Estoy enamorada, pero completamente enamorada de la idea de poder ofrecer otra educación diferente a la que yo recibí de pequeña. Pero no va a ser diferente por ser escuela libre, no va a ser diferente por la atención y la escucha que va a disfrutar, por la libertad con la que se va a poder mover en las horas que no estoy con él. No. Estoy completamente enamorada de la idea de criar y educar a mi hijo en la cultura de la participación, de la implicación, de seguir las creencias que te nacen de dentro, de mirar en la dirección que te parece más coherente, de tirarte a la piscina, saltar al vacío y abrir los ojos y encontrarte rodeada de gente que trabaja en cambiar el rumbo. Eso es cultura.
No soy perfecta, hijo, no puedo ofrecerte una completa seguridad personal, una higiene psicológica completa, una vida perfectamente estructurada. No soy esa madre que al principio de tenerte entre mis brazos aspiré a ser. Pero soy yo, con esta decisión soy yo, y puedo ofrecerte una vida de verdad. No una vida de mentira en la que no creería. Con esta decisión, con este salto al vacío, con esta forma de complicarnos la vida de una forma tan bonita, me voy a hacer más yo todavía. Y ese, cariño, será tu regalo para toda la vida. Poder ser lo que necesito ser y escucharme por dentro. Y tal vez, aunque no soy perfecta, llegue un día en que tu te escuches por dentro y quieras ser lo que necesites ser en cada momento.
Tal vez nos equivoquemos, tal vez no sepamos bailar aunque te oigamos cantar, pero todo lo que somos, lo que soy te lo habré ofrecido. Viviendo la vida como casi hubiera querido. Sin grandes logros, con cobardías que rugen por dentro. Pero amándote lento, como yo lo intento conmigo misma, con mi corazón de tortuga. Ofrecerte lo bello, sin ser perfecto.
No sé a dónde nos llevará esto, una escuela que respira vida en movimiento. Que te acoge con silencio, con orejas que se agrandan, con mayores que se empequeñecen. No sé a dónde nos llevará esto, pero el silencio construye y deja oir lo que la vida te tenga que decir, y ese será un gran tesoro para ser feliz.
Espero que algún día sepa porqué hice esto, porqué nos metimos hasta el fondo de algo que se mueve en silencio. Una escuela en movimiento, a ritmo de pasos pausados y gestos. Como el cuadro de El descendimiento, esa danza silenciosa de trajes y marcos dorados. Van der Weyden te adivinó el ritmo, así, tan lento, de suspender la vida y sostenerla sin vacilar ni un momento.
Todavía está todo muy lejano, los proyectos se juntan y se organizan, desaparecen y aparecen otros nuevos. Todavía está todo muy difuso. Pero hay algo que se acerca. Irremediablemente.
Estoy enamorada, completamente enamorada de vivir queriendo amar esta locura de mundo, y cada vez que decido que me embarco en un proyecto pienso que tu verás en mi lo que es vivir amando. Colaborando, cooperando. Haciendo que todo este mundo sea poco a poco, la flor que respira aire puro, que se siente amada aún lejos de su principito.
Somos mujeres creadoras: criamos, amamos... Hacemos la revolución de transformar con nuestra mirada, de dejarnos llevar por los instintos, de pensar el mundo como realmente lo parimos: justo, hermoso, sensible... En este cielo nos enredaremos juntas, para expresar la vida que nos empapa los párpados, para criar bajo otra luz. Vamos a empezar a crear otro mundo posible. Vamos a construir el cielo empezando por el tejado...
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jueves, 9 de octubre de 2014
miércoles, 30 de abril de 2014
El mundo en tus manos
Mucho
se ha escrito sobre el arte como juego, hay autores que subrayan que el arte es
un dispositivo a merced de lo que no es útil, de lo inservible para lo práctico
y lo utilísimo para la cultura, el pensamiento, y en definitiva para el desarrollo
del ser humano.
Cuando te veo
tumbado en el suelo, agrupando piezas por colores y levantando torres
impensables que más tarde tú mismo vas a derribar gozoso... me deleito en pensar que estás empoderado
con el mundo en tus manos. Cada torre levantada, cada torre aniquilada. Sin
más intención que disfrutar de su invención y su derrumbe. Eso es jugar. Eso es tener todo el poder del mundo en tus manos.
Mucho
se ha escrito y hablado sobre el juego infantil, sobre sus beneficios, sus
virtudes, el desarrollo de la capacidad de aprendizaje...
Mucho
se ha escrito y hablado sobre el arte. Su importancia en la sociedad, su
relevancia para el desarrollo de la cultura...
Pero
poco o nada es, en realidad, la conciliación que ofrece nuestra sociedad para
con el juego. Jornadas escolares agotadoras, horarios parentales insostenibles
para el normal funcionamiento de una familia, pocos momentos de paz para
entregarse al juego durante horas. Para olvidarse, para ensimismarse.
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| Foto: El cielo por el tejado |
El
juego y el arte requieren de algo fundamental: El ensimismamiento, disfrutar
del aquí y ahora como si nada más ocurriese. Pero sí ocurre, porque tanto el
juego como el arte vuelcan tras de sí todo un mundo interior entretejido por la
experiencia, por las vivencias, por lo cotidiano y por lo universal a la vez.
Pero
poco o nada es lo que se prioriza hoy día el arte, la creatividad y el
desarrollo de nuestra capacidad de entusiasmarnos y ensimismarnos. El arte de
crecer guiándote por tu propio motor generador de momentos absolutos. Dónde
todo puede ser porque precisamente tu en ese momento ERES, y nada más.
En
los espacios dedicados al niñ@ para enseñarles lo que deben ser, es decir los
colegios, se les priva cada vez más de las áreas más humanas, más innatas, más
intuitivas: la música, el arte, la plástica, las creatividades, las
manualidades, los talleres… El mundo de los sentidos, lo abstracto y lo
conceptual relegado al final de la fila, el mundo del pensamiento crítico
expulsado por mal comportamiento, el mundo de la identidad propia, la autoría,
la iniciativa queda castigado. El descubrimiento de lo colectivo desde el
placer de la participación espontánea no tiene cabida en este colegio que se
está formando hoy día y que está conformando a nuestr@s niñ@s.
En
los espacios dedicados al arte para que sea mostrado ante todo el mundo, es
decir los museos y centros de arte, existe poco o ningún espacio para la
reflexión, para el conocimiento, para el acercamiento. Por eso el circuito
comercial del arte cada vez está más alejado de lo humano y más cerca de lo
económico, de lo que no es inherente a él. A pesar de que much@s de l@s
artistas contemporáneos se muevan en otro sentido, los espacios dónde se
muestran están muertos, helados, enmohecidos.
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| Foto: El cielo por el tejado |
No es
casualidad que el frío del alejamiento haga estragos en las relaciones entre el
nosotr@s y nuestro ser creativo. Si nos olvidamos de jugar nos olvidamos del
respeto por lo más profundo de nuestr@s niñ@s. Y faltaremos a la verdad de
nosotr@s mism@s más adelante como adult@s cuando, estando ante un momento que
requiera creatividad, ensimismamiento o entusiasmo no sepamos detenernos,
contemplar y más tarde mostrar una respuesta propia, auténtica y con criterios.
Cada vez que te veo jugar pienso que todo lo puedes en ese
momento. Cuanto más te observo deleitarte en tus juegos más claro lo tengo: muchos
pensarían que tienes demasiado poder en tus manos.
Cada torre caida, cada palo en el barro, es un movimiento
revolucionario...
Parece que jugar y crear es
algo peligroso, porque permite pensar y tener autoría, parece que la única
salida es arrinconar estos verbos y hacernos a todos cada vez menos personas,
menos sensibles, menos creativos. Y en especial a los niñ@s. Porque debe de ser
peligroso. Por eso no se fomenta jugar, no se alienta al arte ni al juego, sería poner demasiado poder en las manos de
otros.
Para reivindicar tu poder:
Para navegar:
Hay más opciones… la educación en movimiento:
sábado, 15 de febrero de 2014
Una ciudad de Patchwork
Son las 22,30h. La noche está fría, a mi
pajarillo dormido le recojo sus pies debajo de las mantas. No vaya a
coger frío que la noche está muy blanca…
Sospecho que el invierno viene frío. Sopesé comprarme un abrigo, de lana y pelos que cosquillean la nariz. Pero... sólo me abrigaría a mi. Ni los bancos del parque, ni la cola del INEM, ni el perro de la señora Angelita, ni la parada del bus, ni la trenza de mi vecinita de enfrente podrían cobijarse allí.
Oh... Sospecho que hace mucho frío en todas partes. Debajo del barrio y encima del cielo, allá donde se ve todo con más acierto. Así que pensé que tendría que buscar algo que siendo largo fuese asequible, siendo alto fuese sencillo, siendo cálido tuviera huecos por dónde respirar.
Y no encontré nada. Nada más que muchas telas distintas que no sabía dónde colocar. No sabía dónde mezclar. No sabía por dónde clavar la aguja para empezar a coser. A hilar.
Y entonces, cuando supe que tenía mil pedazos que volaban por toda la ciudad, que tendría que recorrer largas distancias con mis pies diminutos, de la mano de un pequeño de tres años, agachándome en cada trozo de vida que recorría... entonces decidí dejarme arropar. Ya está, pensé, el frio llegará.
Y así fue cómo ella me encontró a mi, una colcha de Patchwork tejida para todas. Y me dejé unir, mezclar, asociar.
Coserme en esta almazuela de fragmentos de tela, que abriga las tardes en vela, las noches de piénsame dentro, los días en blanco con un bebé en brazos.
Era grande, suave, cálida, hecha con hechos, con pasos pequeños, con sonrisas tímidas y abrazos tiernos. Con olor a leche, a mochilas y a deseos. De vivir como un todo entero, cada una, en su pequeño cielo. Una manta de Patchwork que arropa pasos inciertos, alegrías y penas que tienen nombre, apellido y documento. Aliviando la carga, animando al camino, haciendo de la ciudad un lugar que sea eso, un lugar para el encuentro.
Viviana escucha atenta. Encierra en todo lo que no dice varios años de traslados. De un país a otro, de una casa a otra. Pariendo a sus hijos en el tránsito, en la búsqueda de un lugar. Un lugar para hacer, para construir. Quizás no sueña un hogar. Quizás porque ya lo tiene, lo sabe hacer con el pan, con amor y una cuerda y una caja.
Viviana sabe construir, tejer una red que nace de su útero y se
extiende haciendo tejido, regalando a los demás, enganchando a la
alegría de hacer juntas el camino.
Anielka es madre porque así lo quiso.
Sola. Anielka dice que siempre fue muy familiar. Allá dejó a su hermana
que se quiere casar, y a su padre, ya viudo que le cuida un familiar.
Quiere buscar un trabajo, pero necesita mejorar su idioma. Y homologar
su título. Anielka ha encontrado el amor. Espera todo el día a
que sea de noche, para encontrarse, para enredarse. Con ese amor que le
procura sueños. Que le regala abrazos que llenan agujeros. Que duelen pero no tiene tiempo de verlos. Con su bebé creciendo, que empieza a hablar, que la quiere enamorar.
Maribel se separó. Su melena medio gris medio salvaje le cae sobre los hombros. Tiene la sonrisa de la libertad. La que exige esfuerzo y mirarse dentro sin perder de vista a los demás. A veces me cuenta que cuando la visita su hija prepara un té caliente y unas pastas de cariño, pero no quiere oír hablar de volver otra vez. Que no va a recorrer el mismo camino gastado, transitado, agotado. Y debe decírselo con cuidado, delicadamente para no romper el frágil cristal del corazón de los hijos, que está atado a los padres en un punto fijo. De soldadura de plomo.
Sospecho que el invierno viene frio.
Levantaré una esquina de la colcha de almazuela y meteré debajo tantas caricias que se quedaron por el camino, camino de los vientres de mujeres que acogen, camino del invierno.
Haré un hueco grande, que suspire si hace falta.
Haré un hueco gratis, para que nadie quede fuera.
Y lo forraré de piel de camello y de alpaca. Con olor a incienso de otras tierras.
Enamoradas, de la vida que generan.
Al calor de la lana tupida se puede encontrar un montón de rostros y experiencias para tejer juntas:
Para tejer navegando: webs para crear redes, en FEDALMA encontraréis asociaciones de apoyo a la lactancia en cada ciudad, ofrecen grupos que son también espacios para compartir la crianza…
Y si pinchas aquí hay unas cuantas redes de madres más…
Para disfrutar de lugares comunes, para sentirse como en casa:
La música: “Hechos de gente” de Pedro Guerra. Otras vidas, otra gente tan diferente entre sí, que animan al futuro, que forman un crisol.
La lectura: Obstare Es una editorial dedicada a la maternidad, puedes escoger entre un amplio abanico el libro que más te convenga.
El cine: “Luna de Avellaneda” de Juan José Campanella, como tejer en colectivo, desde las vivencias de un barrio...
Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado
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| Ilustración: El cielo por el tejado |
Sospecho que el invierno viene frío. Sopesé comprarme un abrigo, de lana y pelos que cosquillean la nariz. Pero... sólo me abrigaría a mi. Ni los bancos del parque, ni la cola del INEM, ni el perro de la señora Angelita, ni la parada del bus, ni la trenza de mi vecinita de enfrente podrían cobijarse allí.
Oh... Sospecho que hace mucho frío en todas partes. Debajo del barrio y encima del cielo, allá donde se ve todo con más acierto. Así que pensé que tendría que buscar algo que siendo largo fuese asequible, siendo alto fuese sencillo, siendo cálido tuviera huecos por dónde respirar.
Y no encontré nada. Nada más que muchas telas distintas que no sabía dónde colocar. No sabía dónde mezclar. No sabía por dónde clavar la aguja para empezar a coser. A hilar.
Y entonces, cuando supe que tenía mil pedazos que volaban por toda la ciudad, que tendría que recorrer largas distancias con mis pies diminutos, de la mano de un pequeño de tres años, agachándome en cada trozo de vida que recorría... entonces decidí dejarme arropar. Ya está, pensé, el frio llegará.
Coserme en esta almazuela de fragmentos de tela, que abriga las tardes en vela, las noches de piénsame dentro, los días en blanco con un bebé en brazos.
Era grande, suave, cálida, hecha con hechos, con pasos pequeños, con sonrisas tímidas y abrazos tiernos. Con olor a leche, a mochilas y a deseos. De vivir como un todo entero, cada una, en su pequeño cielo. Una manta de Patchwork que arropa pasos inciertos, alegrías y penas que tienen nombre, apellido y documento. Aliviando la carga, animando al camino, haciendo de la ciudad un lugar que sea eso, un lugar para el encuentro.
…
Un cálido crisol de vidas que nos de abrigo.
Donde no haga falta que cada palo aguante su vela. Sino que todas las velas se sostienen al calor de una colcha hecha de partes que se juntan. Que anuda, que socorre.
Una manta que está hecha de besos que no se dan, porque madrugan.
Porque están cansados. Porque no han venido a cenar.
Un Patchwork tejido con cuidado, una a una, mujer a mujer.
En esta ciudad de los fragmentos.
De las partes que te envuelven para decir que el colectivo te arropa.
Que te puede dar calor si te unes a su urdimbre.
Maribel se separó. Su melena medio gris medio salvaje le cae sobre los hombros. Tiene la sonrisa de la libertad. La que exige esfuerzo y mirarse dentro sin perder de vista a los demás. A veces me cuenta que cuando la visita su hija prepara un té caliente y unas pastas de cariño, pero no quiere oír hablar de volver otra vez. Que no va a recorrer el mismo camino gastado, transitado, agotado. Y debe decírselo con cuidado, delicadamente para no romper el frágil cristal del corazón de los hijos, que está atado a los padres en un punto fijo. De soldadura de plomo.
Una almazuela hecha de olor a mandarina,
de palos guardados en la mochila,
de piedras que inundan los bolsillos.
De ganas de llegar al abrigo de otra historia.
Para hacerla juntas, viendo crecer a nuestr@s hij@s
Sospecho que el invierno viene frio.
Levantaré una esquina de la colcha de almazuela y meteré debajo tantas caricias que se quedaron por el camino, camino de los vientres de mujeres que acogen, camino del invierno.
Haré un hueco grande, que suspire si hace falta.
Haré un hueco gratis, para que nadie quede fuera.
Y lo forraré de piel de camello y de alpaca. Con olor a incienso de otras tierras.
Enamoradas, de la vida que generan.
Acalorada, con las mejillas coloradas, busco debajo de la manta.
Y veo unos pies que no son los míos.
Unas manos que aguantan el otro extremo.
Y alivian mi esfuerzo. Pieza a pieza formando un todo de piel y de versos.
Buenas noches a todas…
…desde mi tejado tejido con decenas de fragmentos…
Al calor de la lana tupida se puede encontrar un montón de rostros y experiencias para tejer juntas:
Para tejer navegando: webs para crear redes, en FEDALMA encontraréis asociaciones de apoyo a la lactancia en cada ciudad, ofrecen grupos que son también espacios para compartir la crianza…
Y si pinchas aquí hay unas cuantas redes de madres más…
Para disfrutar de lugares comunes, para sentirse como en casa:
La música: “Hechos de gente” de Pedro Guerra. Otras vidas, otra gente tan diferente entre sí, que animan al futuro, que forman un crisol.
La lectura: Obstare Es una editorial dedicada a la maternidad, puedes escoger entre un amplio abanico el libro que más te convenga.
El cine: “Luna de Avellaneda” de Juan José Campanella, como tejer en colectivo, desde las vivencias de un barrio...
Ilustración destacada: El cielo por el tejado
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lunes, 10 de febrero de 2014
El rumbo del caos de las cosas
(Modernidad líquida I)
Me molestan las cosas que hay entre tú y yo.
Me molestan, mi niño, me molesta el caos de las cosas.
Los regalos (porque no sé hacerlo, el quererte mejor), los objetos para cubrir los huecos. Las cosas para decir te quiero que son en el fondo "lo siento". Siento no estar siempre presente, siento no ser siempre yo, siento la falta de conexión.
Y lo sé porque siento
que me pierdo algo.
Me molestan las cosas,
me arañan los labios y no sé decirte sin dolor lo que tienes que oír. Que estoy
aquí.
Sentir. Que estoy ahí.
En el caos de las cosas, que exceden, sobrepasan,
cómo aprender a querer
si no encuentra el amor un hueco.
¿Dónde crecer y expandirse? como una levadura, como una masa sobre el mármol frío.
¿Dónde crecer y expandirse? como una levadura, como una masa sobre el mármol frío.
En el caos de las
cosas se pierden palabras, y versos y besos. Se pierden las ganas de querer al
otro.
Porque el saber no
ocupa lugar. Pero las cosas si. Espacios enteros a reventar de caos, de
desidia, de conformidad porque lo tienes todo y no tienes lo que necesitas.
Es el rumbo del caos
de las cosas.
Que nos regala en el
trajín de lazos de raso y cintas de color de rosa la ansiedad de no estar nunca
contentos. De no saber qué cosa... qué cosa...
¿Me lo envuelve
por favor?
"En un mundo en el que las cosas deliberadamente inestables son la materia prima
para la construcción de identidades necesariamente inestables,
hay que estar en alerta constantes"Zygmunt Bauman "Modernidad líquida"
En tantas cosas
apretadas contra mi no cabe la luz. Para verte mejor.
No entra la mano. Para
tocarte mejor.
No cuela el sonido.
Para escucharte mejor.
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| Ilustración: "Monstruos devoracosas", de El cielo por el tejado |
Dice Zigmund Bauman en su libro "Modernidad líquida" que tenemos relaciones consumistas. Y yo me pregunto, si consumimos parejas ¿también consumimos hijos? y amigos, y madres, y hermanos... Dice que sólo perseguimos relaciones con satisfacción mutua constante. Como un contrato de compraventa, dónde todo debe estar conforme, de pago y recibo. Ese es el rumbo dónde nos hemos metido, en el caos de las cosas que gira constante. Fluido, en movimiento.
"Cuando un presentimiento no crea razón, sólo infunde terror"
Luis Eduardo Aute, "Siento que te estoy perdiendo".
Luis Eduardo Aute, "Siento que te estoy perdiendo".
Cómo quedar limpios
del código de barras que te ata a una identidad eternamente perseguida, por
imposible, porque no es tuya. Porque nunca lo será. Porque así fue pensada.
Como la moda. En un cuerpo que no es el tuyo, siempre fuera de ti. Siempre
deseando más. Siempre lo ajeno, lo que no eres tú. Y disfrazar tu identidad de
eso que ves y te lo quieres creer. Pero no eres tú, aunque lo quieras ser.
"La tendencia a
representar la adicción a comprar (...) como un producto de la
"conspiración comercial"
sólo dan cuenta de una parte de la verdad. La otra parte (...)
es una encarnizada lucha contra la aguda y angustiosa incertidumbre
y contra el embrutecedor sentimiento de inseguridad."
Zygmunt Bauman "Modernidad líquida"
sólo dan cuenta de una parte de la verdad. La otra parte (...)
es una encarnizada lucha contra la aguda y angustiosa incertidumbre
y contra el embrutecedor sentimiento de inseguridad."
Zygmunt Bauman "Modernidad líquida"
Me molestan las cosas,
mi niño, que hay entre tú y yo.
Y quiero pensar que en
tu mundo, el que hay, el que habrá, tendrás que manejar el combate de no
poseerte a ti mismo, sino de SER sin tener tanto. Para abrir tu envase, para no
plastificarte. Para darte, para volarte alto. Porque podrás ser tú mismo,
seguro, sin incertidumbres. Tomando el rumbo en la dirección que tú marques,
junto con otros.
Este es el rumbo del
caos de las cosas. Que sobrevuelan nuestros anhelos, nuestros deseos, nuestras
pobrezas.
Si somos líquidos, nuestros vasos están que rebosan. Y no cabe más
Si somos líquidos, nuestros vasos están que rebosan. Y no cabe más
Me molestan tanto las
cosas, que pierdo mi rumbo. Dentro del caos, de este líquido caos de las cosas.
Buenas noches a todas…
…navegando a contracorriente en el mar del caos
de todas las cosas…
Para hacerte un hueco entre tantas cosas quizás te pueda servir...
Un libro:"Modernidad Líquida" editado por Fondo de Cultura Económica de España, 2002
...y su autor: Zygmunt Bauman
Un libro:"Modernidad Líquida" editado por Fondo de Cultura Económica de España, 2002
...y su autor: Zygmunt Bauman
Una obra visual: de Andy Warhol, Campbell's Soup Cans
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado
viernes, 7 de febrero de 2014
Vivir es probar infinitas veces I (en colectivo)
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| Ilustración: El cielo por el tejado |
Dice un muro blanco, que hay junto a una playa que vivir es probar infinitas veces.
Necesito escuchar lo que ese muro de esa playa me tiene que decir.
Vivir es probar infinitas veces… Logro escuchar desde lo alto, arriba de la playa vacía y oscura.
A media voz hago un recuento… Cuántas veces he probado en mi vida… No son muchas, tal vez siete o quince… o veintidós más que olvidé.
Porque probar es apostar. Y apostando nos dejamos la piel. Y hacer eso infinitas veces tiene sus riesgos. Y debemos olvidar la cuenta de las veces que lo hicimos… ¡para no perder la cordura!
A ver… probaré otra vez… Infinitas veces llena de arena del parque, de llamadas de teléfono, de quedar a deshoras en la asociación, de pagar las facturas, de mirar el reloj, de salir a la calle, de manifestación, de sacar la basura, de besar tu rostro impasible, de beber contigo las ganas de reír jugando, de apuntar el médico, de detener tu reloj, de colar por la cerradura algo más que la llave que abre las ganas de que estés ahí…
Parece que esto si...Voy a volver a probar…
Vivir puede llegar a ser probar infinitas veces si soy capaz de darme y no pedir nada a cambio. Porque tendré suficiente con lo que soy, no necesitaré nada más. Ni capitalismo emocional, ni borrachera sentimental. Ni atracos a los bancos de cariño. Ni listas del ASNEF de melancólicos.
Naufragaré para poder probar… Y probaré otra vez. Y pondré toda mi ropa a secar sobre la roca de un grupo de mujeres que se apoyan y se unen. Que forman red para tejer. Para no juzgarse, para ayudarse, para no rendirse, para alimentarse. Para poder probar a ser lo que quieran ser.
Probar infinitas veces a reinventarse. Para que nadie les diga quien deben ser. Ni la tele, ni la moda, ni el estado, ni el colegio, ni el trabajo, ni las leyes, ni su jefe, ni su marido, ni la vecina, ni dios, ni los de abajo, ni si quiera ellas mismas. Porque nadie DEBE ser. Hay que SER porque se QUIERE y porque se puede. Y si se puede es porque peleas que te dejen SER.
Y eso es vivir probando infinitas veces. Hasta reventar de amor. De seguridad y contención.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.A. Goytisolo
Zozobraremos juntos. A ver si sabemos vivir. Sin derrochar. Lo que es de todos, el bienestar social.
Y volveremos a naufragar. Con el planeta a cuestas, aturdido. Sin señales de vida en el Amazonas. Pero con gente a bordo que puede salvar la vida. La de todos, la del planeta. Si se despierta, si reacciona, si se levanta, si coge el bote salvavidas y remolca las ganas de comerse el mundo.
Comprometida. Como una adolescente alocada se compromete con la vida. Como una asamblea del 15M después de las elecciones... Así probaremos a vivir después de hundirse el barco.
Probaremos infinitas veces… para vivir. Para vivir probando.
Para tener infinitas oportunidades de vivir.
Sin arrodillarse, suplicando, sin esconderse, necesitando, sin oraciones, atestiguando, sin idolatrar, devotamente, sin pasar de nada… Viviendo, equivocándonos…
Probando y comprobando que nos queda mucha piel para dejarnos… y celebrarlo…
Hay que olvidar los números para no contar, y probar y probar,
hasta que todos sepamos que estamos listos para vivir.
Y no nos importará naufragar, porque tenemos infinitas formas de volverlo a intentar.
"Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino."A. Goytisolo
Felices sueños a todas…
…sobrevolando este muro que dice: prueba de nuevo a vivir…
…sobrevolando este muro que dice: prueba de nuevo a vivir…
Para leer tres veces en la vida (de joven, de adulta y de anciana): “Crónicas marcianas” de Ray Bradbury. De cómo colonizar un planeta una y cien veces… habla de la guerra, de la violencia, el racismo, la intolerancia, el miedo al diferente, desde una sensibilidad muy poética en un libro de ciencia ficción que no lo parece…
Cine para ver cada vez que necesites resistir: “Kamchatka” de Marcelo Piñeyro. Una película de pérdidas, una tras otra, la libertad, la infancia, el padre... pero lo que no se pierde jamás es la oportunidad de resistir, de probar infinitas veces mientras tengas vida. Para verla online aquí.
Poesía para continuar infinitas veces en la vida: Palabras para Julia de Agustín Goytisolo.
La música de Madredeus y su letra:
Puerto refugio tranquilo
De un futuro mejor
Quizás perdido
En el temor presente
No tiene mucho sentido
no esperar lo mejor
Viene de la niebla saliendo
la promesa anterior
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Sí, canto un empeño
Canto a tu despertar
Y abrazando la nostalgia
Canto al tiempo por pasar
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Cuando vi el mar a lo lejos
Sin querer, me dejé allí quedar.
De un futuro mejor
Quizás perdido
En el temor presente
No tiene mucho sentido
no esperar lo mejor
Viene de la niebla saliendo
la promesa anterior
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Sí, canto un empeño
Canto a tu despertar
Y abrazando la nostalgia
Canto al tiempo por pasar
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Cuando vi el mar a lo lejos
Sin querer, me dejé allí quedar.
Ilustración destacada: El cielo por el tejado
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domingo, 2 de febrero de 2014
Manifiesto I (con notas al margen y páginas en blanco)
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| Ilustración: El cielo por el tejado |
Con un beso ligero sobre sus rizos dormidos, me he despedido de él hasta mañana. Son las 22,40h. Los pinceles me esperan, la tinta en su bote encierra todo lo que me queda por decir. Pero sólo tendré tiempo de hacer algunos trazos, antes de dedicar toda la noche a volar. Y a imaginar...
"...Quien fuera tu trovador", escucho cantar a Silvio Rodriguez...
Definitivamente necesito un manifiesto. Me gustaría que fuese algo sencillo, pero no sé si podrá ser. Necesito un manifiesto que organice todo lo que se acumula en mi. Las ideas que me bullen saturan de color mi percepción de la realidad. Y hay que dar rienda suelta. Que no es cuestión de estar todo el tiempo a oscuras. Hay que dejar brotar. Los campos y las macetas de las terrazas en las grandes ciudades nos lo agradecerán. Pero sobretodo la salud del ideario colectivo. Eso que no sé si existe, pero que si no es así tendré que inaugurarlo, bautizarlo y botarlo. Dejar que flote un nuevo barco en los mares de locura.
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| Fotografía: El cielo por el tejado |
Manifiesto tuvo Tristan Tzara, y los Dadá a través de él. Y no recuerdo que dijera nada más importante que lo poco que importaba su propio nombre: Dadá (que no se sabe de dónde sale). Lo que importaba era lo que hacían como Dadás... las tertulias en los cafés, las provocaciones. Hacer en sí. Aunque no hicieran arte, arte del que se esperaba sino del inesperado: desmontaban arte y sociedad colocando una tuerca sobre un lienzo. Y… ¡Fuego!
Manifiestos hubo muchos. Futuristas, expresionistas, y unos cuantos ismos más todos ellos empeñados en decir todo lo que pensaban, lo que eran…
Así que será una ardua tarea. Pero necesito un manifiesto para seguir haciendo. O para seguir diciendo. Para seguir dibujando el rostro que me acompaña cuando me acuesto.
“Preparo los motores, caliento una infusión.
Todo está en calma. Esta noche imaginaré hasta caer rendida…”
Decir algo que me represente en este mundo saturado de imágenes y de palabras. Dibujar un contenido que se salga del papel, que no esté establecido. Algo que organice la impresión de que todo a mi alrededor va en sentido contrario. Como un reloj desorientado.
Necesito un rincón de la taberna dónde anotar todo lo que no entiendo de este mundo de prisas y horarios. De tecnología punta. De teles y radios. De pantallas en el metro. De soledades empaquetadas en bolsas de papel cuché. De desdichas aireadas con aroma a pachulí. De noticias con olor a producto barato, precintadas con plástico. Importadas de china o de Japón, que sé yo. No entiendo a este mundo de adoración a los astros del subsuelo, de respeto y "no tocar" a dirigentes sin cerebro, de rincones sin barrer y alfombras que todo lo esconden menos la desdicha cotidiana del que no tiene para acabar el mes o por no tener no tiene ni sueldo ni componiendo.
“Mientras escribo termino la infusión templada, abrazada con mis manos.
Rodeada de papeles por la mesa que se amontonan para ser leídos.
¿Dónde estaban mis cuadernos? Anoté algo en ellos que ahora necesito…”
Yo declaro que no escribo, yo dibujo lo que veo con palabras entintadas. Soy constructora con cemento tipográfico de imágenes que circulan por mis dedos. Soy fotógrafa del vodevil de mi propio imaginario. Artesana de las letras que forman mi propio alfabeto (que no empieza por la a, sino por la palabra nacimiento).
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| Ilustración: El cielo por el tejado |
Necesito declarar que me pueden las ganas de beberme la vida, aunque me emborrache perdida. Aunque me pierdan las ganas… que ya encontraré yo mi propia salida.
Defenderé la postura de llenar la calle de arte, pero no del que cotiza en bolsa, ni el que se vende en el MOMA (museo de arte moderno de Nueva York que dice lo que es arte y cuanto cuesta, que lo mismo da…), si no del que se hace con la mano extendida y el cabello despeinado. O con media libreta y ganas de jugar un rato.“Cindy Sherman, la fotógrafa, pensó tantas veces en su identidad que se disfrazó/transformó en sus imágenes mil y una vez. En éstas fue prostituta, pin-up, modelo de revista, dama decrépita de la alta sociedad… Y con todas estas búsquedas salió fortalecida.”
Reivindicaré mi derecho a vivir en un lugar embellecido. Dónde no haya despedidos del trabajo, si no bienvenidos a valerse por si mismos. Dónde el jardinero no firme 12 contratos al año, sino que con una palabra sepa que tiene toda la vida para cuidar de la rosa, del lirio y el madroño. Así los niños del barrio se aprenderán su nombre y le pedirán jugar con los montones de hojas todos los otoños…
Publicaré un manifiesto que deje claro que no me gusta el colegio, cualquier cosa que encierre o aísle no lo entiendo. Si lo que hay que aprender está en la calle y el campo, entre la gente y el mundo ¿porque verlo todo metidos dentro de un cuarto? entre cuatro paredes, sin poder salir más que un rato. Así los sentidos se atrofian y los libros cogen olor a amianto. Los libros y los niños necesitan el aire libre, para crecer, para regarse, para florecer en primavera. Ambos quieren encontrar quien los lea, quien los abra con cariño y los re-descubra con mano cierta.
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| Fotografía: El cielo por el tejado |
Haré de la diferencia las pastas de mi libro, para a-cogerla, acariciarla, y tomarla de la mano si hace falta. Que no tenga colores para no ofender a nadie. Que no hable en idiomas oficiales, si no en lengua de trapo de niña de tres años…
En mi manifiesto ofreceré páginas en blanco para que otros escriban. Las dejaré tendidas junto a la ropa colgada, en el tendedero del patio de luces. Para que llegue claridad a los cuartos oscuros, donde no llega palabra.
Manifestaré a quien me escuche que soy la misma en mis mil caras, que no me quedo parada, que lucho y busco mi propio hacer. Que pienso y me re-pienso las veces que haga falta.
Felices sueños a todas……planeando en libertad…
Si te quieres reafirmar te puede apetecer dar una vuelta por aquí:
Para mirar: Cindy Sherman (de las mil caras) habla de la necesidad de nombrarse a si mismas. Yo soy quien digo quien soy yo.
Para devorar, un cómic/libro y película: “Persépolis” de Marjane Satrapi, Ed. Norma, años después llevaron al cine este genial cómic en una película animada del mismo nombre: Persépolis se puede ver íntegra online aquí. La vida de Marjane es su propio manifiesto, y es la vida además de su país, Irán.
Para escuchar: Quien fuera de Silvio Rodriguez.
Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotografías e ilustración: El cielo por el tejado
domingo, 19 de enero de 2014
Una mirada que transforma... Miradas I
Son las
22,45h. Mi niño descansa en el nido. Las nubes son claras y dispersas.
Yo vuelo en mi bimotor, soñadora. Me asomo a ver el paisaje y veo el
mundo en perspectiva…
Este mundo patas arriba (que diría Eduardo Galeano) necesita otra mirada.
No creo que pida demasiado, ni creo que resulte muy descabellado. Eso
sí, soy radical pensando que es del todo imprescindible cambiar el modo
de mirar. La mirada revoluciona, sonroja, enamora, diluye el dolor,
observa, amenaza, interroga, acompaña, humilla, ama, te llena de
terror... Es tal poder el que tiene, que por fuerza quien la posee
es un ser empoderado. Y visto así no está mal, cualquiera podemos
serlo...
Este mundo patas abajo (esto ya lo digo yo) está repleto de mujeres con un bebé en brazos, mujeres puérperas, en tránsito: que caminan de un estado a otro, del líquido al gaseoso. Y este vaivén tan especial tiene una clara ventaja, necesita de unos ojos que sean capaces de ver lo que nadie más aprecia. Así
pueden transitar entre el cuerpo y el espíritu. Fluyen sin tropezar,
sin molestar, entre susurros de sábanas y olor a calostro...
Este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen (dejemos en paz a los locos que son mucho más coherentes) tiene un escuadrón de miradas poderosas apartadas, recluidas. A las mujeres puérperas no se las tiene en cuenta, se las tacha de depresivas, de inestables hormonales, se las guarda en cuarentena (por si nos contagian algo), se las da por imposibles... pero están ahí. Posibles. Con mirada dulce, soñadora, hambrienta y devoradora. Una mirada de cuidados, de atención a las estrellas, de mamífera depredadora. Todo lo pueden con su mirada.
Este mundo regido por hombres y algunas mujeres que los asemejan está demandando miradas. Cómo un niño que se estrena tirándose por el tobogán. Como un adolescente que no llega a la hora de la cena.
Este mundo reversible
necesita una mirada cargada de paciencia, envasada y en conserva si es
posible: ¡que no se eche a perder, con todo lo que cuesta hacerla!
Necesita una mirada rebelde, que responda, que conteste. Como lo hacen los jóvenes, así, sin pensarlo, sin medir, sin ocultarlo. Trasgrediendo, alentando.
Una
mirada que crea que la cultura es patrimonio de todos y para todos: de
las vecinas que cantan al barrer, de las blogueras que escriben a
placer, de los que paran el mundo en la manifestación, del que cuenta un
cuento a un niño y no espera nada a cambio…
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| Foto: El cielo por el tejado |
Una mirada que no anule, que no infantilice, sino que invite a participar ¡y a salir a pregonar! ¡Que vienen tiempos de cambio forzoso, que nuestra mirada es poderosa! Que anime a disfrutar de los vínculos ciudadanos, de las asociaciones vecinales, de las redes de mamás en marcha, de los colectivos que dan vida a los ideales, de los gritos y los cantos en las calles…
El
puerperio nos da poesía tras los párpados, nos humedece el globo
ocular, nos reconstituye la vista... para tener una mirada que derrita
la dureza que se forma en las entrañas.
La
maternidad recién estrenada nos da coherencia en cada batir de
pestañas, y ahí es donde nos damos cuenta de que el mundo tal y cómo es
choca con lo que debería ser. Nos plantea crisis, nos cuestiona, nos
hace crecer del revés: cada vez más pequeñitas, más como debiéramos ser.
El
mundo como es necesita una mirada crítica, que denuncie, que le de voz a
los silenciados, a los olvidados, a los que se perdieron más allá de si
mismos.
Una mirada que no esté anestesiada (del latín: sin-sentir),
dormida, insensible. Sino todo lo contrario: despierta, activa,
sensible. Para vibrar con el latir del mundo, con el crear de los niños,
con el rodar de lo maravilloso que puede aparecer por cualquier lado.
Unos ojos que lloren lo que no está escrito. Ni publicado. Ni promovido en televisión. Que parece que no existe nada que no vea su ojo todopoderoso, embriagado de luces y de poder.
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| Ilustración: El cielo por el tejado |
Ojos
empoderados de mujer que griten lo que la humanidad entera necesita:
justicia. Para los excluidos, para los empobrecidos, para los parados,
para los que viven en ese otro mundo (el tercero) que parece que no son
del nuestro.
Que ampare, que proteja y cuide a los niños abandonados a su suerte. A su mala suerte. De sus padres, sean los que sean. Del estado, sea cual sea.
Una mirada que haga visible lo invisible. Que la magia de los ojos de una mujer puérpera reconozca el valor de lo sensible, lo escondido en las válvulas del corazón. Que nos descubra lo palpitante y misterioso que hay en el mundo, así como lo hace una placenta que ve la luz.
Una mirada que condene la violencia hacia los niños, la bofetada, el insulto, el chantaje emocional, el abuso, el maltrato. El abandono de no ser mirados. Y
la violencia hacia las mujeres: la obstétrica, la publicitada, la
consentida culturalmente en todos los lugares, la que no se ve pero se
vive…
Una mirada que desnude y que interrogue…
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| Foto: El cielo por el tejado |
Una mirada en movimiento, que reúne, moviliza, se revuelve… En este mundo, yo sueño que tres mil millones de miradas apuntan al mismo sitio, en la misma dirección. Que no permitan, que no cedan. Miradas que disparen si hace falta, porque todo está permitido para que el amor circule, se instaure, restablezca el sentido. Porque no podemos quedarnos sentadas en medio de un campo de batalla, porque una bala nos alcanzará seguro.
Alcemos un castillo con las piezas de los Lego.
Forcemos un asedio a la mezquindad. Un asalto al abuso, al empujón, a
la violencia. Demos muerte al fracaso de los derechos humanos e icemos
la bandera de la solidaridad. Y hagamos todo eso mirando a nuestro alrededor con otros ojos.
En este sueño que no es mío. Que no es tuyo. Sino nuestro. Comparto una mirada hacia el futuro: Que tengamos paz para criar a los hijos, y que tengamos valor para luchar por ella, declarar la guerra con ejércitos de madres puérperas si hace falta. Con cañones que disparen leche. Con miradas que construyen desde lo más sensible, lo más pequeño, lo cotidiano. Con ojos que creen en otra forma de mirar al mañana. Poco a poco, una a una, en una red que crezca cada día y cada noche… Una red de miradas que dan la vida en este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen.
Felices sueños desde mi bimotor ……surcando suavemente el horizonte…
Por si os recorren por el cuerpo las ganas de mirar y no sabéis cómo quitároslas a mi me sirvió:
Dos libros: “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” de Eduardo Galeano y “No-Logo” de Naomi Klein
Dos películas: “La vida es un milagro” (2004) de Emir Kusturika (una mirada deliciosa a la vida) y "Las tortugas también vuelan" (2004) de Bahman Ghobadi (una mirada sensible a una realidad desgarradora)
Imagen destacada: El cielo por el tejado
Ilustración y fotografía: El cielo por el tejado
Ilustración y fotografía: El cielo por el tejado
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