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sábado, 13 de junio de 2015

Celebrar la vida

Hay que celebrar la vida, aunque celebrando la vida haya que celebrar la muerte. Hay que celebrar que la vida es vida porque tiene muerte. Y así, despacito, se van colando los muertos que se acumulan entre los propios huesos. Como una calaverita mejicana, de colores bellos, dulces, que forma parte como un mosaico de tu propio cuerpo.

Hay que celebrar la muerte a la cobardía, la muerte a la propia renuncia a ser feliz, celebrar como mueren las caras desgastadas y la voz cansada de no tener voz.
Hay que celebrar la vida que te atropella salvaje, en cada paso del camino.
Hay que reconocerla, a la vida, para poder entregarla entera.
Si no se te pierde, se te escapa...
La vida.
Y hay que celebrar la muerte, el fin, la tristeza, el odio y el miedo porque traen la lluvia que hace parar. Y morir.

Diane Arbus, fotógrafa y artista americana, se centró en retratar lo marginal, lo feo, lo extraño, lo discriminado y lo temible que hay en las personas. Diane tiene una foto con su bebé que no me puedo quitar de la mente, está asustada. Embargada de cariño pero a la vez sobrepasada por lo que acaba de ocurrir: ha de celebrar la vida y su mirada es de miedo y de pérdida.

Diane Arbus (1923-1971), fotógrafa, en dos autorretratos con su hijo 


¿Dónde está la vida? 

Hay que celebrarla cuando la reconoces al pasar a tu lado. Y vivir la pérdida como si todo fuese parte del mismo plan trazado.
Hay que celebrar las calaveritas, porque sin ellas la vida no es vida, es sólo algo fácil pero vacío e infertil.
Y hay que festejar también todo lo que de muerte tiene la vida.



lunes, 25 de mayo de 2015

Mi credo


Con la lupa de un numismático rastreo el vestido de musa del arte. Y no hallo más que muchas ganas de decir al mundo que basta ya de engaños, que todos somos creadores. Que todos tenemos el dedo inicial que pinta de pigmento la piedra de la cueva. Que todos hacemos el arte de esperar la muerte, distrayéndonos a veces, pavoneándonos otras, pero siempre terminamos por reconocer que en algo creemos, y creamos nuestros hilos para mover el teatro del día a día.

Creo en la dulzura que calienta la sonrisa del que pierde, del que para, del que tiene en el sombrero apuntando la última bala. De este mundo de disparos a los menos trabajados. De este mundo de pistolas que condenan al fusilado.

Sin terror en las entrañas creo. A ciencia cierta creo.
Sin razones, con la vida en el pulso. Con los nombres en la boca.
Con mucha confusión, con errores, con olvidos y egoismos. Creo.

Creo en la maternidad que te enfrenta a tus miedos, que te lleva al lugar de dónde no recordábamos que veníamos. Creo en que una vida infunde valor en otra. Creo en la belleza del ser humano cuando lo alumbran las entrañas. Creo en la belleza cuando la vida se apaga, cuando relata su historia, con años de distancia. Cuando no hemos aprendido a cargar con nuestras vísceras, con nuestras arterias que sustentan.



Creo en el ser humano. Será locura pero existe, y creo que está preparado. Para transformar aquello que se nos cuela entre las manos, que gotea vida que no es recogida, sino abandonada, amontonada, hacinada.

Creo en la mujer y el hombre.
Porque crio, creo.

Creo en el llanto que te devuelve a la vida, creo en la fragilidad del día a día, en el bebé que no te mira. Yo creo en la lengua de trapo, en la tiza en el suelo, en los pechos que sanan, en las marcas que curan, en la mirada cargada de dulzura.
Creo en lo viejo que encontramos al llegar a este mundo. Creo en lo nuevo que creamos.

Porque crio participo: de ser persona, de ser yo misma, y de ser mundo, firmamento. Forma, planta, estrella, naturaleza. Colectivo.

Creando creeré en ser lo que necesite ser. Para ser más. Para que seamos todos más, y no quede ninguno sin creer que se puede. Que se puede creer en la criatura que llora y que todo lo cree porque cree en nosotros. Nosotros, creyentes de un mundo muerto.

Creo porque sino muero. Muero de nada, muero de demasiado de mi misma, muero de tener y no de ser. Muero. Y cuando crea que ya no creo, escribiré en mi cuaderno diez remedios para criar creencias. Y así criando crecerán conmigo. Y yo si soy paciente, creceré con ellas.

Crearé un credo, un credo para criar creyendo.

sábado, 25 de octubre de 2014

Amar sin luz

Quiero guardar el silencio de la responsabilidad. Cuando intuyo que una sombra mía te recorre el espinazo.
El día de mañana, pequeño amor, quiero lograr mirarte a los ojos cuando sólo puedas ser lo que eres, cuando las sombras reinen en el mundo que te construyas a tu alrededor. Porque somos luz, pero también de sombras estamos hechos, y de respuestas cobardes a veces.

El día de mañana quiero amarte en silencio en tus cobardías, porque será que he amado las mias. Quiero poder amarte en silencio, con respeto, en tus huídas porque querrá decir que he sabido ver con distancia las mias. Quiero amarte en tus temores, en tus actos inaceptables, en tus noches de pérdida y desmemoria. Porque eso querrá decir que me he sabido aceptar en mis momentos turbios, reprochables. Porque eso significará que habré asumido que son parte de mi, y debo hacerme cargo de ello, con cariño, sin culpas, capaz de responsabilizarme.

Yo quiero amarte cuando falles, cuando caigas, cuando te doblegues. Quiero tomar en brazos a tu fragilidad, con cariño, y devolverle la dignidad con una mirada de amor. En silencio. Sin más gestos que la calidez de la piel al tocarse.



El día de mañana quiero que amarte sea una palabra hermosa que recorra todas tus sombras. Eso querrá decir que en el día de hoy he sabido responsabilizarme de mis sombras que danzan sobre los dos titubeantes, como velas en la noche.

No quiero que sufras, pequeño amor, pero sufrir es sentir que no te aman por no ser lo que debieras.

Quiero guardar el silencio de la responsabilidad, a tu lado. Consciente de que tal vez, sea el único modo de mirarte con amor en todos los momentos. Cuando te invaden las sombras, y cuando transportas la luz que llevas dentro.

Hacerme responsable de mis pobrezas que me llegan en forma de disparos sobre mi cabeza, devueltos por tu reflejo constante. Tomaré mis heridas y aprenderé a vivir con la marca que dejen, serán las señales de que algo pasó, de que algo quedó atrapado entre mi ser y mi experiencia. Y no volveré la cara para no negarme, una vez más.

Quiero poder amarte cuando nadie más pueda hacerlo. Y podré hacerlo porque no te juzgaré, porque tendré el amor en la boca, porque en mis manos sólo habrá la certeza de que eso fue lo único que pudiste hacer. Y entonces, sin lugar a dudas, te amaré.

lunes, 30 de junio de 2014

Amar es un riesgo

Esto no es amor,
es una locura.
Desde la atalaya más alta
al canto rodado que afina en el lecho del rio.
Te amo.

Te amo, mi pequeño tesoro.

Pero esto no es amar,
es una locura vestida de riesgos
que se asoma agitada,
y sonríe,
divertida
tocada con flores,
cargada de aromas
de labios,
de besos
de risas.

Ilustración: El cielo por el tejado


Te amo así mi tesoro,
subida...
y bajada...
montada en la noria de adivinar tus pasos,
y de cuidar tu morada,
en la que cada piedra debe llevar su nombre
en la que cada hombre debe pisar su huella
en la que cada mujer debe cerrar su puerta.

Te amo.

Te amo y arriesgo,
pequeño tesoro...

¡si yo hubiera sabido que amar era esto!


viernes, 30 de mayo de 2014

En la orilla

La niebla se enroscó en el cielo,
aprensiva.
¿Dónde está esa madre niña?
Cuando nació se soltó de la mano,
rompió el cordón
y desprendió la mirada.

Pendió,
como penden los hilos.

Esa mujer madre niña,
dormida en la orilla.
Que despierta pálida ante su cuerpo olvidado.
¿De quién es ese hijo que llora por dentro?

Cinco horas después fueron a buscarla,
¿dónde está la madre que duerme en la orilla?
que duerme en la orilla
y que canta al revés.
Como si cualquier cosa pudiera ser.

Ilustración: El cielo por el tejado

Despertó del sueño,
no lloró completa,
no formó su nube de polvo de estrellas.
Caminó dormida entre tanta arena, desierto que auyenta,
que vela, que oprime,
entre tanto vacío.

Recuerda.

¿Dónde está la madre niña debajo del cielo?
Dormidos los ojos,
con el útero errante,
la orilla vacía ¿quien llora a lo lejos?

No busques, no gimas.
Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.
No gimas ya madre niña
y busca a la madre que duerme,
que ofrece su pecho,
que canta y delira,
que arropa la orilla.

Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.

La vida.

lunes, 19 de mayo de 2014

Ser de papel y lápiz (Sueños II)


Te pido permiso para dibujar en ti. Perdóname, no quiero reescribirte, no me mal interpretes. Sólo quiero acompañarte desde mi viejo lápiz de mina.

Desde hace algún tiempo me he dado cuenta, que quiero dibujarte los sueños nocturnos. Sólo poner un par de trazos, quizás alguno más que se me ocurra.

Y es que por las noches, a partir de ahora, dibujaré una sonrisa al dormir contigo e ilustraré tus cuentos mientras sueño. Que nada enturbie tu paz, que todo lo pueda por ti. Que los lobos sean lobos, y no maldad que se ensaña. Que la princesa no se salve sino que amenace volver.

Sólo así podrá ser. Que despacio, como un caracol que se arrastra, te acompañe a vivir.

Cómo acompañarte a vivir tus miedos, si no es como un caracol.
Cómo acompañarte a vivir tus riesgos, si no es con el vientre sobre el suelo.

Desde hace algún tiempo tengo el pincel preparado. Desde hace algún tiempo quiero dibujar otra forma de mirarte, con la mancha repartida por todo el papel, sin juzgarte, respetando tu forma original, sin empañar la línea que te forma.

Ilustración: El cielo por el tejado

Y es que sólo quiero dibujar tus sueños, los que tienes por la noche, que te persiguen a veces. Sólo quiero ilustrar tus cuentos para que sepas que estoy ahí, así callando, mientras duermes. Para acompañar tus pasos por la tierra de los dragones, que no son de fuego, sino de leche. Y se ríen mientras duermen y te llevan a cualquier lugar.

Sé que no soy quien para decirte qué es este mundo. Sé que no puedo, ni quiero, ni debo, colorearte lo que es gris, o blanco o negro. Pero yo sólo quiero estar ahí,  acompañándote en silencio, cuando quieras cerrar los ojos. Cuando mires a otro lado, cuando la imagen sea tan fuerte que no sepas quitar la mirada.

Yo sólo quiero dibujarte un sueño, con tapa dura y entelado.
Yo sólo quiero estar contigo como si tu fueras el lápiz y yo el papel preparado. Acompañando los trazos, recibiendo el grafito, apostando por las líneas que suben más alto.

Como un caracol tendré que pintar de blanco la estela de mis pasos, para que sepas por dónde paso, para que sepas que yo he caminado.

No quiero dejarte huella. Que mi lápiz no apriete el soporte.
Sin improntas, sin señales.
No habrá marcas imborrables.
Yo sólo quiero dibujar en tus sueños. En esos que no se recuerdan, pero que dejan una sonrisa ligera en el rostro cuando despiertas.




Para dibujar en los sueños puede hacer falta...

Una libreta en blanco, para que admita todos los trazos, puede ser que en el bosque de tu interior haya más líneas de las que a primera vista parece...

Pasar una tarde mirando las nubes, dejándo que sea cualquiera la forma que aparezca, permitiendo entrar a dragones y murciélagos en el imaginario... es importante no marginarlos 

Olvidar de qué color son los árboles, el sol, o las mariposas... es mejor que cada vez que lo dibujes tengas que elegir cúal color darles porque depende de la hora del día, de lo que hayas comido, o del humor que te pase por las arterias puede que lo veas en distintas tonalidades 

domingo, 23 de febrero de 2014

Vivir es probar infinitas veces II...

... contigo


Ilustración: El cielo por el tejado

Te acuestas en tu nido de sueños sin descifrar. Tienes plumas que te hacen reir, en sueños. Y yo callando pruebo a volar tu vuelo.

"Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso".
A. Goytisolo


Yo sé que probar día a día contigo, es hacerlo infinitas veces…
Que probar a vivir contigo infinitas veces se duplica por dos. Se me muestra al cuadrado. Se me eriza la piel al pensarlo. Que puede ser el infinito ahora, y las veces que queramos.

Yo sé que vivir contigo será probar a volar. Y en ese soñar probaré a vivir aunque sea sólo una vez, da igual,
porqué merecerá la pena,
y será un regalo para disfrutarlo durante todo el trance del sueño…

Probaré una, o trescientas. Jamás echaré las cuentas para llegar al infinito que tú y yo necesitamos. Que estará infinitamente cerca. Que será tremendamente cotidiano.

Vivir contigo puede ser probar infinitas veces,
hasta que una de esas veces deje de anhelar tu amor por encima de lo que tú necesitas,
hasta que en una de ellas esté suficientemente segura de tirarme al vacío. Y apostar por la locura de quererte sin red y sin miedo a mi fracaso.

Ilustración: El cielo por el tejado


A tu lado puede ser probar infinitas veces
hasta que encuentre la manera de mirarte a los ojos y saber que soy sincera, auténtica. Hasta que encuentre la manera de sostenerte la mirada, y podamos sonreír sin que nada lo enturbie. Sin culpas. Sin barreras.

Vivir contigo es probar todas las veces que haga falta,
hasta que descubra que he encontrado la manera de ser feliz y contagiártelo. De pasear por mis necesidades y colmarlas previamente. Y después ir a buscarte con un helado en la mano, de chocolate y caramelo. Para celebrarlo. Para divertirnos. Para probar todas las maneras de disfrutar juntos. De disfrutar de ser dos que viven probando. Lamiendo el uno del otro.

Y entonces vivir será poder volar.
Vivir, será poder amar.

Probar a vivir sin el lastre del pasado. Despedir a la niña que hay en mi, que no me deja seguir probando, seguir viviendo lo que me queda por descubrir.
Probar a ser madre, despidiendo las heridas del pasado. Las cicatrices que rodean los entornos de mis ojos anestesiados. Que no me dejan verte como eres. Maravilloso. Único. Hermoso.

Ilustración: El cielo por el tejado

Vivir contigo es probar infinitas veces
a saber quererte,
a saborearte,
a vivir la vida sin hacer otra cosa que mirar el arte que te corre por las venas, que te lleva por las calles como un caballo desbocado.

Porque vivir contigo es probar las veces que haga falta,
porque lo que hace realmente falta es aprender a vivir probando, como los niños prueban a perder, sin mirar qué pierden, ni cuanto. Simplemente dejan las cosas volar. Las liberan de ataduras y esto les deja volar. Por eso son pájaros livianos y libres, porque dejan libertad.

(...)
Olvidar los números para no contar, y probar y probar…
hasta que sepa que estoy lista para vivir así… libre, amando.
Y que no me importará naufragar, porque tendré infinitas formas de volverlo a intentar.


Felices sueños a todas…

lista para probar de nuevo…


Se puede probar a vivir con toda esta belleza acompañándote:
Música para escuchar infinitas veces: Palabras para Julia”, el poema de Goytisolo hecho música, en este caso una versión por Antonio Ranky y Bebe. Una canción para nosotras y para nuestros hij@s.



Un poema para soñar con llegar a volar: “Vuelo” de Miguel Hernández

(…)
Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.
(…)


Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado


jueves, 20 de febrero de 2014

Había una vez un acuario y un pez…



(Historias mínimas)

Había una vez una mujer con un bebé de cinco meses en brazos. Había una vez una mamá con un tesoro escondido tan al fondo del maletero que rara vez lo podía encontrar. Había una vez una necesidad tan grande que creció y creció y ocupó todos los cajones del dormitorio. Había una vez una sombra tan poco transitada que solía vagar sola por los pasillos escuchando el llanto del bebé. Había una vez tantos botones que abrochar que no se daba a basto más que para salir desnudo. Y poblar la calle de piel. Y forrar los parques de vello para que estén mullidos.

Había una vez una mujer que nunca supo porqué se llamaba así. Por qué tejía en silencio mientras susurraba "lo siento", por qué escarbaba en la memoria de los peces del acuario una respuesta que le dejase dormir.
Porqué, porqué.
Por qué tendrá que ser así.

Ilustración: El cielo por el tejado


Había una vez un bebé sin piel. Había una vez un bebé con cinco meses que bebía la esperanza de flotar en un líquido de besos. Había una vez un bebé que tomaba la conciencia de su madre y la mezclaba con especias de Turquía. Y removía y removía. Y volvía a remover, como un líquido exótico que nunca más volvería a ver.

Había una vez un bebé que ya no era un pez. Era un verbo pronunciado con acento, una sílaba silbante que susurraba a la madre: "Vuélvete aquí otra vez, vuélvete aquí otra vez... Mamá, vuélvete aquí a navegar del revés".


Y había una vez...
  



Para nadar en lo mínimo:

Una película: "Historias mínimas" de Carlos Sorín. A veces son pequeñas historias...

El puerperio es una historia de amor, para navegarla de cerca...


 Edith Piaf  "L´Hymne a L´amour"...
 ...¿tu crees en los que se aman?

sábado, 15 de febrero de 2014

Una ciudad de Patchwork

Son las 22,30h. La noche está fría, a mi pajarillo dormido le recojo sus pies debajo de las mantas. No vaya a coger frío que la noche está muy blanca…

Ilustración: El cielo por el tejado

Sospecho que el invierno viene frío. Sopesé comprarme un abrigo, de lana y pelos que cosquillean la nariz. Pero... sólo me abrigaría a mi. Ni los bancos del parque, ni la cola del INEM, ni el perro de la señora Angelita, ni la parada del bus, ni la trenza de mi vecinita de enfrente podrían cobijarse allí.

Oh... Sospecho que hace mucho frío en todas partes. Debajo del barrio y encima del cielo, allá donde se ve todo con más acierto. Así que pensé que tendría que buscar algo que siendo largo fuese asequible, siendo alto fuese sencillo, siendo cálido tuviera huecos por dónde respirar.
Y no encontré nada. Nada más que muchas telas distintas que no sabía dónde colocar. No sabía dónde mezclar. No sabía por dónde clavar la aguja para empezar a coser. A hilar.

Y entonces, cuando supe que tenía mil pedazos que volaban por toda la ciudad, que tendría que recorrer largas distancias con mis pies diminutos, de la mano de un pequeño de tres años, agachándome en cada trozo de vida que recorría... entonces decidí dejarme arropar. Ya está, pensé, el frio llegará.



Y así fue cómo ella me encontró a mi, una colcha de Patchwork tejida para todas. Y me dejé unir, mezclar, asociar.
Coserme en esta almazuela de fragmentos de tela, que abriga las tardes en vela, las noches de piénsame dentro, los días en blanco con un bebé en brazos.
Era grande, suave, cálida, hecha con hechos, con pasos pequeños, con sonrisas tímidas y abrazos tiernos. Con olor a leche, a mochilas y a deseos. De vivir como un todo entero, cada una, en su pequeño cielo. Una manta de Patchwork que arropa pasos inciertos, alegrías y penas que tienen nombre, apellido y documento. Aliviando la carga, animando al camino, haciendo de la ciudad un lugar que sea eso, un lugar para el encuentro.

Un cálido crisol de vidas que nos de abrigo.
Donde no haga falta que cada palo aguante su vela. Sino que todas las velas se sostienen al calor de una colcha hecha de partes que se juntan. Que anuda, que socorre.

Viviana escucha  atenta. Encierra en todo lo que no dice varios años de traslados. De un país a otro, de una casa a otra. Pariendo a sus hijos en el tránsito, en la búsqueda de un lugar. Un lugar para hacer, para construir. Quizás no sueña un hogar. Quizás porque ya lo tiene, lo sabe hacer con el pan, con amor y una cuerda y una caja. Viviana sabe construir, tejer una red que nace de su útero y se extiende haciendo tejido, regalando a los demás, enganchando a la alegría de hacer juntas el camino.




Una manta que está hecha de besos que no se dan, porque madrugan.
Porque están cansados. Porque no han venido a cenar.
 
Anielka es madre porque así lo quiso. Sola. Anielka dice que siempre fue muy familiar. Allá dejó a su hermana que se quiere casar, y a su padre, ya viudo que le cuida un familiar. Quiere buscar un trabajo, pero necesita mejorar su idioma. Y homologar su título. Anielka ha encontrado el amor. Espera todo el día a que sea de noche, para encontrarse, para enredarse. Con ese amor que le procura sueños. Que le regala abrazos que llenan agujeros. Que duelen pero no tiene tiempo de verlos. Con su bebé creciendo, que empieza a hablar, que la quiere enamorar.


Un Patchwork tejido con cuidado, una a una, mujer a mujer.
En esta ciudad de los fragmentos.

De las partes que te envuelven para decir que el colectivo te arropa.
Que te puede dar calor si te unes a su urdimbre.


Maribel se separó. Su melena medio gris medio salvaje le cae sobre los hombros. Tiene la sonrisa de la libertad. La que exige esfuerzo y mirarse dentro sin perder de vista a los demás. A veces me cuenta que cuando la visita su hija prepara un té caliente y unas pastas de cariño, pero no quiere oír hablar de volver otra vez. Que no va a recorrer el mismo camino gastado, transitado, agotado. Y debe decírselo con cuidado, delicadamente para no romper el frágil cristal del corazón de los hijos, que está atado a los padres en un punto fijo. De soldadura de plomo.

Una almazuela hecha de olor a mandarina,
de palos guardados en la mochila,
de piedras que inundan los bolsillos.
De ganas de llegar al abrigo de otra historia.
Para hacerla juntas, viendo crecer a nuestr@s hij@s




Sospecho que el invierno viene frio.
Levantaré una esquina de la colcha de almazuela y meteré debajo tantas caricias que se quedaron por el camino, camino de los vientres de mujeres que acogen, camino del invierno.
Haré un hueco grande, que suspire si hace falta.
Haré un hueco gratis, para que nadie quede fuera.
Y lo forraré de piel de camello y de alpaca. Con olor a incienso de otras tierras.
Enamoradas, de la vida que generan.


Acalorada, con las mejillas coloradas, busco debajo de la manta.
Y veo unos pies que no son los míos.
Unas manos que aguantan el otro extremo.
Y alivian mi esfuerzo. Pieza a pieza formando un todo de piel y de versos.



Buenas noches a todas…
…desde mi tejado tejido con decenas de fragmentos…


Al calor de la lana tupida se puede encontrar un montón de rostros y experiencias para tejer juntas:

Para tejer navegando: webs para crear redes, en FEDALMA  encontraréis asociaciones de apoyo a la lactancia en cada ciudad, ofrecen grupos que son también espacios para compartir la crianza…
Y si pinchas aquí  hay unas cuantas redes de madres más…


Para disfrutar de lugares comunes, para sentirse como en casa:

La música: “Hechos de gente” de Pedro Guerra. Otras vidas, otra gente tan diferente entre sí, que animan al futuro, que forman un crisol.



La lectura: Obstare Es una editorial dedicada a la maternidad, puedes escoger entre un amplio abanico el libro que más te convenga.
El cine: “Luna de Avellaneda”  de Juan José Campanella, como tejer en colectivo, desde las vivencias de un barrio...



Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado

lunes, 3 de febrero de 2014

Y el arte se deja mecer...


Cuando pensé en ser madre nunca imaginé que podría ser un proyecto compatible con el arte, con la creatividad. Imaginaba lo que los anuncios y las películas, lo que el mundo de no-sentires te hace llegar por un agujero minúsculo hasta tu subconsciente: que la presencia de una criatura dependiente y frágil te impide la posibilidad de seguir desarrollándote como mujer, como ser entero, como creadora... "todo debe esperar", "es un paréntesis", "si te sigues desarrollando tú será a costa de no estar presente en su infancia"...

Todo esto nos rodea como mujeres cuando decidimos dar el paso hacia la maternidad. Porque se nos dibuja la idea de que son compartimentos divididos. Caminos de sentido contrario. Alojamientos fragmentados que no pueden convivir.

Es el precio a pagar. La condena a disfrutar del error de ser mujer. Casi, casi el pecado original.

Cuando me soñé a mi misma madre nunca imaginé que, de hecho, sería todo lo contrario…

Un cierzo helado del mes de febrero me trajo la noticia
“Esto es lo que buscabas, serás feliz, completa.
Crearás, pero debes danzar con los sentidos alerta y las manos en el vientre.
Escuchando, siempre escuchando…
El latido del caballo desbocado te traerá el arte hecho vida.”

Ilustración: El cielo por el tejado


Es verdad que hay que buscar otras formas de seguir con determinados caminos dentro del arte, pero también es verdad que de todas formas había que buscarlos… no hay otra solución para el arte hoy. Para que sane de su enfermedad de la distancia de los otros. De su mal endémico del dinero de por medio.

Es verdad que son caminos empedrados que hay que recorrer, pero es verdad también que éstos son más deliciosos, más enriquecedores y más cargados de belleza, poesía, humanidad y sensación de estar redonda, entera, terminada. Más madura.

Cómo un fruto en el edén, deseado y ofrecido. Así percibo yo el arte en la maternidad. La creatividad dispuesta para la crianza y al servicio de todos a través de unas manos que  se están modelando con los cuidados que dan a diario. Dar alimento, dar calor, dar cobijo, dar seguridad, es estar buscando constantemente soluciones. Eso es la creatividad, darle forma a lo que se antoja difícil, imposible o lejano. Y así día a día. Hora a hora. Minuto a minuto. Beso a beso. Dolor a dolor.


Decía Platón que no hay danza más hermosa que ver a una madre acunando a su hijo.

Cuando decidí ser madre no podía hacerme una idea clara de por dónde aterrizarían mis inquietudes, mis apasionamientos, mi creatividad... Y lo que me he encontrado es un espacio intermedio, basto, inabarcable. Como un limbo, o un Hades dónde todo puede ser. Hasta la muerte. Desde la vida.

En esta tierra de nadie podemos sentirnos libres. De mezclar lo que es del cielo con lo que es de tierra. De juntar, untar y hacer una pomada con las necesidades básicas de un recién nacido y nuestras necesidades más trascendentales.

Lo que he hallado es un lugar común, que se encuentra entre la piel rosada y la materia etérea de lo creativo. La combinación perfecta que se nutre mutuamente.

Ilustración: El cielo por el tejado
Yo no me he encontrado un punto y aparte, ni si quiera una coma en mi camino. Me encuentro leyéndome a mi misma en un texto creativo y arriesgado. Una obra entera, sin disciplinas, sin acotar en departamentos. No hay escultura sin barro de piel. Aquí no hay óleo que huela a pintura sino a leche y tierra abonada, profunda y perfumada. Dispuesto todo para el disfrute inmediato, para la reflexión reposada con el corazón pululante. Para profesar la política activa de reconocer lo que no queremos, lo que no permitimos, lo que vamos a batallar hasta no consentir que nos acorralen.

Creí que estaría entre cadenas, buscando un pedazo de baile al son de los tambores... y me encontré con la pieza completa de la libertad, esculpiendo en piel como una creadora más.

En el proceso de estar embarazada la razón para crear se extendió más allá de mi misma. La visión de un mundo en proceso de crecimiento, como hierba que aflora entre las aceras me llenó de confianza.
En los cuidados a un recién nacido, en la empatía necesaria para criar, mi creatividad se ha llenado de la necesidad de crear una piel que abrigue lo frágil, para que no pase frío. Es más cercana, más viva.
Porque el arte es un ser vivo que crece si se le alimenta de vida y realidad.

El arte no necesitó más de excusas. Ni yo se las volví a pedir.
Cuando fui madre integré dentro de un solo cuerpo dos corazones, y tracé una línea que camina en una sola dirección, imborrable: trabajar para crear más vida.
Trabajar para seguir creando.

…Buenas noches a tod@s
…de larga y cálida creación…


Para alimentar la voluntad de crear a veces puede servir...

 Cesaria Evora canta Sodade




Quién te mostrará
ese largo camino?
Quién te mostrara
ese largo camino?
Ese camino
para Santo Tomás (Sao Tomé)
Tristeza tristeza
Tristeza
Esa tierra de San Nicolás
Si tú me escribes
(yo) te escribiré
Si tú me olvidas
(yo) te olvidaré
hasta el día
que tú regreses.




Miriam Schapiro, artista visual feminista en los años 70





Todas las ilustraciones de: El cielo por el tejado





viernes, 24 de enero de 2014

Noches de piensamedentro


Ilustración: El cielo por el tejado

En esta noche mi vuelo recuerda las noches de piénsamedentro. Noches de brazos y el regazo caliente. Son las 24,00h y creo escuchar una voz a la luz suave de mi mesilla de noche…
Dios de la lluvia abrázame
y bajo tus nubes volveré a considerar
las múltiples formas de besar
el aire bañado en tu perfume singular
de antiguos aromas flotando en el aire
“El último de la fila”

Cuando acabamos de dar a luz tenemos una lamparita encendida dentro. No nos damos cuenta, porque estamos absortas en ofrecernos, en darnos a beber…

Cuando empezamos a dormir como madres no nos damos cuenta, pero hay una luz que se encendió. Hace algunos meses. Cuando aún éramos medio hijas medio madres. Una luz que se mueve ofreciendo las sombras. Una luz silenciosa. Hecha de susurros, de hambre y de sed.

Cuando las noches de piénsamedentro empiezan, las luces de lamparita de noche nos ilumina las incertidumbres, los desvelos, las ganas de ser uno sólo muy adentro…

Qué nos desvelan las noches de leche y senos, qué nos desvelan,
qué nos quieren contar… que no lo sabemos.

Cuando la lámpara nos ampara de la oscuridad, de la noche estremecida, del retorno a los comienzos de nuestra propia vida. Nos ampara de algo más que del silencio de la madrugada, nos ofrece una puerta para abandonar la historia que nos bordamos, sobre la blusa de los domingos. Que lucimos con esmero pero no tiene remedio. Es imposible vestirla después de saber qué es dormir a medio desvelo. Con tu bebé en brazos, sabiendo que no hay marcha atrás, que todo está dispuesto.

piensamedentro2
Ilustración: El cielo por el tejado

Acurrucando a la cría, amamantando el verbo más bello. Amar.
Amando amaremos el cielo que nos envuelve sin miedos.
Amar amaremos. A ciencia cierta, amaremos.
Bajo la luz tenue de la lamparita encendida que no supimos ver.
Que nos trae la luz. Que nos da la vida. Que nos empuja a ser otra cosa, enigmática. Soñadora.

Amaremos la luz tenue que nos evita el delirio de seguir siendo un niña. Que no se quiere ver, que se niega la evidencia. Pero a la luz de medianoche, con una criatura al pecho, medio dentro medio fuera de ti todavía, que te estira de la piel… eso es negarte a ti misma. No puedes seguir mintiendo. No cabe la huida, no cabe la fuga… se escapa la llama y no puedes salir corriendo.
Puede que sintamos soledad encarcelada. Puede que creamos que no tenemos derecho a perdernos en nuestro tiempo de nanas. O puede que sintamos que nadie más ve lo que nosotras vemos. Que estamos enamoradas. Que tenemos todo hecho. Que estamos listas para el amor en nuestra cama de amantes, que intercambian miradas. Que no quieren compartir con nadie. Que están entregadas al delirio de nada más darse.

Son noches de piénsamedentro encendidas con un candil que no tiene quien lo sostenga. Porque flota dando luz incierta. Porque nadie sabe el misterio que lo mantiene en alto, alumbrando. Sin apoyo. En el aire. Flotando en el tránsito de un día hasta que llega el otro.

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Ilustración: El cielo por el tejado


Amaremos la luz tenue que nos invita al desconcierto. De buscarnos malheridas. De hallarnos amazonas. De emborrachar al pensamiento que invita a ser coherentes. Para que calle. Para que no hable. Que esta noche es de dos y todo lo que no fluya entre la piel y la sangre no tiene cabida aquí.
Nos hallaremos como sirenas cantoras que llaman al sueño de nuestro pequeño. Que goza de verle durmiendo, al final de la noche que flota. Entre la luz de una pequeña derrota. La de querer volver a la noche de piénsamedentro.

Son noches de piénsamedentro.
Son noches de luna de miel.
De gastar los segundos, las horas, los tiempos.
De estirar de las sábanas de azúcar para arroparnos, entretenernos.
Saboreando. Reconociéndonos.

En mi pequeña avioneta añoro esos cantos de luces tenues y olor a calostro. Hace ya casi cuatro años y todavía me entrego al recuerdo. Que me dio la voz cansada, que me trajo la vida que tengo, la mano en tu cuerpo, la vela que quema todo lo que no encuentro.

Dios de las lluvia apiádate,
de las bestias y de mi pobre mortal.
“El último de la fila”

Gracias por ser eso que no encuentro. Gracias por ser el secreto de las noches de piénsamedentro. De los ríos que manan el agua sagrada. De las lámparas que alumbran el amparo que nos aguarda. Que está escondido, que no tiene dueño, que sale de paseo blandiendo un deseo. Que no tengas prisa, que no tengas sueño, que dejes la risa prendida del cabecero y susurres los cantos que no te dijeron.
No tengas miedo de ser lo que eres. Una dama de la luz que mana para su cría, que adora dormir desnuda y perseguir un nuevo día. Que le hable de ti, que no tienes días, que tienes horas de vida para llenar mi medida. En esta noche de luna de miel. Que tiene el candil de la luz que tu alumbras.

Feliz noche de piénsamedentro…
… desde mi avioneta que vuela recuerdos…
…para todas las recién mamás, y puérperas de nacimiento…


Entre los campos verdes de abril,
lejos del mundo, muy cerca de ti.
“El último de la fila”


 
Pati, me has traido muchos recuerdos desde tu luna de miel con tu pequeño cachorro. La vida recién llegada inunda de luz a la vida que ya estaba posada. Gracias por traerme esta bruma.


Noche de música: “Dios de la lluvia” de El último de la fila en su álbum "Como la cabeza al sombrero"



Noche de lectura: El cantar de los cantares Dos amantes se buscan desesperadamente. Se encuentran y se vuelven a unir, tras una separación, ya definitivamente…
“Se han mostrado las flores en la tierra, 
El tiempo de la canción ha venido, 
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. 
La higuera ha echado sus higos, 
Y las vides en cierne dieron olor; 
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.”

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado

Tiempo pirata y gatuno

Son las 22,30h y por fin te has dormido. Todo el día naufragando, nos tenía ya agotados. Nada más rendirme a ti, pirata feroz que persigue sus deseos, te has rendido al sueño oceánico que aguardaba entre las sábanas. Nada queda por decir hoy. Todo el mar lo hemos surcado. Ahora me toca a mi recuperar para mi vuelo las palabras de cielo adentro. Las que conforman mis sueños.

Ilustración: El cielo por el tejado

Y es que a veces logro ser la mamá pirata que lucha contra el viento y guarda tus tesoros.
A veces soy la luz que ilumina el vientre oscuro de la ballena, para que mi pequeño Jonás salga hacia fuera, triunfante. Y lance un canto a la vida.

A veces creo que puedo recorrer tu cintura sin decir te quiero, sin decir te adoro, sin comerte a besos... pero no puedo. Y eso me hace reír, porque soy la madre que te quiere como la quisieron.

A veces la mamá pirata se equivoca de barco, y naufraga en una isla que no tiene final. A veces las islas y los mares no se sabe dónde acaban. Y empiezan a acabarse cuando ya no queda más. De paciencia, de respiro, de palabras, de tiempo de nunca acabar.

Yo soy eso y mucho más, como mamá, como pez fuera del agua y gato sobre el tejado.
A veces soy todo eso y mucho más. Y puedo decir con las heridas de guerra que sé saltar desde lo alto y dejar caer mi desencanto.

Que no importa que me pueda la impaciencia, el error y el egoísmo. Porque puedo ser eso y mucho más. Más de lo que aquí atisbo. Más de lo que yo soy capaz de imaginar.

Mamá a veces es funámbula, sin red y sin circo, acróbata empedernida que no sabe si saldrá ilesa. Pero cariño, tu sabes que tenemos mucho tiempo para bebernos la sorpresa. De saber que tengo más de una vida aguardando, escondidas debajo de la mesa, junto a las migas de pan del mediodía.

Mamá gata soy a veces, confundida con las sombras del tejado. Recupero mis dos vidas que he perdido cuando aprendo a besarte malherido. Si te duele un sueño y me haces daño, yo te beso el disgusto que has mostrado. Y me guardo las ganas de llorar, para que puedas acurrucarte en mi regazo. Que tengo para ti, mi pequeño gato, un hueco cálido y mullido en esa vida que hace poco he estrenado.
 
Ilustración: El cielo por el tejado

A veces logro ser la mamá pirata de los cuentos que te leo. Y pienso que somos invencibles codo a codo. Que nada nos puede parar. Que la vida puede ser un gran tesoro. A veces, cuanto más me equivoco siento que menos importa. Que es delicioso ser libre, imperfecta, bravucona. Y adorar tu pelo revuelto, por el viento de estribor. Oliendo a mar y salitre, mareados de oleaje. Guardando grandes tesoros. Sencillos, pequeños, baratos, llenos de deseos que los hacen grandes.

Cuando todo es terrible, oscuro y siniestro, y aún así puedo soltar una carcajada de pirata descarada. Entonces es cuando más me acerco a tu rostro de niño. Cuando venzo el peligro. Cuando adoro el riesgo. Cuando suelto el timón de piedra que se encalla en lo mismo.

Vamos a cruzar los siete mares. A navegar con dos cañones por banda. A zozobrar cuando haga falta, porque a veces hace falta.

Porque equivocarse es un lujo y será mi bandera pirata. Porque así sé de seguro que sabré cuando elegir acertar. Porque yo soy eso, mi bien, todo eso y mucho más.

Soy mamá de gato pardo. Que no esconde su temor. Sé que puedo perder las vidas, sé que no siempre salto de pie. Pero ya no quiero red. Me escapé a pie del circo para danzar sobre un alambre, un hilo fino y largo que subiría hasta el cielo. Y allí caminar sin vuelta atrás, y sin mirar hacia delante. Sólo el vértigo en la barriga y un poco de tu risa en mi semblante.

Cielo abierto me regalas.

Nada más quería decirte, nada más te sé decir sobre mi vida vacilante. Desordenada y gatuna, pirata y equivocada.
Dichosa, si tiene una luna a la que seguir como una fiera errante.

…Felices sueños a todas…
piratas, marineras, soñadoras, gatas pardas…
…desde mi avioneta entusiasmada de vivir lo que haga falta…


A veces un poco de emoción hace la vida más corta pero más rica en matices,
aquí podéis encontrar algo de picoteo:

Para picar de música: “Se me olvidó que te olvidé” aunque nada se me olvida… Bebo y Cigala en su álbum “Lágrimas negras”. A veces olvidamos todos los propósitos, y todo lo que aprendimos en el último año. Pero no pasa nada, tenemos otro año más para volver a aprender lo desaprendido.




Para picar de cine: “La estrategia del caracol” de Sergio Cabrera una forma imaginativa de organizar una estrategia para seguir en la brecha, amarrado a tu corazón…

Para picar de arte: Robin Rhode el grafiti interactivo, el arte en la calle que se transforma, desde Sudáfrica…



Ilustración destacada*: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones:
Voladora de Sueños para El cielo por el tejado

*Nota: en esta ilustración la bandera pirata que ondea es la de Edward Teach, más conocido como Barbanegra. La imagen la he recortado de la web.

 

lunes, 20 de enero de 2014

Sobre el alambre


Ilustración: El cielo por el tejado

Hoy me he encontrado en mi avioneta unas cuantas malas hierbas pegadas a las ruedas y enganchadas a las alas. He comprobado el motor, pero estaba intacto, menos mal. Cuando todo estaba en orden me he subido y he comenzado mi vuelo. Son las 24h y los recuerdos vienen a mi despacio…

Un ovillo de lana crecía dentro de mi. Y mis ganas de seguir los pasos de esa línea blanda, extendida por todo el cielo y que llegaba hasta dentro de mi, se apoderaba de toda mi energía.
A través del cordón me alimentabas, con tu savia milenaria me recorrías entera. Llenándome de vida. Yo era entonces tu obra de arte.

Tu eras para mi esa música que oía susurrar...
"La fuente del amor secreto" (música andalusí)




...
Necesito crear, no puedo evitarlo. Y mientras tú te desarrollabas ensanchando mi cuerpo, yo dirigía mis pasos hacia fuera y hacia dentro de la misma manera en que mi vientre se balanceaba sobre mis pies.

Hacia un lado. Hacia el otro.
La vida en equilibrio. Sosteniéndose.



Compuestas,
Subfamilia: Lactucoideas Cardueas.
Onopordon Nervosum



Con mi vientre henchido no podía crear sobre la nada. Todo proceso de creación se contagiaba de esa línea de origen estelar.

Buscando respuestas a tanta vida me encontré con lo desconocido. El Hades que debía explorar.
La morada de los espíritus me contaba historias de mujeres. Que no debieron de ser. Historias que necesitaban ser contadas de otra manera. Mujeres que perdieron algo más que su vida, perdieron su dignidad. Porque no figuraban sus nombres en las noticias, sólo su etnia, su país de procedencia, su profesión maldita, o su manera de sobrevivir. En este mundo de diosas desechadas.

Y permití que la muerte equilibrara mi paso hacia la vida. Sólo un poco. Nada más. Lo que apenas podía hacer con mi capacidad de entrega, de renuncia. Dejar un hueco. Hacerme a un lado. Decidí dejarme llenar por el sufrimiento de otras mujeres. Que perdieron la oportunidad de ser tratadas con respeto, incluso en el último momento.

Madrid es un lugar para nacer, y también para morir.
Hay lugares para la vida, y también para la muerte.

Hay belleza que se esconde tras las flores que entierra sangre derramada. Que siempre es cruel con la memoria.


Quenopodiáceas Salsola Kali



Subirme al alambre, vida de funámbula. Nueve meses de equilibrio investigando la muerte violenta de mujeres sin nombre. Mientras la vida en mi vientre se abría paso con fuerza. Sin dificultades.

El arte a veces me lleva por caminos que preferiría no ver. No conocer. Caminos que están en descampados. Mis pasos oscilantes, con el  vientre repleto. Enamorada de un proyecto que diese sentido a dar a luz a una vida. Alumbrar la vida. Llenar el vacío oscuro de sentido. Desterrar la violencia. Atajarla.

Los descampados son lugares. Lugares donde se pierden los pasos, pisando sobre malas hierbas que inundan de belleza humilde la vida. Y la muerte.

Una a una recogí esas malas hierbas, de los lugares señalados en mapas de periódicos, apenas descifrados. Y les di nombre. Busqué su definición, su ciencia, y encontré palabras que podían llenar de dignidad la vida derramada. De mujeres sin nombre.


Gramíneas. Subfamilia: Cloridoideas.
Eragrostis Curvula.



De cuerpos sin reclamar pasaron a ser flores que se les da de beber. Alimentadas, expuestas para no ser olvidadas.

Y nació en mi el deseo de vivir dando sentido. Un poquito. Nada más. Lo que apenas puedo hacer con mi necesidad de crear. De buscar el arte más allá de mis entrañas. Que crecían. Me transformaban.

Un arte que transforma la forma de mirar. Para no mirar hacia otro lado. Si no para prendernos de la vida. Para prendernos de los luceros (que linda cosa me dijiste Noemí) y no descender jamás. Por que nos va la vida en ello.

Mientras piloto mi avioneta dando vueltas sobre la ciudad descubro que han quedado unas briznas de malas hierbas dentro de mi habitáculo. Será que siempre me van a acompañar. Ahora que conozco su nombre, que recuerdo su olor…


Felices sueños a todas…
…desde mi avioneta funámbula planeando sobre el alambre…





Para caminar sobre el alambre os puede servir…
Para ver, oir y sentir: Mona Hatoum es una artista visual palestina. Arte funámbulo, que arriesga.
Para leer: “El despertar de Irán” de Shirin Ebadi, fue la primera jueza de su país y años después fue obligada a dimitir por ser mujer. Creyó en la paz desde tanta desolación y muerte como había en su tierra. Recibió el premio Nobel de la paz en 2003.


Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las fotografías pertenecen a la obra artística concebida como instalación "Las malas hierbas" (Madrid, 2010) Miryam Pérez Fajardo