Quiero guardar el silencio de la responsabilidad. Cuando intuyo que una sombra mía te recorre el espinazo.
El día de mañana, pequeño amor, quiero lograr mirarte a los ojos cuando sólo puedas ser lo que eres, cuando las sombras reinen en el mundo que te construyas a tu alrededor. Porque somos luz, pero también de sombras estamos hechos, y de respuestas cobardes a veces.
El día de mañana quiero amarte en silencio en tus cobardías, porque será que he amado las mias. Quiero poder amarte en silencio, con respeto, en tus huídas porque querrá decir que he sabido ver con distancia las mias. Quiero amarte en tus temores, en tus actos inaceptables, en tus noches de pérdida y desmemoria. Porque eso querrá decir que me he sabido aceptar en mis momentos turbios, reprochables. Porque eso significará que habré asumido que son parte de mi, y debo hacerme cargo de ello, con cariño, sin culpas, capaz de responsabilizarme.
Yo quiero amarte cuando falles, cuando caigas, cuando te doblegues. Quiero tomar en brazos a tu fragilidad, con cariño, y devolverle la dignidad con una mirada de amor. En silencio. Sin más gestos que la calidez de la piel al tocarse.
El día de mañana quiero que amarte sea una palabra hermosa que recorra todas tus sombras. Eso querrá decir que en el día de hoy he sabido responsabilizarme de mis sombras que danzan sobre los dos titubeantes, como velas en la noche.
No quiero que sufras, pequeño amor, pero sufrir es sentir que no te aman por no ser lo que debieras.
Quiero guardar el silencio de la responsabilidad, a tu lado. Consciente de que tal vez, sea el único modo de mirarte con amor en todos los momentos. Cuando te invaden las sombras, y cuando transportas la luz que llevas dentro.
Hacerme responsable de mis pobrezas que me llegan en forma de disparos sobre mi cabeza, devueltos por tu reflejo constante. Tomaré mis heridas y aprenderé a vivir con la marca que dejen, serán las señales de que algo pasó, de que algo quedó atrapado entre mi ser y mi experiencia. Y no volveré la cara para no negarme, una vez más.
Quiero poder amarte cuando nadie más pueda hacerlo. Y podré hacerlo porque no te juzgaré, porque tendré el amor en la boca, porque en mis manos sólo habrá la certeza de que eso fue lo único que pudiste hacer. Y entonces, sin lugar a dudas, te amaré.
Somos mujeres creadoras: criamos, amamos... Hacemos la revolución de transformar con nuestra mirada, de dejarnos llevar por los instintos, de pensar el mundo como realmente lo parimos: justo, hermoso, sensible... En este cielo nos enredaremos juntas, para expresar la vida que nos empapa los párpados, para criar bajo otra luz. Vamos a empezar a crear otro mundo posible. Vamos a construir el cielo empezando por el tejado...
Mostrando entradas con la etiqueta trabajo personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trabajo personal. Mostrar todas las entradas
sábado, 25 de octubre de 2014
lunes, 19 de mayo de 2014
Ser de papel y lápiz (Sueños II)
Te pido permiso para
dibujar en ti. Perdóname, no quiero reescribirte, no me mal interpretes. Sólo
quiero acompañarte desde mi viejo lápiz de mina.
Desde hace algún
tiempo me he dado cuenta, que quiero dibujarte los sueños nocturnos. Sólo poner
un par de trazos, quizás alguno más que se me ocurra.
Y es que por las
noches, a partir de ahora, dibujaré una sonrisa al dormir contigo e ilustraré
tus cuentos mientras sueño. Que nada enturbie tu paz, que todo lo pueda por ti.
Que los lobos sean lobos, y no maldad que se ensaña. Que la princesa no se
salve sino que amenace volver.
Sólo así podrá ser.
Que despacio, como un caracol que se arrastra, te acompañe a vivir.
Cómo acompañarte a
vivir tus miedos, si no es como un caracol.
Cómo acompañarte a
vivir tus riesgos, si no es con el vientre sobre el suelo.
Desde hace algún
tiempo tengo el pincel preparado. Desde hace algún tiempo quiero dibujar otra
forma de mirarte, con la mancha repartida por todo el papel, sin juzgarte,
respetando tu forma original, sin empañar la línea que te forma.
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
Y es que sólo quiero
dibujar tus sueños, los que tienes por la noche, que te persiguen a veces. Sólo
quiero ilustrar tus cuentos para que sepas que estoy ahí, así callando,
mientras duermes. Para acompañar tus pasos por la tierra de los dragones, que
no son de fuego, sino de leche. Y se ríen mientras duermen y te llevan a
cualquier lugar.
Sé que no soy quien
para decirte qué es este mundo. Sé que no puedo, ni quiero, ni debo, colorearte
lo que es gris, o blanco o negro. Pero yo sólo quiero estar ahí, acompañándote en silencio, cuando quieras
cerrar los ojos. Cuando mires a otro lado, cuando la imagen sea tan fuerte que
no sepas quitar la mirada.
Yo sólo quiero
dibujarte un sueño, con tapa dura y entelado.
Yo sólo quiero estar
contigo como si tu fueras el lápiz y yo el papel preparado. Acompañando los
trazos, recibiendo el grafito, apostando por las líneas que suben más alto.
Como un caracol tendré
que pintar de blanco la estela de mis pasos, para que sepas por dónde paso, para
que sepas que yo he caminado.
No quiero dejarte
huella. Que mi lápiz no apriete el soporte.
Sin improntas, sin
señales.
No habrá marcas
imborrables.
Yo sólo quiero dibujar
en tus sueños. En esos que no se recuerdan, pero que dejan una sonrisa ligera en
el rostro cuando despiertas.
Para dibujar en los sueños puede hacer falta...
Una libreta en blanco, para que admita todos los trazos, puede ser que en el bosque de tu interior haya más líneas de las que a primera vista parece...
Pasar una tarde mirando las nubes, dejándo que sea cualquiera la forma que aparezca, permitiendo entrar a dragones y murciélagos en el imaginario... es importante no marginarlos
Olvidar de qué color son los árboles, el sol, o las mariposas... es mejor que cada vez que lo dibujes tengas que elegir cúal color darles porque depende de la hora del día, de lo que hayas comido, o del humor que te pase por las arterias puede que lo veas en distintas tonalidades
viernes, 9 de mayo de 2014
Ya no danzo al son de los tambores...
Quizás ser madre tenga un poco de eso, no dejar que nadie haga lo que tienes que hacer por ti. Por ti misma, para ti misma y para otros. Quizás por eso este camino converge con el otro. Quizás sea eso.
Porque dejamos que otro se encargue de nuestro cuerpo,
dejamos que otro se encargue de nuestra mente,
confiamos a otros nuestra salud, nuestra seguridad,
dejamos en manos de otros la educación de nuestros hijos,
su bienestar emocional en las palabras de expertos,
nuestra capacidad de decisión en la posición de la mayoria, o de los que piensan, o de los que mandan...
Quizás sea eso.
¿Porqué en un mundo de delegar no hablamos más de emanciparnos?
La maternidad es precisamente un punto de arranque para tantas ganas de hacer por una misma que no puede ser casualidad. La maternidad te agranda las orejas, te ensancha las pupilas, pero sobretodo de agranda el poder de ti misma. Si lo sabes intuir, si lo dejas hacer, si lo quieres asumir.
Porque no nos emancipamos, no bailamos al son de nuestro instinto, nuestro cuerpo, nuestro hij@.
Navegamos siempre en contra de lo que es tan nuestro, de lo que nos pertenece.
Navegamos todo el tiempo, sin contar con nosotros mismos.
Porque parece que curarnos de enfermedades es como internarte en una caverna oscura, donde otros te han dicho siempre que sólo ellos pueden poner luz, donde otros te han dicho que debes temer adentrarte porque son laberintos de donde no se sale. Donde viven oscuros seres a los que temer.
Donde otros me habían dicho que hay monstruos que aniquilar yo, desde la maternidad, con todo lo que me ha traido y las formas que he descubierto, sólo veo un río en el que nadar en favor de la corriente. Mi cuerpo y mi psique a favor de mi misma, respetuosa con la flora de la ribera, respetuosa con lo que soy, con lo que tengo, con mi cuerpo instrumento de tantas cosas sanas. Capaz de liberarse. Capaz de emanciparse.
Sólo un paso atrás quedan los abandonos de mi cuerpo en otras manos. Sólo un paso atrás quedan las sensaciones de incapacidad, de no saber, de no llegar. Y es tan fácil volver ahí que ya no da ni miedo el retroceder, porque me sé el camino, y este camino es mio. Lo he trazado yo, a fuerza de pisar. Y lo seguiré trazando noche a noche y día a día. Mientras tomo poco a poco el poder de lo que me fue arrebatado.
Ya no danzo loca al son de los tambores de lo que otros quieran para mi, para mi cuerpo, para mi mente, para mi hijo, para lo que es de tod@s, para nuestro futuro...
Hay remedios caseros, pócimas y unguentos de nuestros ancestros, pomadas que traen esencias de plantas machacadas que curan por dentro y por fuera. Hay vendas que nunca se ponen en los ojos, se ponen en las muñecas para fortalecer, para luchar. Hay fórmulas que no son mágicas, son la fórmula de la vida y del poder sobre la misma.
El último de la fila "Ya no danzo al son de los tambores"
Niña Pastori "Yo vivo navegando"
Para emanciparnos desde nuestro cuerpo:
Un líbro: Anti-tóxico, de Carlos de Prada. Decidir sobre uno mismo y lo que le rodea con información.
Las medicinas alternativas, respetuosas con el cuerpo, que trabajan a favor de él, que confían en su lado sano: la homeopatía, la reflexología, la osteopatía...
Porque dejamos que otro se encargue de nuestro cuerpo,
dejamos que otro se encargue de nuestra mente,
confiamos a otros nuestra salud, nuestra seguridad,
dejamos en manos de otros la educación de nuestros hijos,
su bienestar emocional en las palabras de expertos,
nuestra capacidad de decisión en la posición de la mayoria, o de los que piensan, o de los que mandan...
Quizás sea eso.
¿Porqué en un mundo de delegar no hablamos más de emanciparnos?
La maternidad es precisamente un punto de arranque para tantas ganas de hacer por una misma que no puede ser casualidad. La maternidad te agranda las orejas, te ensancha las pupilas, pero sobretodo de agranda el poder de ti misma. Si lo sabes intuir, si lo dejas hacer, si lo quieres asumir.
Porque no nos emancipamos, no bailamos al son de nuestro instinto, nuestro cuerpo, nuestro hij@.
Navegamos siempre en contra de lo que es tan nuestro, de lo que nos pertenece.
Navegamos todo el tiempo, sin contar con nosotros mismos.
"Yo vivo navegando sobre el tiempo, yo vivo navegando sin tus besos.
Yo vivo preguntando, no lo entiendo..."
Porque parece que curarnos de enfermedades es como internarte en una caverna oscura, donde otros te han dicho siempre que sólo ellos pueden poner luz, donde otros te han dicho que debes temer adentrarte porque son laberintos de donde no se sale. Donde viven oscuros seres a los que temer.
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
Donde otros me habían dicho que hay monstruos que aniquilar yo, desde la maternidad, con todo lo que me ha traido y las formas que he descubierto, sólo veo un río en el que nadar en favor de la corriente. Mi cuerpo y mi psique a favor de mi misma, respetuosa con la flora de la ribera, respetuosa con lo que soy, con lo que tengo, con mi cuerpo instrumento de tantas cosas sanas. Capaz de liberarse. Capaz de emanciparse.
"Sería bonito coger las estrellas con las manos.
Hacer un barco en el aire y navegar sin descanso.
Es que yo vivo navegando sobre una barca sin remos"
Sólo un paso atrás quedan los abandonos de mi cuerpo en otras manos. Sólo un paso atrás quedan las sensaciones de incapacidad, de no saber, de no llegar. Y es tan fácil volver ahí que ya no da ni miedo el retroceder, porque me sé el camino, y este camino es mio. Lo he trazado yo, a fuerza de pisar. Y lo seguiré trazando noche a noche y día a día. Mientras tomo poco a poco el poder de lo que me fue arrebatado.
Ya no danzo loca al son de los tambores de lo que otros quieran para mi, para mi cuerpo, para mi mente, para mi hijo, para lo que es de tod@s, para nuestro futuro...
Hay remedios caseros, pócimas y unguentos de nuestros ancestros, pomadas que traen esencias de plantas machacadas que curan por dentro y por fuera. Hay vendas que nunca se ponen en los ojos, se ponen en las muñecas para fortalecer, para luchar. Hay fórmulas que no son mágicas, son la fórmula de la vida y del poder sobre la misma.
"Confundir y confiar, para golpear despúes y confiar..."
El último de la fila "Ya no danzo al son de los tambores"
Niña Pastori "Yo vivo navegando"
Para emanciparnos desde nuestro cuerpo:
Un líbro: Anti-tóxico, de Carlos de Prada. Decidir sobre uno mismo y lo que le rodea con información.
Las medicinas alternativas, respetuosas con el cuerpo, que trabajan a favor de él, que confían en su lado sano: la homeopatía, la reflexología, la osteopatía...
lunes, 31 de marzo de 2014
Caracoleando
A
veces es imprescindible parar. Detenerse, cerrar los ojos y sentir que no hay
nada más.
A
veces es imprescindible callar, bucear y sumergirse y corroborar que no hay
nada más importante que la palabra amar.
A
veces, sólo a veces nada más, es posible que podamos perder el tiempo en caracolear.
Como
los caracoles, perder el tiempo en
deleitarse en caminar.
Y
caminar y caminar. Y el paisaje no varía, no hay muchas novedades, simplemente
arrastras tu cuerpo bajo el cálido sol y te dejas domesticar. Domesticar por la
palabra amar.
Amar
a la vida que nos lleva por caminos que no esperamos, por veredas por las que
no habíamos arrastrado nunca nuestra concha, por acequias llenas de agua que
nos asustan con sus corrientes peligrosas.
Amar
caracol, amar.
Amar,
cuando no sabes si tendrás valor para salir al paso. Si tendrás suficiente
palabra para envolverte en ella. Para salirte a buscar en alfombra de plata.
De
plata, caracol, de plata.
Amar
para poder seguir amando.
Enroscada
en la idea de perder el tiempo.
Entusiasmada,
caracoleando.
Y
arrastrar la concha, como única carga. Y mirar al sol, como único deber. Y
beber de la vida que me ofrece un camino largo, demasiado largo para un
caracol. Que sabe que nunca lo va a terminar. Que no le interesa acabar, sino disfrutar del camino. Que
camina en un sentido, arriesgado sentido, que sólo le lleva a amar.
…Ama, caracolea,
déjate llevar.
Perdonad
si alguna vez no respondo, quizás tomé el camino largo para volver de nuevo.
Caracoleando.
Buscando
en el camino cómo amar, como los caracoles.
Arrastrando
un hogar, un cuerpo.
La
baba de plata que deja mi estela la miraré con nostalgia,
nostalgia de aquello
que acabo de recorrer.
La
baba de plata que deja mi cuerpo la dejaré donde está.
Para
que pueda ser.
Amor
y camino, tiempo y parada.
Caracoleando
jugaré otra vez. A no tener pies, sino un vientre enorme con el que sentir la
piel.
Amar
caracol, amar.
A
veces es imprescindible cerrar los ojos
y
lograr amar.
A veces, sólo a
veces, oigo una voz que susurra…
“Piérdete en el
tiempo que te empeñaste en encontrar.
Y ama,
caracoleando, dejándote amar.”
Para andar entre caracoles nos puede venir bien...
Música: Cesaria Evora y Pedro Guerra, Tiempo y silencio
Arte: Mona Hatoum, Mobile home 2005. Cuando llevar la casa a cuestas significa amar emigrando, amar despidiendose, amar entre dificultades, amar como única forma de vida estable.
![]() |
| http://lavidanoimitaalarte.blogspot.com.es |
Lectura: El tiempo Vuela, Joäo Pedro Mésseder editado por Kalandraka
![]() |
| http://biblioabrazo.wordpress.com |
Ilustración: El cielo por el tejado
domingo, 23 de febrero de 2014
Vivir es probar infinitas veces II...
... contigo
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
Te acuestas en tu nido de sueños sin descifrar. Tienes plumas que te hacen reir, en sueños. Y yo callando pruebo a volar tu vuelo.
"Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso".
A. Goytisolo
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso".
A. Goytisolo
Yo sé que probar día a día contigo, es hacerlo infinitas veces…
Que probar a vivir contigo infinitas veces se duplica por dos. Se me muestra al cuadrado. Se me eriza la piel al pensarlo. Que puede ser el infinito ahora, y las veces que queramos.
Yo sé que vivir contigo será probar a volar. Y en ese soñar probaré a vivir aunque sea sólo una vez, da igual,
porqué merecerá la pena,
y será un regalo para disfrutarlo durante todo el trance del sueño…
Probaré una, o trescientas. Jamás echaré las cuentas para llegar al infinito que tú y yo necesitamos. Que estará infinitamente cerca. Que será tremendamente cotidiano.
Vivir contigo puede ser probar infinitas veces,
hasta que una de esas veces deje de anhelar tu amor por encima de lo que tú necesitas,
hasta que en una de ellas esté suficientemente segura de tirarme al vacío. Y apostar por la locura de quererte sin red y sin miedo a mi fracaso.
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
A tu lado puede ser probar infinitas veces
hasta que encuentre la manera de mirarte a los ojos y saber que soy sincera, auténtica. Hasta que encuentre la manera de sostenerte la mirada, y podamos sonreír sin que nada lo enturbie. Sin culpas. Sin barreras.
Vivir contigo es probar todas las veces que haga falta,
hasta que descubra que he encontrado la manera de ser feliz y contagiártelo. De pasear por mis necesidades y colmarlas previamente. Y después ir a buscarte con un helado en la mano, de chocolate y caramelo. Para celebrarlo. Para divertirnos. Para probar todas las maneras de disfrutar juntos. De disfrutar de ser dos que viven probando. Lamiendo el uno del otro.
Y entonces vivir será poder volar.
Vivir, será poder amar.
Probar a vivir sin el lastre del pasado. Despedir a la niña que hay en mi, que no me deja seguir probando, seguir viviendo lo que me queda por descubrir.
Probar a ser madre, despidiendo las heridas del pasado. Las cicatrices que rodean los entornos de mis ojos anestesiados. Que no me dejan verte como eres. Maravilloso. Único. Hermoso.
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
Vivir contigo es probar infinitas veces
a saber quererte,
a saborearte,
a vivir la vida sin hacer otra cosa que mirar el arte que te corre por las venas, que te lleva por las calles como un caballo desbocado.
Porque vivir contigo es probar las veces que haga falta,
porque lo que hace realmente falta es aprender a vivir probando, como los niños prueban a perder, sin mirar qué pierden, ni cuanto. Simplemente dejan las cosas volar. Las liberan de ataduras y esto les deja volar. Por eso son pájaros livianos y libres, porque dejan libertad.
(...)
Olvidar los números para no contar, y probar y probar…
hasta que sepa que estoy lista para vivir así… libre, amando.
Y que no me importará naufragar, porque tendré infinitas formas de volverlo a intentar.
Felices sueños a todas…
… lista para probar de nuevo…
… lista para probar de nuevo…
Se puede probar a vivir con toda esta belleza acompañándote:
Música para escuchar infinitas veces: “Palabras para Julia”, el poema de Goytisolo hecho música, en este caso una versión por Antonio Ranky y Bebe. Una canción para nosotras y para nuestros hij@s.
Un poema para soñar con llegar a volar: “Vuelo” de Miguel Hernández
(…)Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.
(…)
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado
viernes, 7 de febrero de 2014
Vivir es probar infinitas veces I (en colectivo)
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
Dice un muro blanco, que hay junto a una playa que vivir es probar infinitas veces.
Necesito escuchar lo que ese muro de esa playa me tiene que decir.
Vivir es probar infinitas veces… Logro escuchar desde lo alto, arriba de la playa vacía y oscura.
A media voz hago un recuento… Cuántas veces he probado en mi vida… No son muchas, tal vez siete o quince… o veintidós más que olvidé.
Porque probar es apostar. Y apostando nos dejamos la piel. Y hacer eso infinitas veces tiene sus riesgos. Y debemos olvidar la cuenta de las veces que lo hicimos… ¡para no perder la cordura!
A ver… probaré otra vez… Infinitas veces llena de arena del parque, de llamadas de teléfono, de quedar a deshoras en la asociación, de pagar las facturas, de mirar el reloj, de salir a la calle, de manifestación, de sacar la basura, de besar tu rostro impasible, de beber contigo las ganas de reír jugando, de apuntar el médico, de detener tu reloj, de colar por la cerradura algo más que la llave que abre las ganas de que estés ahí…
Parece que esto si...Voy a volver a probar…
Vivir puede llegar a ser probar infinitas veces si soy capaz de darme y no pedir nada a cambio. Porque tendré suficiente con lo que soy, no necesitaré nada más. Ni capitalismo emocional, ni borrachera sentimental. Ni atracos a los bancos de cariño. Ni listas del ASNEF de melancólicos.
Naufragaré para poder probar… Y probaré otra vez. Y pondré toda mi ropa a secar sobre la roca de un grupo de mujeres que se apoyan y se unen. Que forman red para tejer. Para no juzgarse, para ayudarse, para no rendirse, para alimentarse. Para poder probar a ser lo que quieran ser.
Probar infinitas veces a reinventarse. Para que nadie les diga quien deben ser. Ni la tele, ni la moda, ni el estado, ni el colegio, ni el trabajo, ni las leyes, ni su jefe, ni su marido, ni la vecina, ni dios, ni los de abajo, ni si quiera ellas mismas. Porque nadie DEBE ser. Hay que SER porque se QUIERE y porque se puede. Y si se puede es porque peleas que te dejen SER.
Y eso es vivir probando infinitas veces. Hasta reventar de amor. De seguridad y contención.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.A. Goytisolo
Zozobraremos juntos. A ver si sabemos vivir. Sin derrochar. Lo que es de todos, el bienestar social.
Y volveremos a naufragar. Con el planeta a cuestas, aturdido. Sin señales de vida en el Amazonas. Pero con gente a bordo que puede salvar la vida. La de todos, la del planeta. Si se despierta, si reacciona, si se levanta, si coge el bote salvavidas y remolca las ganas de comerse el mundo.
Comprometida. Como una adolescente alocada se compromete con la vida. Como una asamblea del 15M después de las elecciones... Así probaremos a vivir después de hundirse el barco.
Probaremos infinitas veces… para vivir. Para vivir probando.
Para tener infinitas oportunidades de vivir.
Sin arrodillarse, suplicando, sin esconderse, necesitando, sin oraciones, atestiguando, sin idolatrar, devotamente, sin pasar de nada… Viviendo, equivocándonos…
Probando y comprobando que nos queda mucha piel para dejarnos… y celebrarlo…
Hay que olvidar los números para no contar, y probar y probar,
hasta que todos sepamos que estamos listos para vivir.
Y no nos importará naufragar, porque tenemos infinitas formas de volverlo a intentar.
"Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino."A. Goytisolo
Felices sueños a todas…
…sobrevolando este muro que dice: prueba de nuevo a vivir…
…sobrevolando este muro que dice: prueba de nuevo a vivir…
Para leer tres veces en la vida (de joven, de adulta y de anciana): “Crónicas marcianas” de Ray Bradbury. De cómo colonizar un planeta una y cien veces… habla de la guerra, de la violencia, el racismo, la intolerancia, el miedo al diferente, desde una sensibilidad muy poética en un libro de ciencia ficción que no lo parece…
Cine para ver cada vez que necesites resistir: “Kamchatka” de Marcelo Piñeyro. Una película de pérdidas, una tras otra, la libertad, la infancia, el padre... pero lo que no se pierde jamás es la oportunidad de resistir, de probar infinitas veces mientras tengas vida. Para verla online aquí.
Poesía para continuar infinitas veces en la vida: Palabras para Julia de Agustín Goytisolo.
La música de Madredeus y su letra:
Puerto refugio tranquilo
De un futuro mejor
Quizás perdido
En el temor presente
No tiene mucho sentido
no esperar lo mejor
Viene de la niebla saliendo
la promesa anterior
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Sí, canto un empeño
Canto a tu despertar
Y abrazando la nostalgia
Canto al tiempo por pasar
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Cuando vi el mar a lo lejos
Sin querer, me dejé allí quedar.
De un futuro mejor
Quizás perdido
En el temor presente
No tiene mucho sentido
no esperar lo mejor
Viene de la niebla saliendo
la promesa anterior
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Sí, canto un empeño
Canto a tu despertar
Y abrazando la nostalgia
Canto al tiempo por pasar
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Cuando vi el mar a lo lejos
Sin querer, me dejé allí quedar.
Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado
viernes, 24 de enero de 2014
Tiempo pirata y gatuno
Son las 22,30h y por fin te has dormido. Todo el día naufragando, nos tenía ya agotados.
Nada más rendirme a ti, pirata feroz que persigue sus deseos, te has
rendido al sueño oceánico que aguardaba entre las sábanas. Nada queda por decir hoy. Todo el mar lo hemos surcado. Ahora me toca a mi recuperar para mi vuelo las palabras de cielo adentro. Las que conforman mis sueños.
Y es que a veces logro ser la mamá pirata que lucha contra el viento y guarda tus tesoros.
A veces soy la luz que ilumina el vientre oscuro de la ballena, para que mi pequeño Jonás salga hacia fuera, triunfante. Y lance un canto a la vida.
A veces creo que puedo recorrer tu cintura sin decir te quiero, sin decir te adoro, sin comerte a besos... pero no puedo. Y eso me hace reír, porque soy la madre que te quiere como la quisieron.
A veces la mamá pirata se equivoca de barco, y naufraga en una isla que no tiene final. A veces las islas y los mares no se sabe dónde acaban. Y empiezan a acabarse cuando ya no queda más. De paciencia, de respiro, de palabras, de tiempo de nunca acabar.
Yo soy eso y mucho más, como mamá, como pez fuera del agua y gato sobre el tejado.
A veces soy todo eso y mucho más. Y puedo decir con las heridas de guerra que sé saltar desde lo alto y dejar caer mi desencanto.
Que no importa que me pueda la impaciencia, el error y el egoísmo. Porque puedo ser eso y mucho más. Más de lo que aquí atisbo. Más de lo que yo soy capaz de imaginar.
Mamá a veces es funámbula, sin red y sin circo, acróbata empedernida que no sabe si saldrá ilesa. Pero cariño, tu sabes que tenemos mucho tiempo para bebernos la sorpresa. De saber que tengo más de una vida aguardando, escondidas debajo de la mesa, junto a las migas de pan del mediodía.
Mamá gata soy a veces, confundida con las sombras del tejado. Recupero mis dos vidas que he perdido cuando aprendo a besarte malherido. Si te duele un sueño y me haces daño, yo te beso el disgusto que has mostrado. Y me guardo las ganas de llorar, para que puedas acurrucarte en mi regazo. Que tengo para ti, mi pequeño gato, un hueco cálido y mullido en esa vida que hace poco he estrenado.
A veces logro ser la mamá pirata de los cuentos que te leo. Y pienso que somos invencibles codo a codo. Que nada nos puede parar. Que la vida puede ser un gran tesoro. A veces, cuanto más me equivoco siento que menos importa. Que es delicioso ser libre, imperfecta, bravucona. Y adorar tu pelo revuelto, por el viento de estribor. Oliendo a mar y salitre, mareados de oleaje. Guardando grandes tesoros. Sencillos, pequeños, baratos, llenos de deseos que los hacen grandes.
Cuando todo es terrible, oscuro y siniestro, y aún así puedo soltar una carcajada de pirata descarada. Entonces es cuando más me acerco a tu rostro de niño. Cuando venzo el peligro. Cuando adoro el riesgo. Cuando suelto el timón de piedra que se encalla en lo mismo.
Vamos a cruzar los siete mares. A navegar con dos cañones por banda. A zozobrar cuando haga falta, porque a veces hace falta.
Porque equivocarse es un lujo y será mi bandera pirata. Porque así sé de seguro que sabré cuando elegir acertar. Porque yo soy eso, mi bien, todo eso y mucho más.
Soy mamá de gato pardo. Que no esconde su temor. Sé que puedo perder las vidas, sé que no siempre salto de pie. Pero ya no quiero red. Me escapé a pie del circo para danzar sobre un alambre, un hilo fino y largo que subiría hasta el cielo. Y allí caminar sin vuelta atrás, y sin mirar hacia delante. Sólo el vértigo en la barriga y un poco de tu risa en mi semblante.
Cielo abierto me regalas.
Nada más quería decirte, nada más te sé decir sobre mi vida vacilante. Desordenada y gatuna, pirata y equivocada.
Dichosa, si tiene una luna a la que seguir como una fiera errante.
A veces un poco de emoción hace la vida más corta pero más rica en matices,
aquí podéis encontrar algo de picoteo:
Para picar de música: “Se me olvidó que te olvidé” aunque nada se me olvida… Bebo y Cigala en su álbum “Lágrimas negras”. A veces olvidamos todos los propósitos, y todo lo que aprendimos en el último año. Pero no pasa nada, tenemos otro año más para volver a aprender lo desaprendido.
Para picar de cine: “La estrategia del caracol” de Sergio Cabrera una forma imaginativa de organizar una estrategia para seguir en la brecha, amarrado a tu corazón…
Para picar de arte: Robin Rhode el grafiti interactivo, el arte en la calle que se transforma, desde Sudáfrica…
Ilustración destacada*: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado
*Nota: en esta ilustración la bandera pirata que ondea es la de Edward Teach, más conocido como Barbanegra. La imagen la he recortado de la web.
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
Y es que a veces logro ser la mamá pirata que lucha contra el viento y guarda tus tesoros.
A veces soy la luz que ilumina el vientre oscuro de la ballena, para que mi pequeño Jonás salga hacia fuera, triunfante. Y lance un canto a la vida.
A veces creo que puedo recorrer tu cintura sin decir te quiero, sin decir te adoro, sin comerte a besos... pero no puedo. Y eso me hace reír, porque soy la madre que te quiere como la quisieron.
A veces la mamá pirata se equivoca de barco, y naufraga en una isla que no tiene final. A veces las islas y los mares no se sabe dónde acaban. Y empiezan a acabarse cuando ya no queda más. De paciencia, de respiro, de palabras, de tiempo de nunca acabar.
Yo soy eso y mucho más, como mamá, como pez fuera del agua y gato sobre el tejado.
A veces soy todo eso y mucho más. Y puedo decir con las heridas de guerra que sé saltar desde lo alto y dejar caer mi desencanto.
Que no importa que me pueda la impaciencia, el error y el egoísmo. Porque puedo ser eso y mucho más. Más de lo que aquí atisbo. Más de lo que yo soy capaz de imaginar.
Mamá a veces es funámbula, sin red y sin circo, acróbata empedernida que no sabe si saldrá ilesa. Pero cariño, tu sabes que tenemos mucho tiempo para bebernos la sorpresa. De saber que tengo más de una vida aguardando, escondidas debajo de la mesa, junto a las migas de pan del mediodía.
Mamá gata soy a veces, confundida con las sombras del tejado. Recupero mis dos vidas que he perdido cuando aprendo a besarte malherido. Si te duele un sueño y me haces daño, yo te beso el disgusto que has mostrado. Y me guardo las ganas de llorar, para que puedas acurrucarte en mi regazo. Que tengo para ti, mi pequeño gato, un hueco cálido y mullido en esa vida que hace poco he estrenado.
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
A veces logro ser la mamá pirata de los cuentos que te leo. Y pienso que somos invencibles codo a codo. Que nada nos puede parar. Que la vida puede ser un gran tesoro. A veces, cuanto más me equivoco siento que menos importa. Que es delicioso ser libre, imperfecta, bravucona. Y adorar tu pelo revuelto, por el viento de estribor. Oliendo a mar y salitre, mareados de oleaje. Guardando grandes tesoros. Sencillos, pequeños, baratos, llenos de deseos que los hacen grandes.
Cuando todo es terrible, oscuro y siniestro, y aún así puedo soltar una carcajada de pirata descarada. Entonces es cuando más me acerco a tu rostro de niño. Cuando venzo el peligro. Cuando adoro el riesgo. Cuando suelto el timón de piedra que se encalla en lo mismo.
Vamos a cruzar los siete mares. A navegar con dos cañones por banda. A zozobrar cuando haga falta, porque a veces hace falta.
Porque equivocarse es un lujo y será mi bandera pirata. Porque así sé de seguro que sabré cuando elegir acertar. Porque yo soy eso, mi bien, todo eso y mucho más.
Soy mamá de gato pardo. Que no esconde su temor. Sé que puedo perder las vidas, sé que no siempre salto de pie. Pero ya no quiero red. Me escapé a pie del circo para danzar sobre un alambre, un hilo fino y largo que subiría hasta el cielo. Y allí caminar sin vuelta atrás, y sin mirar hacia delante. Sólo el vértigo en la barriga y un poco de tu risa en mi semblante.
Cielo abierto me regalas.
Nada más quería decirte, nada más te sé decir sobre mi vida vacilante. Desordenada y gatuna, pirata y equivocada.
Dichosa, si tiene una luna a la que seguir como una fiera errante.
…Felices sueños a todas…piratas, marineras, soñadoras, gatas pardas……desde mi avioneta entusiasmada de vivir lo que haga falta…
aquí podéis encontrar algo de picoteo:
Para picar de música: “Se me olvidó que te olvidé” aunque nada se me olvida… Bebo y Cigala en su álbum “Lágrimas negras”. A veces olvidamos todos los propósitos, y todo lo que aprendimos en el último año. Pero no pasa nada, tenemos otro año más para volver a aprender lo desaprendido.
Para picar de cine: “La estrategia del caracol” de Sergio Cabrera una forma imaginativa de organizar una estrategia para seguir en la brecha, amarrado a tu corazón…
Para picar de arte: Robin Rhode el grafiti interactivo, el arte en la calle que se transforma, desde Sudáfrica…
Ilustración destacada*: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado
*Nota: en esta ilustración la bandera pirata que ondea es la de Edward Teach, más conocido como Barbanegra. La imagen la he recortado de la web.
jueves, 16 de enero de 2014
Remedio para melancólicos
![]() |
| Ilustración: El cielo por el tejado |
Sobre las 23,40 mi pequeño se durmió, y a las doce en punto ya estaba sobrevolando la ciudad. Y más allá el campo, y las montañas... Cerré el ordenador a toda prisa, en cuanto ordené un par de ideas en mi cabeza… Esta noche voy en busca de algo, algo de alquimia y magia que me de ganas de seguir. Ganas de seguir a mi pajarillo en su ritmo de pirata del cielo. Y de buscarme a mi misma orbitando en la conjunción de los astros celestes...
Buscaré algún remedio, algo sencillo, a base de ternura y de miguitas de pan del cielo. Pura alquimia para el cuerpo, un pellizco de alimento para el alma.
Y es que soy melancólica ocasional. Nada grave. En la época de Durero creían que mi estado se debía a uno de los cuatro humores del cuerpo. La melancolía estaba entre la depresión y el sueño y se regía implacable bajo el signo de Saturno. Desde que sé todo esto tengo pendiente un viaje interplanetario, no sé si será en Saturno, o en cualquier otra estrella buscaré el remedio que necesito para seguir mi rumbo.
![]() |
| Foto: El cielo por el tejado |
Hay una frase líquida que circula por mi cuerpo y colapsa mis humores: quiero aprender a quererte. Se me pone en la cabeza con luces de neón... es imposible no verla. La repito para ver si funciona como una buenaventura, o unas palabras mágicas... que sé yo... Quiero aprender a quererte. Qué difícil si no sé quererme a mi... Nada de esto pasa así, porque sí, porque lo diga en alto... y tendré que seguir buscando, planeando por el cielo. A ver si encuentro el planeta que fabrique algo, algo que a mi no me han enseñado a hacer. Algo que tú, pajarillo, haces de forma natural, pura alquimia nada más...
Voy en busca de algo que me de valor para seguir, de un remedio para melancólicos, un pequeño momento de ternura, de belleza. Un momento de encuentro, donde en lugar de pensar en qué piensas me distraiga con tus rizos y admire tu risa clara. Un instante dónde en lugar de preocuparme por si me quieres me olvide de que estoy yo ahí, y te suba a ti a una pantalla llena de luz, donde tú seas el protagonista... dónde tú seas La rosa púrpura del Cairo, la película que me de la vida, el color, la carne y el hueso. Donde descubra el amor de verdad...
“No quiero educarte correctamente, quiero amarte como tú necesitas.
Porque con eso te basta, con eso te sobra. Porque todo lo demás tú lo
tienes dentro de ti. No quiero enseñarte el respeto, quiero tratarte
con respeto. No quiero enseñarte autoestima con "muy bienes"
innecesarios, quiero que veas que me estimo a mi misma, y transmitirte en silencio, escuchándote, que estoy llena de admiración por ti.
Eres como las grandes olas, que apenas llega la espuma a la orilla...
Que desazón no saber que hay dentro de ti... Si pudiera abrirte como la noche lo hace con la media luna... ¡Que emoción saber que hay dentro! Grande, oronda, rellena de algo que sólo tu conoces... Si pudiera llegar a ti, así, tan fácil como los astronautas alunizan en la cara oculta de la luna...”
Que desazón no saber que hay dentro de ti... Si pudiera abrirte como la noche lo hace con la media luna... ¡Que emoción saber que hay dentro! Grande, oronda, rellena de algo que sólo tu conoces... Si pudiera llegar a ti, así, tan fácil como los astronautas alunizan en la cara oculta de la luna...”
![]() |
| Ilustración: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado |
Busco algún remedio para momentos melancólicos, que sea casero, sencillo de preparar. Algo que ilusiona sólo de pensarlo, que no aguantas la sonrisa mientras lo abres…
Seguramente si volara contigo en esta noche tú me sabrías llevar donde duerme el amor sincero. Un lugar dónde no recordar el saco enorme que debo llenar cada día de necesidades no satisfechas. Necesidad de ser valorada, necesidad de ser escuchada, necesidad de ser perdonada.... Ese pesado fardo me corresponde a mi, llenarlo en otra parte, buscar mi camino donde saciarme de todo lo que no he tenido será en otro vuelo. Ese será otro viaje, mi viaje. Ahora vuelo hacia un lugar común entre los dos, un lugar de encuentro. Y tu sabes el camino, pero no te llevaré conmigo. Yo debo averiguar que lado del cielo debo cruzar para llegar a ti. Esa será mi vocación, mi responsabilidad.
Necesito conectar contigo. Comunicarnos. Abrazar tu autenticidad… Trazaré un mapa para explorar el cielo que me has pintado, buscaré el tesoro que guarda el remedio y me sumergiré en él, como la pócima mágica que los galos tomaban.
![]() |
| Foto: El cielo por el tejado |
Requisaré todas las lupas de los numismáticos para buscar lo minúsculo que se queda entre tu y yo. Para dejarte ir, y quererte así, al otro lado del telescopio, sin invadir tu espacio.
No sólo se quiere con abrazos, no sólo se quiere con la piel y la cordura. Este remedio que guardan las estrellas puede hacer de la paciencia, de la escucha y la mirada una envoltura de piel y besos. Vamos a querernos, mi niño, levantando un puente entre ambos que salve todos los ríos.
Tomaré más de una ración diaria de momentos de ternura, junto a ti. Sin rozarte disfrutaré tus mejillas: me guiaré por mi instinto y te hablaré como la primera vez que te tomé en brazos, como si no te hubiese visto desde aquel día. Te abrazaré sin tocarte: me quedaré en silencio escuchando tus juegos, siguiendo tus cantos... Te escribiré letras en la espalda sin poner mi nombre encima del tuyo. Y te amaré así también.
Devoraré los anillos de Saturno y con la alquimia resultante obtendré un remedio para melancólicos. Que me ayude a vivir un momento de encuentro. Sincero, sin culpas, sin adornos, sin palabras, sin juicios. Llegaré hasta el último planeta para encontrar la píldora que me de el amor. Un amor seguro, para que te deje ir. Un amor de cráteres y polvo de estrellas. De conjunciones y astros que a veces se encuentran en la misma órbita.
Felices sueños…
…desde mi avioneta/cohete…
Si buscáis este o algún otro remedio, os puede servir…
Un poema: “Viaje a Ítaca” Konstantínos Kaváfis
Dos libros: “Remedio para melancólicos” Ray Bradbury y “Bajo el signo de Saturno” Susan Sontag
Una canción: “Walking on de moon” de The Police
Dos películas: “La rosa púrpura del Cairo” de Woody Allen y “Viaje a la Luna” Georges Méliès
Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las fotos e ilustraciones: El cielo por el tejado
domingo, 12 de enero de 2014
Cazando monstruos
Son las doce. Se ha hecho muy tarde. Hoy mi pajarillo no quería dormir, tenía miedo a algo que no sé que es… Me siento en el avión a pilotar con los bolsillos cargados de terrores infantiles y la cabeza a rebosar de estrategias para huir.
Dice que hay un monstruo que no le deja dormir… que se sube a la
lámpara y se cuelga por ahí, que le acecha, y le persigue, le echa
fuego… que sé yo… si es que así, cariño, no se puede dormir…
Lo más terrible de todo, y quizás, es el comienzo, es que a mi me pasa igual… Pero yo dormir si duermo. Lo que a veces no sé hacer es vivir. Justo al revés que él.
Y es que hace ya algún tiempo que me dí cuenta que tengo un monstruo que me ronda… a veces son dos, y a veces tres… ¡por algún lado se me han colado! Le he preguntado a mi niño por si le sobraban algunos y es que me los ha echado, pero no, dice que tiene los mismos de siempre y no le falta ni uno (pobre).
Y yo hace tiempo que los siento, por la nuca, por la tripa y por los huesos… creo que alguno se me coló por la herida. Cuando tuve la cesárea. Ya decía yo que no podía ser bueno que te abrieran tan adentro.
Y es que veces nos cuesta mucho acabar con los monstruos que nos persiguen. Cuántos miedos acumulamos y cuánto miedo a luchar tenemos. Como estamos educados en la vieja moral del bien y del mal parece que queda feo declarar la guerra a alguien. Aunque sea un fantasma que te roe las entrañas, aunque sea un monstruo horrible que te hiere y te amenaza.
A los niños con los miedos les cortamos las alas: les quitamos las espadas y los palos, les ponemos mala cara cuando quieren combatir… porque en el fondo nos acobarda que sean tan valientes. En el fondo nos da miedo que ellos quieran luchar… y a ti te cercenen la idea día a día. Que ellos quieran liberar su necesidad de SER, completos, dulces y combativos a la vez… y tu te sujetes las ganas de perderte (dichoso autocontrol). No podemos asumir que ellos se enfrenten a sus terribles batallas de juguete… y nosotros los adultos nos rindamos tan fácil y tan rápido.
Yo
no tengo un caza, ni las horas de vuelo del Barón Rojo, pero tendré que
pilotar esta arriesgada expedición… buscar la manera de cazar a esos
monstruos, de impedirles la entrada, acabar con lo que hay dentro de mi
que les alimenta.
Debo buscar la manera de cerrar esos huecos dolorosos por dónde se me cuelan. Es necesario hacerlo, porque cargar con heridas tanto tiempo interrumpe el flujo del amor. Se te taponan los abrazos, se te coagulan los besos, y todo lo pides y lo das cargada de dolor. Y el dolor produce ceguera. Y además es contagioso: los niños lo absorben rápido, como un zumo de melocotón casero…
Y así, cariño, lo sé, no se puede dormir… así, de verdad, no se puede ni vivir…
Entonces me miro a mi misma. Y miro mis miedos, acaricio mis temblores, escucho mis gritos silenciados… Y veo mis heridas abiertas, y compruebo que no las había cerrado. Las enumero, para no perderlas de nuevo. Me las lamo, para saborear su dolor: sin regodearme, sin autocompasión. Sólo para conocer al enemigo y empezar mi lucha. Como una loba depredadora que quiere protegerse y proteger a su camada.
El vuelo que he emprendido es peligroso, con tres heridas abiertas y poca visibilidad. La avioneta me sigue el ritmo, respetuosa, quizás comprenda todo más que yo. Está siendo una noche dura: lo que almaceno en los bolsillos pesa, las ganas de huir en mi cabeza me desbordan... Pero uno a uno les he atrapado. Los monstruos ya no pueden escapar. Y yo tampoco.
Dice Boris Cyrulnik (Los patitos feos. Resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida) que a partir del instante en que nuestras heridas acceden a las palabras nos metamorfoseamos. Convertimos el dolor en representación.
Y yo para representar a mis monstruos les nombro, uno a uno, siendo esto lo más duro:
Esta lección de vuelo ha sido dura, dura y muy larga. Así es como aprendemos a volar, a volar más alto… más felices, y más sanas. Queriéndonos.
Para aquellas que han sido heridas en el campo de batalla… o no:
Un libro: de Boris Cyrulnik “Los patitos feos. Resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida” (para adultos que así no pueden vivir)
Un cuento: Harold y el lápiz color morado (para niños que así no pueden dormir)
Una canción: Gone gone gone (done moved on) Robert Plant y Alison Krauss de su albúm Raising Sand (para celebrar que eso que te hizo mal ya se ha ido, para subir muy alto...)
Ilustración destacada: Voladora de Sueños para El cielo sobre el tejado
Fotografía: Voladora de Sueños desde Argentina para El cielo sobre el tejado
Lo más terrible de todo, y quizás, es el comienzo, es que a mi me pasa igual… Pero yo dormir si duermo. Lo que a veces no sé hacer es vivir. Justo al revés que él.
Y es que hace ya algún tiempo que me dí cuenta que tengo un monstruo que me ronda… a veces son dos, y a veces tres… ¡por algún lado se me han colado! Le he preguntado a mi niño por si le sobraban algunos y es que me los ha echado, pero no, dice que tiene los mismos de siempre y no le falta ni uno (pobre).
Y yo hace tiempo que los siento, por la nuca, por la tripa y por los huesos… creo que alguno se me coló por la herida. Cuando tuve la cesárea. Ya decía yo que no podía ser bueno que te abrieran tan adentro.
Y es que veces nos cuesta mucho acabar con los monstruos que nos persiguen. Cuántos miedos acumulamos y cuánto miedo a luchar tenemos. Como estamos educados en la vieja moral del bien y del mal parece que queda feo declarar la guerra a alguien. Aunque sea un fantasma que te roe las entrañas, aunque sea un monstruo horrible que te hiere y te amenaza.
A los niños con los miedos les cortamos las alas: les quitamos las espadas y los palos, les ponemos mala cara cuando quieren combatir… porque en el fondo nos acobarda que sean tan valientes. En el fondo nos da miedo que ellos quieran luchar… y a ti te cercenen la idea día a día. Que ellos quieran liberar su necesidad de SER, completos, dulces y combativos a la vez… y tu te sujetes las ganas de perderte (dichoso autocontrol). No podemos asumir que ellos se enfrenten a sus terribles batallas de juguete… y nosotros los adultos nos rindamos tan fácil y tan rápido.
Debo buscar la manera de cerrar esos huecos dolorosos por dónde se me cuelan. Es necesario hacerlo, porque cargar con heridas tanto tiempo interrumpe el flujo del amor. Se te taponan los abrazos, se te coagulan los besos, y todo lo pides y lo das cargada de dolor. Y el dolor produce ceguera. Y además es contagioso: los niños lo absorben rápido, como un zumo de melocotón casero…
Y así, cariño, lo sé, no se puede dormir… así, de verdad, no se puede ni vivir…
Entonces me miro a mi misma. Y miro mis miedos, acaricio mis temblores, escucho mis gritos silenciados… Y veo mis heridas abiertas, y compruebo que no las había cerrado. Las enumero, para no perderlas de nuevo. Me las lamo, para saborear su dolor: sin regodearme, sin autocompasión. Sólo para conocer al enemigo y empezar mi lucha. Como una loba depredadora que quiere protegerse y proteger a su camada.
El vuelo que he emprendido es peligroso, con tres heridas abiertas y poca visibilidad. La avioneta me sigue el ritmo, respetuosa, quizás comprenda todo más que yo. Está siendo una noche dura: lo que almaceno en los bolsillos pesa, las ganas de huir en mi cabeza me desbordan... Pero uno a uno les he atrapado. Los monstruos ya no pueden escapar. Y yo tampoco.
Dice Boris Cyrulnik (Los patitos feos. Resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida) que a partir del instante en que nuestras heridas acceden a las palabras nos metamorfoseamos. Convertimos el dolor en representación.
Y yo para representar a mis monstruos les nombro, uno a uno, siendo esto lo más duro:
“A ti te conozco desde la infancia. No puedo ver tu rostro, pero reconozco tu olor tan familiar. Me hiciste daño y me dejaste sola y desprotegida. Ahora yo temo no saber proteger a mi hijo”
“Tu me acompañas hace años, eres la voz que siempre me dijo que no podría hacerlo. Nada. Nunca.”
“Y
tú llevas tres años conmigo, y me tienes calada hasta los huesos. Te
colaste por el hueco que hicieron para sacarme a mi hijo. Y aprovechaste el vacío que sentí cuando se lo llevaron, para hacer de mi terror tu fortaleza”.
No es digno seguir huyendo.
Hay que enfrentarse, declarar la guerra y combatir. ¡Que venga el
Capitán Trueno! ¡que mis pinceles se conviertan en espadas de madera!
Voy a ser la loba que se enfrenta y que muestra valor. Buscaré hasta el fondo de mi avioneta la capacidad para retomar mi historia herida y sanarla.
Vendrán otros monstruos, lo sé. Pero tendré preparada mi tela de araña,
y tejeré con tesón un lugar para encerrarlos, nombrarlos y desposeerlos
de su poder.
“Pienso
en ti, mi niño. No es justo que te prive, pajarillo, del derecho a
defenderte. La magia del juego pintará tus espadas y acabará con los
monstruos que en cada momento aparezcan. Y aparecerán de nuevo, ya lo verás, para hacerte crecer, como a mi. Para que te sientas vivo, como yo ahora”.
Vuelvo
de la batalla cansada, pero orgullosa. Viva, y con tres cicatrices. A
veces molestan, quizás algún día se reabran y habrá que sanar de nuevo.
Pero ya conozco el camino, he nombrado mi angustia y puedo reescribir
mi dolor con trazo seguro. Con un lápiz que no se borre, una tinta que
no se corra.Esta lección de vuelo ha sido dura, dura y muy larga. Así es como aprendemos a volar, a volar más alto… más felices, y más sanas. Queriéndonos.
Felices sueños a todas…
…a dos mil metros de altura, y subiendo…
Para aquellas que han sido heridas en el campo de batalla… o no:
Un libro: de Boris Cyrulnik “Los patitos feos. Resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida” (para adultos que así no pueden vivir)
Un cuento: Harold y el lápiz color morado (para niños que así no pueden dormir)
Una canción: Gone gone gone (done moved on) Robert Plant y Alison Krauss de su albúm Raising Sand (para celebrar que eso que te hizo mal ya se ha ido, para subir muy alto...)
Ilustración destacada: Voladora de Sueños para El cielo sobre el tejado
Fotografía: Voladora de Sueños desde Argentina para El cielo sobre el tejado
viernes, 10 de enero de 2014
Mermelada casera...
Hace unos días que vuelo en libertad. Las once y cuarto de la
noche, pueden ser para mi la hora del despegue, la confianza en que lo
que escribo pueda llegar a ser un trazado para perseguir los sueños. Míos, tuyos, nuestros. Hace tiempo que la noche es para mi el espacio en blanco donde plasmar todo aquello que acontece durante el día y que no es posible, es del todo imposible, adentrarse en el descanso sin volcarlo.
Pensamos, reflexionamos, sentimos. Y como si fuera una conserva de mermelada casera necesitamos contenerlo. Envasarlo. Conservarlo en azúcar previamente calentado al fuego. Remover y remover, y volver a remover.
A veces lo hacemos inconscientemente. A veces lo hacemos practicando la salud emocional. Y otras veces no lo hacemos, lo negamos y lo tiramos a la basura, desechando la fruta que se ha pasado, que no sabemos aprovechar.
Vivimos, y como vivimos sabemos morir a las cosas. A lo que nos acontece como madres, como gatas experimentadas que se despiden a menudo de una vida que ya han quemado. Y viven y sueñan, y ronronean aletargadas esperando a que vuelvan los días de perseguirse el rabo, aburridas. Y maullan encantadas de saber que su luna del tejado les pertenece a ellas.
Soñamos con parir hijos que no tengan que sufrir el pecado. Ni original ni regrabado. Ni en conserva ni pintado. Pero lo que sabemos al sentir tanto la noche y el día es que eso también forma parte de la vida. Hay que pecar y sufrir el pecado. Transportar la manzana para saber que tenemos muchos campos para sembrar lo que necesitemos, lo que nos de la vida, lo que nos haga rodearnos de cariño y de vocación por la libertad.
Nada más y nada menos, que aprender a cantar. Nada más y nada menos que menguar lo que nos merma, nos atenaza, eso es lo que adquirimos al comprar la maternidad. Y nos lo comemos con salsa, lo aderezamos con mostaza y nos engullimos las ganas de salir corriendo para poder exclamar: que soy libre cuando me amarro a unos labios que maman del amor, que rompen corazones ilegibles, que saben leer al sediento, que acurrucan niñas que no saben que son madres.
Pensamos, vivimos, soñamos, creemos en los astros que pueblan nuestra casa. Para desear encontrar la manera de continuar la marcha, de perder nuestros miedos, de afrontar nuestro cansancio. De ropa que nos apuntala, de trabajo que nos rebaja, de parejas que no entendemos, de sociedad que nos juzga, nos simplifica, nos trivializa.
Cuando todo es silencio y las risas se duermen, pensamos. Que nunca nos dijimos que era el amor lo que perseguíamos, pero lo buscamos. A día de hoy lo buscamos. En la risa de los hijos, en la forma de querernos, en el empeño en buscar al otro, en el afán de abrazar la noche.
Cuando a solas con nosotras mismas no permitimos que se escape el momento. Ése es el día que se convierte en noche. Noche de luna llena que nos habla de nosotras, y del universo. Del caos de nuestra vida y del esfuerzo, de organizar un territorio que sea transitable. Un mundo que sea coherente. Un cuerpo que sea saludable para recibir al mañana.
Un mañana lleno de besos chiquitines nos espera. A que seamos valientes. A que tengamos paciencia, para ser nosotras mismas en nuestro caos de madres gatas.
Para pensar, sentir, volar sobre lo que vivimos:
Cine: Alguien voló sobre el nido del cuco de Milos Forman, alguien sumando a más, piensan, sienten, buscan… cambian su destino, desatan su pasividad.
Arte: Annete Messeger recurre a lo cotidiano, lo casero (peluches, ropa…), para repensar lo que nos hace por dentro. Más allá de lo impuesto, en las noches que no son en blanco…
Todas las ilustraciones realizadas por Voladora de sueños, para El cielo por el tejado
Pensamos, reflexionamos, sentimos. Y como si fuera una conserva de mermelada casera necesitamos contenerlo. Envasarlo. Conservarlo en azúcar previamente calentado al fuego. Remover y remover, y volver a remover.
A veces lo hacemos inconscientemente. A veces lo hacemos practicando la salud emocional. Y otras veces no lo hacemos, lo negamos y lo tiramos a la basura, desechando la fruta que se ha pasado, que no sabemos aprovechar.
Vivimos, y como vivimos sabemos morir a las cosas. A lo que nos acontece como madres, como gatas experimentadas que se despiden a menudo de una vida que ya han quemado. Y viven y sueñan, y ronronean aletargadas esperando a que vuelvan los días de perseguirse el rabo, aburridas. Y maullan encantadas de saber que su luna del tejado les pertenece a ellas.
Soñamos con parir hijos que no tengan que sufrir el pecado. Ni original ni regrabado. Ni en conserva ni pintado. Pero lo que sabemos al sentir tanto la noche y el día es que eso también forma parte de la vida. Hay que pecar y sufrir el pecado. Transportar la manzana para saber que tenemos muchos campos para sembrar lo que necesitemos, lo que nos de la vida, lo que nos haga rodearnos de cariño y de vocación por la libertad.
Nada más y nada menos, que aprender a cantar. Nada más y nada menos que menguar lo que nos merma, nos atenaza, eso es lo que adquirimos al comprar la maternidad. Y nos lo comemos con salsa, lo aderezamos con mostaza y nos engullimos las ganas de salir corriendo para poder exclamar: que soy libre cuando me amarro a unos labios que maman del amor, que rompen corazones ilegibles, que saben leer al sediento, que acurrucan niñas que no saben que son madres.
Pensamos, vivimos, soñamos, creemos en los astros que pueblan nuestra casa. Para desear encontrar la manera de continuar la marcha, de perder nuestros miedos, de afrontar nuestro cansancio. De ropa que nos apuntala, de trabajo que nos rebaja, de parejas que no entendemos, de sociedad que nos juzga, nos simplifica, nos trivializa.
Cuando todo es silencio y las risas se duermen, pensamos. Que nunca nos dijimos que era el amor lo que perseguíamos, pero lo buscamos. A día de hoy lo buscamos. En la risa de los hijos, en la forma de querernos, en el empeño en buscar al otro, en el afán de abrazar la noche.
Cuando a solas con nosotras mismas no permitimos que se escape el momento. Ése es el día que se convierte en noche. Noche de luna llena que nos habla de nosotras, y del universo. Del caos de nuestra vida y del esfuerzo, de organizar un territorio que sea transitable. Un mundo que sea coherente. Un cuerpo que sea saludable para recibir al mañana.
Un mañana lleno de besos chiquitines nos espera. A que seamos valientes. A que tengamos paciencia, para ser nosotras mismas en nuestro caos de madres gatas.
...Feliz noche de mermelada casera...
...desde mi avioneta sobre los tejados...
...desde mi avioneta sobre los tejados...
"Alta es la luna", música sefardí
Para pensar, sentir, volar sobre lo que vivimos:
Cine: Alguien voló sobre el nido del cuco de Milos Forman, alguien sumando a más, piensan, sienten, buscan… cambian su destino, desatan su pasividad.
Arte: Annete Messeger recurre a lo cotidiano, lo casero (peluches, ropa…), para repensar lo que nos hace por dentro. Más allá de lo impuesto, en las noches que no son en blanco…
![]() |
| http://www.theguardian.com |
![]() |
| http://www.theguardian.com |
Todas las ilustraciones realizadas por Voladora de sueños, para El cielo por el tejado
Suscribirse a:
Entradas (Atom)























