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sábado, 13 de junio de 2015

Celebrar la vida

Hay que celebrar la vida, aunque celebrando la vida haya que celebrar la muerte. Hay que celebrar que la vida es vida porque tiene muerte. Y así, despacito, se van colando los muertos que se acumulan entre los propios huesos. Como una calaverita mejicana, de colores bellos, dulces, que forma parte como un mosaico de tu propio cuerpo.

Hay que celebrar la muerte a la cobardía, la muerte a la propia renuncia a ser feliz, celebrar como mueren las caras desgastadas y la voz cansada de no tener voz.
Hay que celebrar la vida que te atropella salvaje, en cada paso del camino.
Hay que reconocerla, a la vida, para poder entregarla entera.
Si no se te pierde, se te escapa...
La vida.
Y hay que celebrar la muerte, el fin, la tristeza, el odio y el miedo porque traen la lluvia que hace parar. Y morir.

Diane Arbus, fotógrafa y artista americana, se centró en retratar lo marginal, lo feo, lo extraño, lo discriminado y lo temible que hay en las personas. Diane tiene una foto con su bebé que no me puedo quitar de la mente, está asustada. Embargada de cariño pero a la vez sobrepasada por lo que acaba de ocurrir: ha de celebrar la vida y su mirada es de miedo y de pérdida.

Diane Arbus (1923-1971), fotógrafa, en dos autorretratos con su hijo 


¿Dónde está la vida? 

Hay que celebrarla cuando la reconoces al pasar a tu lado. Y vivir la pérdida como si todo fuese parte del mismo plan trazado.
Hay que celebrar las calaveritas, porque sin ellas la vida no es vida, es sólo algo fácil pero vacío e infertil.
Y hay que festejar también todo lo que de muerte tiene la vida.



miércoles, 30 de abril de 2014

El mundo en tus manos

 
Mucho se ha escrito sobre el arte como juego, hay autores que subrayan que el arte es un dispositivo a merced de lo que no es útil, de lo inservible para lo práctico y lo utilísimo para la cultura, el pensamiento, y en definitiva para el desarrollo del ser humano.

Cuando te veo tumbado en el suelo, agrupando piezas por colores y levantando torres impensables que más tarde tú mismo vas a derribar gozoso... me deleito en pensar que estás empoderado con el mundo en tus manos. Cada torre levantada, cada torre aniquilada. Sin más intención que disfrutar de su invención y su derrumbe. Eso es jugar. Eso es tener todo el poder del mundo en tus manos.

Mucho se ha escrito y hablado sobre el juego infantil, sobre sus beneficios, sus virtudes, el desarrollo de la capacidad de aprendizaje...
Mucho se ha escrito y hablado sobre el arte. Su importancia en la sociedad, su relevancia para el desarrollo de la cultura...

Pero poco o nada es, en realidad, la conciliación que ofrece nuestra sociedad para con el juego. Jornadas escolares agotadoras, horarios parentales insostenibles para el normal funcionamiento de una familia, pocos momentos de paz para entregarse al juego durante horas. Para olvidarse, para ensimismarse.

Foto: El cielo por el tejado



El juego y el arte requieren de algo fundamental: El ensimismamiento, disfrutar del aquí y ahora como si nada más ocurriese. Pero sí ocurre, porque tanto el juego como el arte vuelcan tras de sí todo un mundo interior entretejido por la experiencia, por las vivencias, por lo cotidiano y por lo universal a la vez.

Pero poco o nada es lo que se prioriza hoy día el arte, la creatividad y el desarrollo de nuestra capacidad de entusiasmarnos y ensimismarnos. El arte de crecer guiándote por tu propio motor generador de momentos absolutos. Dónde todo puede ser porque precisamente tu en ese momento ERES, y nada más. 

En los espacios dedicados al niñ@ para enseñarles lo que deben ser, es decir los colegios, se les priva cada vez más de las áreas más humanas, más innatas, más intuitivas: la música, el arte, la plástica, las creatividades, las manualidades, los talleres… El mundo de los sentidos, lo abstracto y lo conceptual relegado al final de la fila, el mundo del pensamiento crítico expulsado por mal comportamiento, el mundo de la identidad propia, la autoría, la iniciativa queda castigado. El descubrimiento de lo colectivo desde el placer de la participación espontánea no tiene cabida en este colegio que se está formando hoy día y que está conformando a nuestr@s niñ@s.

En los espacios dedicados al arte para que sea mostrado ante todo el mundo, es decir los museos y centros de arte, existe poco o ningún espacio para la reflexión, para el conocimiento, para el acercamiento. Por eso el circuito comercial del arte cada vez está más alejado de lo humano y más cerca de lo económico, de lo que no es inherente a él. A pesar de que much@s de l@s artistas contemporáneos se muevan en otro sentido, los espacios dónde se muestran están muertos, helados, enmohecidos. 

Foto: El cielo por el tejado


No es casualidad que el frío del alejamiento haga estragos en las relaciones entre el nosotr@s y nuestro ser creativo. Si nos olvidamos de jugar nos olvidamos del respeto por lo más profundo de nuestr@s niñ@s. Y faltaremos a la verdad de nosotr@s mism@s más adelante como adult@s cuando, estando ante un momento que requiera creatividad, ensimismamiento o entusiasmo no sepamos detenernos, contemplar y más tarde mostrar una respuesta propia, auténtica y con criterios.


Cada vez que te veo jugar pienso que todo lo puedes en ese momento. Cuanto más te observo deleitarte en tus juegos más claro lo tengo: muchos pensarían que tienes demasiado poder en tus manos.
Cada torre caida, cada palo en el barro, es un movimiento revolucionario... 

Parece que jugar y crear es algo peligroso, porque permite pensar y tener autoría, parece que la única salida es arrinconar estos verbos y hacernos a todos cada vez menos personas, menos sensibles, menos creativos. Y en especial a los niñ@s. Porque debe de ser peligroso. Por eso no se fomenta jugar, no se alienta al arte ni al juego, sería poner demasiado poder en las manos de otros.


Para reivindicar tu poder:



Para navegar:


Hay más opciones… la educación en movimiento:



domingo, 23 de marzo de 2014

Hoy estreno la posibilidad...


Fluyendo en el vértigo de las listas I

Hoy estreno la posibilidad, como cada día, de acercarme a la presencia del otro. Al que está al otro lado del espejo entintado. Pero no tengo el alfabeto completo para recitar el poema que llevo. Ni tampoco conozco el idioma que emplea.
Hoy estreno una posibilidad sin llave. Porque la llave ha desaparecido. En las redes que lían, en las pantallas que no reflejan, en los centros que comercian con la mercancía ajena: la nuestra, la de todos. Perdida entre el caos, entre el número y el infinito. En la lista vertiginosa (Umberto Eco) que, en este caso, nos aleja de los otros.

Dice Umberto Eco en su libro "El vértigo de las listas" que no hay cosa que más nos perturbe que una lista innumerable de cosas, una sucesión al infinito que jamás verá su fin:
 
"El temor a no poder decirlo todo aparece no sólo frente a una infinidad
de nombres sino también frente a una infinidad de cosas."

 Ilustración: El cielo por el tejado


Frente al libro de Eco, absolutamente delicioso para acercarte al arte desde un punto de vista literario, están las listas que nos rodean inmersos en el caos de nuestras vidas. Elencos innumerables que nos recuerdan cuánto nos falta para ser felices: aún no eres jefe, ni mujer liberada, ni has estado nunca de vacaciones en Tailandia, todavía no has vivido la experiencia más excitante de tu vida, no tienes un cigarro electrónico, ni una familia completa, ni una rosa de compromiso, ni un amigo ingeniero, ni un título flamante, ni una excursión loca para contarte, ni un destornillador eléctrico, ni una amiga perfecta... ni peso cincuenta quilos (por ahora), ni sé hablar de neurociencia, ni pienso en lo que debo pensar, ni siento lo que soy incapaz de sentir...

Son enumeraciones, listas que nos acorralan porque son imposibles de fijar. Son indefinidos, porque en su naturaleza está el ser infinitos. Para sentirnos frustrados cuando no llegamos a más. Porque siempre querremos más. Más amigos en Facebook, más seguidores en el blog, más contactos en el móvil, más invitados a la fiesta, más correos de no sé qué. Más de lo que sea que no sea lo que siempre veo. Lo cotidiano adormilado.

Si la forma de vivir nos dice que nunca tenemos bastante, quizás nunca seremos bastante. Para los unos, para los otros. Quizás nunca querremos bastante a lo que merece la pena querer. Quizás, sólo quizás.

"-Mamá, yo quiero que tu seas  rica...
-¿Yo?- sonrío- ¿rica?, ¿para que?
-Quiero que tengas siempre mucho amor para mi"



Hoy estreno, pero no acierto a saber cómo me puedo acercar al otro. Más allá de la lista innombrable de cosas que tengo pendiente de hacer, que tengo pendiente de ser, antes de llegar al otro
Estamos llenos, en este mundo, de relaciones inconexas, que no alcanzan a encontrarse, que se marchitan fugaces.
Dicen los sociólogos que el 85% de correos electrónicos y mensajes en redes sociales los escribimos entre amigos y familiares. Son maneras de decir que estás... sin haber estado. Sin mirar a los ojos. Sin escuchar ese tono cansado de tu voz. Sin demostrar alegría con los ojos, que no mienten.
Que nos entendemos con lenguas muertas, no con lo cercano. Nos empeñamos en sumar cuentas de correos electrónicos, pero no nos presenciamos, no evidenciamos que estamos en otro lado. No nos lo decimos con la cara abierta, entregando nuestra llave.

Ilustración: El cielo por el tejado


Hoy, como cada día, estreno la necesidad de saber cómo me lleno, cómo me doy. Cómo vuelco el recipiente que nos contiene enteros.
Desde la maternidad he sido cruelmente consciente del aislamiento que tenemos. La falta de empatía, la necesidad de acercamiento. Desde que entiendo que no sé cómo llegar al otro tropiezo siempre con el mismo escollo. Nos perseguimos los unos a los otros pero no corremos al encuentro. Nos enredamos en nuestra tela, conseguimos los jugos ajenos, pero no nos acercamos enteros. Sinceros. Sin deseo de ser aquello que vemos. Sin deseos, sin anhelos. Sólo con lo puesto, con lo que llegamos a este mundo.

Dice Umberto Eco que desde tiempos inmemoriales nos entregamos al placer de los elencos, que viene de lejos. Sólo que ahora, pienso yo, tenemos más fácil la evasión de lo concreto. Un trepidante flujo de vida líquida (Z. Bauman) nos arrolla*. Nada puede ser más concreto que mirarte frente a frente y decirte lo que callo mientras oigo entre tu risa una palabra de aliento.



*Arrollar, según la RAE:
Dicho del agua o del viento: Llevar rodando, con su violencia, alguna cosa sólida. Arrollar las piedras, los árboles.




Para buscar la llave, estrenar la posibilidad…

Lectura entregada con letras e imágenes: Umberto Eco, El vértigo de las listas, Ed Lumen. El infinito, el afán por abarcar, por llegar, por describir lo que desborda de este mundo desde la literatura y el arte.

 
http://books.google.es


Para ver y escuchar: la pasión por el contacto, la vuelta a la vida desde el agua y por medio del fuego. Emir Kusturica, “El tiempo de los gitanos”




Un cuento: para buscar en familia “El sentido de la vida”, filosofía pequeña para grandes mentes pensantes… Escrito por Oscar Brenifier e ilustrado por Jacques Després.

http://sonandocuentos.blogspot.com.es


Ilustraciones: El cielo por el tejado

lunes, 3 de febrero de 2014

Y el arte se deja mecer...


Cuando pensé en ser madre nunca imaginé que podría ser un proyecto compatible con el arte, con la creatividad. Imaginaba lo que los anuncios y las películas, lo que el mundo de no-sentires te hace llegar por un agujero minúsculo hasta tu subconsciente: que la presencia de una criatura dependiente y frágil te impide la posibilidad de seguir desarrollándote como mujer, como ser entero, como creadora... "todo debe esperar", "es un paréntesis", "si te sigues desarrollando tú será a costa de no estar presente en su infancia"...

Todo esto nos rodea como mujeres cuando decidimos dar el paso hacia la maternidad. Porque se nos dibuja la idea de que son compartimentos divididos. Caminos de sentido contrario. Alojamientos fragmentados que no pueden convivir.

Es el precio a pagar. La condena a disfrutar del error de ser mujer. Casi, casi el pecado original.

Cuando me soñé a mi misma madre nunca imaginé que, de hecho, sería todo lo contrario…

Un cierzo helado del mes de febrero me trajo la noticia
“Esto es lo que buscabas, serás feliz, completa.
Crearás, pero debes danzar con los sentidos alerta y las manos en el vientre.
Escuchando, siempre escuchando…
El latido del caballo desbocado te traerá el arte hecho vida.”

Ilustración: El cielo por el tejado


Es verdad que hay que buscar otras formas de seguir con determinados caminos dentro del arte, pero también es verdad que de todas formas había que buscarlos… no hay otra solución para el arte hoy. Para que sane de su enfermedad de la distancia de los otros. De su mal endémico del dinero de por medio.

Es verdad que son caminos empedrados que hay que recorrer, pero es verdad también que éstos son más deliciosos, más enriquecedores y más cargados de belleza, poesía, humanidad y sensación de estar redonda, entera, terminada. Más madura.

Cómo un fruto en el edén, deseado y ofrecido. Así percibo yo el arte en la maternidad. La creatividad dispuesta para la crianza y al servicio de todos a través de unas manos que  se están modelando con los cuidados que dan a diario. Dar alimento, dar calor, dar cobijo, dar seguridad, es estar buscando constantemente soluciones. Eso es la creatividad, darle forma a lo que se antoja difícil, imposible o lejano. Y así día a día. Hora a hora. Minuto a minuto. Beso a beso. Dolor a dolor.


Decía Platón que no hay danza más hermosa que ver a una madre acunando a su hijo.

Cuando decidí ser madre no podía hacerme una idea clara de por dónde aterrizarían mis inquietudes, mis apasionamientos, mi creatividad... Y lo que me he encontrado es un espacio intermedio, basto, inabarcable. Como un limbo, o un Hades dónde todo puede ser. Hasta la muerte. Desde la vida.

En esta tierra de nadie podemos sentirnos libres. De mezclar lo que es del cielo con lo que es de tierra. De juntar, untar y hacer una pomada con las necesidades básicas de un recién nacido y nuestras necesidades más trascendentales.

Lo que he hallado es un lugar común, que se encuentra entre la piel rosada y la materia etérea de lo creativo. La combinación perfecta que se nutre mutuamente.

Ilustración: El cielo por el tejado
Yo no me he encontrado un punto y aparte, ni si quiera una coma en mi camino. Me encuentro leyéndome a mi misma en un texto creativo y arriesgado. Una obra entera, sin disciplinas, sin acotar en departamentos. No hay escultura sin barro de piel. Aquí no hay óleo que huela a pintura sino a leche y tierra abonada, profunda y perfumada. Dispuesto todo para el disfrute inmediato, para la reflexión reposada con el corazón pululante. Para profesar la política activa de reconocer lo que no queremos, lo que no permitimos, lo que vamos a batallar hasta no consentir que nos acorralen.

Creí que estaría entre cadenas, buscando un pedazo de baile al son de los tambores... y me encontré con la pieza completa de la libertad, esculpiendo en piel como una creadora más.

En el proceso de estar embarazada la razón para crear se extendió más allá de mi misma. La visión de un mundo en proceso de crecimiento, como hierba que aflora entre las aceras me llenó de confianza.
En los cuidados a un recién nacido, en la empatía necesaria para criar, mi creatividad se ha llenado de la necesidad de crear una piel que abrigue lo frágil, para que no pase frío. Es más cercana, más viva.
Porque el arte es un ser vivo que crece si se le alimenta de vida y realidad.

El arte no necesitó más de excusas. Ni yo se las volví a pedir.
Cuando fui madre integré dentro de un solo cuerpo dos corazones, y tracé una línea que camina en una sola dirección, imborrable: trabajar para crear más vida.
Trabajar para seguir creando.

…Buenas noches a tod@s
…de larga y cálida creación…


Para alimentar la voluntad de crear a veces puede servir...

 Cesaria Evora canta Sodade




Quién te mostrará
ese largo camino?
Quién te mostrara
ese largo camino?
Ese camino
para Santo Tomás (Sao Tomé)
Tristeza tristeza
Tristeza
Esa tierra de San Nicolás
Si tú me escribes
(yo) te escribiré
Si tú me olvidas
(yo) te olvidaré
hasta el día
que tú regreses.




Miriam Schapiro, artista visual feminista en los años 70





Todas las ilustraciones de: El cielo por el tejado





domingo, 2 de febrero de 2014

Manifiesto I (con notas al margen y páginas en blanco)


Ilustración: El cielo por el tejado

Con un beso ligero sobre sus rizos dormidos, me he despedido de él hasta mañana. Son las 22,40h. Los pinceles me esperan, la tinta en su bote encierra todo lo que me queda por decir. Pero sólo tendré tiempo de hacer algunos trazos, antes de dedicar toda la noche a volar. Y a imaginar...

"...Quien fuera tu trovador", escucho cantar a Silvio Rodriguez...

Imagina que tienes algo que decir y no tienes dónde. Imagina que todo lo que no has dicho te persigue y se instala alrededor de tu cuerpo. Como un anillo de Saturno, como un halo de la luna. Todo lo que quiero decir y no acabo me lo guardo en un bolsillo, y espero  a que llegue el día en que libere su contenido. Será como la caja de pandora, mágica y desbordada…

Definitivamente necesito un manifiesto. Me gustaría que fuese algo sencillo, pero no sé si podrá ser. Necesito un manifiesto que organice todo lo que se acumula en mi. Las ideas que me bullen saturan de color mi percepción de la realidad. Y hay que dar rienda suelta. Que no es cuestión de estar todo el tiempo a oscuras. Hay que dejar brotar. Los campos y las macetas de las terrazas en las grandes ciudades nos lo agradecerán. Pero sobretodo la salud del ideario colectivo. Eso que no sé si existe, pero que si no es así tendré que inaugurarlo, bautizarlo y botarlo. Dejar que flote un nuevo barco en los mares de locura.
 
Fotografía: El cielo por el tejado


Manifiesto tuvo Tristan Tzara, y los Dadá a través de él. Y no recuerdo que dijera nada más importante que lo poco que importaba su propio nombre: Dadá (que no se sabe de dónde sale). Lo que importaba era lo que hacían como Dadás... las tertulias en los cafés, las provocaciones. Hacer en sí. Aunque no hicieran arte, arte del que se esperaba sino del inesperado: desmontaban arte y sociedad colocando una tuerca sobre un lienzo. Y… ¡Fuego!


Obra gráfica Dadá
http://es.wikipedia.org






Manifiestos hubo muchos. Futuristas, expresionistas, y unos cuantos ismos más todos ellos empeñados en decir todo lo que pensaban, lo que eran…
Así que será una ardua tarea. Pero necesito un manifiesto para seguir haciendo. O para seguir diciendo. Para seguir dibujando el rostro que me acompaña cuando me acuesto.

“Preparo los motores, caliento una infusión.
Todo está en calma. Esta noche imaginaré hasta caer rendida…”

Decir algo que me represente en este mundo saturado de imágenes y de palabras. Dibujar un contenido que se salga del papel, que no esté establecido. Algo que organice la impresión de que todo a mi alrededor va en sentido contrario. Como un reloj desorientado.

Necesito un rincón de la taberna dónde anotar todo lo que no entiendo de este mundo de prisas y horarios. De tecnología punta. De teles y radios. De pantallas en el metro. De soledades empaquetadas en bolsas de papel cuché. De desdichas aireadas con aroma a pachulí. De noticias con olor a producto barato, precintadas con plástico. Importadas de china o de Japón, que sé yo. No entiendo a este mundo de adoración a los astros del subsuelo, de respeto y "no tocar" a dirigentes sin cerebro, de rincones sin barrer y alfombras que todo lo esconden menos la desdicha cotidiana del que no tiene para acabar el mes o por no tener no tiene ni sueldo ni componiendo.


“Mientras escribo termino la infusión templada, abrazada con mis manos.
Rodeada de papeles por la mesa que se amontonan para ser leídos.
¿Dónde estaban mis cuadernos? Anoté algo en ellos que ahora necesito…”


Yo declaro que no escribo, yo dibujo lo que veo con palabras entintadas. Soy constructora con cemento tipográfico de imágenes que circulan por mis dedos. Soy fotógrafa del vodevil de mi propio imaginario. Artesana de las letras que forman mi propio alfabeto (que no empieza por la a, sino por la palabra nacimiento).

Ilustración: El cielo por el tejado


Necesito declarar que me pueden las ganas de beberme la vida, aunque me emborrache perdida. Aunque me pierdan las ganas… que ya encontraré yo mi propia salida.

“Cindy Sherman, la fotógrafa, pensó tantas veces en su identidad que se disfrazó/transformó en sus imágenes mil y una vez. En éstas fue prostituta, pin-up, modelo de revista, dama decrépita de la alta sociedad… Y con todas estas búsquedas salió fortalecida.”
Cindy Sherman
Fotografía http://www.bbc.co.uk


Defenderé la postura de llenar la calle de arte, pero no del que cotiza en bolsa, ni el que se vende en el MOMA (museo de arte moderno de Nueva York que dice lo que es arte y cuanto cuesta, que lo mismo da…), si no del que se hace con la mano extendida y el cabello despeinado. O con media libreta y ganas de jugar un rato.

Reivindicaré mi derecho a vivir en un lugar embellecido. Dónde no haya despedidos del trabajo, si no bienvenidos a valerse por si mismos. Dónde el jardinero no firme 12 contratos al año, sino que con una palabra sepa que tiene toda la vida para cuidar de la rosa, del lirio y el madroño. Así los niños del barrio se aprenderán su nombre y le pedirán jugar con los montones de hojas todos los otoños…

Publicaré un manifiesto que deje claro que no me gusta el colegio, cualquier cosa que encierre o aísle no lo entiendo. Si lo que hay que aprender está en la calle y el campo, entre la gente y el mundo ¿porque verlo todo metidos dentro de un cuarto? entre cuatro paredes, sin poder salir más que un rato. Así los sentidos se atrofian y los libros cogen olor a amianto. Los libros y los niños necesitan el aire libre, para crecer, para regarse, para florecer en primavera. Ambos quieren encontrar quien los lea, quien los abra con cariño y los re-descubra con mano cierta.


Fotografía: El cielo por el tejado



Haré de la diferencia las pastas de mi libro, para a-cogerla, acariciarla, y tomarla de la mano si hace falta. Que no tenga colores para no ofender a nadie. Que no hable en idiomas oficiales, si no en lengua de trapo de niña de tres años…

En mi manifiesto ofreceré páginas en blanco para que otros escriban. Las dejaré tendidas junto a la ropa colgada, en el tendedero del patio de luces. Para que llegue claridad a los cuartos oscuros, donde no llega palabra.

Manifestaré a quien me escuche que soy la misma en mis mil caras, que no me quedo parada, que lucho y busco mi propio hacer. Que pienso y me re-pienso las veces que haga falta.


Felices sueños a todas…
…planeando en libertad…




Si te quieres reafirmar te puede apetecer dar una vuelta por aquí:
Para mirar: Cindy Sherman (de las mil caras) habla de la necesidad de nombrarse a si mismas. Yo soy quien digo quien soy yo.
Para devorar, un cómic/libro y película: “Persépolis” de Marjane Satrapi, Ed. Norma, años después llevaron al cine este genial cómic en una película animada del mismo nombre: Persépolis se puede ver íntegra online aquí. La vida de Marjane es su propio manifiesto, y es la vida además de su país, Irán.
Para escuchar: Quien fuera de Silvio Rodriguez.

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotografías e ilustración: El cielo por el tejado



lunes, 20 de enero de 2014

Sobre el alambre


Ilustración: El cielo por el tejado

Hoy me he encontrado en mi avioneta unas cuantas malas hierbas pegadas a las ruedas y enganchadas a las alas. He comprobado el motor, pero estaba intacto, menos mal. Cuando todo estaba en orden me he subido y he comenzado mi vuelo. Son las 24h y los recuerdos vienen a mi despacio…

Un ovillo de lana crecía dentro de mi. Y mis ganas de seguir los pasos de esa línea blanda, extendida por todo el cielo y que llegaba hasta dentro de mi, se apoderaba de toda mi energía.
A través del cordón me alimentabas, con tu savia milenaria me recorrías entera. Llenándome de vida. Yo era entonces tu obra de arte.

Tu eras para mi esa música que oía susurrar...
"La fuente del amor secreto" (música andalusí)




...
Necesito crear, no puedo evitarlo. Y mientras tú te desarrollabas ensanchando mi cuerpo, yo dirigía mis pasos hacia fuera y hacia dentro de la misma manera en que mi vientre se balanceaba sobre mis pies.

Hacia un lado. Hacia el otro.
La vida en equilibrio. Sosteniéndose.



Compuestas,
Subfamilia: Lactucoideas Cardueas.
Onopordon Nervosum



Con mi vientre henchido no podía crear sobre la nada. Todo proceso de creación se contagiaba de esa línea de origen estelar.

Buscando respuestas a tanta vida me encontré con lo desconocido. El Hades que debía explorar.
La morada de los espíritus me contaba historias de mujeres. Que no debieron de ser. Historias que necesitaban ser contadas de otra manera. Mujeres que perdieron algo más que su vida, perdieron su dignidad. Porque no figuraban sus nombres en las noticias, sólo su etnia, su país de procedencia, su profesión maldita, o su manera de sobrevivir. En este mundo de diosas desechadas.

Y permití que la muerte equilibrara mi paso hacia la vida. Sólo un poco. Nada más. Lo que apenas podía hacer con mi capacidad de entrega, de renuncia. Dejar un hueco. Hacerme a un lado. Decidí dejarme llenar por el sufrimiento de otras mujeres. Que perdieron la oportunidad de ser tratadas con respeto, incluso en el último momento.

Madrid es un lugar para nacer, y también para morir.
Hay lugares para la vida, y también para la muerte.

Hay belleza que se esconde tras las flores que entierra sangre derramada. Que siempre es cruel con la memoria.


Quenopodiáceas Salsola Kali



Subirme al alambre, vida de funámbula. Nueve meses de equilibrio investigando la muerte violenta de mujeres sin nombre. Mientras la vida en mi vientre se abría paso con fuerza. Sin dificultades.

El arte a veces me lleva por caminos que preferiría no ver. No conocer. Caminos que están en descampados. Mis pasos oscilantes, con el  vientre repleto. Enamorada de un proyecto que diese sentido a dar a luz a una vida. Alumbrar la vida. Llenar el vacío oscuro de sentido. Desterrar la violencia. Atajarla.

Los descampados son lugares. Lugares donde se pierden los pasos, pisando sobre malas hierbas que inundan de belleza humilde la vida. Y la muerte.

Una a una recogí esas malas hierbas, de los lugares señalados en mapas de periódicos, apenas descifrados. Y les di nombre. Busqué su definición, su ciencia, y encontré palabras que podían llenar de dignidad la vida derramada. De mujeres sin nombre.


Gramíneas. Subfamilia: Cloridoideas.
Eragrostis Curvula.



De cuerpos sin reclamar pasaron a ser flores que se les da de beber. Alimentadas, expuestas para no ser olvidadas.

Y nació en mi el deseo de vivir dando sentido. Un poquito. Nada más. Lo que apenas puedo hacer con mi necesidad de crear. De buscar el arte más allá de mis entrañas. Que crecían. Me transformaban.

Un arte que transforma la forma de mirar. Para no mirar hacia otro lado. Si no para prendernos de la vida. Para prendernos de los luceros (que linda cosa me dijiste Noemí) y no descender jamás. Por que nos va la vida en ello.

Mientras piloto mi avioneta dando vueltas sobre la ciudad descubro que han quedado unas briznas de malas hierbas dentro de mi habitáculo. Será que siempre me van a acompañar. Ahora que conozco su nombre, que recuerdo su olor…


Felices sueños a todas…
…desde mi avioneta funámbula planeando sobre el alambre…





Para caminar sobre el alambre os puede servir…
Para ver, oir y sentir: Mona Hatoum es una artista visual palestina. Arte funámbulo, que arriesga.
Para leer: “El despertar de Irán” de Shirin Ebadi, fue la primera jueza de su país y años después fue obligada a dimitir por ser mujer. Creyó en la paz desde tanta desolación y muerte como había en su tierra. Recibió el premio Nobel de la paz en 2003.


Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las fotografías pertenecen a la obra artística concebida como instalación "Las malas hierbas" (Madrid, 2010) Miryam Pérez Fajardo 


domingo, 12 de enero de 2014

Somos mujeres creadoras...



Esta noche la avioneta acaricia el cielo tranquila. Son las 23,15h y mi niño/pájaro duerme tranquilo, junto a su padre. Así que vuelo a placer. Disfrutando los sentidos. Deleitándome. Parece que estoy en el comienzo del mundo…

Os voy a contar una cosa que esta noche me está narrando el silbido del viento al oído… os voy a contar lo que piensa la noche, y la luna henchida, de nosotras las madres/mujeres…
Dice que somos mujeres y madres, y aunque no nos lo creamos creadoras. Criamos y creamos al mismo tiempo, porque es lo mismo. Por eso sólo cambia una letra, porque cuando en el principio de los tiempos inventaron la palabra crear en realidad querían decir criar

Susurra el viento, que siempre nos ha conocido, que somos la madre tierra Gea. ¡Que delicia ser la diosa que los griegos veneraron! Gea surgió del Caos, no podía ser de otra forma. Y sin necesidad de unirse a nadie concibió a dos hijos. Sólo con la fuerza íntima que lleva dentro de sí logró crear lo que la completó, lo que la hizo habitable y maravillosa: dio a luz al cielo (Urano) y al mar (Ponto).




Dice Estrella de Diego en su libro “Querida Gala”, que Gala Dalí era creadora. Todo el mundo dice que fue la musa de Dalí, pero ella le bautiza creadora. Creadora porque opina que fue Gala quien creó a Dalí, el genio, la figura, el artista... No fue su musa, su objeto de inspiración, sino todo lo contrario. Afirma que fue ella quien lo creó, lo sostuvo, lo conformó, le dotó de arte y lo arrojó al mundo… Y después de esto se quedó callada, un paso atrás observando su obra. Como si fuera un dios que admirara el mundo tras siete días de trabajo…

Las mujeres somos creadoras y no lo sabemos ni nosotras. De hecho no lo sabe nadie salvo algún compañero afortunado, algún marido entregado a la causa creativa.

Dice la luna que ella nos otorgó el poder de crearnos a nosotras mismas. De parirnos a nosotras mismas en cada menstruación. Cada 28 días, una y otra vez. Incansablemente tenemos la oportunidad de re-crearnos: de revisarnos en los momentos de parada, de dejarnos llevar por el placer ser cambiantes subidas a la noria de los ciclos. De hacernos de luz suave o de noche fría, según necesitemos.

Las mujeres creamos a la vez que criamos porque si no lo hacemos se nos desbordaría la creatividad por los poros de la piel. Pero seguro que con lo que saliese de nuestra piel haríamos mermelada para desayunar… y ya estamos creando otra vez.

Crear no es necesariamente fabricar un objeto. Marcel Duchamp sólo trasladó un urinario de un sitio a otro (vale, de un retrete a un museo..) pero no fabricó. Y todo el mundo sabe que hizo arte. Nosotras no necesitamos confeccionar un objeto, porque sabemos que lo realmente valioso no es de piedra, ni de cemento, ni de barro ni de cristal. Sino que está hecho de piel y sangre, con un corazón que late como un caballo desbocado. Y sabemos colocarlo en nuestro pecho, y olerlo y devorarlo con la mirada. Justo así, como ellos necesitan. Por eso no somos conscientes de que somos creadoras, porque estamos entregadas a nuestra obra, a la pieza de arte que nadie valora más que nosotras.



Creamos y no creemos en nosotras. Porque creer ya lo hacemos en los demás, creemos en nuestros hijos, en nuestras parejas, en nuestras amigas. Creemos en la familia, en la amistad, y en la humanidad entera. Y esto último es algo que hace mucha falta...
Susurra el viento que a lo largo de los tiempos las mujeres en la maternidad siempre han estrechado uniones fuertes y sinceras. Desde tiempos inmemoriales hemos creado redes de mujeres madres que se apoyan unas a otras, se sostienen, se amparan, se ofrecen experiencia y cobijo.
Y eso dicen también Jorge Barudi y Maryorie Dantagnan en su libro “Los buenos tratos a la infancia”. Que nuestro cuerpo y nuestra mente (maravillosas hormonas femeninas) están hechos para crear lazos, asociación, relaciones de amparo y sostén con otras mujeres. Y que somos capaces de crear todo esto, de generar amor y amparar a otras para que generen amor en situaciones extremas, de guerra y violencia. Creamos mundos maravillosos para que nuestros hijos sólo perciban amor dónde hay crueldad y horror. Y eso es crear entonando un canto a la vida. El hilo de nuestra voz puérpera teje un nido caliente allá donde la ternura se ha escapado por la puerta de atrás.
Creamos luz en la sombra… y aún no nos lo creemos.
Desciendo con mi avioneta lentamente, debo aterrizar de vuelta en mi nido, antes de que la primera luz del amanecer aparezca.
Ya de vuelta, admiro todo lo que me rodea, me empapo de ello…
Que maravilla de creación… seguro que el mundo lo creó una diosa y no un dios como nos han contado, y esa diosa era madre y derrochó todo su amor al crear.

Felices sueños…
…desde donde nacen los vientos…



Por si queréis seguir creando a la luz de otras mujeres:
Una película: “El jardinero fiel” de Fernando Meirelles
Un libro: “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estes
Una canción: “La Valse d´Amélie” de la banda sonora de Amélie de Yann Tierse




Imagen destacada: Un estudio de Leonardo para la "Virgen de las rocas"
Fotografías: El cielo por el tejado