Somos mujeres creadoras: criamos, amamos... Hacemos la revolución de transformar con nuestra mirada, de dejarnos llevar por los instintos, de pensar el mundo como realmente lo parimos: justo, hermoso, sensible... En este cielo nos enredaremos juntas, para expresar la vida que nos empapa los párpados, para criar bajo otra luz. Vamos a empezar a crear otro mundo posible. Vamos a construir el cielo empezando por el tejado...
Hay que celebrar la vida, aunque celebrando la vida haya que celebrar la muerte. Hay que celebrar que la vida es vida porque tiene muerte. Y así, despacito, se van colando los muertos que se acumulan entre los propios huesos. Como una calaverita mejicana, de colores bellos, dulces, que forma parte como un mosaico de tu propio cuerpo.
Hay que celebrar la muerte a la cobardía, la muerte a la propia renuncia a ser feliz, celebrar como mueren las caras desgastadas y la voz cansada de no tener voz.
Hay que celebrar la vida que te atropella salvaje, en cada paso del camino.
Hay que reconocerla, a la vida, para poder entregarla entera.
Si no se te pierde, se te escapa...
La vida.
Y hay que celebrar la muerte, el fin, la tristeza, el odio y el miedo porque traen la lluvia que hace parar. Y morir.
Diane Arbus, fotógrafa y artista americana, se centró en retratar lo marginal, lo feo, lo extraño, lo discriminado y lo temible que hay en las personas. Diane tiene una foto con su bebé que no me puedo quitar de la mente, está asustada. Embargada de cariño pero a la vez sobrepasada por lo que acaba de ocurrir: ha de celebrar la vida y su mirada es de miedo y de pérdida.
Diane Arbus (1923-1971), fotógrafa, en dos autorretratos con su hijo
¿Dónde está la vida?
Hay que celebrarla cuando la reconoces al pasar a tu lado. Y vivir la pérdida como si todo fuese parte del mismo plan trazado.
Hay que celebrar las calaveritas, porque sin ellas la vida no es vida, es sólo algo fácil pero vacío e infertil.
Y hay que festejar también todo lo que de muerte tiene la vida.
"La maternidad es un renacer permanente porque nos ubica en el lugar de
acompañar la fragilidad de lo humano", señala. En este punto, la
maternidad es un espacio filosófico privilegiado, sólo que hoy, dice
Kristeva, "le falta una filosofía": "Somos la única civilización, como
laicos, que no la piensa filosóficamente". Por eso, la "pasión maternal"
es un desafío para los feminismos.
Del artículo "La travesía amorosa de la maternidad" entrevista a Julia Kristeva realizada por Verónica Gago para Página12, noviembre de 2011.
Esta autora, siempre apoyando el derecho al aborto, es una tenaz defensora de la pasión que entraña la maternidad y a la vez reivindica la necesidad de una filosofía de la maternidad como acontecimiento laico. Las religiones occidentales tienen más o menos una imagen formada de la maternidad, se ha repensado, se le ha dotado de valor simbólico, pero en el ámbito laico no se ha construido un pensamiento de la maternidad.
Reivindicar la maternidad como espacio filosófico es una revolución en si mismo, es reivindicar la necesidad de repensar la vida desde la maternidad, con sus armas y su manera de hacer llena de pasión. Si se repensase la vida a partir del hecho maternante ¿que sucedería? ¿Que lugar ocuparía la mujer en el mundo occidental? ¿Qué lugar ocuparía la infancia? ¿que sucedería en los pequeños contextos privados occidentales?
Si se construyese una filosofía de la maternidad en nuestra sociedad, las teorías de la educación, de la pedagogía y en gran medida de la psicología infantil y de la mujer serían probablemente totalmente diferentes. Hoy día hemos heredado una institución educativa pensada por hombres, unas corrientes pedagógicas en su mayoría (y las más influyentes todavía hoy día) pensadas por hombres y unas corrientes psicológicas de la infancia y la mujer pensadas mayoritariamente por hombres. La historia de la ginecología es un claro ejemplo de cómo la mujer queda al margen del propio estudio de si misma. Pasando por el parto y el sufrimiento que en ocasiones se le hace pasar a las mujeres en el tránsito de convertirse en dos, hasta la vivencia de la menopausia como mujer desahuciada, restada de valor y casi incapaz ni de mantener su propio equilibrio mental. No quiero decir con esto que los logros médicos no hayan sido un gran avance que debamos celebrar. Lo que creo es que estos avances no han sido acompañados de una visión femenina que les dotase de auténtico valor constructivo para una sociedad. Son eficaces (y no siempre) y para cumplir con determinados objetivos a veces (que la mujer sea mano de obra por ejemplo), pero carecen de la empatía con lo femenino, con la sensibilidad, de la conexión con el mundo femenino, profundo y clarividente que rodea al cuerpo de la mujer. Tampoco quiero decir que las teorías pedagógicas y la construcción de las instituciones educativas hubieran sido mejores siendo construidas por mujeres (seguramente la combinación equilibrada y sana de ambos). Pero serían claramente instituciones y corrientes en general más relacionadas con lo humano, con lo sensible, con lo frágil y con lo menos productivo. Hoy, en una institución educativa se miden estadísticas, se confeccionan informes y se elaboran tablas tales como hasta de en cuantos días logra un/a profesional de una escuela infantil hacer abandonar el pañal a un bebé (sin comentarios).
Una visión desde lo sensible, desde ese acompañar en la fragilidad humana del que habla Kristeva no permitiría esta visión de los resultados que ningunea a la persona que está detrás de esas tablas, que pasa por encima de las necesidades frágiles de ese bebé que depende de nosotros.
La ILE, en su momento fue pensada e impulsada por, un hombre: Giner de los Rios. Y tuvo unas intuiciones muy acertadas, y por supuesto una puesta en marcha mayoritariamente femenina, que la nutrió y le llenó de sentido. Por la coherencia en la apuesta y la pasión con que esas maestras de la república llevaron su vocación hasta las últimas consecuencias. Muchas fueron perseguidas por el régimen posteriormente, por ser imagen de la libertad y la liberación de la mujer y de la educación, y por tanto, de la sociedad entera.
Trazar una hoja de ruta que englobe todo esto comienza a ser una labor llena de necesidad a la vista de todo lo que comienza a suceder. Cada vez más violencia, cada vez más diferencias.
La mirada enamorada desde una "Travesía amorosa de la maternidad" se hace cada vez más urgente para toda la humanidad. Un repensar la maternidad desde la filosofía, desde el pensamiento, que dote de voz y de capacidad de formar parte de lo público a algo tan de lo privado va a ser fundamental a la hora de luchar por los derechos, no sólo de las mujeres, sino también de todos los hombres y mujeres del mañana que hoy todavía son niños y niñas.
Feliz domingo reivindicativo este 8 de Marzo, día de la mujer trabajadora.
Cuando era niña, quizás con ocho o nueve años, solía levantarme muy temprano los fines de semana, me gustaba estar a solas en el salón, en silencio, con todos dormidos todavía y coger la enciclopedia de la librería. Leía las definiciones de las palabras, una a una, aleatoriamente. Disfrutando del placer de descubrir.
Quizás porque estamos montando una pequeña biblioteca infantil en el grupo de juegos de la Asociación de vecinos me ha venido a la memoria estos recuerdos. Ver a Nino entusiasmado colaborando conmigo y con otros adultos y niños codo con codo revisando libros, organizando edades, decidiendo estantes...
Ilustración: El cielo por el tejado
Cuando era pequeña, desde que nací hasta justo los nueve años, pasaba largas temporadas en cama, enfermaba a menudo y eso me brindaba la oportunidad de poder leer a mis anchas, de poder aprender de verdad empapándome de todo aquello que necesitaba. Mi madre me traía a la cama el montón de cuentos que yo devoraba uno tras otro en aquellas interminables mañanas convalecientes. Practicamente siempre eran los mismos, tenía una pequeña colección (que aún guardo) de cuentos clásicos y fábulas. Esopo, Andersen, y alguno más se colaban en la cama conmigo y convertían mi pequeño cuarto en un bosque lleno de historias de animales, princesas, moralejas y sucesos fantásticos. Alguna vez me traían, comprado en el kiosko de prensa de la esquina, alguno de esos cuentos troquelados con historias típicas de mujeres muy pobres que lograban conquistar a grandes príncipes. Dibujos con grandes cabezas, mejillas sonrosadas y largos vestidos entallados.
La pequeña biblioteca que estamos amasando tiene mucho de polvo y viejas historias. Libros y cuentos cedidos, donados, regalados o abandonados a su suerte asoman su patita por debajo de la puerta en espera a que alguien les abra. Algunos con más de treinta años de vida. Otros son nuevos a estrenar, con olor a papel y tinta de papelería. Donados por una editorial que tiene claro que leer no es cosa de niños, sino de personas que lo necesitan y que, a veces, miden poquito.
Recuerdo que tenía unos diez años cuando escribí una novela. Una familia entera que huía de la vieja checoslovaquia para escapar de la guerra. Recuerdo el mapa que trazaba el camino errante, la búsqueda de las ciudades, los nombres impronunciables que encontraba a mi paso. Y sobre todo las imágenes. No hice ni un sólo dibujo de aquello que imaginé pero en mi mente quedaron prendidas las escenas que trasladaba en palabras. De forma misteriosa aquellas palabras dibujaban en mi mente de forma permanente.
Ilustración: El cielo por el tejado
Entre mis editoriales favoritas, no es ningún secreto, estáKalandraka. Hace sólo unas semanas que recibí un correo de ellos respondiendo a mi solicitud de libros para nuestra pequeña biblioteca de barrio. Es un barrio humilde, de realojos, casitas de obra y población que no tiene fácil el acceso a la cultura. No sé si nos hizo más ilusión que alguien prestase atención a nuestro pequeño proyecto o que fuese precisamente esa editorial, llena de autores con sensibilidad y amor por lo diferente la que respondiese a nuestra llamada. Quizás por eso, por diferente, se colaron sus álbumes ilustrados, enormes y llenos de color, entre nuestros pequeños estantes.
Yo no pensé que tuviera tanto que decir mientras escribía todo aquello en mi pequeño cuarto en casa de mis padres. Ni sabía en aquel entonces que con todas esas lecturas estuviese rellenando los estantes vacíos de mi propia niñez. Devoraba la palabra, definida en diccionario o navegando entre historias, daba igual. Pero devoraba.
La palabra. La importancia de decir lo que necesitas. La necesidad de encontrar la palabra. Y el regalo de que alguien ponga la palabra junto a ti, en ese preciso momento en que tu lo necesitas.
A veces hay palabras que llegan a ti y duermen hasta que un día despiertan. Como los bebés que comienzan a hablar después de tanto tiempo callando. Y a veces hay palabras que llegan tarde a ti, pero las recoges igualmente con dulzura, las incorporas a tu escenario y las vives con pasión hasta que decides que ya no las necesitas más porque puedes superar todo aquello que expresaba.
La palabra viva, la palabra oculta y la palabra durmiente. Todo aquello allí estaba, y yo sólo tenía que abrir el cuento y leer para cazarla.
Mi sincero agradecimiento a la editorial Kalandraka, y a Maria Luz por la donación de esos libros que tantos momentos vividos con pasión nos van a regalar a todos (grandes y pequeños) de este barrio sencillo.
Mi pequeño homenaje a mi madre, que tanta pasión por la lectura me regaló en mi infancia, que no tengo espacio en blanco en esta hoja para escribir mi agradecimiento.
Mi gran admiración por mi pequeño gran lector que aún no sabe leer, por ese gran enamorado de las historias que ya las sabe contar, por esa pequeña sonrisa que se le escapa cuando asoma la cabeza al cuento y me dice mamá... ¡cuéntame más!
Quiero guardar el silencio de la responsabilidad. Cuando intuyo que una sombra mía te recorre el espinazo.
El día de mañana, pequeño amor, quiero lograr mirarte a los ojos cuando sólo puedas ser lo que eres, cuando las sombras reinen en el mundo que te construyas a tu alrededor. Porque somos luz, pero también de sombras estamos hechos, y de respuestas cobardes a veces.
El día de mañana quiero amarte en silencio en tus cobardías, porque será que he amado las mias. Quiero poder amarte en silencio, con respeto, en tus huídas porque querrá decir que he sabido ver con distancia las mias. Quiero amarte en tus temores, en tus actos inaceptables, en tus noches de pérdida y desmemoria. Porque eso querrá decir que me he sabido aceptar en mis momentos turbios, reprochables. Porque eso significará que habré asumido que son parte de mi, y debo hacerme cargo de ello, con cariño, sin culpas, capaz de responsabilizarme.
Yo quiero amarte cuando falles, cuando caigas, cuando te doblegues. Quiero tomar en brazos a tu fragilidad, con cariño, y devolverle la dignidad con una mirada de amor. En silencio. Sin más gestos que la calidez de la piel al tocarse.
El día de mañana quiero que amarte sea una palabra hermosa que recorra todas tus sombras. Eso querrá decir que en el día de hoy he sabido responsabilizarme de mis sombras que danzan sobre los dos titubeantes, como velas en la noche.
No quiero que sufras, pequeño amor, pero sufrir es sentir que no te aman por no ser lo que debieras.
Quiero guardar el silencio de la responsabilidad, a tu lado. Consciente de que tal vez, sea el único modo de mirarte con amor en todos los momentos. Cuando te invaden las sombras, y cuando transportas la luz que llevas dentro.
Hacerme responsable de mis pobrezas que me llegan en forma de disparos sobre mi cabeza, devueltos por tu reflejo constante. Tomaré mis heridas y aprenderé a vivir con la marca que dejen, serán las señales de que algo pasó, de que algo quedó atrapado entre mi ser y mi experiencia. Y no volveré la cara para no negarme, una vez más.
Quiero poder amarte cuando nadie más pueda hacerlo. Y podré hacerlo porque no te juzgaré, porque tendré el amor en la boca, porque en mis manos sólo habrá la certeza de que eso fue lo único que pudiste hacer. Y entonces, sin lugar a dudas, te amaré.
Estoy enamorada, pero completamente enamorada de la idea de poder ofrecer otra educación diferente a la que yo recibí de pequeña. Pero no va a ser diferente por ser escuela libre, no va a ser diferente por la atención y la escucha que va a disfrutar, por la libertad con la que se va a poder mover en las horas que no estoy con él. No. Estoy completamente enamorada de la idea de criar y educar a mi hijo en la cultura de la participación, de la implicación, de seguir las creencias que te nacen de dentro, de mirar en la dirección que te parece más coherente, de tirarte a la piscina, saltar al vacío y abrir los ojos y encontrarte rodeada de gente que trabaja en cambiar el rumbo. Eso es cultura.
No soy perfecta, hijo, no puedo ofrecerte una completa seguridad personal, una higiene psicológica completa, una vida perfectamente estructurada. No soy esa madre que al principio de tenerte entre mis brazos aspiré a ser. Pero soy yo, con esta decisión soy yo, y puedo ofrecerte una vida de verdad. No una vida de mentira en la que no creería. Con esta decisión, con este salto al vacío, con esta forma de complicarnos la vida de una forma tan bonita, me voy a hacer más yo todavía. Y ese, cariño, será tu regalo para toda la vida.Poder ser lo que necesito ser y escucharme por dentro. Y tal vez, aunque no soy perfecta, llegue un día en que tu te escuches por dentro y quieras ser lo que necesites ser en cada momento.
Tal vez nos equivoquemos, tal vez no sepamos bailar aunque te oigamos cantar, pero todo lo que somos, lo que soy te lo habré ofrecido. Viviendo la vida como casi hubiera querido. Sin grandes logros, con cobardías que rugen por dentro. Pero amándote lento, como yo lo intento conmigo misma, con mi corazón de tortuga. Ofrecerte lo bello, sin ser perfecto.
No sé a dónde nos llevará esto, una escuela que respira vida en movimiento. Que te acoge con silencio, con orejas que se agrandan, con mayores que se empequeñecen. No sé a dónde nos llevará esto, pero el silencio construye y deja oir lo que la vida te tenga que decir, y ese será un gran tesoro para ser feliz.
Espero que algún día sepa porqué hice esto, porqué nos metimos hasta el fondo de algo que se mueve en silencio. Una escuela en movimiento, a ritmo de pasos pausados y gestos. Como el cuadro de El descendimiento, esa danza silenciosa de trajes y marcos dorados. Van der Weyden te adivinó el ritmo, así, tan lento, de suspender la vida y sostenerla sin vacilar ni un momento.
Todavía está todo muy lejano, los proyectos se juntan y se organizan, desaparecen y aparecen otros nuevos. Todavía está todo muy difuso. Pero hay algo que se acerca. Irremediablemente.
Estoy enamorada, completamente enamorada de vivir queriendo amar esta locura de mundo, y cada vez que decido que me embarco en un proyecto pienso que tu verás en mi lo que es vivir amando. Colaborando, cooperando. Haciendo que todo este mundo sea poco a poco, la flor que respira aire puro, que se siente amada aún lejos de su principito.
Mucho
se ha escrito sobre el arte como juego, hay autores que subrayan que el arte es
un dispositivo a merced de lo que no es útil, de lo inservible para lo práctico
y lo utilísimo para la cultura, el pensamiento, y en definitiva para el desarrollo
del ser humano.
Cuando te veo
tumbado en el suelo, agrupando piezas por colores y levantando torres
impensables que más tarde tú mismo vas a derribar gozoso... me deleito en pensar que estás empoderado
con el mundo en tus manos. Cada torre levantada, cada torre aniquilada. Sin
más intención que disfrutar de su invención y su derrumbe. Eso es jugar. Eso es tener todo el poder del mundo en tus manos.
Mucho
se ha escrito y hablado sobre el juego infantil, sobre sus beneficios, sus
virtudes, el desarrollo de la capacidad de aprendizaje...
Mucho
se ha escrito y hablado sobre el arte. Su importancia en la sociedad, su
relevancia para el desarrollo de la cultura...
Pero
poco o nada es, en realidad, la conciliación que ofrece nuestra sociedad para
con el juego. Jornadas escolares agotadoras, horarios parentales insostenibles
para el normal funcionamiento de una familia, pocos momentos de paz para
entregarse al juego durante horas. Para olvidarse, para ensimismarse.
Foto: El cielo por el tejado
El
juego y el arte requieren de algo fundamental: El ensimismamiento, disfrutar
del aquí y ahora como si nada más ocurriese. Pero sí ocurre, porque tanto el
juego como el arte vuelcan tras de sí todo un mundo interior entretejido por la
experiencia, por las vivencias, por lo cotidiano y por lo universal a la vez.
Pero
poco o nada es lo que se prioriza hoy día el arte, la creatividad y el
desarrollo de nuestra capacidad de entusiasmarnos y ensimismarnos. El arte de
crecer guiándote por tu propio motor generador de momentos absolutos. Dónde
todo puede ser porque precisamente tu en ese momento ERES, y nada más.
En
los espacios dedicados al niñ@ para enseñarles lo que deben ser, es decir los
colegios, se les priva cada vez más de las áreas más humanas, más innatas, más
intuitivas: la música, el arte, la plástica, las creatividades, las
manualidades, los talleres… El mundo de los sentidos, lo abstracto y lo
conceptual relegado al final de la fila, el mundo del pensamiento crítico
expulsado por mal comportamiento, el mundo de la identidad propia, la autoría,
la iniciativa queda castigado. El descubrimiento de lo colectivo desde el
placer de la participación espontánea no tiene cabida en este colegio que se
está formando hoy día y que está conformando a nuestr@s niñ@s.
En
los espacios dedicados al arte para que sea mostrado ante todo el mundo, es
decir los museos y centros de arte, existe poco o ningún espacio para la
reflexión, para el conocimiento, para el acercamiento. Por eso el circuito
comercial del arte cada vez está más alejado de lo humano y más cerca de lo
económico, de lo que no es inherente a él. A pesar de que much@s de l@s
artistas contemporáneos se muevan en otro sentido, los espacios dónde se
muestran están muertos, helados, enmohecidos.
Foto: El cielo por el tejado
No es
casualidad que el frío del alejamiento haga estragos en las relaciones entre el
nosotr@s y nuestro ser creativo. Si nos olvidamos de jugar nos olvidamos del
respeto por lo más profundo de nuestr@s niñ@s. Y faltaremos a la verdad de
nosotr@s mism@s más adelante como adult@s cuando, estando ante un momento que
requiera creatividad, ensimismamiento o entusiasmo no sepamos detenernos,
contemplar y más tarde mostrar una respuesta propia, auténtica y con criterios.
Cada vez que te veo jugar pienso que todo lo puedes en ese
momento. Cuanto más te observo deleitarte en tus juegos más claro lo tengo: muchos
pensarían que tienes demasiado poder en tus manos.
Cada torre caida, cada palo en el barro, es un movimiento
revolucionario...
Parece que jugar y crear es
algo peligroso, porque permite pensar y tener autoría, parece que la única
salida es arrinconar estos verbos y hacernos a todos cada vez menos personas,
menos sensibles, menos creativos. Y en especial a los niñ@s. Porque debe de ser
peligroso. Por eso no se fomenta jugar, no se alienta al arte ni al juego, sería poner demasiado poder en las manos de
otros.
A
veces es imprescindible parar. Detenerse, cerrar los ojos y sentir que no hay
nada más.
A
veces es imprescindible callar, bucear y sumergirse y corroborar que no hay
nada más importante que la palabra amar.
A
veces, sólo a veces nada más, es posible que podamos perder el tiempo en caracolear.
Como
los caracoles, perder el tiempo en
deleitarse en caminar.
Y
caminar y caminar. Y el paisaje no varía, no hay muchas novedades, simplemente
arrastras tu cuerpo bajo el cálido sol y te dejas domesticar. Domesticar por la
palabra amar.
Amar
a la vida que nos lleva por caminos que no esperamos, por veredas por las que
no habíamos arrastrado nunca nuestra concha, por acequias llenas de agua que
nos asustan con sus corrientes peligrosas.
Amar
caracol, amar.
Amar,
cuando no sabes si tendrás valor para salir al paso. Si tendrás suficiente
palabra para envolverte en ella. Para salirte a buscar en alfombra de plata.
De
plata, caracol, de plata.
Amar
para poder seguir amando.
Enroscada
en la idea de perder el tiempo.
Entusiasmada,
caracoleando.
Y
arrastrar la concha, como única carga. Y mirar al sol, como único deber. Y
beber de la vida que me ofrece un camino largo, demasiado largo para un
caracol. Que sabe que nunca lo va a terminar. Que no le interesa acabar, sino disfrutar del camino. Que
camina en un sentido, arriesgado sentido, que sólo le lleva a amar.
…Ama, caracolea,
déjate llevar.
Perdonad
si alguna vez no respondo, quizás tomé el camino largo para volver de nuevo.
Caracoleando.
Buscando
en el camino cómo amar, como los caracoles.
Arrastrando
un hogar, un cuerpo.
La
baba de plata que deja mi estela la miraré con nostalgia,
nostalgia de aquello
que acabo de recorrer.
La
baba de plata que deja mi cuerpo la dejaré donde está.
Para
que pueda ser.
Amor
y camino, tiempo y parada.
Caracoleando
jugaré otra vez. A no tener pies, sino un vientre enorme con el que sentir la
piel.
Amar
caracol, amar.
A
veces es imprescindible cerrar los ojos
y
lograr amar.
A veces, sólo a
veces, oigo una voz que susurra…
“Piérdete en el
tiempo que te empeñaste en encontrar.
Y ama,
caracoleando, dejándote amar.”
Para andar entre caracoles nos puede venir bien...
Música: Cesaria Evora y Pedro Guerra, Tiempo y silencio
Arte: Mona Hatoum, Mobile home 2005. Cuando llevar la casa a cuestas significa amar emigrando, amar despidiendose, amar entre dificultades, amar como única forma de vida estable.
http://lavidanoimitaalarte.blogspot.com.es
Lectura: El tiempo Vuela, Joäo Pedro Mésseder editado por Kalandraka
Hoy
estreno la posibilidad, como cada día, de acercarme a la presencia del otro.Al
que está al otro lado del espejo entintado. Pero no tengo el alfabeto completo
para recitar el poema que llevo. Ni tampoco conozco el idioma que emplea.
Hoy
estreno una posibilidad sin llave. Porque la llave ha desaparecido. En las
redes que lían, en las pantallas que no reflejan, en los centros que comercian
con la mercancía ajena: la nuestra, la de todos. Perdida entre el caos, entre
el número y el infinito. En la lista vertiginosa (Umberto Eco) que, en este
caso, nos aleja de los otros.
"El temor a no poder decirlo todo aparece no sólo frente a una infinidad
de nombres sino también frente a una infinidad de cosas."
Ilustración: El cielo por el tejado
Frente
al libro de Eco, absolutamente delicioso para acercarte al arte desde un punto
de vista literario, están las listas que nos rodean inmersos en el caos de
nuestras vidas. Elencos innumerables que nos recuerdan cuánto nos falta para
ser felices: aún no eres jefe, ni mujer liberada, ni has estado nunca de vacaciones
en Tailandia, todavía no has vivido la experiencia más excitante de tu vida, no
tienes un cigarro electrónico, ni una familia completa, ni una rosa de
compromiso, ni un amigo ingeniero, ni un título flamante, ni una excursión loca
para contarte, ni un destornillador eléctrico, ni una amiga perfecta... ni peso cincuenta quilos (por ahora), ni sé hablar de neurociencia, ni pienso
en lo que debo pensar, ni siento lo que soy incapaz de sentir...
Son
enumeraciones, listas que nos acorralan porque son imposibles de fijar. Son
indefinidos, porque en su naturaleza está el ser infinitos. Para sentirnos
frustrados cuando no llegamos a más. Porque siempre querremos más. Más amigos
en Facebook, más seguidores en el blog, más contactos en el móvil, más invitados
a la fiesta, más correos de no sé qué. Más de lo que sea que no sea lo que
siempre veo. Lo cotidiano adormilado.
Si la
forma de vivir nos dice que nunca tenemos bastante, quizás nunca seremos
bastante. Para los unos, para los otros. Quizás nunca querremos bastante a lo
que merece la pena querer. Quizás, sólo quizás.
"-Mamá, yo quiero que tu
seasrica...
-¿Yo?- sonrío- ¿rica?, ¿para
que?
-Quiero que tengas siempre
mucho amor para mi"
Hoy
estreno, pero no acierto a saber cómo me puedo acercar al otro. Más allá de la
lista innombrable de cosas que tengo pendiente de hacer, que tengo
pendiente de ser, antes de llegaral otro.
Estamos llenos, en este mundo,
de relaciones inconexas, que no alcanzan a encontrarse, que se marchitan
fugaces.
Dicen
los sociólogos que el 85% de correos electrónicos y mensajes en redes sociales
los escribimos entre amigos y familiares. Son maneras de decir que estás... sin
haber estado. Sin mirar a los ojos. Sin escuchar ese tono cansado de tu voz.
Sin demostrar alegría con los ojos, que no mienten.
Que nos
entendemos con lenguas muertas, no con lo cercano. Nos empeñamos en sumar
cuentas de correos electrónicos, pero no nos presenciamos, no evidenciamos que
estamos en otro lado. No nos lo decimos con la cara abierta, entregando nuestra
llave.
Ilustración: El cielo por el tejado
Hoy, como cada día,
estreno la necesidad de saber cómo me lleno, cómo me doy. Cómo vuelco el recipiente que nos
contiene enteros.
Desde
la maternidad he sido cruelmente consciente del aislamiento que tenemos. La
falta de empatía, la necesidad de acercamiento. Desde que entiendo que no sé
cómo llegar al otro tropiezo siempre con el mismo escollo. Nos perseguimos los
unos a los otros pero no corremos al encuentro. Nos enredamos en nuestra tela,
conseguimos los jugos ajenos, pero no nos acercamos enteros. Sinceros. Sin
deseo de ser aquello que vemos. Sin deseos, sin anhelos. Sólo con lo puesto,
con lo que llegamos a este mundo.
Dice Umberto Ecoque desde tiempos
inmemoriales nos entregamos al placer de los elencos, que viene de lejos. Sólo
que ahora, pienso yo, tenemos más fácil la evasión de lo concreto. Un
trepidante flujo de vida líquida (Z. Bauman) nos arrolla*. Nada puede ser más
concreto que mirarte frente a frente y decirte lo que callo mientras oigo entre
tu risa una palabra de aliento.
*Arrollar,
según la RAE:
Dicho del agua o del
viento: Llevar rodando, con su violencia, alguna cosa sólida. Arrollar las piedras, los árboles.
Para buscar la
llave, estrenar la posibilidad…
Lectura entregada con letras e
imágenes:Umberto Eco, El vértigo de las listas, Ed Lumen. El infinito, el afán por
abarcar, por llegar, por describir lo que desborda de este mundo desde la
literatura y el arte.
http://books.google.es
Para ver y escuchar: la pasión por el contacto, la
vuelta a la vida desde el agua y por medio del fuego. Emir Kusturica, “El tiempo
de los gitanos”
Un cuento: para buscar en familia“El sentido de la vida”, filosofía pequeña para grandes mentes pensantes… Escrito por Oscar Brenifier e ilustrado por Jacques Després.
Me
molestan las cosas que hay entre tú y yo. Me molestan, mi niño, me
molesta el caos de las cosas. Los
regalos (porque no sé hacerlo, el quererte mejor), los objetos para cubrir los
huecos. Las cosas para decir te quiero que son en el fondo "lo
siento". Siento no estar siempre presente, siento no ser siempre yo,
siento la falta de conexión.
Y lo sé porque siento
que me pierdo algo.
Me molestan las cosas,
me arañan los labios y no sé decirte sin dolor lo que tienes que oír. Que estoy
aquí.
Sentir. Que estoy ahí.
En el caos de las cosas, que exceden, sobrepasan,
cómo aprender a querer
si no encuentra el amor un hueco. ¿Dónde crecer y expandirse? como una
levadura, como una masa sobre el mármol frío.
En el caos de las
cosas se pierden palabras, y versos y besos. Se pierden las ganas de querer al
otro.
Porque el saber no
ocupa lugar. Pero las cosas si. Espacios enteros a reventar de caos, de
desidia, de conformidad porque lo tienes todo y no tienes lo que necesitas.
Es el rumbo del caos
de las cosas.
Que nos regala en el
trajín de lazos de raso y cintas de color de rosa la ansiedad de no estar nunca
contentos. De no saber qué cosa... qué cosa...
¿Me lo envuelve
por favor?
"Enun mundo en el que las cosas deliberadamente
inestables son la materia prima para la construcción de identidades
necesariamente inestables, hay que estar en alerta constantes"
Zygmunt Bauman
"Modernidad líquida"
En tantas cosas
apretadas contra mi no cabe la luz. Para verte mejor.
No entra la mano. Para
tocarte mejor.
No cuela el sonido.
Para escucharte mejor.
Ilustración: "Monstruos devoracosas", de El cielo por el tejado
Dice Zigmund Bauman en
su libro "Modernidad líquida" que tenemos relaciones consumistas. Y
yo me pregunto, si consumimos parejas ¿también consumimos hijos? y amigos, y
madres, y hermanos... Dice que sólo perseguimos relaciones con satisfacción
mutua constante. Como un contrato de compraventa, dónde todo debe estar
conforme, de pago y recibo. Ese es el rumbo dónde nos hemos metido, en el caos
de las cosas que gira constante. Fluido, en movimiento.
"Cuando un presentimiento no crea razón, sólo infunde terror" Luis Eduardo Aute, "Siento que te estoy perdiendo".
Cómo quedar limpios
del código de barras que te ata a una identidad eternamente perseguida, por
imposible, porque no es tuya. Porque nunca lo será. Porque así fue pensada.
Como la moda. En un cuerpo que no es el tuyo, siempre fuera de ti. Siempre
deseando más. Siempre lo ajeno, lo que no eres tú. Y disfrazar tu identidad de
eso que ves y te lo quieres creer. Pero no eres tú, aunque lo quieras ser.
"La tendencia a
representar la adicción a comprar (...) como un producto de la
"conspiración comercial" sólo dan cuenta de una parte de la verdad.
La otra parte (...) es una encarnizada lucha contra la aguda y angustiosa
incertidumbre y contra el embrutecedor sentimiento de inseguridad." Zygmunt Bauman "Modernidad líquida"
Me molestan las cosas,
mi niño, que hay entre tú y yo.
Y quiero pensar que en
tu mundo, el que hay, el que habrá, tendrás que manejar el combate de no
poseerte a ti mismo, sino de SER sin tener tanto. Para abrir tu envase, para no
plastificarte. Para darte, para volarte alto. Porque podrás ser tú mismo,
seguro, sin incertidumbres. Tomando el rumbo en la dirección que tú marques,
junto con otros.
Este es el rumbo del
caos de las cosas. Que sobrevuelan nuestros anhelos, nuestros deseos, nuestras
pobrezas. Si somos líquidos, nuestros vasos están que rebosan. Y no cabe más
Me molestan tanto las
cosas, que pierdo mi rumbo. Dentro del caos, de este líquido caos de las cosas.
Buenas noches a todas…
…navegando a contracorriente en el mar del caos
de todas las cosas…
Para hacerte un hueco entre tantas cosas quizás te pueda servir... Un libro:"Modernidad Líquida" editado por Fondo de Cultura Económica de España, 2002 ...y su autor: Zygmunt Bauman
Una obra visual: de Andy Warhol, Campbell's Soup Cans
32 latas de sopas Campbell´s son exactamente las imágenes que necesitó
Warhol para denunciar el consumismo imperante en los Estados Unidos de
los años sesenta en una sola obra, quizás la más famosa de todas. Imagen: Wikipedia.org
Dice un muro blanco, que hay junto a una playa quevivir es probar infinitas veces.
Necesito escuchar lo que ese muro de esa playa me
tiene que decir.
Vivir es probar infinitas veces…Logro escuchar desde lo alto, arriba de la playa vacía y oscura.
A media voz hago un recuento… Cuántas veces he probado en mi vida… No son muchas, tal vez siete o quince… o veintidós más que olvidé.
Porque probar es apostar. Y apostando nos dejamos la piel. Y hacer eso infinitas veces tiene sus riesgos. Y debemos olvidar la cuenta de las veces que lo hicimos… ¡para no perder la cordura! A ver… probaré otra vez…Infinitas veces llena de arena del parque, de llamadas de teléfono, de
quedar a deshoras en la asociación, de pagar las facturas, de mirar el
reloj, de salir a la calle, de manifestación, de sacar la basura, de
besar tu rostro impasible, de beber contigo las ganas de reír jugando,
de apuntar el médico, de detener tu reloj, de colar por la cerradura
algo más que la llave que abre las ganas de que estés ahí…
Parece que esto si...Voy a volver a probar…
Vivir puede llegar a ser probar infinitas veces si soy capaz de darme y no pedir nada a cambio. Porque tendré suficiente con lo que soy, no necesitaré nada más. Ni capitalismo emocional, ni borrachera sentimental. Ni atracos a los bancos de cariño. Ni listas del ASNEF de melancólicos.
Naufragaré para poder probar… Y probaré otra vez. Y pondré toda mi ropa a secar sobre la roca de un grupo de mujeres que se apoyan y se unen. Que forman red para tejer. Parano juzgarse, para ayudarse, para no rendirse, para alimentarse. Para poder probar a ser lo que quieran ser.
Probar infinitas veces a reinventarse. Para que nadie les diga quien deben ser.
Ni la tele, ni la moda, ni el estado, ni el colegio, ni el trabajo, ni
las leyes, ni su jefe, ni su marido, ni la vecina, ni dios, ni los de
abajo, ni si quiera ellas mismas. Porque nadie DEBE ser. Hay que SER porque se QUIEREy porque se puede. Y si se puede es porque peleas que te dejen SER.
Y eso es vivir probando infinitas veces. Hasta reventar de amor. De seguridad y contención.
La vida es bella, tú verás como a pesar de los pesares tendrás amor, tendrás amigos.
A. Goytisolo
Para poder probar infinitas veces hace falta llegar a vivir. De verdad. Sin plásticos, sin pintauñas.Hundir las manos en el barro, ducharse en la lluvia, mojarse en el
charco, perder el día en el suelo del salón haciendo carreras de coches.
Y comprobar que ninguno va más rápido que otro. Que todos tenemos la misma necesidad de probar.De probar a vivir un poco más. Zozobraremos juntos.A ver si sabemos vivir. Sin derrochar. Lo que es de todos, el bienestar social.
Y volveremos a naufragar. Con el planeta a cuestas, aturdido. Sin señales de vida en el Amazonas. Pero con gente a bordo que puede salvar la vida. La de todos, la del planeta. Si se despierta, si reacciona, si se levanta, si coge el bote salvavidas y remolca las ganas de comerse el mundo. Comprometida. Como una adolescente alocada se compromete con la vida. Como una asamblea del 15M después de las elecciones... Así probaremos a vivir después de hundirse el barco.
Probaremos infinitas veces… para vivir. Para vivir probando.
Para tenerinfinitas oportunidades de vivir.
Sin
arrodillarse, suplicando, sin esconderse, necesitando, sin oraciones,
atestiguando, sin idolatrar, devotamente, sin pasar de nada… Viviendo, equivocándonos…
Probando y comprobando que nos queda mucha pielpara dejarnos… y celebrarlo…
Hay que olvidar los números para no contar, y probar y probar,
hasta que todos sepamos que estamoslistos para vivir.
Y no nos importará naufragar, porque tenemosinfinitas formas de volverlo a intentar.
"Perdóname no sé decirte nada más pero tú comprende que yo aún estoy en el camino."
A. Goytisolo
Felices sueños a todas… …sobrevolando este muro que dice: prueba de nuevo a vivir…
Ilustración: El cielo por el tejado
Alguna vez (de las pocas que he probado) me sirvió para vivir:
Para leer tres veces en la vida (de joven, de adulta y de anciana):“Crónicas marcianas”
de Ray Bradbury. De cómo colonizar un planeta una y cien veces… habla
de la guerra, de la violencia, el racismo, la intolerancia, el miedo al
diferente, desde una sensibilidad muy poética en un libro de ciencia
ficción que no lo parece…
Cine para ver cada vez que necesites resistir:“Kamchatka”de
Marcelo Piñeyro. Una película de pérdidas, una tras otra, la libertad,
la infancia, el padre... pero lo que no se pierde jamás es la
oportunidad de resistir, de probar infinitas veces mientras tengas vida.
Para verla online aquí.
Poesía para continuar infinitas veces en la vida:Palabras para Julia de Agustín Goytisolo.
Puerto refugio tranquilo De un futuro mejor Quizás perdido En el temor presente No tiene mucho sentido no esperar lo mejor Viene de la niebla saliendo la promesa anterior Cuando vi el mar a lo lejos Allí quedé Parado a mirar Sí, canto un empeño Canto a tu despertar Y abrazando la nostalgia Canto al tiempo por pasar Cuando vi el mar a lo lejos Allí quedé Parado a mirar Cuando vi el mar a lo lejos Sin querer, me dejé allí quedar.
Ilustración destacada: El cielo por el tejado Todas las ilustraciones: El cielo por el tejado