viernes, 31 de enero de 2014

La danza de los espíritus




Ilustración: El cielo por el tejado
Son las 23,30h. Mi avioneta se ve claramente bajo la luna redonda, luminosa. Estoy cansada, no es muy tarde pero estoy agotada. Me pongo música, para descansar la vista y ejercitar el oído. María Montessori dijo que la vista es un sentido abusado, demasiado desgastado. Así que daré trabajo al resto de sentidos para que no sientan que los tengo abandonados. Me concentraré tenazmente en todos los demás sentidos olvidados…




Parece que es momento de volar… aunque hoy sólo me apetecen sueños suaves, tranquilos. Dejo pasar el tiempo y compruebo qué sucede en mi cuerpo y en mi espíritu.

Mis dedos siguen tímidos el compás de un ritmo extraño…

Escucho de forma débil un murmullo de baile ancestral. Un ritmo que no sé de dónde viene. Mientras, dentro de mi vientre presiento un volcán, y más allá, esas ganas irracionales de abrazarme a una nube… El ciclo empieza ahora. Todo comienza ahora, y a la vez muere de nuevo. Comienzo a subir despacio, la brisa me da en la cara. Ese dolor que siento… mi cuerpo no consiente que me olvide que está ahí. Reclama mi mirada, mis sentidos entumecidos.
“Vamos a vivir de nuevo, sacúdete en la danza de los espíritus.”
“Ghost dance”, Patti Smith
Es necesario bajar, volar a ras de suelo para oler de aquello de lo que estoy hecha… tierra.
Me encuentro con mis errores, mis miedos, mis temblores… Cuando aparté la mirada, cuando no abrí el camino, cuando arruino las cosechas con mi huracán…


Ilustración: El cielo por el tejado


Como un baile que cada ciclo me va marcando el ritmo. Es el ritmo de mi cuerpo, que me ofrece un tiempo para cada dolor, para cada placer. Un tiempo para hundirme en mis entrañas, tan viscerales, tan llenas de sangre. Como un parto del que no sale otra vida, sino la mía propia… y está ahí cuestionándome, hablándome en su lengua atávica.

¿Eres feliz? ¿dónde has puesto el corazón? ¿tienes miedo de volar? 


Los días de dolor y de pérdida vuelven a mi, los duelos que he pasado, las despedidas, los adioses... el no-parto de mi hijo. Y encaramada a las nubes los dejo ir: pariéndolos sobre los valles, los ríos, las colinas reverdecidas… para que germinen, para que dancen sobre la hierba fresca.
Me dejo mecer por los vaivenes del viento. La música sigue y yo me dejo llevar por el ritmo, es imparable. Es un ritmo natural, que sale de la tierra y llega más allá de las montañas.
No me importa claudicar porque sé que después todo continua. Durante 5 noches, me daré a luz a mi misma. Y agarraré todo eso que también soy yo, mi sangre, lo desesperanzado, los miedos, las flaquezas, lo que necesito y no poseo, la tristeza, la rabia… y lo enterraré. Lo mezclaré con la tierra y en apenas 12 días dará sus frutos y podré volar más alto. Empoderada, llena de vida y llena de lo que soy capaz: mirarme a mi misma y surgir de mis cenizas. Ave Fénix.

“Desempolva las palabras que dieron forma a la historia.
Vamos a vivir de nuevo, vamos a vivir de nuevo…”
“Ghost dance”, Patti Smith


Ilustración: El cielo por el tejado

Esta danza que sube y baja, que altera lo estable que no funcionaba. Un derviche emocionado, bajo la luna de Estambul. Una danza en espiral que a los 12 días me convierta en ser creador. Que puede albergar la vida. Y todo esto ocurrirá cuando la música siga su ritmo y se me vayan los pies bailando… y no lo podré evitar…

Me gusta tanto este ritmo primitivo,
que siempre lo quiero bailar…

…Siempre lo quiero bailar. Sé que es una temeridad, que entran ganas de mirar para otro lado, de tomar una píldora que aparte de mi este cáliz. Es la tentación de negarme a mi misma, es la luna en cuarentena... Me gusta sentirme unida al universo, a las estrellas y a la luna.

“Vamos a vivir de nuevo, sacúdete en la danza de los espíritus.”
“Ghost dance”,
Patti Smith

Me gusta bailar entregada al ritmo que nace en mi interior todos los días del mes. Me gusta ser madre/luna/mujer. Vivir con plenitud lo que nos han enseñado a sufrir como un castigo (casi divino). Soy mujer y puedo sentir en 28 días dolor, placer, ira, felicidad y tristeza. Y siempre sigo siendo la misma. Cada día. Creadora, madre y mujer. Sin alterar el orden, sumando factores.

Es el ritmo de la vida. El milagro de la vida que me da la oportunidad de conocerme y revisarme. Revisar si estoy en la danza que dicta mi propia tierra fértil. Esta noche me guiaré por la luna y aprenderé a volar bajito, pegada a  la tierra para aspirar su aroma

Me gusta tanto este ritmo primitivo
que siempre lo quiero bailar…


Felices sueños al ritmo…
…de mi avioneta a ras de tierra…


Para danzar bajo la luna...
Una canción: "Ghost dance" de Patty Smith. La letra traducida aquí.
Una artista visual: Eulalia Valdosera en dos documentales: Creadores y Metrópolis
Un libro: “Filosofía y poesía” María Zambrano

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viernes, 24 de enero de 2014

Noches de piensamedentro


Ilustración: El cielo por el tejado

En esta noche mi vuelo recuerda las noches de piénsamedentro. Noches de brazos y el regazo caliente. Son las 24,00h y creo escuchar una voz a la luz suave de mi mesilla de noche…
Dios de la lluvia abrázame
y bajo tus nubes volveré a considerar
las múltiples formas de besar
el aire bañado en tu perfume singular
de antiguos aromas flotando en el aire
“El último de la fila”

Cuando acabamos de dar a luz tenemos una lamparita encendida dentro. No nos damos cuenta, porque estamos absortas en ofrecernos, en darnos a beber…

Cuando empezamos a dormir como madres no nos damos cuenta, pero hay una luz que se encendió. Hace algunos meses. Cuando aún éramos medio hijas medio madres. Una luz que se mueve ofreciendo las sombras. Una luz silenciosa. Hecha de susurros, de hambre y de sed.

Cuando las noches de piénsamedentro empiezan, las luces de lamparita de noche nos ilumina las incertidumbres, los desvelos, las ganas de ser uno sólo muy adentro…

Qué nos desvelan las noches de leche y senos, qué nos desvelan,
qué nos quieren contar… que no lo sabemos.

Cuando la lámpara nos ampara de la oscuridad, de la noche estremecida, del retorno a los comienzos de nuestra propia vida. Nos ampara de algo más que del silencio de la madrugada, nos ofrece una puerta para abandonar la historia que nos bordamos, sobre la blusa de los domingos. Que lucimos con esmero pero no tiene remedio. Es imposible vestirla después de saber qué es dormir a medio desvelo. Con tu bebé en brazos, sabiendo que no hay marcha atrás, que todo está dispuesto.

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Ilustración: El cielo por el tejado

Acurrucando a la cría, amamantando el verbo más bello. Amar.
Amando amaremos el cielo que nos envuelve sin miedos.
Amar amaremos. A ciencia cierta, amaremos.
Bajo la luz tenue de la lamparita encendida que no supimos ver.
Que nos trae la luz. Que nos da la vida. Que nos empuja a ser otra cosa, enigmática. Soñadora.

Amaremos la luz tenue que nos evita el delirio de seguir siendo un niña. Que no se quiere ver, que se niega la evidencia. Pero a la luz de medianoche, con una criatura al pecho, medio dentro medio fuera de ti todavía, que te estira de la piel… eso es negarte a ti misma. No puedes seguir mintiendo. No cabe la huida, no cabe la fuga… se escapa la llama y no puedes salir corriendo.
Puede que sintamos soledad encarcelada. Puede que creamos que no tenemos derecho a perdernos en nuestro tiempo de nanas. O puede que sintamos que nadie más ve lo que nosotras vemos. Que estamos enamoradas. Que tenemos todo hecho. Que estamos listas para el amor en nuestra cama de amantes, que intercambian miradas. Que no quieren compartir con nadie. Que están entregadas al delirio de nada más darse.

Son noches de piénsamedentro encendidas con un candil que no tiene quien lo sostenga. Porque flota dando luz incierta. Porque nadie sabe el misterio que lo mantiene en alto, alumbrando. Sin apoyo. En el aire. Flotando en el tránsito de un día hasta que llega el otro.

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Ilustración: El cielo por el tejado


Amaremos la luz tenue que nos invita al desconcierto. De buscarnos malheridas. De hallarnos amazonas. De emborrachar al pensamiento que invita a ser coherentes. Para que calle. Para que no hable. Que esta noche es de dos y todo lo que no fluya entre la piel y la sangre no tiene cabida aquí.
Nos hallaremos como sirenas cantoras que llaman al sueño de nuestro pequeño. Que goza de verle durmiendo, al final de la noche que flota. Entre la luz de una pequeña derrota. La de querer volver a la noche de piénsamedentro.

Son noches de piénsamedentro.
Son noches de luna de miel.
De gastar los segundos, las horas, los tiempos.
De estirar de las sábanas de azúcar para arroparnos, entretenernos.
Saboreando. Reconociéndonos.

En mi pequeña avioneta añoro esos cantos de luces tenues y olor a calostro. Hace ya casi cuatro años y todavía me entrego al recuerdo. Que me dio la voz cansada, que me trajo la vida que tengo, la mano en tu cuerpo, la vela que quema todo lo que no encuentro.

Dios de las lluvia apiádate,
de las bestias y de mi pobre mortal.
“El último de la fila”

Gracias por ser eso que no encuentro. Gracias por ser el secreto de las noches de piénsamedentro. De los ríos que manan el agua sagrada. De las lámparas que alumbran el amparo que nos aguarda. Que está escondido, que no tiene dueño, que sale de paseo blandiendo un deseo. Que no tengas prisa, que no tengas sueño, que dejes la risa prendida del cabecero y susurres los cantos que no te dijeron.
No tengas miedo de ser lo que eres. Una dama de la luz que mana para su cría, que adora dormir desnuda y perseguir un nuevo día. Que le hable de ti, que no tienes días, que tienes horas de vida para llenar mi medida. En esta noche de luna de miel. Que tiene el candil de la luz que tu alumbras.

Feliz noche de piénsamedentro…
… desde mi avioneta que vuela recuerdos…
…para todas las recién mamás, y puérperas de nacimiento…


Entre los campos verdes de abril,
lejos del mundo, muy cerca de ti.
“El último de la fila”


 
Pati, me has traido muchos recuerdos desde tu luna de miel con tu pequeño cachorro. La vida recién llegada inunda de luz a la vida que ya estaba posada. Gracias por traerme esta bruma.


Noche de música: “Dios de la lluvia” de El último de la fila en su álbum "Como la cabeza al sombrero"



Noche de lectura: El cantar de los cantares Dos amantes se buscan desesperadamente. Se encuentran y se vuelven a unir, tras una separación, ya definitivamente…
“Se han mostrado las flores en la tierra, 
El tiempo de la canción ha venido, 
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. 
La higuera ha echado sus higos, 
Y las vides en cierne dieron olor; 
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.”

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
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Tiempo pirata y gatuno

Son las 22,30h y por fin te has dormido. Todo el día naufragando, nos tenía ya agotados. Nada más rendirme a ti, pirata feroz que persigue sus deseos, te has rendido al sueño oceánico que aguardaba entre las sábanas. Nada queda por decir hoy. Todo el mar lo hemos surcado. Ahora me toca a mi recuperar para mi vuelo las palabras de cielo adentro. Las que conforman mis sueños.

Ilustración: El cielo por el tejado

Y es que a veces logro ser la mamá pirata que lucha contra el viento y guarda tus tesoros.
A veces soy la luz que ilumina el vientre oscuro de la ballena, para que mi pequeño Jonás salga hacia fuera, triunfante. Y lance un canto a la vida.

A veces creo que puedo recorrer tu cintura sin decir te quiero, sin decir te adoro, sin comerte a besos... pero no puedo. Y eso me hace reír, porque soy la madre que te quiere como la quisieron.

A veces la mamá pirata se equivoca de barco, y naufraga en una isla que no tiene final. A veces las islas y los mares no se sabe dónde acaban. Y empiezan a acabarse cuando ya no queda más. De paciencia, de respiro, de palabras, de tiempo de nunca acabar.

Yo soy eso y mucho más, como mamá, como pez fuera del agua y gato sobre el tejado.
A veces soy todo eso y mucho más. Y puedo decir con las heridas de guerra que sé saltar desde lo alto y dejar caer mi desencanto.

Que no importa que me pueda la impaciencia, el error y el egoísmo. Porque puedo ser eso y mucho más. Más de lo que aquí atisbo. Más de lo que yo soy capaz de imaginar.

Mamá a veces es funámbula, sin red y sin circo, acróbata empedernida que no sabe si saldrá ilesa. Pero cariño, tu sabes que tenemos mucho tiempo para bebernos la sorpresa. De saber que tengo más de una vida aguardando, escondidas debajo de la mesa, junto a las migas de pan del mediodía.

Mamá gata soy a veces, confundida con las sombras del tejado. Recupero mis dos vidas que he perdido cuando aprendo a besarte malherido. Si te duele un sueño y me haces daño, yo te beso el disgusto que has mostrado. Y me guardo las ganas de llorar, para que puedas acurrucarte en mi regazo. Que tengo para ti, mi pequeño gato, un hueco cálido y mullido en esa vida que hace poco he estrenado.
 
Ilustración: El cielo por el tejado

A veces logro ser la mamá pirata de los cuentos que te leo. Y pienso que somos invencibles codo a codo. Que nada nos puede parar. Que la vida puede ser un gran tesoro. A veces, cuanto más me equivoco siento que menos importa. Que es delicioso ser libre, imperfecta, bravucona. Y adorar tu pelo revuelto, por el viento de estribor. Oliendo a mar y salitre, mareados de oleaje. Guardando grandes tesoros. Sencillos, pequeños, baratos, llenos de deseos que los hacen grandes.

Cuando todo es terrible, oscuro y siniestro, y aún así puedo soltar una carcajada de pirata descarada. Entonces es cuando más me acerco a tu rostro de niño. Cuando venzo el peligro. Cuando adoro el riesgo. Cuando suelto el timón de piedra que se encalla en lo mismo.

Vamos a cruzar los siete mares. A navegar con dos cañones por banda. A zozobrar cuando haga falta, porque a veces hace falta.

Porque equivocarse es un lujo y será mi bandera pirata. Porque así sé de seguro que sabré cuando elegir acertar. Porque yo soy eso, mi bien, todo eso y mucho más.

Soy mamá de gato pardo. Que no esconde su temor. Sé que puedo perder las vidas, sé que no siempre salto de pie. Pero ya no quiero red. Me escapé a pie del circo para danzar sobre un alambre, un hilo fino y largo que subiría hasta el cielo. Y allí caminar sin vuelta atrás, y sin mirar hacia delante. Sólo el vértigo en la barriga y un poco de tu risa en mi semblante.

Cielo abierto me regalas.

Nada más quería decirte, nada más te sé decir sobre mi vida vacilante. Desordenada y gatuna, pirata y equivocada.
Dichosa, si tiene una luna a la que seguir como una fiera errante.

…Felices sueños a todas…
piratas, marineras, soñadoras, gatas pardas…
…desde mi avioneta entusiasmada de vivir lo que haga falta…


A veces un poco de emoción hace la vida más corta pero más rica en matices,
aquí podéis encontrar algo de picoteo:

Para picar de música: “Se me olvidó que te olvidé” aunque nada se me olvida… Bebo y Cigala en su álbum “Lágrimas negras”. A veces olvidamos todos los propósitos, y todo lo que aprendimos en el último año. Pero no pasa nada, tenemos otro año más para volver a aprender lo desaprendido.




Para picar de cine: “La estrategia del caracol” de Sergio Cabrera una forma imaginativa de organizar una estrategia para seguir en la brecha, amarrado a tu corazón…

Para picar de arte: Robin Rhode el grafiti interactivo, el arte en la calle que se transforma, desde Sudáfrica…



Ilustración destacada*: Voladora de Sueños para El cielo por el tejado
Todas las ilustraciones:
Voladora de Sueños para El cielo por el tejado

*Nota: en esta ilustración la bandera pirata que ondea es la de Edward Teach, más conocido como Barbanegra. La imagen la he recortado de la web.

 

miércoles, 22 de enero de 2014

Un huerto llamado Tierra (Sueños I)

Ilustración: El cielo por el tejado


Ayer mi pajarillo me contó un sueño que le inunda las noches. Un sueño que habla de ecología y de equilibrio, y como él tiene un sentido del orden tan elevado me preocupa que mañana por la mañana no encuentre el mundo tal y cómo él lo dejó. En ese mundo estaba feliz, tenía un huerto grande y redondo, como una pelota, en él cogía tomates y hundía los pies en el barro de los surcos regados. “Mamá, y como es pequeño lo llamaré Tierra…”.

Tierra, pensé, ¡que nombre más adecuado para un huerto sin dueño, regado por 5 océanos…!
Los niños se creen sus sueños. No diferencian realidad de ficción. Como un indígena del amazonas cree en su chamán, como un chamán cree lo que sus sueños le dictan. Y aquel planeta con el que jugaba estaba en el terreno de lo sagrado, en el territorio de los sueños.

“En mi mundo en flor transporto
todos los mundos que fracasaron”

 R. Tagore, Los pájaros perdidos


…Hay que vivir cultivando nuestro huerto, dijo Voltaire. Y mi huerto, que es un poco el de todos, a menudo está un poco seco, un poco descuidado, un poco lleno de plagas…

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Foto: El cielo por el tejado

La tierra hace tiempo que lanzó un grito, y nosotros no estamos sordos. Sabemos, pero no hacemos.
Los que poseen el mundo, y los que luchamos por habitarlo hace tiempo que estamos oyendo a los que no lo poseen, a los que luchan por no ser expulsados. De su tierra, de sus lugares, de su dignidad de no habitantes. Y nosotros oímos pero no escuchamos. Porque escuchar requiere ponerte en el lugar del otro.

Dice Marc Augé (antropólogo francés) que existen lugares que son no-lugares. Donde uno no es. Porque no puede ser. En los espacios donde no se convive, donde te miras los zapatos en lugar de a los ojos, donde aprietas una tecla en vez de la mano cálida, donde pagas con dinero en lugar de con un beso…

Quiero acercarme a ti, al otro, y no siempre se cómo.

Me inventaré un modo de abonar nuestro camino, surco a surco. De maceta a maceta. Veneraré al Dios de las lluvias para que empape la tierra de formas de entendernos. Y que en ese entendimiento fructifique otra forma de mirar la naturaleza. Juntos. Para que nos muestre el respeto por la tierra. Por el lugar, el si-lugar definitivo que nos da cobijo, alimento, terreno para sueños…
Me acercaré a ti, al otro, al que comparte conmigo el planeta con la ilusión de que broten las utopías, las ideas, las ganas de hacer...
Como el Principito que regaba su rosa, cuando la abandonó supo que era única, que era SU rosa…

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Ilustración; El cielo por el tejado


Para que no abandonemos el proyecto de ser personas: hortelanos de una misma huerta. Una huerta sostenida. Sostenible. Que no sea devorada por los baobabs…

Para que no dejemos pasar la primavera sin sembrar una semilla.

Tendré que regar el huerto del desencuentro, la diferencia, dónde crecen tomateras que no se entrecruzan, que desprenden incomprensión. Es un huerto de soledades que comparten metro cuadrado, que no se riega hace tiempo. Pequeños plantones que se rozan en el autobús sin saber si ese brazo sufre, si esa manga no tiene con quien hablar, si esa mano cuida de uno o de tres. Si ya se casó. Si perdió el amor. Si perdió a su mejor amigo, la forma de mirar, las ganas de contar, de acudir, de trabajar, de protestar…

Perdimos.

Perdimos a los chamanes y buscamos, como una pantera su presa, una noche mágica que nos devuelva los sueños. Pero las noches mágicas de los adultos hay que trabajárselas. Ingeniárselas. Arriesgarse y meterse en faena. Mancharse las manos, sudar la cabeza.
Y si un día tenemos un sueño, cultivarlo, porque los sueños son sagrados, debemos perseguirlos o nos perseguirán a nosotros: Devastando los mares, arrasando los bosques. Dejando sin infancia a los principitos que riegan su rosa entre montañas de estiércol, en las afueras del mundo.

Cultivaremos el sueño y lo tendremos, ¡seguro!: un huerto cultivado, redondo como una pelota. Con el que jugar y hundir los pies en el barro. Así, como lo dejó un niño… hace apenas dos horas.

Felices sueños avistando la Tierra…
…desde los sueños de un niño…


“La noche besa al día que declina y le susurra:
soy tu madre la muerte. He de darte nueva vida.”
Rabindranath Tagore, Los pájaros perdidos


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Foto: El cielo por el tejado



P.D: Mireia, son tantas las semillas, y tan grande la tierra… ¡no abarcaremos con la mirada toda la naturaleza!
Habrá tanta vida…

 

Para soñar despiertos, para trenzar lianas dentro de nuestros sueños:
Un cuento para pajarillos: Duerme bien, pequeño oso de Quint Buchholz, Lóguez Ediciones (La ilusión de un mañana da alas a los buenos sueños…)
Un libro de poesía: El jardinero de Rabindranath Tagore, (la naturaleza como parte de lo que somos…)
Una canción: Colores de Topo
Un himno: Aceituneros de Jaén por Paco Ibañez

Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Fotos e ilustración: El cielo por el tejado




lunes, 20 de enero de 2014

Sobre el alambre


Ilustración: El cielo por el tejado

Hoy me he encontrado en mi avioneta unas cuantas malas hierbas pegadas a las ruedas y enganchadas a las alas. He comprobado el motor, pero estaba intacto, menos mal. Cuando todo estaba en orden me he subido y he comenzado mi vuelo. Son las 24h y los recuerdos vienen a mi despacio…

Un ovillo de lana crecía dentro de mi. Y mis ganas de seguir los pasos de esa línea blanda, extendida por todo el cielo y que llegaba hasta dentro de mi, se apoderaba de toda mi energía.
A través del cordón me alimentabas, con tu savia milenaria me recorrías entera. Llenándome de vida. Yo era entonces tu obra de arte.

Tu eras para mi esa música que oía susurrar...
"La fuente del amor secreto" (música andalusí)




...
Necesito crear, no puedo evitarlo. Y mientras tú te desarrollabas ensanchando mi cuerpo, yo dirigía mis pasos hacia fuera y hacia dentro de la misma manera en que mi vientre se balanceaba sobre mis pies.

Hacia un lado. Hacia el otro.
La vida en equilibrio. Sosteniéndose.



Compuestas,
Subfamilia: Lactucoideas Cardueas.
Onopordon Nervosum



Con mi vientre henchido no podía crear sobre la nada. Todo proceso de creación se contagiaba de esa línea de origen estelar.

Buscando respuestas a tanta vida me encontré con lo desconocido. El Hades que debía explorar.
La morada de los espíritus me contaba historias de mujeres. Que no debieron de ser. Historias que necesitaban ser contadas de otra manera. Mujeres que perdieron algo más que su vida, perdieron su dignidad. Porque no figuraban sus nombres en las noticias, sólo su etnia, su país de procedencia, su profesión maldita, o su manera de sobrevivir. En este mundo de diosas desechadas.

Y permití que la muerte equilibrara mi paso hacia la vida. Sólo un poco. Nada más. Lo que apenas podía hacer con mi capacidad de entrega, de renuncia. Dejar un hueco. Hacerme a un lado. Decidí dejarme llenar por el sufrimiento de otras mujeres. Que perdieron la oportunidad de ser tratadas con respeto, incluso en el último momento.

Madrid es un lugar para nacer, y también para morir.
Hay lugares para la vida, y también para la muerte.

Hay belleza que se esconde tras las flores que entierra sangre derramada. Que siempre es cruel con la memoria.


Quenopodiáceas Salsola Kali



Subirme al alambre, vida de funámbula. Nueve meses de equilibrio investigando la muerte violenta de mujeres sin nombre. Mientras la vida en mi vientre se abría paso con fuerza. Sin dificultades.

El arte a veces me lleva por caminos que preferiría no ver. No conocer. Caminos que están en descampados. Mis pasos oscilantes, con el  vientre repleto. Enamorada de un proyecto que diese sentido a dar a luz a una vida. Alumbrar la vida. Llenar el vacío oscuro de sentido. Desterrar la violencia. Atajarla.

Los descampados son lugares. Lugares donde se pierden los pasos, pisando sobre malas hierbas que inundan de belleza humilde la vida. Y la muerte.

Una a una recogí esas malas hierbas, de los lugares señalados en mapas de periódicos, apenas descifrados. Y les di nombre. Busqué su definición, su ciencia, y encontré palabras que podían llenar de dignidad la vida derramada. De mujeres sin nombre.


Gramíneas. Subfamilia: Cloridoideas.
Eragrostis Curvula.



De cuerpos sin reclamar pasaron a ser flores que se les da de beber. Alimentadas, expuestas para no ser olvidadas.

Y nació en mi el deseo de vivir dando sentido. Un poquito. Nada más. Lo que apenas puedo hacer con mi necesidad de crear. De buscar el arte más allá de mis entrañas. Que crecían. Me transformaban.

Un arte que transforma la forma de mirar. Para no mirar hacia otro lado. Si no para prendernos de la vida. Para prendernos de los luceros (que linda cosa me dijiste Noemí) y no descender jamás. Por que nos va la vida en ello.

Mientras piloto mi avioneta dando vueltas sobre la ciudad descubro que han quedado unas briznas de malas hierbas dentro de mi habitáculo. Será que siempre me van a acompañar. Ahora que conozco su nombre, que recuerdo su olor…


Felices sueños a todas…
…desde mi avioneta funámbula planeando sobre el alambre…





Para caminar sobre el alambre os puede servir…
Para ver, oir y sentir: Mona Hatoum es una artista visual palestina. Arte funámbulo, que arriesga.
Para leer: “El despertar de Irán” de Shirin Ebadi, fue la primera jueza de su país y años después fue obligada a dimitir por ser mujer. Creyó en la paz desde tanta desolación y muerte como había en su tierra. Recibió el premio Nobel de la paz en 2003.


Ilustración destacada: El cielo por el tejado
Todas las fotografías pertenecen a la obra artística concebida como instalación "Las malas hierbas" (Madrid, 2010) Miryam Pérez Fajardo