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lunes, 25 de mayo de 2015

Mi credo


Con la lupa de un numismático rastreo el vestido de musa del arte. Y no hallo más que muchas ganas de decir al mundo que basta ya de engaños, que todos somos creadores. Que todos tenemos el dedo inicial que pinta de pigmento la piedra de la cueva. Que todos hacemos el arte de esperar la muerte, distrayéndonos a veces, pavoneándonos otras, pero siempre terminamos por reconocer que en algo creemos, y creamos nuestros hilos para mover el teatro del día a día.

Creo en la dulzura que calienta la sonrisa del que pierde, del que para, del que tiene en el sombrero apuntando la última bala. De este mundo de disparos a los menos trabajados. De este mundo de pistolas que condenan al fusilado.

Sin terror en las entrañas creo. A ciencia cierta creo.
Sin razones, con la vida en el pulso. Con los nombres en la boca.
Con mucha confusión, con errores, con olvidos y egoismos. Creo.

Creo en la maternidad que te enfrenta a tus miedos, que te lleva al lugar de dónde no recordábamos que veníamos. Creo en que una vida infunde valor en otra. Creo en la belleza del ser humano cuando lo alumbran las entrañas. Creo en la belleza cuando la vida se apaga, cuando relata su historia, con años de distancia. Cuando no hemos aprendido a cargar con nuestras vísceras, con nuestras arterias que sustentan.



Creo en el ser humano. Será locura pero existe, y creo que está preparado. Para transformar aquello que se nos cuela entre las manos, que gotea vida que no es recogida, sino abandonada, amontonada, hacinada.

Creo en la mujer y el hombre.
Porque crio, creo.

Creo en el llanto que te devuelve a la vida, creo en la fragilidad del día a día, en el bebé que no te mira. Yo creo en la lengua de trapo, en la tiza en el suelo, en los pechos que sanan, en las marcas que curan, en la mirada cargada de dulzura.
Creo en lo viejo que encontramos al llegar a este mundo. Creo en lo nuevo que creamos.

Porque crio participo: de ser persona, de ser yo misma, y de ser mundo, firmamento. Forma, planta, estrella, naturaleza. Colectivo.

Creando creeré en ser lo que necesite ser. Para ser más. Para que seamos todos más, y no quede ninguno sin creer que se puede. Que se puede creer en la criatura que llora y que todo lo cree porque cree en nosotros. Nosotros, creyentes de un mundo muerto.

Creo porque sino muero. Muero de nada, muero de demasiado de mi misma, muero de tener y no de ser. Muero. Y cuando crea que ya no creo, escribiré en mi cuaderno diez remedios para criar creencias. Y así criando crecerán conmigo. Y yo si soy paciente, creceré con ellas.

Crearé un credo, un credo para criar creyendo.

jueves, 9 de octubre de 2014

Una escuela en movimiento. La cultura y el amor.

Estoy enamorada, pero completamente enamorada de la idea de poder ofrecer otra educación diferente a la que yo recibí de pequeña. Pero no va a ser diferente por ser escuela libre, no va a ser diferente por la atención y la escucha que va a disfrutar, por la libertad con la que se va a poder mover en las horas que no estoy con él. No. Estoy completamente enamorada de la idea de criar y educar a mi hijo en la cultura de la participación, de la implicación, de seguir las creencias que te nacen de dentro, de mirar en la dirección que te parece más coherente, de tirarte a la piscina, saltar al vacío y abrir los ojos y encontrarte rodeada de gente que trabaja en cambiar el rumbo. Eso es cultura.

No soy perfecta, hijo, no puedo ofrecerte una completa seguridad personal, una higiene psicológica completa, una vida perfectamente estructurada. No soy esa madre que al principio de tenerte entre mis brazos aspiré a ser. Pero soy yo, con esta decisión soy yo, y puedo ofrecerte una vida de verdad. No una vida de mentira en la que no creería. Con esta decisión, con este salto al vacío, con esta forma de complicarnos la vida de una forma tan bonita, me voy a hacer más yo todavía. Y ese, cariño, será tu regalo para toda la vida. Poder ser lo que necesito ser y escucharme por dentro. Y tal vez, aunque no soy perfecta, llegue un día en que tu te escuches por dentro y quieras ser lo que necesites ser en cada momento.



Tal vez nos equivoquemos, tal vez no sepamos bailar aunque te oigamos cantar, pero todo lo que somos, lo que soy te lo habré ofrecido. Viviendo la vida como casi hubiera querido. Sin grandes logros, con cobardías que rugen por dentro. Pero amándote lento, como yo lo intento conmigo misma, con mi corazón de tortuga. Ofrecerte lo bello, sin ser perfecto.

No sé a dónde nos llevará esto, una escuela que respira vida en movimiento. Que te acoge con silencio, con orejas que se agrandan, con mayores que se empequeñecen. No sé a dónde nos llevará esto, pero el silencio construye y deja oir lo que la vida te tenga que decir, y ese será un gran tesoro para ser feliz.
Espero que algún día sepa porqué hice esto, porqué nos metimos hasta el fondo de algo que se mueve en silencio. Una escuela en movimiento, a ritmo de pasos pausados y gestos. Como el cuadro de El descendimiento, esa danza silenciosa de trajes y marcos dorados. Van der Weyden te adivinó el ritmo, así, tan lento, de suspender la vida y sostenerla sin vacilar ni un momento.

Todavía está todo muy lejano, los proyectos se juntan y se organizan, desaparecen y aparecen otros nuevos. Todavía está todo muy difuso. Pero hay algo que se acerca. Irremediablemente.

Estoy enamorada, completamente enamorada de vivir queriendo amar esta locura de mundo, y cada vez que decido que me embarco en un proyecto pienso que tu verás en mi lo que es vivir amando. Colaborando, cooperando. Haciendo que todo este mundo sea poco a poco, la flor que respira aire puro, que se siente amada aún lejos de su principito.

viernes, 9 de mayo de 2014

Ya no danzo al son de los tambores...

Quizás ser madre tenga un poco de eso, no dejar que nadie haga lo que tienes que hacer por ti. Por ti misma, para ti misma y para otros. Quizás por eso este camino converge con el otro. Quizás sea eso.

Porque dejamos que otro se encargue de nuestro cuerpo,
dejamos que otro se encargue de nuestra mente,
confiamos a otros nuestra salud, nuestra seguridad,
dejamos en manos de otros la educación de nuestros hijos,
su bienestar emocional en las palabras de expertos,
nuestra capacidad de decisión en la posición de la mayoria, o de los que piensan, o de los que mandan...

Quizás sea eso.

¿Porqué en un mundo de delegar no hablamos más de emanciparnos?

La maternidad es precisamente un punto de arranque para tantas ganas de hacer por una misma que no puede ser casualidad. La maternidad te agranda las orejas, te ensancha las pupilas, pero sobretodo de agranda el poder de ti misma. Si lo sabes intuir, si lo dejas hacer, si lo quieres asumir.

Porque no nos emancipamos, no bailamos al son de nuestro instinto, nuestro cuerpo, nuestro hij@.
Navegamos siempre en contra de lo que es tan nuestro, de lo que nos pertenece.
Navegamos todo el tiempo, sin contar con nosotros mismos.

"Yo vivo navegando sobre el tiempo, yo vivo navegando sin tus besos.
Yo vivo preguntando, no lo entiendo..."


Porque parece que curarnos de enfermedades es como internarte en una caverna oscura, donde otros te han dicho siempre que sólo ellos pueden poner luz, donde otros te han dicho que debes temer adentrarte porque son laberintos de donde no se sale. Donde viven oscuros seres a los que temer.

Ilustración: El cielo por el tejado


Donde otros me habían dicho que hay monstruos que aniquilar yo, desde la maternidad, con todo lo que me ha traido y las formas que he descubierto, sólo veo un río en el que nadar en favor de la corriente. Mi cuerpo y mi psique a favor de mi misma, respetuosa con la flora de la ribera, respetuosa con lo que soy, con lo que tengo, con mi cuerpo instrumento de tantas cosas sanas. Capaz de liberarse. Capaz de emanciparse.

"Sería bonito coger las estrellas con las manos.
Hacer un barco en el aire y navegar sin descanso.
Es que yo vivo navegando sobre una barca sin remos"

Sólo un paso atrás quedan los abandonos de mi cuerpo en otras manos. Sólo un paso atrás quedan las sensaciones de incapacidad, de no saber, de no llegar. Y es tan fácil volver ahí que ya no da ni miedo el retroceder, porque me sé el camino, y este camino es mio. Lo he trazado yo, a fuerza de pisar. Y lo seguiré trazando noche a noche y día a día. Mientras tomo poco a poco el poder de lo que me fue arrebatado.

Ya no danzo loca al son de los tambores de lo que otros quieran para mi, para mi cuerpo, para mi mente, para mi hijo, para lo que es de tod@s, para nuestro futuro...

Hay remedios caseros, pócimas y unguentos de nuestros ancestros, pomadas que traen esencias de plantas machacadas que curan por dentro y por fuera. Hay vendas que nunca se ponen en los ojos, se ponen en las muñecas para fortalecer, para luchar. Hay fórmulas que no son mágicas, son la fórmula de la vida y del poder sobre la misma.


"Confundir y confiar, para golpear despúes y confiar..."


El último de la fila "Ya no danzo al son de los tambores"




Niña Pastori "Yo vivo navegando"



Para emanciparnos desde nuestro cuerpo:

Un líbro: Anti-tóxico, de Carlos de Prada. Decidir sobre uno mismo y lo que le rodea con información.

Las medicinas alternativas, respetuosas con el cuerpo, que trabajan a favor de él, que confían en su lado sano: la homeopatía, la reflexología, la osteopatía...






miércoles, 30 de abril de 2014

El mundo en tus manos

 
Mucho se ha escrito sobre el arte como juego, hay autores que subrayan que el arte es un dispositivo a merced de lo que no es útil, de lo inservible para lo práctico y lo utilísimo para la cultura, el pensamiento, y en definitiva para el desarrollo del ser humano.

Cuando te veo tumbado en el suelo, agrupando piezas por colores y levantando torres impensables que más tarde tú mismo vas a derribar gozoso... me deleito en pensar que estás empoderado con el mundo en tus manos. Cada torre levantada, cada torre aniquilada. Sin más intención que disfrutar de su invención y su derrumbe. Eso es jugar. Eso es tener todo el poder del mundo en tus manos.

Mucho se ha escrito y hablado sobre el juego infantil, sobre sus beneficios, sus virtudes, el desarrollo de la capacidad de aprendizaje...
Mucho se ha escrito y hablado sobre el arte. Su importancia en la sociedad, su relevancia para el desarrollo de la cultura...

Pero poco o nada es, en realidad, la conciliación que ofrece nuestra sociedad para con el juego. Jornadas escolares agotadoras, horarios parentales insostenibles para el normal funcionamiento de una familia, pocos momentos de paz para entregarse al juego durante horas. Para olvidarse, para ensimismarse.

Foto: El cielo por el tejado



El juego y el arte requieren de algo fundamental: El ensimismamiento, disfrutar del aquí y ahora como si nada más ocurriese. Pero sí ocurre, porque tanto el juego como el arte vuelcan tras de sí todo un mundo interior entretejido por la experiencia, por las vivencias, por lo cotidiano y por lo universal a la vez.

Pero poco o nada es lo que se prioriza hoy día el arte, la creatividad y el desarrollo de nuestra capacidad de entusiasmarnos y ensimismarnos. El arte de crecer guiándote por tu propio motor generador de momentos absolutos. Dónde todo puede ser porque precisamente tu en ese momento ERES, y nada más. 

En los espacios dedicados al niñ@ para enseñarles lo que deben ser, es decir los colegios, se les priva cada vez más de las áreas más humanas, más innatas, más intuitivas: la música, el arte, la plástica, las creatividades, las manualidades, los talleres… El mundo de los sentidos, lo abstracto y lo conceptual relegado al final de la fila, el mundo del pensamiento crítico expulsado por mal comportamiento, el mundo de la identidad propia, la autoría, la iniciativa queda castigado. El descubrimiento de lo colectivo desde el placer de la participación espontánea no tiene cabida en este colegio que se está formando hoy día y que está conformando a nuestr@s niñ@s.

En los espacios dedicados al arte para que sea mostrado ante todo el mundo, es decir los museos y centros de arte, existe poco o ningún espacio para la reflexión, para el conocimiento, para el acercamiento. Por eso el circuito comercial del arte cada vez está más alejado de lo humano y más cerca de lo económico, de lo que no es inherente a él. A pesar de que much@s de l@s artistas contemporáneos se muevan en otro sentido, los espacios dónde se muestran están muertos, helados, enmohecidos. 

Foto: El cielo por el tejado


No es casualidad que el frío del alejamiento haga estragos en las relaciones entre el nosotr@s y nuestro ser creativo. Si nos olvidamos de jugar nos olvidamos del respeto por lo más profundo de nuestr@s niñ@s. Y faltaremos a la verdad de nosotr@s mism@s más adelante como adult@s cuando, estando ante un momento que requiera creatividad, ensimismamiento o entusiasmo no sepamos detenernos, contemplar y más tarde mostrar una respuesta propia, auténtica y con criterios.


Cada vez que te veo jugar pienso que todo lo puedes en ese momento. Cuanto más te observo deleitarte en tus juegos más claro lo tengo: muchos pensarían que tienes demasiado poder en tus manos.
Cada torre caida, cada palo en el barro, es un movimiento revolucionario... 

Parece que jugar y crear es algo peligroso, porque permite pensar y tener autoría, parece que la única salida es arrinconar estos verbos y hacernos a todos cada vez menos personas, menos sensibles, menos creativos. Y en especial a los niñ@s. Porque debe de ser peligroso. Por eso no se fomenta jugar, no se alienta al arte ni al juego, sería poner demasiado poder en las manos de otros.


Para reivindicar tu poder:



Para navegar:


Hay más opciones… la educación en movimiento:



domingo, 23 de marzo de 2014

Hoy estreno la posibilidad...


Fluyendo en el vértigo de las listas I

Hoy estreno la posibilidad, como cada día, de acercarme a la presencia del otro. Al que está al otro lado del espejo entintado. Pero no tengo el alfabeto completo para recitar el poema que llevo. Ni tampoco conozco el idioma que emplea.
Hoy estreno una posibilidad sin llave. Porque la llave ha desaparecido. En las redes que lían, en las pantallas que no reflejan, en los centros que comercian con la mercancía ajena: la nuestra, la de todos. Perdida entre el caos, entre el número y el infinito. En la lista vertiginosa (Umberto Eco) que, en este caso, nos aleja de los otros.

Dice Umberto Eco en su libro "El vértigo de las listas" que no hay cosa que más nos perturbe que una lista innumerable de cosas, una sucesión al infinito que jamás verá su fin:
 
"El temor a no poder decirlo todo aparece no sólo frente a una infinidad
de nombres sino también frente a una infinidad de cosas."

 Ilustración: El cielo por el tejado


Frente al libro de Eco, absolutamente delicioso para acercarte al arte desde un punto de vista literario, están las listas que nos rodean inmersos en el caos de nuestras vidas. Elencos innumerables que nos recuerdan cuánto nos falta para ser felices: aún no eres jefe, ni mujer liberada, ni has estado nunca de vacaciones en Tailandia, todavía no has vivido la experiencia más excitante de tu vida, no tienes un cigarro electrónico, ni una familia completa, ni una rosa de compromiso, ni un amigo ingeniero, ni un título flamante, ni una excursión loca para contarte, ni un destornillador eléctrico, ni una amiga perfecta... ni peso cincuenta quilos (por ahora), ni sé hablar de neurociencia, ni pienso en lo que debo pensar, ni siento lo que soy incapaz de sentir...

Son enumeraciones, listas que nos acorralan porque son imposibles de fijar. Son indefinidos, porque en su naturaleza está el ser infinitos. Para sentirnos frustrados cuando no llegamos a más. Porque siempre querremos más. Más amigos en Facebook, más seguidores en el blog, más contactos en el móvil, más invitados a la fiesta, más correos de no sé qué. Más de lo que sea que no sea lo que siempre veo. Lo cotidiano adormilado.

Si la forma de vivir nos dice que nunca tenemos bastante, quizás nunca seremos bastante. Para los unos, para los otros. Quizás nunca querremos bastante a lo que merece la pena querer. Quizás, sólo quizás.

"-Mamá, yo quiero que tu seas  rica...
-¿Yo?- sonrío- ¿rica?, ¿para que?
-Quiero que tengas siempre mucho amor para mi"



Hoy estreno, pero no acierto a saber cómo me puedo acercar al otro. Más allá de la lista innombrable de cosas que tengo pendiente de hacer, que tengo pendiente de ser, antes de llegar al otro
Estamos llenos, en este mundo, de relaciones inconexas, que no alcanzan a encontrarse, que se marchitan fugaces.
Dicen los sociólogos que el 85% de correos electrónicos y mensajes en redes sociales los escribimos entre amigos y familiares. Son maneras de decir que estás... sin haber estado. Sin mirar a los ojos. Sin escuchar ese tono cansado de tu voz. Sin demostrar alegría con los ojos, que no mienten.
Que nos entendemos con lenguas muertas, no con lo cercano. Nos empeñamos en sumar cuentas de correos electrónicos, pero no nos presenciamos, no evidenciamos que estamos en otro lado. No nos lo decimos con la cara abierta, entregando nuestra llave.

Ilustración: El cielo por el tejado


Hoy, como cada día, estreno la necesidad de saber cómo me lleno, cómo me doy. Cómo vuelco el recipiente que nos contiene enteros.
Desde la maternidad he sido cruelmente consciente del aislamiento que tenemos. La falta de empatía, la necesidad de acercamiento. Desde que entiendo que no sé cómo llegar al otro tropiezo siempre con el mismo escollo. Nos perseguimos los unos a los otros pero no corremos al encuentro. Nos enredamos en nuestra tela, conseguimos los jugos ajenos, pero no nos acercamos enteros. Sinceros. Sin deseo de ser aquello que vemos. Sin deseos, sin anhelos. Sólo con lo puesto, con lo que llegamos a este mundo.

Dice Umberto Eco que desde tiempos inmemoriales nos entregamos al placer de los elencos, que viene de lejos. Sólo que ahora, pienso yo, tenemos más fácil la evasión de lo concreto. Un trepidante flujo de vida líquida (Z. Bauman) nos arrolla*. Nada puede ser más concreto que mirarte frente a frente y decirte lo que callo mientras oigo entre tu risa una palabra de aliento.



*Arrollar, según la RAE:
Dicho del agua o del viento: Llevar rodando, con su violencia, alguna cosa sólida. Arrollar las piedras, los árboles.




Para buscar la llave, estrenar la posibilidad…

Lectura entregada con letras e imágenes: Umberto Eco, El vértigo de las listas, Ed Lumen. El infinito, el afán por abarcar, por llegar, por describir lo que desborda de este mundo desde la literatura y el arte.

 
http://books.google.es


Para ver y escuchar: la pasión por el contacto, la vuelta a la vida desde el agua y por medio del fuego. Emir Kusturica, “El tiempo de los gitanos”




Un cuento: para buscar en familia “El sentido de la vida”, filosofía pequeña para grandes mentes pensantes… Escrito por Oscar Brenifier e ilustrado por Jacques Després.

http://sonandocuentos.blogspot.com.es


Ilustraciones: El cielo por el tejado

sábado, 15 de febrero de 2014

Una ciudad de Patchwork

Son las 22,30h. La noche está fría, a mi pajarillo dormido le recojo sus pies debajo de las mantas. No vaya a coger frío que la noche está muy blanca…

Ilustración: El cielo por el tejado

Sospecho que el invierno viene frío. Sopesé comprarme un abrigo, de lana y pelos que cosquillean la nariz. Pero... sólo me abrigaría a mi. Ni los bancos del parque, ni la cola del INEM, ni el perro de la señora Angelita, ni la parada del bus, ni la trenza de mi vecinita de enfrente podrían cobijarse allí.

Oh... Sospecho que hace mucho frío en todas partes. Debajo del barrio y encima del cielo, allá donde se ve todo con más acierto. Así que pensé que tendría que buscar algo que siendo largo fuese asequible, siendo alto fuese sencillo, siendo cálido tuviera huecos por dónde respirar.
Y no encontré nada. Nada más que muchas telas distintas que no sabía dónde colocar. No sabía dónde mezclar. No sabía por dónde clavar la aguja para empezar a coser. A hilar.

Y entonces, cuando supe que tenía mil pedazos que volaban por toda la ciudad, que tendría que recorrer largas distancias con mis pies diminutos, de la mano de un pequeño de tres años, agachándome en cada trozo de vida que recorría... entonces decidí dejarme arropar. Ya está, pensé, el frio llegará.



Y así fue cómo ella me encontró a mi, una colcha de Patchwork tejida para todas. Y me dejé unir, mezclar, asociar.
Coserme en esta almazuela de fragmentos de tela, que abriga las tardes en vela, las noches de piénsame dentro, los días en blanco con un bebé en brazos.
Era grande, suave, cálida, hecha con hechos, con pasos pequeños, con sonrisas tímidas y abrazos tiernos. Con olor a leche, a mochilas y a deseos. De vivir como un todo entero, cada una, en su pequeño cielo. Una manta de Patchwork que arropa pasos inciertos, alegrías y penas que tienen nombre, apellido y documento. Aliviando la carga, animando al camino, haciendo de la ciudad un lugar que sea eso, un lugar para el encuentro.

Un cálido crisol de vidas que nos de abrigo.
Donde no haga falta que cada palo aguante su vela. Sino que todas las velas se sostienen al calor de una colcha hecha de partes que se juntan. Que anuda, que socorre.

Viviana escucha  atenta. Encierra en todo lo que no dice varios años de traslados. De un país a otro, de una casa a otra. Pariendo a sus hijos en el tránsito, en la búsqueda de un lugar. Un lugar para hacer, para construir. Quizás no sueña un hogar. Quizás porque ya lo tiene, lo sabe hacer con el pan, con amor y una cuerda y una caja. Viviana sabe construir, tejer una red que nace de su útero y se extiende haciendo tejido, regalando a los demás, enganchando a la alegría de hacer juntas el camino.




Una manta que está hecha de besos que no se dan, porque madrugan.
Porque están cansados. Porque no han venido a cenar.
 
Anielka es madre porque así lo quiso. Sola. Anielka dice que siempre fue muy familiar. Allá dejó a su hermana que se quiere casar, y a su padre, ya viudo que le cuida un familiar. Quiere buscar un trabajo, pero necesita mejorar su idioma. Y homologar su título. Anielka ha encontrado el amor. Espera todo el día a que sea de noche, para encontrarse, para enredarse. Con ese amor que le procura sueños. Que le regala abrazos que llenan agujeros. Que duelen pero no tiene tiempo de verlos. Con su bebé creciendo, que empieza a hablar, que la quiere enamorar.


Un Patchwork tejido con cuidado, una a una, mujer a mujer.
En esta ciudad de los fragmentos.

De las partes que te envuelven para decir que el colectivo te arropa.
Que te puede dar calor si te unes a su urdimbre.


Maribel se separó. Su melena medio gris medio salvaje le cae sobre los hombros. Tiene la sonrisa de la libertad. La que exige esfuerzo y mirarse dentro sin perder de vista a los demás. A veces me cuenta que cuando la visita su hija prepara un té caliente y unas pastas de cariño, pero no quiere oír hablar de volver otra vez. Que no va a recorrer el mismo camino gastado, transitado, agotado. Y debe decírselo con cuidado, delicadamente para no romper el frágil cristal del corazón de los hijos, que está atado a los padres en un punto fijo. De soldadura de plomo.

Una almazuela hecha de olor a mandarina,
de palos guardados en la mochila,
de piedras que inundan los bolsillos.
De ganas de llegar al abrigo de otra historia.
Para hacerla juntas, viendo crecer a nuestr@s hij@s




Sospecho que el invierno viene frio.
Levantaré una esquina de la colcha de almazuela y meteré debajo tantas caricias que se quedaron por el camino, camino de los vientres de mujeres que acogen, camino del invierno.
Haré un hueco grande, que suspire si hace falta.
Haré un hueco gratis, para que nadie quede fuera.
Y lo forraré de piel de camello y de alpaca. Con olor a incienso de otras tierras.
Enamoradas, de la vida que generan.


Acalorada, con las mejillas coloradas, busco debajo de la manta.
Y veo unos pies que no son los míos.
Unas manos que aguantan el otro extremo.
Y alivian mi esfuerzo. Pieza a pieza formando un todo de piel y de versos.



Buenas noches a todas…
…desde mi tejado tejido con decenas de fragmentos…


Al calor de la lana tupida se puede encontrar un montón de rostros y experiencias para tejer juntas:

Para tejer navegando: webs para crear redes, en FEDALMA  encontraréis asociaciones de apoyo a la lactancia en cada ciudad, ofrecen grupos que son también espacios para compartir la crianza…
Y si pinchas aquí  hay unas cuantas redes de madres más…


Para disfrutar de lugares comunes, para sentirse como en casa:

La música: “Hechos de gente” de Pedro Guerra. Otras vidas, otra gente tan diferente entre sí, que animan al futuro, que forman un crisol.



La lectura: Obstare Es una editorial dedicada a la maternidad, puedes escoger entre un amplio abanico el libro que más te convenga.
El cine: “Luna de Avellaneda”  de Juan José Campanella, como tejer en colectivo, desde las vivencias de un barrio...



Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado

lunes, 10 de febrero de 2014

El rumbo del caos de las cosas


(Modernidad líquida I) 



Me molestan las cosas que hay entre tú y yo.
Me molestan, mi niño, me molesta el caos de las cosas.
Los regalos (porque no sé hacerlo, el quererte mejor), los objetos para cubrir los huecos. Las cosas para decir te quiero que son en el fondo "lo siento". Siento no estar siempre presente, siento no ser siempre yo, siento la falta de conexión.

Y lo sé porque siento que me pierdo algo.
Me molestan las cosas, me arañan los labios y no sé decirte sin dolor lo que tienes que oír. Que estoy aquí.
Sentir. Que estoy ahí.

En el caos de las cosas, que exceden, sobrepasan,
cómo aprender a querer si no encuentra el amor un hueco.
¿Dónde crecer y expandirse? como una levadura, como una masa sobre el mármol frío.

En el caos de las cosas se pierden palabras, y versos y besos. Se pierden las ganas de querer al otro.
Porque el saber no ocupa lugar. Pero las cosas si. Espacios enteros a reventar de caos, de desidia, de conformidad porque lo tienes todo y no tienes lo que necesitas.
Es el rumbo del caos de las cosas.
Que nos regala en el trajín de lazos de raso y cintas de color de rosa la ansiedad de no estar nunca contentos. De no saber qué cosa... qué cosa...
¿Me lo envuelve por favor?

"En  un mundo en el que las cosas deliberadamente inestables son la materia prima
para la construcción de identidades necesariamente inestables,

hay que estar en alerta constantes"
Zygmunt Bauman "Modernidad líquida"

En tantas cosas apretadas contra mi no cabe la luz. Para verte mejor.
No entra la mano. Para tocarte mejor.
No cuela el sonido. Para escucharte mejor.


Ilustración: "Monstruos devoracosas", de El cielo por el tejado


Dice Zigmund Bauman en su libro "Modernidad líquida" que tenemos relaciones consumistas. Y yo me pregunto, si consumimos parejas ¿también consumimos hijos? y amigos, y madres, y hermanos... Dice que sólo perseguimos relaciones con satisfacción mutua constante. Como un contrato de compraventa, dónde todo debe estar conforme, de pago y recibo. Ese es el rumbo dónde nos hemos metido, en el caos de las cosas que gira constante. Fluido, en movimiento.

"Cuando un presentimiento no crea razón, sólo infunde terror"
Luis Eduardo Aute, "Siento que te estoy perdiendo".

Cómo quedar limpios del código de barras que te ata a una identidad eternamente perseguida, por imposible, porque no es tuya. Porque nunca lo será. Porque así fue pensada. Como la moda. En un cuerpo que no es el tuyo, siempre fuera de ti. Siempre deseando más. Siempre lo ajeno, lo que no eres tú. Y disfrazar tu identidad de eso que ves y te lo quieres creer. Pero no eres tú, aunque lo quieras ser.

"La tendencia a representar la adicción a comprar (...) como un producto de la "conspiración comercial"
sólo dan cuenta de una parte de la verdad. La otra parte (...)
es una encarnizada lucha contra la aguda y angustiosa incertidumbre
y contra el embrutecedor sentimiento de inseguridad."

Zygmunt Bauman "Modernidad líquida"

Me molestan las cosas, mi niño, que hay entre tú y yo.
Y quiero pensar que en tu mundo, el que hay, el que habrá, tendrás que manejar el combate de no poseerte a ti mismo, sino de SER sin tener tanto. Para abrir tu envase, para no plastificarte. Para darte, para volarte alto. Porque podrás ser tú mismo, seguro, sin incertidumbres. Tomando el rumbo en la dirección que tú marques, junto con otros.

Este es el rumbo del caos de las cosas. Que sobrevuelan nuestros anhelos, nuestros deseos, nuestras pobrezas. 
Si somos líquidos, nuestros vasos están que rebosan. Y no cabe más

Me molestan tanto las cosas, que pierdo mi rumbo. Dentro del caos, de este líquido caos de las cosas.

Buenas noches a todas…
…navegando a contracorriente en el mar del caos de todas las cosas…


Para hacerte un hueco entre tantas cosas quizás te pueda servir...
Un libro:"Modernidad Líquida"   editado por Fondo de Cultura Económica de España, 2002 
...y su autor: Zygmunt Bauman

Una obra visual: de Andy Warhol, Campbell's Soup Cans

32 latas de sopas Campbell´s son exactamente las imágenes que necesitó Warhol para denunciar el consumismo imperante en los Estados Unidos de los años sesenta en una sola obra, quizás la más famosa de todas.
Imagen: Wikipedia.org



Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado



viernes, 7 de febrero de 2014

Vivir es probar infinitas veces I (en colectivo)


Ilustración: El cielo por el tejado

Dice un muro blanco, que hay junto a una playa que vivir es probar infinitas veces.
Necesito escuchar lo que ese muro de esa playa me tiene que decir.

Vivir es probar infinitas veces… Logro escuchar desde lo alto, arriba de la playa vacía y oscura.
A media voz hago un recuento… Cuántas veces he probado en mi vida… No son muchas, tal vez siete o quince… o veintidós más que olvidé.

Porque probar es apostar. Y apostando nos dejamos la piel. Y hacer eso infinitas veces tiene sus riesgos. Y debemos olvidar la cuenta de las veces que lo hicimos… ¡para no perder la cordura!
A ver… probaré otra vez… Infinitas veces llena de arena del parque, de llamadas de teléfono, de quedar a deshoras en la asociación, de pagar las facturas, de mirar el reloj, de salir a la calle,  de manifestación, de sacar la basura, de besar tu rostro impasible, de beber contigo las ganas de reír jugando, de apuntar el médico, de detener tu reloj, de colar por la cerradura algo más que la llave que abre las ganas de que estés ahí…

Parece que esto si...Voy a volver a probar…

Vivir puede llegar a ser probar infinitas veces si soy capaz de darme y no pedir nada a cambio. Porque tendré suficiente con lo que soy, no necesitaré nada más. Ni capitalismo emocional, ni borrachera sentimental. Ni atracos a los bancos de cariño. Ni listas del ASNEF de melancólicos.




Naufragaré para poder probar… Y probaré otra vez. Y pondré toda mi ropa a secar sobre la roca de un grupo de mujeres que se apoyan y se unen. Que forman red para tejer. Para no juzgarse,  para ayudarse, para no rendirse, para alimentarse. Para poder probar a ser lo que quieran ser.

Probar infinitas veces a reinventarse. Para que nadie les diga quien deben ser. Ni la tele, ni la moda, ni el estado, ni el colegio, ni el trabajo, ni las leyes, ni su jefe, ni su marido, ni la vecina, ni dios, ni los de abajo, ni si quiera ellas mismas. Porque nadie DEBE ser. Hay que SER porque se QUIERE y porque se puede. Y si se puede es porque peleas que te dejen SER.

Y eso es vivir probando infinitas veces. Hasta reventar de amor. De seguridad y contención.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares

tendrás amor, tendrás amigos.
A. Goytisolo

Para poder probar infinitas veces hace falta llegar a vivir. De verdad. Sin plásticos, sin pintauñas. Hundir las manos en el barro, ducharse en la lluvia, mojarse en el charco, perder el día en el suelo del salón haciendo carreras de coches. Y comprobar que ninguno va más rápido que otro. Que todos tenemos la misma necesidad de probar. De probar a vivir un poco más.
Zozobraremos juntos. A ver si sabemos vivir. Sin derrochar. Lo que es de todos, el bienestar social.




Y volveremos a naufragar. Con el planeta a cuestas, aturdido. Sin señales de vida en el Amazonas. Pero con gente a bordo que puede salvar la vida. La de todos, la del planeta. Si se despierta, si reacciona, si se levanta, si coge el bote salvavidas y remolca las ganas de comerse el mundo.
Comprometida. Como una adolescente alocada se compromete con la vida. Como una asamblea del 15M después de las elecciones... Así probaremos a vivir después de hundirse el barco.
Probaremos infinitas veces… para vivir. Para vivir probando.

Para tener infinitas oportunidades de vivir.

Sin arrodillarse, suplicando, sin esconderse, necesitando, sin oraciones, atestiguando, sin idolatrar, devotamente, sin pasar de nada… Viviendo, equivocándonos…
Probando y comprobando que nos queda mucha piel para dejarnos… y celebrarlo…

Hay que olvidar los números para no contar, y probar y probar,
hasta que todos sepamos que estamos listos para vivir.

Y no nos importará naufragar, porque tenemos infinitas formas de volverlo a intentar.

"Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino."
A. Goytisolo


Felices sueños a todas…
…sobrevolando este muro que dice: prueba de nuevo a vivir…


Ilustración: El cielo por el tejado



Alguna vez (de las pocas que he probado) me sirvió para vivir:

Para leer tres veces en la vida (de joven, de adulta y de anciana): “Crónicas marcianas” de Ray Bradbury. De cómo colonizar un planeta una y cien veces… habla de la guerra, de la violencia, el racismo, la intolerancia, el miedo al diferente, desde una sensibilidad muy poética en un libro de ciencia ficción que no lo parece…

Cine para ver cada vez que necesites resistir: Kamchatka”  de Marcelo Piñeyro. Una película de pérdidas, una tras otra, la libertad, la infancia, el padre... pero lo que no se pierde jamás es la oportunidad de resistir, de probar infinitas veces mientras tengas vida. Para verla online aquí.

Poesía para continuar infinitas veces en la vida: Palabras para Julia de Agustín Goytisolo.

La música de Madredeus y su letra:


Puerto refugio tranquilo
De un futuro mejor
Quizás perdido
En el temor presente
No tiene mucho sentido
no esperar lo mejor

Viene de la niebla saliendo
la promesa anterior
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé

Parado a mirar
Sí, canto un empeño
Canto a tu despertar
Y abrazando la nostalgia
Canto al tiempo por pasar
Cuando vi el mar a lo lejos
Allí quedé
Parado a mirar
Cuando vi el mar a lo lejos
Sin querer, me dejé allí quedar.



Ilustración destacada: El cielo por el tejado
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domingo, 2 de febrero de 2014

Manifiesto I (con notas al margen y páginas en blanco)


Ilustración: El cielo por el tejado

Con un beso ligero sobre sus rizos dormidos, me he despedido de él hasta mañana. Son las 22,40h. Los pinceles me esperan, la tinta en su bote encierra todo lo que me queda por decir. Pero sólo tendré tiempo de hacer algunos trazos, antes de dedicar toda la noche a volar. Y a imaginar...

"...Quien fuera tu trovador", escucho cantar a Silvio Rodriguez...

Imagina que tienes algo que decir y no tienes dónde. Imagina que todo lo que no has dicho te persigue y se instala alrededor de tu cuerpo. Como un anillo de Saturno, como un halo de la luna. Todo lo que quiero decir y no acabo me lo guardo en un bolsillo, y espero  a que llegue el día en que libere su contenido. Será como la caja de pandora, mágica y desbordada…

Definitivamente necesito un manifiesto. Me gustaría que fuese algo sencillo, pero no sé si podrá ser. Necesito un manifiesto que organice todo lo que se acumula en mi. Las ideas que me bullen saturan de color mi percepción de la realidad. Y hay que dar rienda suelta. Que no es cuestión de estar todo el tiempo a oscuras. Hay que dejar brotar. Los campos y las macetas de las terrazas en las grandes ciudades nos lo agradecerán. Pero sobretodo la salud del ideario colectivo. Eso que no sé si existe, pero que si no es así tendré que inaugurarlo, bautizarlo y botarlo. Dejar que flote un nuevo barco en los mares de locura.
 
Fotografía: El cielo por el tejado


Manifiesto tuvo Tristan Tzara, y los Dadá a través de él. Y no recuerdo que dijera nada más importante que lo poco que importaba su propio nombre: Dadá (que no se sabe de dónde sale). Lo que importaba era lo que hacían como Dadás... las tertulias en los cafés, las provocaciones. Hacer en sí. Aunque no hicieran arte, arte del que se esperaba sino del inesperado: desmontaban arte y sociedad colocando una tuerca sobre un lienzo. Y… ¡Fuego!


Obra gráfica Dadá
http://es.wikipedia.org






Manifiestos hubo muchos. Futuristas, expresionistas, y unos cuantos ismos más todos ellos empeñados en decir todo lo que pensaban, lo que eran…
Así que será una ardua tarea. Pero necesito un manifiesto para seguir haciendo. O para seguir diciendo. Para seguir dibujando el rostro que me acompaña cuando me acuesto.

“Preparo los motores, caliento una infusión.
Todo está en calma. Esta noche imaginaré hasta caer rendida…”

Decir algo que me represente en este mundo saturado de imágenes y de palabras. Dibujar un contenido que se salga del papel, que no esté establecido. Algo que organice la impresión de que todo a mi alrededor va en sentido contrario. Como un reloj desorientado.

Necesito un rincón de la taberna dónde anotar todo lo que no entiendo de este mundo de prisas y horarios. De tecnología punta. De teles y radios. De pantallas en el metro. De soledades empaquetadas en bolsas de papel cuché. De desdichas aireadas con aroma a pachulí. De noticias con olor a producto barato, precintadas con plástico. Importadas de china o de Japón, que sé yo. No entiendo a este mundo de adoración a los astros del subsuelo, de respeto y "no tocar" a dirigentes sin cerebro, de rincones sin barrer y alfombras que todo lo esconden menos la desdicha cotidiana del que no tiene para acabar el mes o por no tener no tiene ni sueldo ni componiendo.


“Mientras escribo termino la infusión templada, abrazada con mis manos.
Rodeada de papeles por la mesa que se amontonan para ser leídos.
¿Dónde estaban mis cuadernos? Anoté algo en ellos que ahora necesito…”


Yo declaro que no escribo, yo dibujo lo que veo con palabras entintadas. Soy constructora con cemento tipográfico de imágenes que circulan por mis dedos. Soy fotógrafa del vodevil de mi propio imaginario. Artesana de las letras que forman mi propio alfabeto (que no empieza por la a, sino por la palabra nacimiento).

Ilustración: El cielo por el tejado


Necesito declarar que me pueden las ganas de beberme la vida, aunque me emborrache perdida. Aunque me pierdan las ganas… que ya encontraré yo mi propia salida.

“Cindy Sherman, la fotógrafa, pensó tantas veces en su identidad que se disfrazó/transformó en sus imágenes mil y una vez. En éstas fue prostituta, pin-up, modelo de revista, dama decrépita de la alta sociedad… Y con todas estas búsquedas salió fortalecida.”
Cindy Sherman
Fotografía http://www.bbc.co.uk


Defenderé la postura de llenar la calle de arte, pero no del que cotiza en bolsa, ni el que se vende en el MOMA (museo de arte moderno de Nueva York que dice lo que es arte y cuanto cuesta, que lo mismo da…), si no del que se hace con la mano extendida y el cabello despeinado. O con media libreta y ganas de jugar un rato.

Reivindicaré mi derecho a vivir en un lugar embellecido. Dónde no haya despedidos del trabajo, si no bienvenidos a valerse por si mismos. Dónde el jardinero no firme 12 contratos al año, sino que con una palabra sepa que tiene toda la vida para cuidar de la rosa, del lirio y el madroño. Así los niños del barrio se aprenderán su nombre y le pedirán jugar con los montones de hojas todos los otoños…

Publicaré un manifiesto que deje claro que no me gusta el colegio, cualquier cosa que encierre o aísle no lo entiendo. Si lo que hay que aprender está en la calle y el campo, entre la gente y el mundo ¿porque verlo todo metidos dentro de un cuarto? entre cuatro paredes, sin poder salir más que un rato. Así los sentidos se atrofian y los libros cogen olor a amianto. Los libros y los niños necesitan el aire libre, para crecer, para regarse, para florecer en primavera. Ambos quieren encontrar quien los lea, quien los abra con cariño y los re-descubra con mano cierta.


Fotografía: El cielo por el tejado



Haré de la diferencia las pastas de mi libro, para a-cogerla, acariciarla, y tomarla de la mano si hace falta. Que no tenga colores para no ofender a nadie. Que no hable en idiomas oficiales, si no en lengua de trapo de niña de tres años…

En mi manifiesto ofreceré páginas en blanco para que otros escriban. Las dejaré tendidas junto a la ropa colgada, en el tendedero del patio de luces. Para que llegue claridad a los cuartos oscuros, donde no llega palabra.

Manifestaré a quien me escuche que soy la misma en mis mil caras, que no me quedo parada, que lucho y busco mi propio hacer. Que pienso y me re-pienso las veces que haga falta.


Felices sueños a todas…
…planeando en libertad…




Si te quieres reafirmar te puede apetecer dar una vuelta por aquí:
Para mirar: Cindy Sherman (de las mil caras) habla de la necesidad de nombrarse a si mismas. Yo soy quien digo quien soy yo.
Para devorar, un cómic/libro y película: “Persépolis” de Marjane Satrapi, Ed. Norma, años después llevaron al cine este genial cómic en una película animada del mismo nombre: Persépolis se puede ver íntegra online aquí. La vida de Marjane es su propio manifiesto, y es la vida además de su país, Irán.
Para escuchar: Quien fuera de Silvio Rodriguez.

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotografías e ilustración: El cielo por el tejado