámbulo, que arriesga.
Para leer: “El despertar de Irán” de Shirin Ebadi, fue la primera jueza de su país y años después fue obligada a dimitir por ser mujer. Creyó en la paz desde tanta desolación y muerte como había en su tierra. Recibió el premio Nobel de la paz en 2003.


Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las fotografías pertenecen a la obra artística concebida como instalación "Las malas hierbas" (Madrid, 2010) Miryam Pérez Fajardo 


domingo, 19 de enero de 2014

Una mirada que transforma... Miradas I

Son las 22,45h. Mi niño descansa en el nido. Las nubes son claras y dispersas. Yo vuelo en mi bimotor, soñadora. Me asomo a ver el paisaje y veo el mundo en perspectiva…

Este mundo patas arriba (que diría Eduardo Galeano) necesita otra mirada. No creo que pida demasiado, ni creo que resulte muy descabellado. Eso sí, soy radical pensando que es del todo imprescindible cambiar el modo de mirar. La mirada revoluciona, sonroja, enamora, diluye el dolor, observa, amenaza, interroga, acompaña, humilla, ama, te llena de terror... Es tal poder el que tiene, que por fuerza quien la posee es un ser empoderado. Y visto así no está mal, cualquiera podemos serlo...

Este mundo patas abajo (esto ya lo digo yo) está repleto de mujeres con un bebé en brazos, mujeres puérperas, en tránsito: que caminan de un estado a otro, del líquido al gaseoso. Y este vaivén tan especial tiene una clara ventaja, necesita de unos ojos que sean capaces de ver lo que nadie más  aprecia. Así pueden transitar entre el cuerpo y el espíritu. Fluyen sin tropezar, sin molestar, entre susurros de sábanas y olor a calostro...
Ilustración: El cielo por el tejado


Este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen (dejemos en paz a los locos que son mucho más coherentes) tiene un escuadrón de miradas poderosas apartadas, recluidas. A las mujeres puérperas no se las tiene en cuenta, se las tacha de depresivas, de inestables hormonales, se las guarda en cuarentena (por si nos contagian algo), se las da por imposibles...  pero están ahí. Posibles. Con mirada dulce, soñadora, hambrienta y devoradora. Una mirada de cuidados, de atención a las estrellas, de mamífera depredadora. Todo lo pueden con su mirada.

Este mundo regido por hombres y algunas mujeres que los asemejan está demandando miradas. Cómo un niño que se estrena tirándose por el tobogán. Como un adolescente que no llega a la hora de la cena.

Este mundo reversible necesita una mirada cargada de paciencia, envasada y en conserva si es posible: ¡que no se eche a perder, con todo lo que cuesta hacerla!

Necesita una mirada rebelde, que responda, que conteste. Como lo hacen los jóvenes, así, sin pensarlo, sin medir, sin ocultarlo. Trasgrediendo, alentando.

Una mirada que crea que la cultura es patrimonio de todos y para todos: de las vecinas que cantan al barrer, de las blogueras que escriben a placer, de los que paran el mundo en la manifestación, del que cuenta un cuento a un niño y no espera nada a cambio…

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Foto: El cielo por el tejado


Una mirada que no anule, que no infantilice, sino que invite a participar ¡y a salir a pregonar! ¡Que vienen tiempos de cambio forzoso, que nuestra mirada es poderosa! Que anime a disfrutar de los vínculos ciudadanos, de las asociaciones vecinales, de las redes de mamás en marcha, de los colectivos que dan vida a los ideales, de los gritos y los cantos en las calles…

El puerperio nos da poesía tras los párpados, nos humedece el globo ocular, nos reconstituye la vista... para tener una mirada que derrita la dureza que se forma en las entrañas. 

La maternidad recién estrenada nos da coherencia en cada batir de pestañas, y ahí es donde nos damos cuenta de que el mundo tal y cómo es choca con lo que debería ser. Nos plantea crisis, nos cuestiona, nos hace crecer del revés: cada vez más pequeñitas, más como debiéramos ser.

El mundo como es necesita una mirada crítica, que denuncie, que le de voz a los silenciados, a los olvidados, a los que se perdieron más allá de si mismos.

Una mirada que no esté anestesiada (del latín: sin-sentir), dormida, insensible. Sino todo lo contrario: despierta, activa, sensible. Para vibrar con el latir del mundo, con el crear de los niños, con el rodar de lo maravilloso que puede aparecer por cualquier lado.

Unos ojos que lloren lo que no está escrito. Ni publicado. Ni promovido en televisión. Que parece que no existe nada que no vea su ojo todopoderoso, embriagado de luces y de poder.


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Ilustración: El cielo por el tejado


Ojos empoderados de mujer que griten lo que la humanidad entera necesita: justicia. Para los excluidos, para los empobrecidos, para los parados, para los que viven en ese otro mundo (el tercero) que parece que no son del nuestro.

Que ampare, que proteja y cuide a los niños abandonados a su suerte. A su mala suerte. De sus padres, sean los que sean. Del estado, sea cual sea.

Una mirada que haga visible lo invisible. Que la magia de los ojos de una mujer puérpera reconozca el valor de lo sensible, lo escondido en las válvulas del corazón. Que nos descubra lo palpitante y misterioso que hay en el mundo, así como lo hace una placenta que ve la luz. 

Una mirada que condene la violencia hacia los niños, la bofetada, el insulto, el chantaje emocional, el abuso, el maltrato. El abandono de no ser mirados. Y la violencia hacia las mujeres: la obstétrica, la publicitada, la consentida culturalmente en todos los lugares, la que no se ve pero se vive…
Una mirada que desnude y que interrogue…


Tunel
Foto: El cielo por el tejado


Una mirada en movimiento, que reúne, moviliza, se revuelve… En este mundo, yo sueño que tres mil millones de miradas apuntan al mismo sitio, en la misma dirección. Que no permitan, que no cedan. Miradas que disparen si hace falta, porque todo está permitido para que el amor circule, se instaure, restablezca el sentido. Porque no podemos quedarnos sentadas en medio de un campo de batalla, porque una bala nos alcanzará seguro.

Alcemos un castillo con las piezas de los Lego. Forcemos un asedio a la mezquindad. Un asalto al abuso, al empujón, a la violencia. Demos muerte al fracaso de los derechos humanos e icemos la bandera de la solidaridad. Y hagamos todo eso mirando a nuestro alrededor con otros ojos.

En este sueño que no es mío. Que no es tuyo. Sino nuestro. Comparto una mirada hacia el futuro: Que tengamos paz para criar a los hijos, y que tengamos valor para luchar por ella,  declarar la guerra con ejércitos de madres puérperas si hace falta. Con cañones que disparen leche. Con miradas que construyen desde lo más sensible, lo más pequeño, lo cotidiano. Con ojos que creen en otra forma de mirar al mañana. Poco a poco, una a una, en una red que crezca cada día y cada noche… Una red de miradas que dan la vida en este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen.

Felices sueños desde mi bimotor …
…surcando suavemente el horizonte…



Por si os recorren por el cuerpo las ganas de mirar y no sabéis cómo quitároslas a mi me sirvió:
Dos libros: “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” de Eduardo Galeano y “No-Logo” de Naomi Klein
Dos películas: “La vida es un milagro” (2004) de Emir Kusturika (una mirada deliciosa a la vida) y "Las tortugas también vuelan" (2004) de Bahman Ghobadi (una mirada sensible a una realidad desgarradora)



Imagen destacada: El cielo por el tejado
Ilustración y fotografía: El cielo por el tejado