jueves, 9 de octubre de 2014

Una escuela en movimiento. La cultura y el amor.

Estoy enamorada, pero completamente enamorada de la idea de poder ofrecer otra educación diferente a la que yo recibí de pequeña. Pero no va a ser diferente por ser escuela libre, no va a ser diferente por la atención y la escucha que va a disfrutar, por la libertad con la que se va a poder mover en las horas que no estoy con él. No. Estoy completamente enamorada de la idea de criar y educar a mi hijo en la cultura de la participación, de la implicación, de seguir las creencias que te nacen de dentro, de mirar en la dirección que te parece más coherente, de tirarte a la piscina, saltar al vacío y abrir los ojos y encontrarte rodeada de gente que trabaja en cambiar el rumbo. Eso es cultura.

No soy perfecta, hijo, no puedo ofrecerte una completa seguridad personal, una higiene psicológica completa, una vida perfectamente estructurada. No soy esa madre que al principio de tenerte entre mis brazos aspiré a ser. Pero soy yo, con esta decisión soy yo, y puedo ofrecerte una vida de verdad. No una vida de mentira en la que no creería. Con esta decisión, con este salto al vacío, con esta forma de complicarnos la vida de una forma tan bonita, me voy a hacer más yo todavía. Y ese, cariño, será tu regalo para toda la vida. Poder ser lo que necesito ser y escucharme por dentro. Y tal vez, aunque no soy perfecta, llegue un día en que tu te escuches por dentro y quieras ser lo que necesites ser en cada momento.



Tal vez nos equivoquemos, tal vez no sepamos bailar aunque te oigamos cantar, pero todo lo que somos, lo que soy te lo habré ofrecido. Viviendo la vida como casi hubiera querido. Sin grandes logros, con cobardías que rugen por dentro. Pero amándote lento, como yo lo intento conmigo misma, con mi corazón de tortuga. Ofrecerte lo bello, sin ser perfecto.

No sé a dónde nos llevará esto, una escuela que respira vida en movimiento. Que te acoge con silencio, con orejas que se agrandan, con mayores que se empequeñecen. No sé a dónde nos llevará esto, pero el silencio construye y deja oir lo que la vida te tenga que decir, y ese será un gran tesoro para ser feliz.
Espero que algún día sepa porqué hice esto, porqué nos metimos hasta el fondo de algo que se mueve en silencio. Una escuela en movimiento, a ritmo de pasos pausados y gestos. Como el cuadro de El descendimiento, esa danza silenciosa de trajes y marcos dorados. Van der Weyden te adivinó el ritmo, así, tan lento, de suspender la vida y sostenerla sin vacilar ni un momento.

Todavía está todo muy lejano, los proyectos se juntan y se organizan, desaparecen y aparecen otros nuevos. Todavía está todo muy difuso. Pero hay algo que se acerca. Irremediablemente.

Estoy enamorada, completamente enamorada de vivir queriendo amar esta locura de mundo, y cada vez que decido que me embarco en un proyecto pienso que tu verás en mi lo que es vivir amando. Colaborando, cooperando. Haciendo que todo este mundo sea poco a poco, la flor que respira aire puro, que se siente amada aún lejos de su principito.

lunes, 30 de junio de 2014

Amar es un riesgo

Esto no es amor,
es una locura.
Desde la atalaya más alta
al canto rodado que afina en el lecho del rio.
Te amo.

Te amo, mi pequeño tesoro.

Pero esto no es amar,
es una locura vestida de riesgos
que se asoma agitada,
y sonríe,
divertida
tocada con flores,
cargada de aromas
de labios,
de besos
de risas.

Ilustración: El cielo por el tejado


Te amo así mi tesoro,
subida...
y bajada...
montada en la noria de adivinar tus pasos,
y de cuidar tu morada,
en la que cada piedra debe llevar su nombre
en la que cada hombre debe pisar su huella
en la que cada mujer debe cerrar su puerta.

Te amo.

Te amo y arriesgo,
pequeño tesoro...

¡si yo hubiera sabido que amar era esto!


domingo, 15 de junio de 2014

Juegos de arena... (listas II)

Al principio no lo entendía... jugar con plena libertad.

¿Jugar a qué? ¿jugar qué es? ¿porqué lo sacas todo del cesto? ¿porqué volverlo a tirar? ¿porqué olvidarte la merienda ensimismado en la arena? ¿qué tienes en la cabeza, pequeño, para estar tan feliz?

Al principio sonreía sin más.
Te miraba embobada, pero no sabía porqué te sonreía al verte jugar.

Poco a poco aterrizé en tu planeta. Lleno de mundos y constelaciones sin nombrar.
Intentaba recordar. ¿Qué es lo que yo tenía en mi cabeza? ¿Qué fue aquello que me transportó a otro lugar?
¿cuando comencé a poner los nombres?

Foto: El cielo por el tejado


Al principio no entendía muy bien... ¿aquello era jugar? y todavía, a menudo, sigo sin mucho entender.
Porque me cuesta olvidar, me cuesta estar en el suelo, me cuesta restar importancia, me cuesta mancharme, chorrear, me cuesta reirme sin miedo, me cuesta saltarme la norma, me cuesta subir al cohete que te lleva tan allá...

Con el tiempo he hecho una lista de los planetas que a menudo visitas. Es incompleta, como todas las listas. Torpe, como todas formas de meterte en un papel. Pero sé que yo algún día olvidaré lo que jugué, donde estuve contigo, porqué pasó tan rápido todo el tiempo a tu lado. Por eso yo necesito un mapa para volver y te lo voy a leer:

Sacar el jugo de las mandarinas y empezar a babear,
de gusto, de placer, de juego en la boca.

Tirar de la manta hasta tenerla en la cabeza,
y bucear en la cama buscando el calcetín mientras miras la cara de papá y mamá bostezando,
mirando el reloj agotados.
Tirar del rollo de papel higiénico,
tirar del pelo de mamá,
tirar de la siesta más de la cuenta y luego vuelta a empezar.

Sacar las cacerolas al suelo,
llenar de arena los bolsillos,
llenar de besos a mamá, llenar de pan el suelo, llenar de hojas mis manos, mis bolsillos, mi mochila.
Coger las bolas de zarza, coger las flores del jardín, coger la manguera de riego, recorrer el jardín entero, dejar el queso y el pan en el suelo, y luego vuelta a empezar.

Foto: El cielo por el tejado


Mirar, igual que miran las moscas, una pequeña araña que teje su tela en el patio.

Entender que el malo es gracioso,
que te puedes pitorrear.
Que es la música la que se mueve y no eres tú al compás.
Que los piratas no manchan, que naufragan sin parar, que son de lo más terrible cuando tienen hambre y no tienen lo que robar.

Que los sueños son de verdad, que se puede jugar a ellos, que te puedes arriesgar.

Que la lucha es divertida, y el barro fundamental, que los parques son galaxias habitadas por cada rincón, seres amables y extraños, seres con forma de ratón, arbustos que esconden secretos, hormigas que comen carbón.
Pequeños hallazgos, las chapas del suelo, tesoros, peleas de sofá y cojín...

Jugar a ser el soldado que se va a la guerra y hace un amigo, con el que se esconde a jugar, con el que comparte merienda. Jugar a la guerra que se detiene para que dos amigos puedan charlar, que no muere nadie, que tiene balas de huesos de melocotón.

Foto: El cielo por el tejado


Me gusta creer que tus juegos los tendré en un mapa, y que te podré seguir. Me gusta pensar que tu juego es como un ser extraño que puedo cazar y retenerlo ante mi. Para hacer estudios de adulta, para equivocarme al examinarlo y creer que con mi ciencia puedo desentrañar todo lo que significa para ti. Tú eres puro juego, eres libre. Un torbellino al que seguir.

Al principio no lo entendía... y ahora me confieso enamorada, me refiero a jugar. Juego libre. Jugar en plena libertad ¿Todo eso qué será?


viernes, 30 de mayo de 2014

En la orilla

La niebla se enroscó en el cielo,
aprensiva.
¿Dónde está esa madre niña?
Cuando nació se soltó de la mano,
rompió el cordón
y desprendió la mirada.

Pendió,
como penden los hilos.

Esa mujer madre niña,
dormida en la orilla.
Que despierta pálida ante su cuerpo olvidado.
¿De quién es ese hijo que llora por dentro?

Cinco horas después fueron a buscarla,
¿dónde está la madre que duerme en la orilla?
que duerme en la orilla
y que canta al revés.
Como si cualquier cosa pudiera ser.

Ilustración: El cielo por el tejado

Despertó del sueño,
no lloró completa,
no formó su nube de polvo de estrellas.
Caminó dormida entre tanta arena, desierto que auyenta,
que vela, que oprime,
entre tanto vacío.

Recuerda.

¿Dónde está la madre niña debajo del cielo?
Dormidos los ojos,
con el útero errante,
la orilla vacía ¿quien llora a lo lejos?

No busques, no gimas.
Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.
No gimas ya madre niña
y busca a la madre que duerme,
que ofrece su pecho,
que canta y delira,
que arropa la orilla.

Al final nos pare el aliento del ritmo,
el viento incansable que azota la vida.

La vida.

lunes, 19 de mayo de 2014

Ser de papel y lápiz (Sueños II)


Te pido permiso para dibujar en ti. Perdóname, no quiero reescribirte, no me mal interpretes. Sólo quiero acompañarte desde mi viejo lápiz de mina.

Desde hace algún tiempo me he dado cuenta, que quiero dibujarte los sueños nocturnos. Sólo poner un par de trazos, quizás alguno más que se me ocurra.

Y es que por las noches, a partir de ahora, dibujaré una sonrisa al dormir contigo e ilustraré tus cuentos mientras sueño. Que nada enturbie tu paz, que todo lo pueda por ti. Que los lobos sean lobos, y no maldad que se ensaña. Que la princesa no se salve sino que amenace volver.

Sólo así podrá ser. Que despacio, como un caracol que se arrastra, te acompañe a vivir.

Cómo acompañarte a vivir tus miedos, si no es como un caracol.
Cómo acompañarte a vivir tus riesgos, si no es con el vientre sobre el suelo.

Desde hace algún tiempo tengo el pincel preparado. Desde hace algún tiempo quiero dibujar otra forma de mirarte, con la mancha repartida por todo el papel, sin juzgarte, respetando tu forma original, sin empañar la línea que te forma.

Ilustración: El cielo por el tejado

Y es que sólo quiero dibujar tus sueños, los que tienes por la noche, que te persiguen a veces. Sólo quiero ilustrar tus cuentos para que sepas que estoy ahí, así callando, mientras duermes. Para acompañar tus pasos por la tierra de los dragones, que no son de fuego, sino de leche. Y se ríen mientras duermen y te llevan a cualquier lugar.

Sé que no soy quien para decirte qué es este mundo. Sé que no puedo, ni quiero, ni debo, colorearte lo que es gris, o blanco o negro. Pero yo sólo quiero estar ahí,  acompañándote en silencio, cuando quieras cerrar los ojos. Cuando mires a otro lado, cuando la imagen sea tan fuerte que no sepas quitar la mirada.

Yo sólo quiero dibujarte un sueño, con tapa dura y entelado.
Yo sólo quiero estar contigo como si tu fueras el lápiz y yo el papel preparado. Acompañando los trazos, recibiendo el grafito, apostando por las líneas que suben más alto.

Como un caracol tendré que pintar de blanco la estela de mis pasos, para que sepas por dónde paso, para que sepas que yo he caminado.

No quiero dejarte huella. Que mi lápiz no apriete el soporte.
Sin improntas, sin señales.
No habrá marcas imborrables.
Yo sólo quiero dibujar en tus sueños. En esos que no se recuerdan, pero que dejan una sonrisa ligera en el rostro cuando despiertas.




Para dibujar en los sueños puede hacer falta...

Una libreta en blanco, para que admita todos los trazos, puede ser que en el bosque de tu interior haya más líneas de las que a primera vista parece...

Pasar una tarde mirando las nubes, dejándo que sea cualquiera la forma que aparezca, permitiendo entrar a dragones y murciélagos en el imaginario... es importante no marginarlos 

Olvidar de qué color son los árboles, el sol, o las mariposas... es mejor que cada vez que lo dibujes tengas que elegir cúal color darles porque depende de la hora del día, de lo que hayas comido, o del humor que te pase por las arterias puede que lo veas en distintas tonalidades