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viernes, 30 de mayo de 2014

En la orilla

La niebla se enroscó en el cielo,
aprensiva.
¿Dónde está esa madre niña?
Cuando nació se soltó de la mano,
rompió el cordón
y desprendió la mirada.

Pendió,
como penden los hilos.

Esa mujer madre niña,
dormida en la orilla.
Que despierta pálida ante su cuerpo olvidado.
¿De quién es ese hijo que llora por dentro?

Cinco horas después fueron a buscarla,
¿dónde está la madre que duerme en la orilla?
que duerme en la orilla
y que canta al revés.
Como si cualquier cosa pudiera ser.

Ilustración: El cielo por el tejado

Despertó del sueño,
no lloró completa,
no formó su nube de polvo de estrellas.
Caminó dormida entre tanta arena, desierto que auyenta,
que vela, que oprime,
entre tanto vacío.

Recuerda.

¿Dónde está la madre niña debajo del cielo?
Dormidos los ojos,
con el útero errante,
la orilla vacía ¿quien llora a lo lejos?

No busques, no gimas.
Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.
No gimas ya madre niña
y busca a la madre que duerme,
que ofrece su pecho,
que canta y delira,
que arropa la orilla.

Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.

La vida.

jueves, 20 de febrero de 2014

Había una vez un acuario y un pez…



(Historias mínimas)

Había una vez una mujer con un bebé de cinco meses en brazos. Había una vez una mamá con un tesoro escondido tan al fondo del maletero que rara vez lo podía encontrar. Había una vez una necesidad tan grande que creció y creció y ocupó todos los cajones del dormitorio. Había una vez una sombra tan poco transitada que solía vagar sola por los pasillos escuchando el llanto del bebé. Había una vez tantos botones que abrochar que no se daba a basto más que para salir desnudo. Y poblar la calle de piel. Y forrar los parques de vello para que estén mullidos.

Había una vez una mujer que nunca supo porqué se llamaba así. Por qué tejía en silencio mientras susurraba "lo siento", por qué escarbaba en la memoria de los peces del acuario una respuesta que le dejase dormir.
Porqué, porqué.
Por qué tendrá que ser así.

Ilustración: El cielo por el tejado


Había una vez un bebé sin piel. Había una vez un bebé con cinco meses que bebía la esperanza de flotar en un líquido de besos. Había una vez un bebé que tomaba la conciencia de su madre y la mezclaba con especias de Turquía. Y removía y removía. Y volvía a remover, como un líquido exótico que nunca más volvería a ver.

Había una vez un bebé que ya no era un pez. Era un verbo pronunciado con acento, una sílaba silbante que susurraba a la madre: "Vuélvete aquí otra vez, vuélvete aquí otra vez... Mamá, vuélvete aquí a navegar del revés".


Y había una vez...
  



Para nadar en lo mínimo:

Una película: "Historias mínimas" de Carlos Sorín. A veces son pequeñas historias...

El puerperio es una historia de amor, para navegarla de cerca...


 Edith Piaf  "L´Hymne a L´amour"...
 ...¿tu crees en los que se aman?

sábado, 15 de febrero de 2014

Una ciudad de Patchwork

Son las 22,30h. La noche está fría, a mi pajarillo dormido le recojo sus pies debajo de las mantas. No vaya a coger frío que la noche está muy blanca…

Ilustración: El cielo por el tejado

Sospecho que el invierno viene frío. Sopesé comprarme un abrigo, de lana y pelos que cosquillean la nariz. Pero... sólo me abrigaría a mi. Ni los bancos del parque, ni la cola del INEM, ni el perro de la señora Angelita, ni la parada del bus, ni la trenza de mi vecinita de enfrente podrían cobijarse allí.

Oh... Sospecho que hace mucho frío en todas partes. Debajo del barrio y encima del cielo, allá donde se ve todo con más acierto. Así que pensé que tendría que buscar algo que siendo largo fuese asequible, siendo alto fuese sencillo, siendo cálido tuviera huecos por dónde respirar.
Y no encontré nada. Nada más que muchas telas distintas que no sabía dónde colocar. No sabía dónde mezclar. No sabía por dónde clavar la aguja para empezar a coser. A hilar.

Y entonces, cuando supe que tenía mil pedazos que volaban por toda la ciudad, que tendría que recorrer largas distancias con mis pies diminutos, de la mano de un pequeño de tres años, agachándome en cada trozo de vida que recorría... entonces decidí dejarme arropar. Ya está, pensé, el frio llegará.



Y así fue cómo ella me encontró a mi, una colcha de Patchwork tejida para todas. Y me dejé unir, mezclar, asociar.
Coserme en esta almazuela de fragmentos de tela, que abriga las tardes en vela, las noches de piénsame dentro, los días en blanco con un bebé en brazos.
Era grande, suave, cálida, hecha con hechos, con pasos pequeños, con sonrisas tímidas y abrazos tiernos. Con olor a leche, a mochilas y a deseos. De vivir como un todo entero, cada una, en su pequeño cielo. Una manta de Patchwork que arropa pasos inciertos, alegrías y penas que tienen nombre, apellido y documento. Aliviando la carga, animando al camino, haciendo de la ciudad un lugar que sea eso, un lugar para el encuentro.

Un cálido crisol de vidas que nos de abrigo.
Donde no haga falta que cada palo aguante su vela. Sino que todas las velas se sostienen al calor de una colcha hecha de partes que se juntan. Que anuda, que socorre.

Viviana escucha  atenta. Encierra en todo lo que no dice varios años de traslados. De un país a otro, de una casa a otra. Pariendo a sus hijos en el tránsito, en la búsqueda de un lugar. Un lugar para hacer, para construir. Quizás no sueña un hogar. Quizás porque ya lo tiene, lo sabe hacer con el pan, con amor y una cuerda y una caja. Viviana sabe construir, tejer una red que nace de su útero y se extiende haciendo tejido, regalando a los demás, enganchando a la alegría de hacer juntas el camino.




Una manta que está hecha de besos que no se dan, porque madrugan.
Porque están cansados. Porque no han venido a cenar.
 
Anielka es madre porque así lo quiso. Sola. Anielka dice que siempre fue muy familiar. Allá dejó a su hermana que se quiere casar, y a su padre, ya viudo que le cuida un familiar. Quiere buscar un trabajo, pero necesita mejorar su idioma. Y homologar su título. Anielka ha encontrado el amor. Espera todo el día a que sea de noche, para encontrarse, para enredarse. Con ese amor que le procura sueños. Que le regala abrazos que llenan agujeros. Que duelen pero no tiene tiempo de verlos. Con su bebé creciendo, que empieza a hablar, que la quiere enamorar.


Un Patchwork tejido con cuidado, una a una, mujer a mujer.
En esta ciudad de los fragmentos.

De las partes que te envuelven para decir que el colectivo te arropa.
Que te puede dar calor si te unes a su urdimbre.


Maribel se separó. Su melena medio gris medio salvaje le cae sobre los hombros. Tiene la sonrisa de la libertad. La que exige esfuerzo y mirarse dentro sin perder de vista a los demás. A veces me cuenta que cuando la visita su hija prepara un té caliente y unas pastas de cariño, pero no quiere oír hablar de volver otra vez. Que no va a recorrer el mismo camino gastado, transitado, agotado. Y debe decírselo con cuidado, delicadamente para no romper el frágil cristal del corazón de los hijos, que está atado a los padres en un punto fijo. De soldadura de plomo.

Una almazuela hecha de olor a mandarina,
de palos guardados en la mochila,
de piedras que inundan los bolsillos.
De ganas de llegar al abrigo de otra historia.
Para hacerla juntas, viendo crecer a nuestr@s hij@s




Sospecho que el invierno viene frio.
Levantaré una esquina de la colcha de almazuela y meteré debajo tantas caricias que se quedaron por el camino, camino de los vientres de mujeres que acogen, camino del invierno.
Haré un hueco grande, que suspire si hace falta.
Haré un hueco gratis, para que nadie quede fuera.
Y lo forraré de piel de camello y de alpaca. Con olor a incienso de otras tierras.
Enamoradas, de la vida que generan.


Acalorada, con las mejillas coloradas, busco debajo de la manta.
Y veo unos pies que no son los míos.
Unas manos que aguantan el otro extremo.
Y alivian mi esfuerzo. Pieza a pieza formando un todo de piel y de versos.



Buenas noches a todas…
…desde mi tejado tejido con decenas de fragmentos…


Al calor de la lana tupida se puede encontrar un montón de rostros y experiencias para tejer juntas:

Para tejer navegando: webs para crear redes, en FEDALMA  encontraréis asociaciones de apoyo a la lactancia en cada ciudad, ofrecen grupos que son también espacios para compartir la crianza…
Y si pinchas aquí  hay unas cuantas redes de madres más…


Para disfrutar de lugares comunes, para sentirse como en casa:

La música: “Hechos de gente” de Pedro Guerra. Otras vidas, otra gente tan diferente entre sí, que animan al futuro, que forman un crisol.



La lectura: Obstare Es una editorial dedicada a la maternidad, puedes escoger entre un amplio abanico el libro que más te convenga.
El cine: “Luna de Avellaneda”  de Juan José Campanella, como tejer en colectivo, desde las vivencias de un barrio...



Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado

viernes, 24 de enero de 2014

Noches de piensamedentro


Ilustración: El cielo por el tejado

En esta noche mi vuelo recuerda las noches de piénsamedentro. Noches de brazos y el regazo caliente. Son las 24,00h y creo escuchar una voz a la luz suave de mi mesilla de noche…
Dios de la lluvia abrázame
y bajo tus nubes volveré a considerar
las múltiples formas de besar
el aire bañado en tu perfume singular
de antiguos aromas flotando en el aire
“El último de la fila”

Cuando acabamos de dar a luz tenemos una lamparita encendida dentro. No nos damos cuenta, porque estamos absortas en ofrecernos, en darnos a beber…

Cuando empezamos a dormir como madres no nos damos cuenta, pero hay una luz que se encendió. Hace algunos meses. Cuando aún éramos medio hijas medio madres. Una luz que se mueve ofreciendo las sombras. Una luz silenciosa. Hecha de susurros, de hambre y de sed.

Cuando las noches de piénsamedentro empiezan, las luces de lamparita de noche nos ilumina las incertidumbres, los desvelos, las ganas de ser uno sólo muy adentro…

Qué nos desvelan las noches de leche y senos, qué nos desvelan,
qué nos quieren contar… que no lo sabemos.

Cuando la lámpara nos ampara de la oscuridad, de la noche estremecida, del retorno a los comienzos de nuestra propia vida. Nos ampara de algo más que del silencio de la madrugada, nos ofrece una puerta para abandonar la historia que nos bordamos, sobre la blusa de los domingos. Que lucimos con esmero pero no tiene remedio. Es imposible vestirla después de saber qué es dormir a medio desvelo. Con tu bebé en brazos, sabiendo que no hay marcha atrás, que todo está dispuesto.

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Ilustración: El cielo por el tejado

Acurrucando a la cría, amamantando el verbo más bello. Amar.
Amando amaremos el cielo que nos envuelve sin miedos.
Amar amaremos. A ciencia cierta, amaremos.
Bajo la luz tenue de la lamparita encendida que no supimos ver.
Que nos trae la luz. Que nos da la vida. Que nos empuja a ser otra cosa, enigmática. Soñadora.

Amaremos la luz tenue que nos evita el delirio de seguir siendo un niña. Que no se quiere ver, que se niega la evidencia. Pero a la luz de medianoche, con una criatura al pecho, medio dentro medio fuera de ti todavía, que te estira de la piel… eso es negarte a ti misma. No puedes seguir mintiendo. No cabe la huida, no cabe la fuga… se escapa la llama y no puedes salir corriendo.
Puede que sintamos soledad encarcelada. Puede que creamos que no tenemos derecho a perdernos en nuestro tiempo de nanas. O puede que sintamos que nadie más ve lo que nosotras vemos. Que estamos enamoradas. Que tenemos todo hecho. Que estamos listas para el amor en nuestra cama de amantes, que intercambian miradas. Que no quieren compartir con nadie. Que están entregadas al delirio de nada más darse.

Son noches de piénsamedentro encendidas con un candil que no tiene quien lo sostenga. Porque flota dando luz incierta. Porque nadie sabe el misterio que lo mantiene en alto, alumbrando. Sin apoyo. En el aire. Flotando en el tránsito de un día hasta que llega el otro.

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Ilustración: El cielo por el tejado


Amaremos la luz tenue que nos invita al desconcierto. De buscarnos malheridas. De hallarnos amazonas. De emborrachar al pensamiento que invita a ser coherentes. Para que calle. Para que no hable. Que esta noche es de dos y todo lo que no fluya entre la piel y la sangre no tiene cabida aquí.
Nos hallaremos como sirenas cantoras que llaman al sueño de nuestro pequeño. Que goza de verle durmiendo, al final de la noche que flota. Entre la luz de una pequeña derrota. La de querer volver a la noche de piénsamedentro.

Son noches de piénsamedentro.
Son noches de luna de miel.
De gastar los segundos, las horas, los tiempos.
De estirar de las sábanas de azúcar para arroparnos, entretenernos.
Saboreando. Reconociéndonos.

En mi pequeña avioneta añoro esos cantos de luces tenues y olor a calostro. Hace ya casi cuatro años y todavía me entrego al recuerdo. Que me dio la voz cansada, que me trajo la vida que tengo, la mano en tu cuerpo, la vela que quema todo lo que no encuentro.

Dios de las lluvia apiádate,
de las bestias y de mi pobre mortal.
“El último de la fila”

Gracias por ser eso que no encuentro. Gracias por ser el secreto de las noches de piénsamedentro. De los ríos que manan el agua sagrada. De las lámparas que alumbran el amparo que nos aguarda. Que está escondido, que no tiene dueño, que sale de paseo blandiendo un deseo. Que no tengas prisa, que no tengas sueño, que dejes la risa prendida del cabecero y susurres los cantos que no te dijeron.
No tengas miedo de ser lo que eres. Una dama de la luz que mana para su cría, que adora dormir desnuda y perseguir un nuevo día. Que le hable de ti, que no tienes días, que tienes horas de vida para llenar mi medida. En esta noche de luna de miel. Que tiene el candil de la luz que tu alumbras.

Feliz noche de piénsamedentro…
… desde mi avioneta que vuela recuerdos…
…para todas las recién mamás, y puérperas de nacimiento…


Entre los campos verdes de abril,
lejos del mundo, muy cerca de ti.
“El último de la fila”


 
Pati, me has traido muchos recuerdos desde tu luna de miel con tu pequeño cachorro. La vida recién llegada inunda de luz a la vida que ya estaba posada. Gracias por traerme esta bruma.


Noche de música: “Dios de la lluvia” de El último de la fila en su álbum "Como la cabeza al sombrero"



Noche de lectura: El cantar de los cantares Dos amantes se buscan desesperadamente. Se encuentran y se vuelven a unir, tras una separación, ya definitivamente…
“Se han mostrado las flores en la tierra, 
El tiempo de la canción ha venido, 
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. 
La higuera ha echado sus higos, 
Y las vides en cierne dieron olor; 
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.”

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado

domingo, 19 de enero de 2014

Una mirada que transforma... Miradas I

Son las 22,45h. Mi niño descansa en el nido. Las nubes son claras y dispersas. Yo vuelo en mi bimotor, soñadora. Me asomo a ver el paisaje y veo el mundo en perspectiva…

Este mundo patas arriba (que diría Eduardo Galeano) necesita otra mirada. No creo que pida demasiado, ni creo que resulte muy descabellado. Eso sí, soy radical pensando que es del todo imprescindible cambiar el modo de mirar. La mirada revoluciona, sonroja, enamora, diluye el dolor, observa, amenaza, interroga, acompaña, humilla, ama, te llena de terror... Es tal poder el que tiene, que por fuerza quien la posee es un ser empoderado. Y visto así no está mal, cualquiera podemos serlo...

Este mundo patas abajo (esto ya lo digo yo) está repleto de mujeres con un bebé en brazos, mujeres puérperas, en tránsito: que caminan de un estado a otro, del líquido al gaseoso. Y este vaivén tan especial tiene una clara ventaja, necesita de unos ojos que sean capaces de ver lo que nadie más  aprecia. Así pueden transitar entre el cuerpo y el espíritu. Fluyen sin tropezar, sin molestar, entre susurros de sábanas y olor a calostro...
Ilustración: El cielo por el tejado


Este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen (dejemos en paz a los locos que son mucho más coherentes) tiene un escuadrón de miradas poderosas apartadas, recluidas. A las mujeres puérperas no se las tiene en cuenta, se las tacha de depresivas, de inestables hormonales, se las guarda en cuarentena (por si nos contagian algo), se las da por imposibles...  pero están ahí. Posibles. Con mirada dulce, soñadora, hambrienta y devoradora. Una mirada de cuidados, de atención a las estrellas, de mamífera depredadora. Todo lo pueden con su mirada.

Este mundo regido por hombres y algunas mujeres que los asemejan está demandando miradas. Cómo un niño que se estrena tirándose por el tobogán. Como un adolescente que no llega a la hora de la cena.

Este mundo reversible necesita una mirada cargada de paciencia, envasada y en conserva si es posible: ¡que no se eche a perder, con todo lo que cuesta hacerla!

Necesita una mirada rebelde, que responda, que conteste. Como lo hacen los jóvenes, así, sin pensarlo, sin medir, sin ocultarlo. Trasgrediendo, alentando.

Una mirada que crea que la cultura es patrimonio de todos y para todos: de las vecinas que cantan al barrer, de las blogueras que escriben a placer, de los que paran el mundo en la manifestación, del que cuenta un cuento a un niño y no espera nada a cambio…

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Foto: El cielo por el tejado


Una mirada que no anule, que no infantilice, sino que invite a participar ¡y a salir a pregonar! ¡Que vienen tiempos de cambio forzoso, que nuestra mirada es poderosa! Que anime a disfrutar de los vínculos ciudadanos, de las asociaciones vecinales, de las redes de mamás en marcha, de los colectivos que dan vida a los ideales, de los gritos y los cantos en las calles…

El puerperio nos da poesía tras los párpados, nos humedece el globo ocular, nos reconstituye la vista... para tener una mirada que derrita la dureza que se forma en las entrañas. 

La maternidad recién estrenada nos da coherencia en cada batir de pestañas, y ahí es donde nos damos cuenta de que el mundo tal y cómo es choca con lo que debería ser. Nos plantea crisis, nos cuestiona, nos hace crecer del revés: cada vez más pequeñitas, más como debiéramos ser.

El mundo como es necesita una mirada crítica, que denuncie, que le de voz a los silenciados, a los olvidados, a los que se perdieron más allá de si mismos.

Una mirada que no esté anestesiada (del latín: sin-sentir), dormida, insensible. Sino todo lo contrario: despierta, activa, sensible. Para vibrar con el latir del mundo, con el crear de los niños, con el rodar de lo maravilloso que puede aparecer por cualquier lado.

Unos ojos que lloren lo que no está escrito. Ni publicado. Ni promovido en televisión. Que parece que no existe nada que no vea su ojo todopoderoso, embriagado de luces y de poder.


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Ilustración: El cielo por el tejado


Ojos empoderados de mujer que griten lo que la humanidad entera necesita: justicia. Para los excluidos, para los empobrecidos, para los parados, para los que viven en ese otro mundo (el tercero) que parece que no son del nuestro.

Que ampare, que proteja y cuide a los niños abandonados a su suerte. A su mala suerte. De sus padres, sean los que sean. Del estado, sea cual sea.

Una mirada que haga visible lo invisible. Que la magia de los ojos de una mujer puérpera reconozca el valor de lo sensible, lo escondido en las válvulas del corazón. Que nos descubra lo palpitante y misterioso que hay en el mundo, así como lo hace una placenta que ve la luz. 

Una mirada que condene la violencia hacia los niños, la bofetada, el insulto, el chantaje emocional, el abuso, el maltrato. El abandono de no ser mirados. Y la violencia hacia las mujeres: la obstétrica, la publicitada, la consentida culturalmente en todos los lugares, la que no se ve pero se vive…
Una mirada que desnude y que interrogue…


Tunel
Foto: El cielo por el tejado


Una mirada en movimiento, que reúne, moviliza, se revuelve… En este mundo, yo sueño que tres mil millones de miradas apuntan al mismo sitio, en la misma dirección. Que no permitan, que no cedan. Miradas que disparen si hace falta, porque todo está permitido para que el amor circule, se instaure, restablezca el sentido. Porque no podemos quedarnos sentadas en medio de un campo de batalla, porque una bala nos alcanzará seguro.

Alcemos un castillo con las piezas de los Lego. Forcemos un asedio a la mezquindad. Un asalto al abuso, al empujón, a la violencia. Demos muerte al fracaso de los derechos humanos e icemos la bandera de la solidaridad. Y hagamos todo eso mirando a nuestro alrededor con otros ojos.

En este sueño que no es mío. Que no es tuyo. Sino nuestro. Comparto una mirada hacia el futuro: Que tengamos paz para criar a los hijos, y que tengamos valor para luchar por ella,  declarar la guerra con ejércitos de madres puérperas si hace falta. Con cañones que disparen leche. Con miradas que construyen desde lo más sensible, lo más pequeño, lo cotidiano. Con ojos que creen en otra forma de mirar al mañana. Poco a poco, una a una, en una red que crezca cada día y cada noche… Una red de miradas que dan la vida en este mundo de cuerdos que no saben lo que hacen.

Felices sueños desde mi bimotor …
…surcando suavemente el horizonte…



Por si os recorren por el cuerpo las ganas de mirar y no sabéis cómo quitároslas a mi me sirvió:
Dos libros: “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” de Eduardo Galeano y “No-Logo” de Naomi Klein
Dos películas: “La vida es un milagro” (2004) de Emir Kusturika (una mirada deliciosa a la vida) y "Las tortugas también vuelan" (2004) de Bahman Ghobadi (una mirada sensible a una realidad desgarradora)



Imagen destacada: El cielo por el tejado
Ilustración y fotografía: El cielo por el tejado